#548. El psicólogo de la barba sexy

#548 demostró ser tan genuino conmigo que es alguien que me gustaría volver a ver. No todo se trata de si el sexo es bueno o no, sino de la conexión que pueden tener dos individuos que recién se acaban de conocer y de la confianza que puede generar el uno por el otro.

#548 es un seguidor de twitter que me había escrito en varias ocasiones para vernos. Su interés en conocerme, me provocó a su vez un interés por verlo en persona. Las fotos que me envió no eran explícitas, de hecho eran muy normales, selfies con ropa casual. El mensaje que me envió el día antes de vernos demostraba las ganas que tenía de cogerme. “Yo por usted le pago residencia”. Acordamos vernos al día siguiente en las horas de la tarde.

Llegué primero y él llegó 20 minutos después. Se disculpó por llegar tarde, pero no me molestaba porque había estado en contacto conmigo todo el tiempo avisándome donde iba. Nos encontramos en la plaza de la Iglesia de Lourdes. Se veía mejor que en las fotos, era blanco, medía 1.75, tenía una barba abundante pero corta que se le veía muy sexy.

Caminamos hacia la residencia y en el trayecto me hizo una confesión: “casi me arrepiento de escribirle, pensé que usted era rudo y creído”, me dijo sonriendo mientras caminábamos. Me gustó su sinceridad, y le expliqué que no es el primero que me lo ha dicho. Hay personas que se hacen una percepción errónea de mi y cuando me  conocen se dan cuenta que no soy prepotente, ni grosero ni creído como pensaban. De hecho, terminan sorprendidos de lo sencillo que puedo ser, incluso me me han dicho que soy tierno, a diferencia de lo que se imaginaban. Es normal que caigan en estos estereotipos por lo que ven en mis videos.

Llegamos a la residencia, la señora que abrió la puerta nos llevó hasta la habitación y #548 le pagó por dos horas, más conocido como “un rato”. El cuarto era oscuro y la única ventana que había daba contra un patio, por lo que la cortina debía permanecer cerrada todo el tiempo.

Necesitaba orinar y entré al baño, #548 siguió detrás mío y se quedó parado en la puerta mirándome mientras orinaba. Cuando terminé se acercó y me agarró el culo, luego se abrió la cremallera para orinar. Agarró una toalla y me preguntó: “No te quieres bañar?”. “No todavía”, le respondí. Me contó que siempre se baña antes de tener sexo, eso me pareció muy curioso.

Lo esperé en la cama mientras se bañaba. Cuando salió estaba todo mojado con la toalla en la cintura, se la quitó y se secó el cuerpo. Me dio tanto morbo verlo salir del baño mojado y luego secarse con la toalla. Era delgado y blanco con un pecho velludo. Me quité la ropa mientras se secaba y cuando se acostó en a la cama ya estaba desnudo.

Puso su brazo alrededor de mi cintura con sus manos en mis nalgas, me miró fijamente a los ojos y nos besamos. Nuestros besos fueron tímidios al inicio pero con el tiempo se volvieron más pasionales. Era un gran besador, pasó su lengua por toda mi boca: mi paladar, mis dientes, mis encías, mi lengua. Debimos habernos besado por más de 20 minutos. Tuvimos una conversación extensa, me preguntó muchas cosas muy íntimas, hablamos por más de una hora.

Se acostó con su verga erecta hacia arriba y sus pies en el piso. Me arrodillé sobre una almohada que puse en el piso y me metí su verga a la boca. Era de buen tamaño, no muy dotado pero la tenía un poco más grande que el promedio. Era brillante y rosada en la punta, ligeramente curva hacia arriba, tenía una forma muy bonita. Le gustaba que me la metiera hasta tocar mi campana, después de todo, a qué activo no le gusta que se la traguen hasta el fondo?.

Jugué con sus bolas y su glande, de vez en cuando su verga se movía sola hacia adelante y hacia atrás, eso me volvía loco. Quise volver a besarlo, después de todo había disfrutado más con su boca que con su pene. Subí hasta llegar a su cara y lo besé con la misma pasión que lo habíamos hecho pocos minutos antes. Se acostó encima mío con su verga dura sobre mi abdomen, puse mi mano detrás de su nuca y la moví hasta tocar su mejilla, nos besamos hasta que nos dieron ganas de coger.

Se paró sobre el piso con su verga completamente erecta. Levanté mis pies y mi culo quedó expuesto en el borde de la cama hacia él. Se acercó y lo metió centímetro por centímetro hasta que lo sentí en lo más profundo de mi cuerpo. Paró mis piernas con sus brazos y las colocó sobre su pecho, me cogió fuerte a un ritmo constante. Escuchamos las voces de las mujeres que trabajaban en la residencia, el sonido provenía del patio que daba hacia la ventana. Al principio me dio rabia pero después dejé de estresarme y me concentré en disfrutar del momento.

#548 pasó de estar parado dándome verga a bajar su espalda, quedando con su pecho a pocos centímetros del mío. Me abrí por completo de piernas de modo que pudiera tener mayor libertad para culiarme. Cogí su cabeza con mis dos manos, lo acerqué a mi boca y lo besé. Desde ese momento no apartó sus labios de los míos y continuó clavándome mientras nos besábamos.

Cambiamos de posición y me acosté hacia abajo, #548 continuó dándome verga, sus labios rozaban mi cuello, mi mejilla y mi oreja, no quería dejar de sentir su peso encima mío. Pero lo que más disfrutaba era sentir su barba carrasposa tocando mi piel. Mi respiración cambió, ahora debía respirar por la boca porque me estaba quedando sin aire al tener todo su cuerpo encima.

Después de culiar por más de una hora sacó su verga y se masturbó sobre mi abdomen hasta que se vino. Me masturbé después de él. Nos bañamos juntos y nos vestimos. Me acompañó hasta el transmilenio, #548 es uno de mis seguidores más amigables y con quien he tenido la mejor empatía. Dos meses después me volvió a invitar a salir, pero esta segunda vez primero me invitó a un bar a tomarnos unos tragos. Me llamó la atención cuando me explicó en qué trabaja. Trabaja en un centro para personas con problemas mentales, me contó lo frustrante que se vuelve el día al tener que lidiar con las peleas de los enfermos mentales y cuando estos lo tratan mal.

Al salir fuimos a otro bar donde me rumbié con 3 manes y se lo mamé a otro. “Se va a dejar volver a invitar otro día a almorzar?” me dijo al despedirnos.


Puntuación: 10 de 10

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