#569. El costeño del regalo perdido

Mi encuentro con #569 debió haber ocurrido mucho antes, pero por cuestiones de tiempo terminé conociéndolo mucho después. Era de Barranquilla y viajaba a Bogotá cada 6 meses. La primera vez que me invitó a su hotel tuve que inventarme una excusa porque ya había cuadrado un encuentro con alguien más, pero le dije que me avisara cuando volviera a Bogotá para vernos. Aproximadamente 6 meses después me volvió a escribir para contarme que se encontraba en Bogotá, y me preguntó si tenía planes para esa tarde. En realidad tenía dos posibles candidatos pero no había concretado nada con ninguno, así que le dije que no tenía planes y me invitó a su hotel. Cuando salí de clase fui directo a su hotel en Quintaparedes.

Una cuadra antes de llegar, #569 me estaba esperando en la entrada. Tenía unas facciones típicas de costeño, era moreno, de pelo y ojos negros, cara redonda, medía 1,65 y tenía 38 años. Nos saludamos y me invitó a comer algo, pero no quería demorarme mucho y le dije que no tenía hambre. Entramos al hotel y afortunadamente no pusieron ningún problema para que subiera a su habitación. Cuando metió la tarjeta para entrar a la habitación no le funcionó, y tuvimos que esperar unos 3 minutos hasta que logró que sirviera. Me senté en su cama mientras hizo algunas llamadas y organizaba cosas en su maleta, “te traje algo”, dijo mientras seguía dando vueltas por la habitación. Prendió el televisor con alto volumen para que no nos escucharan y por fin se quedó quieto, estando de pie me miró todo el cuerpo con una mirada morbosa, como analizando lo que está a punto de comerse.

Se acercó a la cama y puso su mano a su paquete, el cual era muy prominente. Desabrochó el cinturón y bajó la cremallera lentamente. Luego vi lo que parecía ser un pene duro debajo de unos boxers negros pegados, se frotó el bulto y finalmente sacó su herramienta de costeño, una verga morena, gruesa y dura de unos 22cm de largo. Subió su mirada y empezó a mirarme fijamente con deseo mientras se masturbaba. Dejé que lo hiciera un rato, me excitaba verlo masturbarse mientras me observaba estando de pie y yo acostado. Me levanté de la cama, me acerqué y me arrodillé ante él. Cogí su verga venosa, la toqué, analicé su color, su forma, su longitud. Era brillante en la punta y muy oscura, casi negra. Acerqué mi boca y toqué la cabeza de su pene con la lengua, poco a poco fui adentrándome en su deliciosa herramienta de costeño y la metí profundo en mi boca.

La chupé despacio, no había afán. Las sesiones de sexo son como las películas. Unas son aburridas, otras lentas pero entretenidas, otras tienen mucho suspenso, unas tienen muy buena trama, otras tienen mucha acción y parece que todo sucede rápido. El sexo con #569 fue como las películas que empiezan lento pero depronto se ponen emocionantes. #569 nunca intervino en mi mamada, simplemente dejó que me llevara por su verga lubricada, sentí el sabor de su precum y eso me arrechó aún más. Empecé a masturbarlo al mismo tiempo que chupaba la cabeza, de vez en cuando me gusta hacer esto antes que me penetren, es como prepararlos para lo que viene.

“Quiero que me lo metas”, le pedí. Sacó su verga de mis labios y fue a su maleta para sacar un condón. Terminó sacando una caja de condones de una bolsa de droguería, el condón era de una marca que nunca antes había visto. Desde el inicio me dejó muy claro que quería que lo cabalgara. Se acostó en la cama con su verga erecta y sus piernas extendidas hacia los lados. Me acomodé de rodillas para sentarme sobre su verga, la cogí con la mano y la guié para que ingresara en mi ano. Cuando sentí la punta tocar mi ano, sabía que era el momento para deslizarla hacia adentro. Con la experiencia he aprendido a encontrar el ángulo ideal de los penes para que me penetren, mientras que en mis primeros encuentros necesitaba varios intentos para que la verga entrara.

Primero metió la punta, luego me miró a los ojos con una mirada intrigante y empujó un poco más. Lo continué mirando a los ojos mientras empujaba su verga suavemente, sentí que la cabeza comenzaba a entrar en mi culo lentamente. Hizo una pausa y me relajé, empujó un poco más y sentí que su pene se deslizaba dentro de mí. Metió su dedo indice entre mis labios y lo mordí, quería que siguiera metiendo su miembro.

Siguió yendo un poco más profundo, gemí profundamente con una mueca en mi rostro. Me costaba creer que fuera capaz de llegar tan lejos sin tener que gritar del dolor. Mis ojos se movieron hacia atrás y comenzó a deslizarse hacia afuera y luego retrocedió un poco más hacia adentro. Ahora estaba con su verga a la mitad del camino. #569 movió su cadera hacia adentro hasta que mi culo tocó su entrepierna.

“Ahhhhhth!” Gemí fuerte.
“¿Estás bien?” preguntó en voz baja. “Sí, simplemente no te muevas, déjame darte placer y cabalgarte”, le dije.

#569 se quedó quieto. “El calor de tus culito es increíble”, susurró. Apenas dijo esto apreté las paredes de mi ano y la cabeza de su verga se hinchó dentro de mí. Lentamente, comencé a subir y bajar mi culo, le encantaba que mis nalgas rebotaran sobre él . Sacó su pene de mi culo y luego volvió a meterlo, una y otra vez, cada vez empujando y un poco más lejos. Sentí como su verga gruesa entraba y salía de mí suavemente, y luego empezó a ir a toda velocidad, al ritmo más sexy que puede haber. Grité duro, quería hacerle saber que lo movía como los dioses. Me estaba acostumbrando a su enorme pene. “la sensación de tu interior está causando que mis bolas se hinchen, estoy haciendo todo lo que puedo para evitar correrme”. dijo #568. Sabía que si me movía se podía venir, así que dejé que él se moviera.

Comenzó a moverse más agresivamente hacia arriba y abajo, mientras tanto gemía cada vez más fuerte, estoy seguro de que el volumen del televisor no era suficiente para cubrir el volumen de mis gemidos. Ahora #569 estaba sacando su verga a la mitad y volviéndola a meter. Empecé a disfrutar realmente de sus movimientos, me mordí el labio más fuerte a medida que me taladraba más rápido. Empezó a empujar más fuerte, golpeando mi culo contra su cadera. Me agarró de la cintura para tener mayor control y golpear mi cuerpo para poder ir más profundo, de repente paró de moverse.

“¿estás bien?”, le pregunté.
“Tu culo apretado y tu interior caliente me van a hacer venir”, dijo.
“Vente en mi culo!, dame tu leche!”, le pedí gimiendo. Le di la orden para que se corriera, gemí fuerte, saber que le iba a dar un orgasmo me tenía al borde, de repente soltó un gemido suave pero largo, continué moviéndome y segundos después me quedé quieto.

Me levanté y le quité el condón con cuidado, ver todo el semen que depositó adentro me arrechó aún más y me masturbé después de colocar el condón en mi abdomen, cuando terminé lo boté. #569 entró al baño y me vestí. Me dio pena preguntarle por lo “que me había traído”, creo que se le olvidó. Me acompañó hasta el Lobby y nos despedimos.


Puntuación: 7,5 de 10

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