#563. El negro de la verga cabezona

Quiero empezar mencionando que este diario no tendría sentido sin ustedes, los miles de lectores que cada semana dedican minutos de su tiempo a leer mis historias. Son ustedes los que me motivan para seguir construyendo este proyecto que ha crecido tanto y que empezó como una idea una tarde hace no más de 2 años, una idea que espero poder continuar desarrollando hasta que se vuelva tal vez un libro, o qué se yo. Aunque mi tiempo es limitado, siempre intento sacar tiempo para escribir sobre mis experiencias. Gracias por leerme.

Escuchar mis canciones favoritas antes de sentarme a escribir es una excelente fuente de inspiración, es una forma relajante de poner a trabajar mi memoria antes de empezar a escribir mi diario. Esto me hace recordar cuando viví en Medellín. Disfrutaba poner mi lista favorita de Spotify a todo volumen en la tarde, abrir la ventana, sentir el clima cálido y ver como el sol se escondía en esa linda ciudad desde el piso 21 del apartamento del Poblado donde vivía. Luego me disponía a escribir este diario con la mejor inspiración. En Bogotá no tengo la misma vista y el clima tampoco se parece al de Medellín.

He tenido fantasías con negros. Fantaseo con el típico negro musculoso, alto, rapado y vergón que aparece en las películas porno. El primer negro con el que estuve fue #247, era tal cual como me gustan, tenía un cuerpo espectacular pero no pudimos culiar en forma porque su verga era demasiado grande, y por demasiado grande me refiero a que es la verga más grande que he visto después de haber visto más de 700 vergas. La verga de #247 medía al menos 28cm y era tan gruesa como el pepino más grande que pueden encontrar en un supermercado. Tuve que pedirle al negro que parara porque me estaba doliendo mucho, pero me hubiera encantado metérmela hasta el fondo y que me taladrara el culo como debe ser.

Desde entonces quedé con ganas de volver a comerme un negro, pero en una ciudad como Bogotá no hay muchos. Una noche conocí a #563 en un bar. #563 era un negro joven, bien vestido y físicamente atractivo que llamó mi atención. No era tan alto ni tenía un super cuerpo como #247, pero aguantaba bastante. Medía 1.70 y tenía la cabeza rapada. Intercambiamos miradas y a los pocos minutos me di cuenta que le gustaba. Ese día sentía más ganas de lanzarme al que me gustara que esperar a que alguien se acercara a mí primero, y el negro se convirtió en mi objetivo.

Pasé caminando a su lado pero #563 era muy tímido para dar el primer paso, sabía que necesitaba darle una mano si quería hacer algo conmigo. Tampoco quería mostrarme tan regalado y esperé un tiempo antes de acercarme a él. “Hola”, dije mirándolo a los ojos. Ese fue el primer contacto que tuve con #563. Hablaba en voz baja y por su acento me di cuenta que era rolo. Nuestra conversación fue corta y poco tiempo después de empezar hablar estábamos en el baño culiando sobre el inodoro.

Entramos al baño y cerramos la puerta con seguro. Agarré su paquete fuerte y sentí que estaba bien duro. Lo arrinconé contra la pared y le bajé la cremallera. No lo tenía gigante como #247 pero en general tenía un buen tamaño. Me arrodillé y se lo chupé hasta que salieron lágrimas por mis ojos.

Luego llegó el momento de la verdad y bajé la tapa del inodoro para sentarme encima. Me bajé los pantalones, me senté sobre la taza con las piernas bien abiertas y #563 se puso el condón que le di. Sentí la cabeza de su verga tocar la entrada de mi cuerpo, acercó sus mano a mi cadera para sostenerme e intenté relajarme para evitar sentir dolor, su vergota palpitante y pulsante me hizo subir el culo para que pudiera entrar de una vez por todas.

Por más que lo intenté, no pude relajarme lo suficiente y sentí un poco de dolor cuando la cabeza ensanchó mi ano lo suficiente para deslizarse. La sentí latir mientras el músculo interior de mi ano se flexionaba alrededor. Es difícil describir todas las emociones que registró mi mente, pero el latido de mi corazón aumentó y una emoción me recorrió mientras #563 empujaba más fuerte a medida que tenía toda la longitud de su verga deslizándose.

Con sus muslos apretando contra las mejillas de mi culo y su verga latiendo dentro de mí, comencé a apretar. #563 gimió de placer mientras comenzaba a moverse con su miembro adentro. Fue puro placer sentirlo deslizándose de un lado a otro dentro de mi ano hasta que puso mi verga bien dura. Empezó a darme más rápido, tirando de mis caderas hacia atrás para empujar hacia adelante, haciendo que mi verga rebotara hacia arriba y hacia abajo. Cuando sentí que dio la primera descarga de su semen dentro del condón, gruñó mientras yo gemía, me encantó ver su cara orgásmica al unísono que me llenaba de su semen.

Al darme todo lo que venía de sus bolas se detuvo inclinándose sobre mi culo, respirando pesadamente, aspirando el aire que necesitaban sus pulmones después de tan intensa cogida. Mientras tanto yo estaba casi en el mismo estado tomando aire con mis pulmones, jadeando como si acabara de correr un kilómetro. Fueron solo nuestros pechos los que hicieron movimientos durante varios minutos mientras permanecía en esa posición con mis piernas abiertas recibiendo su palo negro y grueso en mi hueco.

Sentí que se enderezó y comenzó a salir. Solté un grito porque me gustaba donde había estado su miembro y era un pesar tenerlo que que dejar salir. Apreté las nalgas con fuerza para tratar de mantenerlo dentro de mí, pero perdí la batalla cuando sentí que su verga se deslizó hacia afuera, hasta que la sacó todo y vi su leche colgar del condón.

Nos vestimos rápido y salimos del baño, al salir había varios tipos en la puerta intentando escuchar nuestra faena.


Puntuación: 9 de 10

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