#560. Una Heineken a cambio de un rapidito en el bar

Había pasado varias semanas desde la violación en el bar y no estaba dispuesto a ir otro lugar similar en un buen tiempo. Mi experiencia de la noche en que 12 tipos abusaron de mí inconsciente me hizo reflexionar sobre las noches en que ofrecía mi cuerpo a extraños que no lo merecían, pero lo hice porque quería sus vergas. Mirando atrás, puedo decir que he logrado mucho más de lo que me hubiera imaginado, sin sí siquiera haberlo planeado. Nunca planeé nada de esto, ni tener encuentros sexuales a diario, ni tener un diario relatando mis experiencias, ni mucho menos sentirme deseado por tantos hombres.

Hay beneficios que vienen con el reconocimiento que he obtenido desde que decidí hacer mi vida sexual pública. La forma que conocí a #560 fue por medio de una invitación a un bar gay que me hizo el dueño del lugar. Cuando entré a ese bar recordé la época en la que visitaba unas cabinas y le ofrecía mi culo a extraños en el cuarto oscuro. La sensación de sentirme deseado, ver que hacían fila para cogerme, que me manosearan y me pusieran sus vergas por todo mi cuerpo, cara y boca mientras otro me cogía por el culo era un éxtasis que recorría todo mi cuerpo.

Mis intenciones cuando voy a un lugar donde puedo encontrar un potencial polvo como un bar, sauna o video; varían de acuerdo a mi estado de ánimo, mi nivel de arrechera y el caldo de ojo. Ese día iba con la intención de llevarme uno que me gustara a la cama, y me senté en una silla con una mesa al frente y otra silla al lado. Pedí una cerveza y de lejos vi a un hombre muy guapo de unos 27 años, moreno y con barba que llamó mi atención. Intercambiamos miradas pero estábamos tan lejos que la única forma de entablar una conversación era que alguno de los dos se desplazara hasta el otro extremo del bar, y mi orgullo no iba a permitir hacerlo, si fuera a tener una conversación con él, él mismo debería acercarse a mí.

La ciencia y nuestro inconsciente están preparados para determinar cuándo podemos acercarnos a alguien. Una persona en posición de defensa, con los brazos cruzados, las piernas cerradas y la mirada dirigida hacia una pared por ejemplo, se puede inferir que la persona no está interesada o no está abierta a que se de algún contacto. Por el contrario, si dejo mis brazos extendidos, y me siento en una posición relajada, con mi mirada hacia el público con la intención de hacer contacto visual todo se facilita mucho más.

Hay formas de llamar la atención del que le gusta a uno como tocarse el pelo, levantarse, bostezar, sacar algo del bolsillo, etc. Cualquier movimiento genera una reacción instintiva en cualquier individuo cuyo campo visual pueda percibir dicho cambio de posición o sonido. Son las técnicas mágicas de la comunicación aplicadas a la seducción. Y hablo desde la experiencia, pues no estudio psicología ni nada parecido.

El hombre moreno que me gustó inicialmente no duró mucho y al poco tiempo se fue del bar. De los que quedaban no me gustaba ninguno, hasta que media hora después llegó un man alto, bien vestido, de unos 37 años, blanco, delgado y con una cara linda. Mi orgullo hizo que no volteara a mirarlo por un buen tiempo, pero cuando por fin lo hice el tipo estaba mirando justo hacia donde yo estaba sentado, y enseguida volteó a mirar hacia otro lado. Minutos después hubo un juego de intercambio de miradas entre los dos, jugábamos a mirar al otro sin dejar que el otro se diera cuenta.

El juego duró por unos 15 minutos hasta que un mesero se acercó y me dio una cerveza Heineken. “Le envían esto”, dijo el mesero señalando el hombre guapo del juego de las miradas. Segundos después se levantó hacia el baño y lo seguí, nos encontramos cara a cara en la puerta del baño. Nos miramos fijamente con esa mirada que confirma cuando el gusto es mutuo. Sin decir ninguna palabra lo besé lentamente, usando mi lengua para rodear su boca.

Su aliento sabía a menta fresca. Puso sus manos en mi culo y me apretó mientras gemía presionado mi cuerpo contra el de él. Metió sus manos entre mis bóxers y comenzó a frotarme el culo con ganas. Me estaba excitando con los besos y pude sentir la rigidez de su miembro a través de su pantalón. Luego me empujó al baño, me dio la vuelta y puso mis manos sobre el lavamanos para inclinarme hacia abajo. Cedí ansioso. Me bajé el pantalón, luego los bóxers y le ofrecí mi culo. Se arrodilló en el suelo y comenzó a chupar mi ano con su lengua mientras gemía con deleite y extendía mis nalgas.

Apliqué saliva a mi ano y saqué un condón que tenía en mi bolsillo, se lo pasé al hombre delgado de cara linda, quien se convirtió en #560, darle el condón fue mi señal para que tomara mi mojado, ansioso y hambriento culo. Escuché su ropa caer al suelo y sentí el olor de su loción barata, me encanta la sensación de un hombre agarrándome como si fuera su premio y saber que estoy a punto de ser follado. #560 colocó su verga, la cual yo todavía no había visto, en la entrada de mi ano y poco a poco empujó hacia adentro. Gemí fuerte al sentir su pene ingresando suavemente, podía ver nuestras dos caras en el espejo a medida que empezó a cogerme.

Podría decir que su pene tenía un tamaño decente cuando me rodeó con ambos brazos y finalmente empujó su rígido palo dentro de mí hasta tocar mi próstata. Me abrí de piernas mirando mis tenis y los zapatos negros de #560. Volví a presionarlo contra mi cuerpo para que volviera a darme bien duro. Ahora estaba inclinado hacia adelante, doblado hacia abajo desde la cintura, con mi cabeza al nivel del lavamanos y mis brazos estirados contra la pared. Me encantaba saber que mi culo estaba lleno de la verga de #560. Me folló con pasión, lento, con cuidado para dejarme sentir cada centímetro de él mientras se movía de un lado a otro de la forma más seductora dentro de mí.

“Eso es bebé, oooh sí bebé”, me decía en un tono como si estuviera a punto de venirse y me cogía de la cara como arrullándome. “Necesito tu leche, dámela bien rico”, le respondí.

Quería que acelerara su ritmo, que me hiciera su perra, incluso empujé mi cadera con fuerza hacia atrás y hacia adelante como señal, pero #560 continuó cogiéndome a un ritmo suave y constante. Se tomó su tiempo conmigo, dándome algunos empujes decentes, pero en general fue un poco lento y me alegré cuando lo sentí tenso y gimiendo a punto de correrse. Gemí más fuerte, quería hacerle saber lo mucho que disfrutaba de su verga dentro de mí, y grité “Si!, dame así!! qué rica verga!”. Después de decirle esto se aferró a mí fuertemente con sus dos brazos, puso su cabeza sobre mi hombro y cerró los ojos con fuerza.

Me empujó hacia adelante con una intensidad mayor, miré al espejo para ver su cara orgásmica pero al parecer ya había terminado. Me sostuvo allí por un momento antes de apartarme de él, respiró profundamente y se alejó. El condón quedó atrapado dentro de mi ano, lo cual sucede en la mayoría de los casos cuando el activo ha dejado su pene adentro un buen tiempo después de venirse. Jalé el condón de mi ano y vi una gran descarga de leche blanca y espesa depositada adentro, luego lo boté en la caneca. Se subió los pantalones y me dijo que me vería afuera.

Nos sentamos juntos. Le agradecí por la Heineken y hablamos por aproximadamente una hora hasta que se tuvo que ir, salimos del bar al mismo tiempo.


Puntuación: 7,5 de 10

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