#550. El expedicionista

#550 guió al taxista durante todo el trayecto hasta llegar al punto más cercano al bosque que ya conocía donde me propuso tener sexo, pensé que había olvidado por dónde debíamos pasar por su inseguridad al dar las indicaciones al taxista. Era blanco, delgado, medía 1.77 y tenía ojos y pelo negro.

He conocido tipos arrogantes, ineptos y detestables con los que he terminado teniendo sexo porque estaban muy buenos, pero #550 fue un caso especial porque era inocentemente estúpido, en vocabulario colombiano lo catalogaría como un “petardo” en todo su esplendor. Cuando nos subimos al taxi #550 tomó la decisión de hablarme en inglés para que el taxista no “pudiera entender nuestra conversación obscena”. #550 automáticamente supuso con convicción que el taxista por el simple hecho de ser taxista no iba a entender ni una palabra de lo que dijéramos.

Habría tomado su idea de hablar inglés de una mejor manera si su inglés hubiera sido medianamente decente, pero al escuchar su inglés chibchombiano nivel A2- básico primaria me produjo una ira interna que tuve que tragarme, sentí una pena ajena profunda acompañada de rabia por haber tenido las agallas de hablar un idioma que no es capaz de dominar a un nivel básico.

Sólo quería que se callara pero me daba lástima dejarlo hablando sólo. A pesar de su nivel de inglés se veía tan seguro hablando y tan inspirado que sentí la necesidad de mantener la conversación. Gran parte de mis intervenciones radicaban en complementar sus ideas, darle el vocabulario que “tenía en la punta de la lengua” y corregir sus errores. Al principio sentí pena porque sabía que el taxista podía entender parte de nuestra conversación sobre sexo, pero con el tiempo dejó de importarme. Era tan inocentemente estúpido, lo escuché incontables veces decir las palabras “Fuck” y “sex”, al día de hoy siento pena ajena por él. Por fin llegamos al punto más cercano para entrar al bosque después de subir una montaña por donde había muchas casas y edificios y nos bajamos del taxi, fue un alivio tener que dejar de escucharlo hablar inglés.

Caminamos hacia el oriente y pasamos una casa que parecía abandonada, pasando la casa empezaba el bosque en la montaña. Unos 20 metros después empecé a subir tal vez la montaña más empinada que hay en Bogotá. El suelo estaba conformado de piedra resbaladiza por capas que cada vez se volvía más empinado. Tuve un miedo de caerme todo el tiempo, mientras que #550 se veía tan tranquilo subiendo la montaña, se notaba que se le facilitaba.

Me contó que ya había subido esa montaña una vez que culió con otro en ese mismo bosque, pero que además tiene experiencia subiendo ese tipo de montañas porque es una actividad que realiza con frecuencia con su papá, incluso me mostró fotos de las expediciones que ha hecho. Me explicó cómo debía poner mis pies para evitar caerme. #550 es todo un amante de las actividades al aire libre, y me llevó a uno de los lugares más extraordinarios donde he tenido sexo hasta al momento.

Desde que tuve mis primeras experiencias sexuales en lugares públicos como bosques y humedales descubrí lo excitante que es tener sexo al aire libre. Hacerlo en medio de la naturaleza acompañado por el sonido del agua proveniente de un río me produce una sensación de adrenalina y libertad que no logro tener en ninguna otra ocasión. Las veces que tuve sexo en el parque Nacional y en el humedal Córdoba podía escuchar el sonido del río, y el bosque donde me llevó #550 en el norte Bogotá también tenía un río donde era posible escuchar las corrientes de agua con mayor intensidad.

Llegamos a un punto que me pareció ideal para tirar, pero #550 quiso que camináramos más hacia arriba. Mi miedo de caerme y mi cansancio me hacía no querer avanzar y tener sexo en la parte de abajo de la montaña, pero #550 insistió bastante en que subiéramos más y más. Llegamos a un punto muy alto donde se podía ver toda la ciudad, además el suelo era plano, por lo que era cómodo para tener sexo.

La vista era similar a la de la circunvalar, pero se veía más el norte de Bogotá. Sólo se escuchaban los pájaros y el río, y la única fuente de luz era la luna, por lo que de vez en cuando debíamos prender la linterna del celular para poder ver. Estábamos en un lugar que no parecía que estuviera dentro de una ciudad agitada y estresante como Bogotá.

Puse mi chaqueta en el suelo para que no me dolieran las piernas al arrodillarme para mamárselo. Le bajé los pantalones y saltó su verga al frente de mi cara. Su tamaño era promedio y la metí en mi boca. Me di cuenta que a #550 le gusta el sexo duro, y eso nunca me ha molestado siempre y cuando el activo sepa hacerlo bien. Tomó mi cabeza con sus dos manos y empezó a jalarme del pelo, me folló la boca. Cuando me soltó seguí mamándoselo con la misma velocidad con que movía mi cabeza con sus manos.

Mis ojos se volvieron muy llorosos y minutos después paré de chuparlo. Le pedí que me cogiera pero el lugar donde estábamos era muy descubierto. Es decir, no había ningún árbol o algo que nos cubriera, y al parecer #550 quería hacerlo en un sitio más privado aún sabiendo que ni siquiera había un animal allí. Caminamos 5 metros hasta unos áboles que cubrían el cielo. Se puso un condón y puse mis manos contra el tronco de uno de los árboles para que #550 me culiara de pie.

Me agarró de la ingle de mis dos piernas con sus manos y me empezó a coger, me agarró con tanta fuerza las piernas que me dolió mucho y tuve que pedirle que parara pero no hizo caso. Continuó cogiéndome muy rápido con sus manos en mi ingle causándome mucho dolor, pero #550 lo estaba disfrutando tanto que dejé que continuara hasta que no aguanté más y me aparté de él. “Me han dicho que me gusta el sexo fuerte”, mencionó como pretexto para justificar la forma como me agarró con sus manos y el dolor que me produjo. He tenido sexo fuerte con muchos y lo he disfrutado, pero #550 no entendía que se puede tener sexo fuerte sin hacer sufrir al otro.

Volvió a penetrarme pero esta vez me agarró de la cintura y de mis hombros, esta vez tuve que sostenerme con mayor fuerza del tronco porque podía caerme fácilmente. El sonido del río fue reemplazado por mis gemidos fuertes, me estaba dando tan duro que no pude sostenerme más del árbol y me arrodillé para que me continuara taladrando el culo en 4. #550 me siguió follando sin sacar su verga y me lo hizo con tanta velocidad que se cansó rápidamente. De hecho, yo también me sentía muy cansado a pesar que no me había movido nada a comparación de él.

Sacó su pene, tiró el condón y se masturbó sobre mis nalgas. Su leche caliente y pegajosa cayó sobre mi piel, no quise limpiarla. Cuando me levanté me dolían mis piernas y mis brazos, tenía las rodillas llenas tierra y mis codos estaban todos raspados y sucios. En general mi cuerpo estaba todo sucio, pero no importaba, pues había valido la pena. Nos vestimos y en medio del dolor logré bajar la montaña, fue más difícil devolvernos porque era más posbile resbalar y caerme mientras bajaba por la pierda resbaladiza, pero aforunadamente el recorrido se me hizo más corto.

Llegamos al punto donde nos bajamos en el taxi y pedimos un uber.


Puntuación: 3 de 10

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