#547. El conductor de Uber

Al terminar de hacer una vuelta, estaba en el dilema de tomar Uber o Transmilenio para ir a mi casa. Entré a Grindr y vi el perfil de alguien que estaba muy cerca y decía “servicio de uber”. El servicio me caía como anillo al dedo y le envié un mensaje con mi destino.

Me dio sus placas y apenas lo vi me subí al carro. Era moreno, grueso y aparentaba 29 años. Abrió la aplicación de Uber y me pidió que solicitara el servicio para que él pudiera aceptarlo. Empezó a manejar y me preguntó qué ruta quería tomar, le respondí lo que siempre le digo a los conductores de Uber: “Lo que diga Waze”. Esta es una de las razones por las que rara vez tomo taxi; muy pocos taxistas usan Waze y algunos usan como tema de conversación la dualidad taxi-Uber, se pueden meter sus argumentos por el cu**.

Mientras manejaba volteé mi cabeza para mirarlo disimuladamente, se veía tan grande para ese carro, creo que era un Clio. Me quedé un buen tiempo mirando su paquete, la tela arrugada y gruesa de su jean no me dejaba ver si lo tenía duro. Perdimos la timidez y empezamos a tener una conversación. Me contó que lleva trabajando en Uber dos años y vive con sus papás en Soacha pero espera independizarse pronto. Poco tiempo después, la conversación se volvió más íntima y de repente interrumpió para preguntar: “Qué quieres hacer?”. “Podemos hacer algo aquí en el carro”, le respondí.” “Podemos hacerlo en el apartamento de mi hermano, él está de viaje en Barranquilla”, me explicó. Sólo debíamos recoger primero las llaves donde una amiga de su hermano y de ahí ir hacia el apartamento de su hermano en Cedritos.

Le dije que me gustaba la idea y fuimos hacia la casa de la amiga del hermano por las llaves del apartamento. El trayecto fue largo porque había mucho trancón (tráfico pesado). Se la pasó hablando de su familia, del trabajo que tenía antes en el área de recursos humanos de una empresa y de lo mucho que le gustaba donde trabajaba. Me interesa cuando hablan sobre sus vidas, pero cuando demuestran cero interés en saber sobre mí me aburro.

#547 era todo un narcisista, en ningún momento se percató que sólo había hablado de él y que no se había interesado en saber absolutamente nada de mí. Su conversación me pareció la más aburrida en la que alguna vez haya estado involucrado, aunque para evitar cualquier inconveniente o pelea pretendí estar escuchando lo que me decía, solo quería llegar al apartamento de su hermano y tener su verga en mi boca y mi culo.

Había puesto el uber para pago en efectivo y #547 canceló el servicio en la aplicación, nunca le pagué nada, mi pago iba a ser en especie. Por fin llegamos al apartamento de su hermano, fue extraño entrar al cuarto, desde el inicio me dijo que ese no era su apartamento, pero estábamos allí para aprovechar que su hermano estaba de viaje. Esto quiere decir que estábamos a punto de tener sexo en la cama de un tercero, un inocente.

Íbamos a profanar esa cama, pobre hombre, pensé. La cama no era moderna y tenía un cubrelecho color amarillo chillón. Mi percepción de la cama cambió cuando me contó que su hermano también es gay. Solamente me había acostado con alguien cuyo hermano también fuera gay, estos casos siempre me dan mucha curiosidad porque me parecen únicos.

Nos acostamos y una vez más recordé que estábamos en la cama de su hermano, fue una sensación rara, pero en el fondo ya no me importaba. Cerré los ojos y nos besamos, en pocos minutos el cubrelecho amarillo chillón quedó en el piso después de la revolcada que me dio #547. Nos desnudamos al mismo tiempo, tuvo dificultad para quitarse los pantalones a la altura de los tobillos, un problema que afronta el 5% de los que hacen parte de mi lista. Esto le quita lo sexy al momento del desnudo, pero nada que una buena culiada no pueda compensar.

Cuando terminó de quitarse la ropa se acostó extendido sobre la cama y me senté de rodillas entre sus piernas para mamarle la verga. Medía 17cm, era morena y no muy gruesa. Se puso dura en poco tiempo dentro de mi boca. Interrumpió mi mamada para sacar un condón de su maleta. Lo que vi cuando sacó de su maleta no se parecía para nada a lo que conozco como una caja de condones. Era completamente plana y rectangular, cuando la abrió salió un empaque pequeño y rectangular que no aparentaba tener un condón dentro. Pero lo que más me sorprendió fue el condón en sí.

El condón se desplegaba por medio de dos cintas que estaban a los dos extremos, parecía una toalla higiénica femenina en tamaño miniatura, cuando desplegó las dos alas de cinta hacia los lados por fin vi algo que se pareciera a un condón, en cuanto al material parecía ser mucho más delgado que cualquier otro condón. Le pregunté si era efectivo y seguro, me explicó que lo venden en cualquier supermercado y lleva usando esa marca de condones por años desde que los promocionaron cuando estaba en su universidad. De hecho, hace poco los vi en un Carulla.

Se lo puso y su verga quedó cubierta por el material brillante y delgado. Me senté despacio sobre su verga, sentí una fricción muy natural entre mis paredes anales y su miembro, el condón estaba muy bien lubricado.

Puse mis rodillas a los dos lados de su cintura y lo cabalgué con mis manos sobre sus tetillas, había olvidado lo cómoda que es esa posición, aunque cansa fácilmente. Gemí como puta, no me importó que los vecinos de un apartamento donde ni #547 ni yo vivíamos escucharan. Paré cuando estaba muy cansado y ya no podía más, le hice saber que estaba cansado y me agarró fuerte de las nalgas para voltearme y cogerme en pollo asado.

Puse mis tobillos sobre sus hombros y así empezó a cogerme despacio. “Me vengo fácilmente”, me explicó. Su aviso sólo fue una forma para anunciarme que se iba a venir dentro de poco. Para ese entonces ya llevábamos al menos 10 minutos culiando y no me molestaba que se viniera pronto. No me di cuenta en qué momento se vino, sólo noté cuando dejó de moverse. “Te viniste?”, le pregunté y respondió asistiendo con la cabeza.

Se levantó y botó el condón en el baño, allí se limpió el sudor mientras me vestía en el cuarto. Terminamos de vestirnos y nos aseguramos de dejar el cuarto organizado, tal cual como lo habíamos encontrado para que su hermano no sospechara nada cuando volviera. Me llevó en el carro hasta mi casa y le agradecí antes de bajarme. Fue el servicio de Uber más largo y más placentero que he tenido al día de hoy.


Puntuación: 8 de 10