#549. El maduro que usa fotos de hace 10 años

#549 me invitó una noche a su apartamento en Chicó. Encontrar la dirección me tomó tiempo, pero finalmente llegué a la portería. Me anuncié y me hizo seguir inmediatamente. Lo primero que vi cuando entré fue una cocina americana con una isla grande en el medio. El granito era color rojo brillante el cual hacía juego con el diseño de la cocina moderna. Una lámpara, la única fuente de luz en el lugar iluminaba el centro de la cocina.

La cocina era casi tan grande como la sala, contemplé la isla hasta que me invitó a su cuarto. Se veía mucho mayor en persona que en su foto de WhatsApp, la foto parecía tomada hace 10 años. Era alto, medía más de 1.80, blanco, con barba muy corta. Me decepcionó su forma de hablar, además era muy amanerado para mi gusto. Me hice una percepción muy diferente cuando hablamos por WhatsApp, en su foto se veía tan diferente, tan “universitario joven con voz masculina”. El error fue mío por haberme hecho falsas expectativas.

#549 llevaba pocos días en Bogotá después de vivir una temporada en España donde vivió una crisis larga de desempleo. Se encontraba buscando trabajo en Colombia mientras vivía temporalmente en el apartamento de un familiar. Me acabó de dar un deja vu escribiendo esto. A pesar de que los años ya le habían pasado factura, tenía ganas que me partiera el culo.

Estábamos acostados en su cama sencilla donde estrechamente cabíamos los dos. Tenía sueño y no quería esperar mucho para tener su pene dentro. Sin más preámbulo, estiré mi brazo y agarré lo que había entre sus piernas debajo del pantalón gris que llevaba. Su pene estaba medianamente duro y cuando se bajó el pantalón para sacar su miembro lo detuve. “Espera. Quisiera que lo hagamos en el mesón de la cocina. Te molesta?”, le pregunté. Como si mis deseos fueran órdenes se levantó de la cama y lo seguí hasta la cocina.

Tuve que quitar una cafetera y otros utensilios de cocina que estaban regados sobre la isla para poder recostarme encima. Cuando despejé el mesón de granito pude ver el rojo brillante donde me acostaría para ser follado por #549. Me quité la ropa y la dejé en el piso. Puse las palmas de mi mano sobre el borde y tomé impulso para saltar y sentarme sobre el mesón. Para mi sorpresa el granito era más frío de lo que me imaginaba, pero no estaba dispuesto a que el helado mesón impidiera que me acostara en él.

Le pedí a #549 que me pasara mi chaqueta y la coloqué sobre la mesa para aislar el frío y mitigar lo duro de la superficie. Me abrí de piernas y #549 se bajó los pantalones con su verga erecta de 16 cm apuntando hacia mi ano.

Curiosamente pese a lo alto que era #549, la isla era muy alta para su estatura. Intentó meterlo, pero era incómodo para él hacerlo con mi culo tan arriba, así que buscó algo para subir sus pies y que su verga quedara a la misma altura que mi culo. Primero usó una banca y no sirvió porque era muy alta, luego encontró un libro grueso que puso en el piso para subirse encima de él. El libro era perfecto para su estatura y finalmente me pudo penetrar sin problema.

#549 no se quitó su saco negro de lana, ni su pantalón de sudadera ni sus Crocs para culiarme. Siempre me excita cuando me lo hacen con su ropa puesta mientras yo estoy completamente desnudo. Me recuerda a esas experiencias en lugares públicos donde el activo decide quedarse completamente vestido por si “nos descubren”. La mesa era dura y aunque tenía la chaqueta debajo, el frío del granito alcanzaba a recorrer toda mi espalda. La luz de la lámpara que estaba encima mío iluminaba todo mi cuerpo mientras que #549 se veía completamente oscuro sin luz que lo cubriera.

Contemplé la escena para que se quedara grabada en mi memoria. Los estantes color gris y la cara de #549 detrás de una sombra oscura era todo lo que veía al frente mío. Aunque la posición era incómoda, la situación me recordó alguna escena de una película de esas que daban en The Film Zone tarde en la noche cuando era niño. Solo faltaba que #549 regara leche y jarabe de chocolate Hershey’s sobre mi cuerpo para completar la escena.

No duró mucho, nos cansamos rápidamente de hacerlo sobre el mesón. Pasamos al sofá de la sala donde no había luz. Como era de esperar, la diferencia entre la comodidad de hacerlo en la cocina y en el sofá de la sala fue abismal, allí me cogió en pollo asado todavía con su ropa deportiva, por alguna razón, no dejé de mirar la cocina. Con el tiempo perdió la erección y se masturbó sobre mis nalgas hasta que sentí su leche caliente pero no muy abundante recorrer mi piel.

Me alcanzó pañitos húmedos para limpiarme, me puse la ropa y me despidió en la puerta.


Puntuación: 4 de 10

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