#552. El comensal de Creps & Waffles

Un cumpleaños familiar hizo que estuviera ese día en ese mismo Creps donde vi a #552 por primera vez (para los que no son de Colombia, Creps & Waffles es un restaurante muy famoso aquí). Lo vi comiendo con dos mujeres. Si hay algo en lo que soy bueno es en mi memoria fotográfica, y nunca olvido un rostro así haya sido solo en fotos. Sabía que había visto esa cara en algun lado, así que caminé hacia el baño y pasé cerca a él para mirarlo de cerca, estaba comiendo pane cook de champiñones con limonada de coco. Era lindo y tenía unos labios rosados y delgados. Lo miré fijamente pero estaba distraído hablando con sus amigas.

Recordé inmediatamente quién era, era el tipo que había conocido en un chat hace unos meses, pero nuestras conversaciones nunca insinuaron un encuentro en persona, tampoco fueron más allá de unas fotos hot. Días antes que me invitara a su apartamento le escribí para decirle que había visto a alguien que se parecía mucho a él en el restaurante y que había pedido panecook de pollo con champiñones y limonada de coco.

Se sorprendió que lo hubiera reconocido y desde entonces enpezamos a hablar mas seguido, días después una tarde me invitó a su apartaestudio en Chapinero alto. Medía 1.75, era blanco y acuerpado, tenía 26 años, una barba abundante pero corta, ojos cafe y pelo negro. Tenía un mentón masculino y unos dientes perfectamente blancos. Su voz era muy gruesa y sus cejas pobladas inspiraban masculinidad y una mirada seductora.

Fuimos a su cuarto y me acosté en su cama. Me encanta ver a un hombre quitarse la ropa en frente mío, y #552 fue un experto en hacerlo al estilo streeper. Tenía un tatuaje mediano en su brazo derecho que hacía ver su cuerpo grueso aún más sexy. Al verlo quitarse la ropa me puse duro como una roca y sentí que estaba lubricando mucho cuando se acercó a la cama donde yo estaba acostado.

Me devistió con la mirada, me agarró la camisa y la desabotonó rápidamente mientras me desabrochaba el cinturón y me quitaba el jean. Cuando estuvimos desnudos me acosté a su lado y me acerqué a su boca para darle un beso tímido y corto, pues no me aguanté las ganas de besar sus labios delgados y rosados. Su respuesta fue mejor de lo que me hubiera imaginado y apenas me alejé después de besarlo agarró mi nuca y acercó su boca a la mía para darme un beso pasional que duró más de 5 minutos.

Recorrió sus manos por mis nalgas mientras besaba mi cuello con sus labios mojados. Luego sentí la punta de su miembro rozar mi ano y poco a poco la presión de su pene intentando entrar más profundo. Se sentía caliente y lubricado, jugó con su glande y mi ano, estimulando cada nervio de mi piel que tenía contacto con su pene. Sujetó mis dos manos con fuerza para evitar que impidiera que fuera más profundo. Sin avisar metió la punta de su miembro y un gemido fuerte salió de mi boca, enseguida me tapó la boca y sacó su verga de mi culo.

Haber sentido la punta de su verga aumentó mi nivel de excitación, al punto que quise sentir toda su verga adentro. Se levantó de la cama para ponerse el condón Today lubricado y se acostó de nuevo en cucharita detrás mío con su verga dura tocando mi ano. Sentí cuando su pene ingresó y las paredes de mi ano se abrieron para dejarlo entrar. Gemí fuerte y susurró a mi oído: “me encanta ese gemido de perra”. Su comentario me dio libertad para gemir aún más duro y cada embestida que me daba con su vergota producía un gemido más fuerte.

Sus manos pasando por todo mi cuerpo me recordaron algunos con los que me he acostado que me han hecho lo mismo. Muy pocos saben acariciar mi piel en medio de una buena culiada. Empezó a pasar sus manos sobre mi cuerpo con más fuerza hasta que sentí unos pellizcos que se hicieron más y más fuertes que me hicieron gritar. Entre más duro Tenía, más se excitaba, así que empecé a gritar lo más duro que pude.

Mientras tanto sus labios recorrían mi cuerpo y de vez en cuando mordía mi oreja y mis hombros. Sus mordiscos dolían tanto como sus pellizcos, pero disfrutaba esa forma tan particular de querer hacerme gemir más duro. Tomó mi mano izquierda y la estiró hacia un extremo, movió mi cuerpo hacia abajo y quedé acostado con mi cara sobre la sabana y mi culo hacia arriba, #552 se acostó encima y me volvió a penetrar con fuerza, haciéndome gritar de nuevo. “Así perrita, así te quería tener”. El fetiche de #552 por tratarme como su perra y cogerme fuerte le causó una sensación que tal vez no logra sentir con otros.

Su cuerpo sudoroso y su respiración sobre mi nuca al ritmo de sus embestidas hacia arriba y abajo me tenía masturbándome contra la cama. Agarró mis brazos y los extendió hacia los dos lados dejándome inmovilizado. “Gime puta!!”, me ordenó cuando dejé de gemir. Lo hice tan duro como me lo pidió y estoy seguro que los vecinos nos escucharon, pero eso era parte del juego.

Me dijo que le pidiera verga y así lo hice. “Dame verga! Quiero tu verga! Párteme el culo!”, le rogué entre gemidos. Eso lo arrechó aún más y luego me preguntó: “dónde quieres que me venga?”. Le respondí que dentro y segundos después dio unos cuantos empujones bien fuertes acompañados de unos gemidos hasta que se quedó quieto acostado encima mío por casi dos minutos. Cuando se levantó el condón quedó atascado bien profundo en mi ano. Tuve que jalarlo hacia afuera para sacarlo, vi la leche que #552 había depositado adentro y sentí la necesidad de olerla y tocarla.

Exprimí el semen sobre mi abdomen y lo esparcí por todo mi pecho como si fuera crema hidratante. Me encanta el olor del semen, su textura y su sabor. Entre más abundante y espesa sea la descarga es más fácil de esparcirlo, y la descarga ze #552 cumplía estas dos características. Me masturbé con el olor que expedía el semen de #552 secándose en mi pecho. Cuando me vine me alcanzó pañitos húmedos y me limpié la mayor parte, asegurándome que quedara un poco semen en mi pecho para poder sentir su olor y sentirlo secarse como pegamento sobre mi piel.

Nos reímos por lo que debieron haber pensado los vecinos al escucharme gemir de tal forma, una sesión de tortura habría sido tan creíble como la del sexo salvaje que tuvimos. “Quieres bañarte?”, me preguntó antes de empezar a vestirme; pero no quería perderme la oportunidad de pasar más tiempo con su semen en mi cuerpo y continué vistiendome.

No paró de mirarme mientras me ponía cada prenda, y frunció sus labios cuando me puse los bóxers. Me dijo que había disfrutado mucho con mi “culito de perra” y que quería volver a probarme otro día. Nos despedimos con un beso largo en la boca y sus manos tocando mis nalgas que si quisiera volver a penetrarme. No podía demorarme más tiempo y lo alejé de mi para abrir la puerta. Nos volvimos a acostar dos semanas después.


Puntuación: 10 de 10

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