#553. El celador de mi universidad

Cuando entré al baño de mi universidad la tarde que conocí a #553, nunca pensé que alguien más entraría. No había mucha gente por la tarde en esa parte de la universidad y ese baño siempre estaba vacío. Caminé hacia el orinal más alejado y desabotoné mi pantalón. Comencé a orinar y justo cuando estaba en la mitad, sentí que alguien me estaba mirando. Eché un vistazo y vi a un celador de la universidad justo a mi lado. Perdido en mis pensamientos sobre la cantidad de cosas que tenía que entregar al otro día ¡no noté que alguien estaba en el urinal de al lado!

Cuando vi al celador no tenía ni idea de qué hacer. Lo había visto antes en  varias ocasiones pero nunca me imaginé que fuera gay. Se veía tan hetero, medía 1.85, era de contextura normal, blanco, con barba y de ojos café. El tipo era tan alto que obviamente me había podido ver orinar, y continuó mirando hacia abajo incluso después que terminé. Lo sorprendí robando algunas miradas de vez en cuando, esto hizo que mi mente se acelerara, así que decidí montar un espectáculo. Incliné mi cuerpo donde él pudiera ver un poco mejor, y empecé a jalarme la verga directamente frente a él para darle una vista panorámica de mi masturbada.

Noté que empezó a tocar su propia verga y eché un rápido vistazo para ver su miembro, pero para mi desgracia no lo tenía afuera todavía, solo podía ver el bulto en su entrepierna. Finalmente me armé de valor para mirarlo fijamente a los ojos y luego… sonrió y me guiñó un ojo. Por alguna razón, mis nervios desaparecieron, y lentamente comencé a sacudir mi pene delante de él otra vez.

Después de 4 o 5 minutos de ver su cara y el contorno debajo de su pantalón ajustado que parecía ser de una verga bastante larga creciendo, decidí hablar claro. “Deje ver algo, ya vio el mío y quiero ver lo que tiene”. Pensé que no iba a hacer caso, pero poco a poco, se desabrochó el cinturón y bajó la cremallera. La espesa mata de pelo, y un pequeño vistazo a la cabeza de su verga era todo lo que mi verga podía resistir, de inmediato disparé una gruesa y caliente descarga de semen por todo el orinal.

“Quiero ver su leche”, le dije en voz alta. “No aquí”, dijo. “Alguien puede entrar”. Se subió la cremallera y salió del baño haciéndome una señal para que lo siguiera. Corrí al lavamanos, me lavé las manos apresuradamente y salí del baño. Cuando llegué al pasillo, vi que estaba esperándome a unos 10 metros. Lo seguí hasta una esquina donde nadie podía vernos y me susurró: “quiere ver mientras me corro?”, preguntó. Ni siquiera tenía que pensar sobre eso y le dije “SÍ”. Llegamos a otro edificio y continuamos por el pasillo hacia un salón. Sacó las llaves, miró a su alrededor y abrió el salón. Hizo un gesto para que lo siguiera adentro.

El salón era pequeño y era evidente que no se daban clases alli. Adentro había sillas, cajas y cosas de aseo como baldes, traperos, escobas, incluso había una escalera. Entré y cerró la puerta con seguro. “Ahora, donde estaba yo..”, dijo. Lo vi deshacer su cremallera por segunda vez, pero esta vez tuve una gran vista de su vergota larga y gruesa. “¡Jueputa que rico!” Dije en voz alta y él solo sonrió. Me senté en un banco junto que había allí y cuando se bajó los pantalones comenzó a sacudir esa verga a unos 3 centímetros de mi cara. Se hizo la paja todo el tiempo empujando sus caderas más cerca.

Levanté mi brazo, puse mi mano sobre la suya y acaricié su pene al unísono con su mano. Cerró los ojos y gimió ruidosamente. Después de varios movimientos alejó la mano de su pene y me dejó hacer el trabajo. Comencé a mover mi cara cada vez más cerca, tan cerca que podía oler el sudor y sentir el calor de su pene de celador. Abrió los ojos, miró hacia mi cara a y asintió con la cabeza.

Sabía exactamente lo que quería, agarré esa verga de la base, saqué la lengua y lamí la cabeza un par de veces, haciendo que su respiración se volviera más larga y pesada. Sabía que estaba excitado, puse toda mi boca sobre su cabeza y comencé a chuparla. Cada movimiento de mi succión lo hacía dar fuertes gemidos y una respiración profunda. Levanté mi mirada y cerró los ojos. Para ese momento ya estaba duro otra vez y logré liberar mi verga de mis pantalones. Se lo chupé mientras acariciaba mi miembro.

Después de un buen rato, #553 sacó su verga de mis ansiosos labios y me ayudó a ponerme de pie. Lo siguiente que hizo fue bajarme los pantalones y darme la vuelta con mo culo hacia su cara. Lo quería dentro de mí, y parecía que mi deseo se estaba haciendo realidad. “Quiere que lo clave?”, me preguntó al oído mientras agarraba mis nalgas. Escupí saliva en mi mano y la puse alrededor de mi ano. Luego escupí de nuevo y froté mi saliva sobre toda la cabeza de su pene. #553 empujó mi espalda hacia abajo y frotó su jugosa verga alrededor mi culo varias veces antes de meter la cabeza lentamente. Una vez que toda la cabeza estuvo en mi agujero, dejé escapar el gemido que había estado conteniendo.

Lentamente empujó más y más adentro de mi culo, haciéndome sentir que su verga iba a salir por mi boca. Se sentía tan bien como bombeaba lentamente al principio, haciéndolo cada vez más rápido con cada empujón que daba dentro de mí. Justo cuando estaba listo para venirme por segunda vez, se apartó y me preguntó dónde quería su leche. Giré mi cuerpo, me arrodillé y abrí mi boca, dándole un objetivo claro para apuntar su descarga. #553 dejó escapar un largo gemido mientras disparaba una gran cantidad de semen salado por toda mi lengua y alrededor de mis labios. Segundos después  me vine sin prestar atención a donde caía mi semen. Nos vestimos y nos abrochamos el cinturón sin decir una palabra. Cuando lo miré para abrir la puerta, lo único que dijo fue “gracias hombre, realmente lo necesitaba”. Hice contacto visual y dije: “cuando quiera”.

Durante varias semanas me dirigí a ese mismo baño los miércoles por la tarde después de clase con la esperanza de obtener un poco de acción con el celador. Me había dado por vencido hasta que un día después de dos meses sin verlo, decidí darle una oportunidad más. Abrí la puerta del baño y estaba encantado de ver a mi celador. Me miró, me guiñó un ojo, y se dirigió al último cubículo. Lo seguí rápidamente y entramos. Cuando cerré la puerta le dije con una sonrisa: “Tengo que decirle algo. Su semen cayó también en el piso la última vez, y ahora uno de mis tennis tiene una gran mancha en la punta.” Se rió y me dijo: “Me encantaría compensárselo” mientras deslizaba sus manos por mis nalgas………..”


Puntuación: 9 de 10

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