#546. El profesor británico del British Council

Tengo un fetiche por los profesores. Recuerdo haber tenido en primaria un profesor venezolano que dictaba matemáticas en inglés que me gustaba mucho. Cuando estaba en sexto grado había un profesor de educación física que estaba muy bueno y que le gustaba a todas las niñas. Un día estaba empezando a llover y entré al baño para no mojarme.

Mi profesor de educación física entró al baño en ese momento y para cuando íbamos a salir estaba lloviendo a cántaros, ese fue uno de los pocos días en que cayó granizo en Bogotá. Tuve que quedarme un buen tiempo con él, los dos solos dentro del baño mientras escampaba. Sentí ganas de bajarme los pantalones y de mamárselo, pero no tuve las agallas.

Siempre tuve inclinaciones para estar con hombres mayores, incluso cuando era niño. Cuando tenía 13 años tenía un profesor de piano que me gustaba. Su piel era de un color único, entre blanco y trigueño claro. Tenía un mentón masculino, cejas pobladas y una nariz linda. Se parece a los hombres guapos de medio oriente. Lo que más lo caracterizaba era su rasta como la de Bob Marley, cuando tocaba piano se le movía el pelo al mismo tiempo cuando se movía hacia los lados por el teclado mientras sentía la música.

Una tarde después del colegio tuve clase con él en mi casa. Esa tarde lo vi más guapo que nunca, la noche anterior había tenido un sueño húmedo con él. Me imaginé que hacíamos el amor en mi cama. En esa época mi piano estaba en mi cuarto y allí me daba las clases. Cuando tocó el timbre lo recibí y fuimos a mi cuarto como siempre. Me preguntó si había estudiado y le dije que sí, en realidad no había estudiado nada esa semana pero sí tenía muchas ganas de verlo de nuevo porque lo había pensado mucho.

Se sentó en el banco del piano y me quedé parado el frente de un espejo que había. Ese día era día tenía el uniforme de gala y empecé a desnudarme. Me quité el blazer, luego el chaleco, luego el pantalón, mis zapatos, la camisa blanca hasta que quedé en bóxer. No dejó de mirarme durante un segundo, se veía confundido. “Qué haces?”, me preguntó preocupado.

Sentí que estaba llamando su atención y eso me excitaba, quería acostarme con él en mi cama y hacer lo mismo que hicimos en mi sueño. Me quité los boxer, me acerqué y me paré al frente de él a menos de medio metro de distancia. Me volteé 180 grados con mi culo hacia su cara esperando que me tocara.

Cuando no vi ninguna reacción de su parte me volteé para mirarlo, acerqué mi mano a su entrepierna sin tocar su paquete y lo tomé de la mano llevándola hacia mi abdomen. Enseguida tomó mi brazo con fuerza y lo alejó. “Qué estás haciendo!?”, exclamó con una cara de preocupación. “Tienes idea de lo que estás haciendo!?”, exclamó en un tono aún más fuerte. “Eres un niño!”, me gritó, su cara de preocupación había aumentado.

Seguía mirándome, me miraba de pies a cabeza y para mí eso era lo que más me importaba. Se levantó del banco y puso sus manos sobre mis hombros, bajó por mi espalda hasta que sus manos llegaron a mi cintura. “No puedo, no puedo!”, dijo en un tono preocupado y confundido. No estaba dispuesto a rendirme y me lancé para abrazarlo, lo abracé fuerte, quería hacerle saber que yo era todo suyo y que podía hacer lo que quisiera conmigo, sólo quería que se acostara conmigo en mi cama.

Me agarró de la cintura y me sentó en la cama. Se arrodilló en frente mío y me dijo: “ya basta, no puedo hacer esto, y si alguien se entera de esto vamos a tener problemas muy graves”. Se levantó y se quedó parado en la puerta observándome. Mientras tanto me acosté en mi cama mirándolo, tenía las piernas abiertas con mi culo expuesto hacia la puerta donde él estaba. Empecé a moverme sobre mi cama intentando provocarlo, no dejó de mirarme nunca.

“Vístete, por favor”, me pidió con una cara que expresaba lástima. No me quise vestir y continué retorciéndome en la cama. “Te dije que te vistas.” Dijo más bravo. “Ahora”, continuó elevando la voz. Al ver que no le hacía caso recogió mi ropa del piso y me agarró fuerte. “No sé qué estás pensando pero sea lo que estés esperando no puede suceder. Entendiste?”, toqué su pene, me dio la impresión que lo tenía duro e inmediatamente después me empujó sobre la cama y me agarró fuerte de las piernas para ponerme los bóxers, y así continuó con la camisa, el pantalón, mis medias, zapatos y el chaleco.

Disfruté cada momento que pasó sus manos por mi cuerpo y la forma ruda como me ponía la ropa, lo hizo mientras yo estaba quieto y acostado. Me tuvo que manosear todo y al final logré tenerlo encima mío en mi cama al menos para vestirme.

El hecho que me hubiera repetido que no podía hacerlo me dio a entender que hubiera querido tener sexo conmigo pero debido a que tenía 13 años no se sentía cómodo haciéndolo conmigo. Si él hubiera accedido, habría perdido mi virginidad esa tarde con él.

Cuando conocí a #546 por Tinder y me contó que es profesor me despertó ese fetiche que siento por los profesores. Sus fotos mostraban un hombre que le gustaba las actividades al aire libre, tenía fotos en muchas ciudades del mundo. Parecía extranjero y cuando le pregunté de donde era me dijo que es de Southampton, una ciudad costera muy bonita que visité durante mi intercambio en Inglaterra, de allí zarpó el Titanic.

Hablamos esporádicamente por dos semanas hasta que me invitó a su apartamento. Vive en un apartamento muy bonito cerca al parque de la 93. Era blanco, rubio, tenía ojos azules y medía 1.90. Su español era muy bueno con ocasionales errores gramaticales que no afectaban su fluidez. Me di cuenta que era muy extrovertido y le gustaba hacer bastantes chistes. Me dijo que lleva un año y medio en Bogotá, que es profesor de inglés del British Council y también trabaja evaluando a las personas que presentan el IELTS en la competencia de speaking.

Terminamos hablando sobre las diferencias entre los diferentes acentos de Inglaterra, cuando le empecé a hablar en inglés se sorprendió y me felicitó, pero más le sorprendió que hubiera visitado su ciudad natal y que hubiera estudiado en una universidad de su país, desde ahí su percepción de mi cambió y mostró mayor interés en saber de mí.

Minutos después nos quedamos callados. Se levantó del sofá de la sala y se paró al frente mío para que se lo chupara. Desabotoné su pantalón y lo bajé junto con sus bóxers hasta el piso. Me llevó hasta su cuarto y me sentó en su cama para que se lo chupara. Me arrodillé en 4 con mi culo hacia arriba para provocarlo y que pudiera ver lo que estaba a punto de comerse. Estiró su brazo y sentí su dedo ingresar a mi ano, lo hizo suave como me gusta hasta que lo sacó para empezar a sostener mi cabeza con sus dedos agarrando mi pelo, jalando mi cabeza hacia arriba y abajo hacia su estómago mientras su pene tocaba mi garganta.

Me estaba forzando a mamárselo, y aunque no era necesario, disfruté su entusiasmo. Metió su pene con mayor fuerza dentro de mi boca y jaló mi pelo provocando un dolor profundo, pero no me importó y seguí chupando. Sacó su pene de mi boca y dijo con su acento inglés: “quiero cogerte”. Cambiamos de posición y me puse en 4 con mi culo hacia su verga, se quitó la camisa, se puso el condón y lo metió hasta el fondo en un solo intento.

Me culió duro y empecé a gemir con la misma intensidad. Sus movimientos iban acompañados de gemidos suaves y masculinos, la cama de madera producía un chirrido de esos que me vuelven loco. “Dame verga!, dame verga!”, le pedía sin parar haciéndole saber que no quería que parara.

Me jaló del pelo tan duro como pudo haciéndome gritar, pero la excitación sobrepasaba el dolor. Así follamos por unos minutos más hasta que se cansó y cambiamos de posición sin que él sacara su pene. Me acosté en posición fetal con #546 arrodillado dándome pene por detrás. Así pude verlo flexionando su pelvis a medida que metía y sacaba su verga. Tenía un abdomen plano con unos vellos sutiles que cubrían desde su hombligo hasta arriba de sus tetillas. Su cuerpo delgado y tonificado estaba todo sudado encima mío y aproveché para manosearlo.

“Oh si! Qué rico me lo haces!”, dije entre gemidos. Esto hizo que se moviera más rápido. Me sostuvo fuerte de la cintura y empujó muy fuerte hacia adentro, sus ojos se cerraron mientras dejaba su descarga de semen en el condón dentro de mi culo. “Ah!, Ah!” exclamó mientras se venía. Cuando terminó se desplomó encima de mi cuerpo. Sacó su pene y cogí el condón, admiré su leche y lo sostuve un rato para pesarlo antes de regar su semen sobre mi estómago. Me miró con cierto asco. Lo esparcí sobre mi pecho y finalmente me pasó pañitos húmedos para limpiarme, pero no me limpié todo su semen porque quería sentir mi piel tirante cuando su leche se secara.

Nos arrunchamos y me quedé dormido entre sus brazos. Cuando desperté pensé que me había quedado dormido toda a
la noche pero sólo había pasado una hora. Cuando me desperté él estaba despierto mirándome, acarició mis cejas y susurró sonriendo: “You’ve got some beautiful eyes”. “Thanks, you too”, le respondí y lo abracé. No quería irme todavía pero ya era hora, me vestí y me acompañó hasta la puerta, le agradecí por la invitación y se despidió de mi con un fuerte abrazo y me invitó a su casa en Southampton en diciembre.


Puntuación: 9,5 de 10

2 comentarios sobre “#546. El profesor británico del British Council

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