#573. El vigilante acosador

Mi fecha límite para pagar el celular estaba próxima a vencerse y fui al Claro para pagar mi línea. No tenía planeado tener sexo con nadie ese día, pues quería que fuera un día de descanso y muy relajado. Hice la fila, realicé el pago y salí del Claro caminando porque era un día muy soleado y bonito, de esos que dan ganas de caminar.

Caminé por la calle con el celular en la mano mientras revisaba Grindr. En ese momento recibí un mensaje de alguien que no tenía foto de perfil y se encontraba a 15 metros. Me dijo que era activo y tenía sitio, pero no me quiso enviar fotos. Miré alrededor para tratar de descifrar quién podría ser ese sujeto que estaba a 15 metros, pero solo vi un hombre caminando muy despacio que llevaba un carrito de Crem Helado vendiendo paletas. Tenía aproximadamente unos 50 años y no era para nada de mi agrado. El vendedor de helados me miró a los ojos pero lo ignoré, no quería ilusionarlo. Empecé a sospechar seriamente que él era con quien estaba hablando por Grindr, siempre que volteaba mi cara para mirarlo sigilosamente, me daba la impresión de que también me observaba. Caminé hacia el norte y el hombre de los helados continuó caminando en la misma dirección, estaba casi seguro de que era él, pero mi mayor intriga radicaba en que me había dicho que tenía sitio. ¿Con qué tipo de lugar para tener morbo o sexo podría contar un hombre que vende paletas en la calle? ¿será que era un baño cercano, una bodega, o qué tipo de lugar era, y a cuánta distancia se encontraba de nosotros?

Volví a escribirle para preguntarle dónde estaba.

“¿Usted es el de saco gris?”, respondió.

Quedé estupefacto, sorprendido, y asustado. Efectivamente llevaba un saco gris ese día. Me sentí acechado, el sujeto de Grindr sabía quién era yo, pero yo todavía no lo había visto, a menos que fuera el vendedor de helados. Volteé a mirar a todos lados, intentando descifrar quién podría estar observándome, pero solo vi una abuelita con sus nietos y el tipo del carrito de Crem Helado. Subí mi mirada, había un centenar de ventanas de todos los edificios que había a mi alrededor, cualquiera podría estar viéndome desde alguna de ellas, fue en ese momento que me di cuenta de que tal vez era imposible saber quién era el acechador de Grindr.

A pesar de esto, miré de reojo cada edificio y cada ventana en búsqueda de cualquier hombre asomado, pero pronto me di por vencido. Le insistí que quería saber dónde estaba, pues así no nos viéramos en persona, no quería irme con la duda. “Devuélvase”, me escribió y enseguida me pasó la dirección del edificio donde estaba. Retrocedí dos cuadras y llegué a la dirección. “¿Qué apartamento es?”, le pregunté y dejó de responderme por un buen tiempo. “Soy el portero, espere, ya le abro”. De lejos vi al celador en la recepción, quien estaba anunciando a un grupo de visitantes. Se veía tan sexy en su uniforme de celador, era delgado, medía 1.65 aproximadamente, era moreno y de ojos y pelo negro. Nunca me imaginé que el hombre misterioso y acechador fuera él, pasé por ese edificio ignorándolo dentro de muchos.

Cuando las personas siguieron hacia el ascensor, #573 esperó un momento y se acercó a la puerta para abrirme. Lo hizo despacio, con cautela y un poco de miedo. Me hizo una seña para que me quedara callado y me pidió que lo siguiera hasta el fondo donde estaba la recepción y los casilleros. Al lado de esta había un pasillo angosto que dirigía a dos puertas, una escalera y el parqueadero. Primero me pidió que me quedara unos segundos quieto a la mitad del pasillo porque sonó el citófono, cuando terminó de atender la llamada me llevó hasta la última puerta, entramos rápidamente y cerró la puerta con seguro. Estábamos en un lugar compuesto por una cocina, un lavadero con baldes, elementos de aseo, y una pared con lockers. Me dijo que debía volver a su puesto de trabajo por un momento y me pidió que no hiciera ruido. Salió del lugar y esperé de pie hasta que volvió. Cerró la puerta con seguro y me repitió que no podíamos hacer ruido. Unos escalofríos recorrieron mi cuerpo, la adrenalina de hacerlo en un lugar no convencional con un celador ayudó a que me pusiera bien duro sin haber hecho nada todavía. No dejé de mirar su uniforme azul oscuro con rayas azul rey. El logo de la empresa de seguridad estaba bien bordado sobre la chaqueta gruesa con insignia de vigilante de seguridad.

Me volteé con mis manos sobre los lockers y desabroché mi cinturón y mi cremallera, dejando caer mi pantalón y mis boxers hasta los pies. Mi culo quedó expuesto a #573, quien rápidamente se desabrochó el cinturón y sacó su miembro completamente erecto. Se acercó a mí y sentí su verga dura rozar la raja que separa mis dos nalgas, lista y deseosa de entrar por mi hueco. No la vi, pero con mi mano pude estimar su longitud y su diámetro. Puedo decir que era promedio, y la cabeza era redonda como un durazno y estaba bien lubricada. El hecho de no haber visto su verga antes de ingresar a mi culo despertó en mí una fantasía, ya que me recordó todas las vergas que me metieron en el cuarto oscuro de unas cabinas que visité por una época.

La agarré de la base, sentí sus vellos púbicos y la guié hacia mi ano. #573 empujó hacia adentro y entró rápidamente. Debí estar muy excitado para no haberle pedido que lo hiciera despacio o haberla sacado, una vez la tuve toda adentro me agarró fuerte de la cadera y apoyé de nuevo con mis dos manos sobre los lockers. Cuando enterró su verga por completo terminó de bajar su pantalón hasta arriba de la rodilla y empezó a culiarme. Se sintió tan rico, #573 metió su verga y la deslizó hacia afuera sin sacar la cabeza, repitió esto unas cuantas veces y susurró “qué rico!”, estábamos tan excitados que no le importó hablar, así fuera en voz baja. 15 segundos después de ingresar en mi agujero eyaculó, gimió suave mientras lo hacía.

Dejó su miembro dentro de mí unos segundos y finalmente lo deslizó hacia afuera, se subió el pantalón y se abrochó el cinturón. No había tiempo ni forma de que él pudiera esperar a que yo me viniera, cualquier segundo más ahí adentro podría significar que alguien lo necesitara o que alguien quisiera entrar a esa cocina. Entendí que no se podía demorar, pero quería saber la razón del porqué se vino tan rápido, así que le pregunté hacía cuánto tiempo no tenía sexo. “2 meses”, respondió.

Me he dado cuenta de que los hombres que llevan 3 meses sin tener sexo tienden a correrse mucho más rápido que uno que lleva 1 semana, así que entendí por qué fue tan precoz. Me subí el pantalón y #573 salió de la cocina primero y así poder darme la señal para que yo saliera. Revisó que no hubiera nadie e hizo un gesto con su mano para que lo siguiera, caminamos hasta la recepción y él se quedó allí, mientras que yo seguí caminando hasta la puerta, la cual abrió inmediatamente. Cuando salí del edificio pensé: “la próxima vez que tenga que venir a Claro voy a revisar Grindr por si me aparece de nuevo el vigilante”.


Puntuación: 6 de 10

2 comentarios sobre “#573. El vigilante acosador

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