#574. El casado que me cogió en la cocina de su casa

#574 fue un hombre que me causó mucha intriga desde la primera vez que me escribió por Twitter. Por la forma como escribía me dio la impresión de que era un hombre muy inteligente, pero sobre todo interesante y misterioso. Su escritura era elaborada, inspiraba seriedad y denotaba madurez. Después de una conversación larga que se extendió de las 10 de la noche hasta las 2 de la mañana me confesó que tenía muchas ganas de acostarse conmigo, pero de la forma más sutil y elegante que un hombre pueda tener. Estoy acostumbrado a que sean más lanzados y abiertos, pero #574 era único en su especie. Tal vez #574 es el sinónimo de lo que las mujeres llaman “todo un caballero”, y por su forma de expresarse y tratarme me provocó mucha confianza y un interés compartido en saber qué había más allá de esa foto de perfil.

Desde que le empecé a pedir fotos siempre buscó una excusa para no enviar. Se le rompió el celular, se le dañó la cámara, no tenía fotos, entre otras. Finalmente cuando no tuvo más excusas me contó lo que había estado escondiendo por mucho tiempo. “Soy casado, y prefiero la discreción”. Entendí por fin la razón por la cual nunca accedió a enviarme una foto de él. De hecho, la gran mayoría de los casados no envía fotos de cara y por este motivo, he llegado a conocer cómo son físicamente algunos de ellos únicamente en persona.

Por experiencia, los hombres casados suelen ser hombres muy ocupados y cuadrar un encuentro es más difícil que con un hombre soltero por obvias razones. Siempre deben tener una excusa con su esposa o su familia, tienden a posponer cualquier encuentro o a cancelarlo, tienen miedo y a veces solo buscan morbo. Lo anterior es muy comprensible y por eso he aprendido a ser más relajado con ellos. Lo más gratificante de estar con un casado es cuando al final me dicen que disfrutaron mucho haber estado conmigo, y que pudieron cumplir una fantasía que sus esposas no son capaces de cumplirles. A algunos les gusta tratarme de perra y darme bien duro hasta hacerme gritar, cosa que no hacen con su pareja.

Una vez un casado se vino conmigo dos veces en menos de 40 minutos, y me encantó que lo hiciera porque esto es algo que no logra con su esposa. Cuando supe que #574 era casado, le comenté algunas de mis experiencias con casados y se interesó en conocer más de ellas, incluso se sintió identificado con algunas. Le conté la historia del casado al que se lo mamé a oscuras en su sala mientras miraba por la ventana para saber si llegaba su esposa en el carro.  A #574 le sonó mucho la idea de invitarme a su casa cuando no estuviera su esposa ni sus hijos, pero debía hacerlo un día que estuviera seguro de que su esposa se demorara.

Un día me escribió para que fuera a su casa, y por suerte me encontraba cerca. Pedí un taxi para llegar más rápido y justo antes de llegar a su casa se disculpó diciendo que algo urgente había sucedido, pero que iba a intentarlo otro día. No le pregunté más y le dije que no había problema. Aproximadamente un mes después me volvió a escribir para invitarme a su casa, me aseguró de que esta vez sí podía porque su esposa iba a llegar tarde y tenía muchas ganas de verme. Ese día había agendado un encuentro con otro, pero quise darle prioridad al casado y pospuse mi encuentro con el otro para el día siguiente.

Llegué a su conjunto y me anuncié, #574 me hizo seguir. Entré al ascensor y marqué el piso donde vivía, los nervios se apoderaron de mí. Nunca lo había visto en fotos, no sabía cómo era, sólo sabía que tenía 38 años, era muy estudiado y era casado. Se abrió el ascensor y busqué su apartamento, cuando lo encontré toqué el timbre. La espera se me hizo eterna, finalmente escuché unos pasos acercarse y se abrió la puerta. Me extendió la mano y me saludó. Superó mis expectativas en cuanto al atractivo físico. Era blanco, acuerpado, medía 1.75, tenía los ojos y el pelo café, se notaba que recién se había cortado el pelo y se alcanzaban a ver los vellos de su pecho debajo de la camisa a rayas que tenía puesta.

Por primera vez escuché su voz y vi su cara, era decente y muy cordial, lo cual concordaba con su forma de escribir. Nos quedamos parados hablando a la entrada y con el tiempo logré sacarle una risa, mientras tanto me gustaba morbosearlo de arriba abajo. Vi sus zapatos negros grandes, debía calzar al menos 43. Luego seguí por sus piernas gruesas, su entrepierna, su cinturón, su camisa, sus brazos y su vello en el pecho que sobresalía de su camisa. Su tono de voz era grueso y hablaba en voz alta, #574 es alguien que habla con mucha seguridad. Me confesó que se sentía nervioso pero no se le notaba, yo me sentía más nervioso que él.

Me preguntó si quería algo de tomar y fuimos a la cocina. Le pedí un vaso de agua, me aseguré de que sacara el agua del grifo por el miedo que siempre he tenido a que me den bebidas para drogarme. Continuamos nuestra charla en la cocina y la conversación se volvió un poco erótica. Me contó que tiene sexo con su esposa una vez a la semana, lo cual me dio mucho morbo y me dijo que le excitaba la cantidad de hombres con los que me he acostado. Me empecé a poner duro, muy despacio y de forma inconsciente me empecé a acercar más a él. No sé de dónde saqué las agallas para hacer lo que sucedió después. Estaba tan excitado de tenerlo al frente mío que sentí que estaba a punto de perder el control. Tenía muchas ganas de que me cogiera y no quería esperar más.

“Vamos a tu cama”, le pedí. #574 me miró decepcionado y me contó que no quería tener sexo conmigo en ninguna cama de su casa porque se sentiría mal al hacerlo donde duerme él con su esposa o alguno de sus hijos. Entendí su punto de vista pero me decepcionó un poco porque quería que lo hiciéramos con toda la comodidad. Agarré su verga semidura que se escondía debajo de su pantalón y lo miré a los ojos profundamente para hacerle entender lo mucho que quería que me clavara. Me arrodillé y me arrastré de rodillas hacia él, #574 había sacado su pene y empezaba a masturbar su hermoso pene erecto mientras me miraba a los ojos. “¿Lo quiere?”, me preguntó mientras se jalaba la verga, la cual se hacía cada vez más grande. Asentí con la cabeza, su dura verga sobresalía de forma arrogante hacia mí, y estaba al mismo nivel de mi cara. No podía apartar mis ojos de su vergota, era hermosa, la quería para mí.

Me arrodillé ante él como una criatura salvaje. Me perdí por completo en un ataque de lujuria mientras examinaba cada centímetro de su miembro viril. Inhalé su maravilloso olor varonil. Froté su largo pene en toda mi cara mientras me entregaba por completo a su hermosa verga y dijo: “Chúpelo, puta. Muéstreme cuánto quiere comerse esa verga”. Lamí y chupé vorazmente su vergota, deleitándome con su sabor a pene. Lo tenía bien grueso, así que abrí mi boca de par en par para dejar entrar la mayor cantidad de su pene. Lamí la cabeza y el pequeño agujero en la punta, probé su pre-cum. Mi lengua corrió alrededor de la cabeza de su verga, lamí hacia arriba y abajo, sintiendo las venas abultadas, tratando de memorizar cada detalle. Cuando llegué a la base de su duro pene, deslicé mi lengua lentamente alrededor de sus bolas, saboreando la masculinidad entre sus piernas.

#574 agarró mi cabeza con sus dos manos y empezó a jalarla hacia adentro y afuera, le gustaba atragantarme con su verga, y lo hacía de una forma deliciosa. Agarré su culo con mis manos para sostenerme y empecé a moverme rápidamente, pronto mis ojos se llenaron de lágrimas. Me tenía a sus pies, de rodillas, como me había querido tener por mucho tiempo. Sentí la cabeza de su verga golpear mi garganta varias veces, me estaba follando la boca. Aguanté todo lo que pude hasta que sentí náuseas y tuve que sacar su pene de mi boca. Un mar de lágrimas caía por mis mejillas, pero no quería descansar todavía. Tenía mucha más verga que meterme por la boca y el culo. Se lo chupé por unos 10 minutos más y luego él mismo me pidió que parara.

Nos miramos a los ojos y estoy seguro de que los dos pensamos en lo mismo, quería tener su verga en mi culo. Miré la mesa de plástico blanca y me quité todo lo de abajo, luego me subí a la mesa con mi culo al borde para que #574 pudiera penetrarme de pie. Le pasé un condón y se lo puso, coloqué mis pies sobre sus hombros y metió su dedo en mi ano. Acercó su verga a mi culo y primero exploró con la punta, luego ingresó la cabeza y la terminó deslizando toda hasta el fondo. Gemí suave, sabía que no podía hacer mucho ruido. Recosté mi cabeza contra la pared y #574 empezó a meter y sacar su pene por completo, luego lo dejó todo adentro y empezó a follarme fuerte. Sentí que podía caerme de la mesa, aunque no era posible. Debió ser porque #574 se movía muy rápido y debía sostenerme de la mesa para no resbalarme en ella.

Me taladró el culo a un ritmo constante pero rápido, por un momento pensé que la mesa podía romperse. Me empezó a doler la nuca y la cabeza porque cada vez que #574 empujaba hacia adelante, mi cabeza automáticamente pegaba contra la pared. El placer que me producía tener al casado dentro de mí hizo que el dolor en mi nuca no importara, simplemente me enfoqué en disfrutar del momento. Cambiamos de posición y me cogió de pie, puse mis brazos sobre el mesón de la cocina y me clavó por detrás. Fue mucho más cómodo hacerlo en esa posición, al principio mi cuerpo empezó estando a unos 20 centímetros del mesón, pero con el tiempo terminé aplastado contra el mesón con #574 dándome por detrás. Follamos por varios minutos y finalmente se cansó. Le pregunté dónde quería venirse y dijo que en mi boca. Sacó su pene y me dio el condón para no dejar rastro y botarlo cuando saliera del apartamento.

Me arrodille frente a él y lentamente volvió a ingresar su verga en mi boca hasta mi garganta, mi nariz tocó su suave vello púbico. Superado por su propia lujuria, #574 rápidamente tomó el control y sostuvo mi cabeza en sus manos mientras comenzaba a follarme la boca. Con ansia me sometí completamente a su pene mientras chupaba y exprimía su verga con mis labios, mi lengua adoraba su pene, seguí tratando de tragar más y más de él cada vez que empujaba su miembro contra la parte posterior de mi garganta. Chupé para mantenerlo allí cuando #574 retrocedió. “¡Voy a correrme!” exclamó. Su abdomen chocó contra mi nariz y llenó mi garganta hambrienta con un chorro después de otro chorro de su esperma salada. Fue increíblemente delicioso y emocionante.

#574 me miró y se recostó contra la pared mientras descansaba. Me empecé a masturbar, estaba tan excitado que me vine rápido, exploté una y otra vez gimiendo, mi semen cayó sobre mi estómago. Se disculpó por ser tan rudo y decirme cosas perversas. Dijo que se sentía avergonzado por su comportamiento y que realmente no creía que yo fuera una puta. Me reí y le dije que no se preocupara. Me vestí y se subió el pantalón, cuando salimos de la cocina revisó su celular y se dio cuenta de que su esposa le había escrito, pero no era nada de preocuparse. Me acompañó hasta la puerta y nos despedimos con un abrazo y me dijo que me deseaba lo mejor en mi vida. Su frase sincera y su fuerte abrazo me dejó un poco melancólico, pero muy contento de haberlo conocido. Apenas salí boté el condón usado en el shut de basura de su piso.


Puntuación: 9 de 10

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