#575. El que me culió en el piso de unas cabinas

Siempre he tenido un fuerte impulso sexual, pero algunos se pueden sorprender de la cantidad de semanas o meses que puedo durar sin tener sexo, y por esto me refiero a que puedo pasar mucho tiempo sin que me metan una verga por alguno de mis dos agujeros. Esto es una prueba clara de que no me considero un adicto al sexo, ni un sátiro. Si no tuviera períodos en los que dejo de tener sexo, mi lista de parejas sexuales ya estaría por los 4 dígitos.

Me he sentido fuertemente atraído por acostarme con múltiples tipos al día , y siempre he estado fascinado por las vergas. ¡Tantas formas y tamaños diferentes he llegado a meterme en tan poco tiempo! Adoro la forma en que las pequeñas y suaves vergas se vuelven grandes y duras cuando las chupo, y las diferentes personalidades que todas ellas tienen. Me encantan los sonidos que hacen los hombres cuando me follan y la expresión en sus caras cuando llegan al orgasmo.

Un día me sentí muy arrecho, o cachondo como dicen en otros países. Llevaba tiempo sin ir a un sitio de encuentros gays, y me dieron ganas de mamar varias vergas y meterme una, o por qué no dos, o tres. Entré a unas cabinas a las que solo había ido una vez donde tiré con un #personaje de este diario. El lugar era perfecto para un exhibicionista como yo. No había paredes que separaran el lugar aparte de las 4 que lo componían, y había un espejo grande que cubría de lado a lado una de las 4 paredes. Entré y vi un hombre lindo de saco rojo teniendo morbo con un hombre más joven y delgado. Sentí celos y quise acercarme al lindo de saco rojo, pero tampoco quería entrometerme ni interrumpir su momento. El hombre de saco rojo era de mi entero gusto: era grande, tenía barba y unas facciones masculinas. Me senté al frente de ellos dos, a unos 3 metros. Vi como el hombre joven y delgado se lo chupaba al guapo de saco rojo, contuve mis ganas y me quedé sentado.

Mi orgullo le ganó a mis ganas de unirme a ellos y me quedé tranquilo, observando como el joven delgado disfrutaba de mi hombre. Tiempo después el guapo de saco rojo se percató que los estaba viendo y me invitó a que me uniera, con su aprobación me acerqué y empecé a tocar al hombre guapo mientras el delgado se lo mamaba. Solo me interesaba él, no quería hacer nada con el tipo delgado, pero ya que los dos estaban juntos desde antes que yo llegara, debía aceptar estar con los dos. Esto me recuerda un trío que tuve, donde había uno que me encantaba pero el otro no me gustaba. Accedí a hacer el trío porque el que me gustaba solamente quería trío.

Por fin el joven delgado dejó de chupárselo al que me gustaba y llegó mi turno, el guapo de saco rojo me pidió que mamara su verga y yo con gusto me arrodillé y se lo empecé a chupar, procurando hacerlo mejor que el anterior. Su verga era gruesa, cabezona y un poco más grande que el promedio. Le hice la paja, le chupé la cabeza, las bolas, lo estimulé con mi lengua y me metí su verga hasta el fondo. Estaba inspirado como nunca, en medio de una de las mejores mamadas que he dado cuando el hombre guapo alejó mi cabeza y me señaló la verga del joven delgado, quien estaba sentado con la verga bien erecta esperando a que se lo chupara. La verga del joven delgado era proporcional a su masa corporal, era mucho más pequeña y delgada que la del hombre guapo. Deseaba continuar mamando la verga del que me gustaba, pero era claro que los dos querían otra cosa.

Me volteé y se lo mamé al hombre delgado, sólo lo hice para cumplir con el deseo de los dos, sólo debía hacerlo por unos segundos para luego volver a chuparle el pene al guapo de saco rojo. No pasó mucho tiempo antes que el hombre guapo eyaculara mientras se masturbaba al verme mamándole la verga al joven delgado. Me sentí decepcionado, apenas supe que se vino dejé de mamárselo. El hombre guapo se subió la cremallera y se alistó para irse, me hubiera encantado tragarme su verga y exprimirle su leche con alguno de mis dos huecos.

El hombre guapo salió, y luego también se fue el joven delgado. Minutos después llegó #575, un hombre en traje elegante, con corbata, con presencia de ejecutivo. Como quedé muy iniciado, puse el ojo en el hombre de traje elegante. Era alto, trigueño claro, aparentaba 32 años y tenía un aspecto promedio, pues no era ni muy feo ni muy lindo. Como ya me habían metido dos vergas por la boca, mi orgullo había bajado a mínimos históricos, y no me importaba ser yo quien buscara hacer algo con #575, pero no lo iba a hacer tan pronto.

Tiempo después #575 sacó su pene y se empezó a masturbar. Su tamaño era promedio y se veía delicioso. Vi como se masturbaba, #575 me miraba ocasionalmente mientras se lo jalaba. Creo que quería provocarme, pero no quería acercarme todavía, quería esperar a que estuviera más duro. Lo observé, vi como su pene creció en tamaño hasta que llegó a su nivel máximo, era hora de pedirle verga y exigir lo que el hombre lindo de saco rojo no había podido darme.

Me levanté de la silla y me dirigí a #575. Me senté a su lado, lo miré a los ojos y bajé la mirada para ver como se jalaba la verga. #575 me morboseaba de pies a cabeza, y yo sólo seguía viéndolo masturbarse sin saber qué esperaba de mí. “¿Será que quiere que lo masturbe, o que se lo mame? ¿o mejor me quedo aquí quieto?”, fueron preguntas que pasaron por mi cabeza. No había ninguna acción contundente por parte de él para que yo hiciera algo, y me quedé observando por un tiempo. Llevaba tanto tiempo sin ir a un lugar de esos que había perdido la voluntad de perra que tuve alguna vez. Al ver su verga dura y apuntando hacia arriba se me paró, y por fin, sin titubear ni pensar más agarré su verga con mi mano. #575 dejó de masturbarse y alejó su mano de su pene, era la forma de decirme que quería que yo fuera el que continuara haciéndolo.

Tomé su miembro con propiedad, lo hice bien fuerte, y empecé a jalárselo de arriba a abajo, desde su vello púbico hasta el glande. Cada jalada representaba subir y bajar mi mano por los 17 centímetros de su verga venosa. A veces le temblaba, otras veces se inclinaba más hacia un lado, pero mi mano nunca dejó de jalar con fuerza. Tiempo después mi brazo se cansó, y tuve que arrodillarme al frente para masturbarlo con mi otra mano, pronto lo estaba masturbando con mis dos manos, lo cual me permitió hacerlo con mayor velocidad. Tenía la punta de su pene a menos de 5 centímetros de mi cara, era como un niño que tiene un dulce al frente, mi boca no se resisitó más y me lo metí a la boca. Sabía a pene, una mezcla de sabores y olores varoniles, #575 llevaba tiempo sin cortarse el vello púbico, también sudaba mucho y eso me excitó.

Apliqué saliva a la punta para lubricarlo, esto permitió que todo su miembro se deslizara con facilidad por mi boca. Subí mi mano y la metí entre su camisa, acaricié su pecho velludo y pellizqué sus tetillas suavemente. Me tenía erecto, con ganas de masturbarme mientras sentía su verga bombeando en mi culo. Paré de mamárselo y me acosté en el piso, me quité rápidamente el pantalón, los bóxers, los zapatos y dejé mi culo expuesto a disposición de #575. Coloqué mis pertenencias a mi lado donde fuera visible para mí y comencé a echarme dedo, buscando provocarlo mientras él seguía masturbándose y mirando como mi dedo se deslizaba hacia adentro y afuera. Después de verlo masturbarse tanto tiempo, sabía que no iba a tardar mucho en acercarse para meter su pene en mi hueco.

De repente se paró de la silla, abrió mis piernas, se bajó los pantalones hasta la mitad y se arrodilló entre mis dos piernas. Le pasé un condón y con algo de dificultad se lo puso. Colocó sus puños alrededor mío con sus brazos estirados y acercó su cadera, puse mis pies sobre sus brazos y subí mi culo todo lo posible para facilitar la entrada de su miembro. Me penetró, grité duro, por un momento perdí la noción del lugar donde estábamos. Había 6 hombres viéndonos, lo cual aumentó mi excitación. Me agarré fuerte de sus brazos y me clavó, a pesar que el piso estaba frío y duro, esto no impidió que #575 y yo disfrutáramos de la culiada.

Me gustaba mirar alrededor y ver a los 6 tipos masturbándose al vernos en acción, mis gemidos aumentaron y mi respiración también. Siempre me aseguré que mi chaqueta, mi pantalón, mis boxers y mis zapatos estuvieran al lado mío. Me sentía cerca al clímax pero esperaba que #575 llegara primero. Sus movimientos se hicieron más fuertes, y dos minutos después de empezar a clavarme se vino. Cuando terminó sacó su pene, retiró el condón usado y lo botó en una caneca. Me corrí segundos después.

Al igual que el hombre guapo de saco rojo, #575 se subió el pantalón y se fue tan pronto como terminó de follarme. Me demoré un buen tiempo en recomponerme y vestirme, siempre he pensado que todo gira en cámara lenta cuando debo vestirme después de que alguien me culea en un lugar no convencional. Habría podido mamar más vergas y que me metieran otra pero estaba cansado. Terminé de vestirme y me fui del lugar.


Puntuación: 5 de 10

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