#576. El oso marihuanero

Un viernes en la noche iba camino a mi casa en taxi, pocos minutos después de subirme al carro recibí un saludo por Grindr de #576 acompañado de unas fotos deliciosas de un hombre grueso, moreno y velludo. Unos cuantos mensajes después #576 me dio su dirección y le pedí al taxista que se devolviera. Llegué a su apartamento. Parecía costeño por su aspecto, pero cuando escuché su acento rolo confirmé que no lo era. Medía 1.75, era moreno, tenía barba, aparentaba 28 años y su pelo era muy corto y rizado. Subimos la escalera de su apartamento dúplex hasta el segundo piso donde estaba su cuarto. La puerta estaba abierta y apenas entré sentí un olor a marihuana. La cama estaba toda destendida y había mucho desorden.

Cerró la puerta con seguro y me senté en su cama. Me preguntó si quería fumar marihuana con él pero le dije que no, y enseguida me preguntó si me molestaba que él fumara y le contesté que no tenía problema. Sé que hay muchos que les gusta fumarse su porro antes de follar, me lo han pedido en otras ocasiones. Siempre fui muy esquivo a usar cualquier tipo de droga o sustancia. Por ejemplo, pasó mucho tiempo para que decidiera probar el popper, y como cualquier adolescente probé el cigarrillo y la marihuana, pero no la consumo.

Nos recostamos en su cama, empezamos a hablar y me contó varias cosas de su vida, luego hubo un silencio que rompió con una pregunta que no tenía que ver con nuestra conversación. “¿Tu tienes una cuenta en Twitter?”. No supe qué decir, aunque había vivido esa misma situación un par de veces antes. “¿Eres Santiago, no?”. Se movió encima mío, me miró a los ojos fijamente y esperó a que respondiera. “Cuál…a qué te refieres…”, dije después que su mirada intimidante me hizo decir algo. “Eres el que se acuesta con alguien diferente todos los días, ¿no?”. No supe qué decir, una vez más alguien me había reconocido, con el tiempo me he acostumbrado más a este fenómeno. No recuerdo qué hice o qué dije después que me hizo esa última pregunta, mi memoria se nubló por un momento.

Lo siguiente que recuerdo fue que me contó que ya habíamos hablado por Twitter. Subí su camiseta blanca para ver su cuerpo de oso y vi sus ricos pectorales prominentes velludos. Se la quitó toda y mi pene se puso un poco más duro. Como buen oso, su cuerpo no era musculoso, tampoco era gordo, sino que era naturalmente grueso. Sus brazos eran fornidos pero sin ser tonificados, además tenía una panza muy sutil que le daba su marca original de oso. He estado con contados osos en mi vida, y cada uno ha sido único en su especie. #576 sabía que era un oso, y estaba orgulloso de serlo.

Tenía dos tatuajes pequeños, uno en el pecho debajo de su hombro y otro en la ingle. Coloqué mi mano sobre su delicioso pecho y exploré cada centímetro de él. Sus tetillas eran grandes, de un color moreno oscuro, lo manoseé todo. Después de esto me quité la ropa y #576 terminó de quitarse los boxers. Volví a la cama y me lancé sobre mi oso, lo morboseé de pies a cabeza, lo tenía para mí solo, y quería comérmelo todo. Se veía tan indefenso y tan nervioso a pesar de su apariencia, quise aprovecharme de eso, lo iba a convertir en mi presa. Se acostó a lo largo de la cama y me arrodillé a un lado para tragarme su pene que todavía estaba pequeño, necesitaba descubrir su máximo tamaño, y mi boca me iba a ayudar a encontrarlo. Lo metí todo a mi boca y estimulé cada parte con mi lengua mamadora. Mientras tanto acaricié sus bolas y cuando sentí que se ponía más grande empecé a masturbarlo sin dejar de chupar la cabeza.

Gemí suave a medida que sentía su verga aumentar en tamaño, con el tiempo creció y creció hasta que quedó bien dura y apuntando hacia arriba. En ese momento decidí acostarme boca arriba con mi culo apuntando hacia él, #576 entendió mi petición y se acercó. Nuestro instinto animal ayudó a que #576 comprendiera exactamente lo que quería que me hiciera, como cuando dos mamíferos se aparean. La naturaleza humana y el deseo sexual jugó a mi favor. #576 se arrodilló al frente con su miembro viril apuntando hacia mi ano, nuestros genitales funcionaron como dos imanes y el oso juntó la cabeza de su vergota con la entrada de mi hueco. Empujó hacia adelante sin penetrarme, pero la presión era suficiente para que más sangre recorriera hasta su aparato reproductor, poniéndolo más erecto. Mi pene se puso más duro, con un poco de estimulación adicional habría estallado.

Pasé mi mano por su delicioso pecho de oso, acaricié sus tetillas y jalé sus vellos hasta llegar a su miembro. Estaba bien duro, agarré su pene venoso y lo palpé con mis dedos, mientras tanto la cabeza estaba siendo estimulada con mi ano deseoso de recibirlo todo. “Ponte el condón, quiero me lo metas!”, exclamé.

#576, ansioso de ingresar profundo en mi cuerpo se movió rápido hasta su mesa de noche para alcanzar un condón, y volvió rápido a su posición inicial. Tomó su pene con la mano para apuntar y metió la punta en mi hueco, luego fue deslizándolo hacia adentro hasta que llegó al final. Empezó a culiarme pero inmediatamente supe algo que con la experiencia he aprendido. No sentí nada, uno sabe cuando tiene una verga gruesa y parola en el culo porque se siente una presión intensa adentro, pero la de #576 había perdido erección. Le pregunté si estaba duro y me confesó que se le había bajado. “Esque estoy nervioso”, me dijo avergonzado.

Le conté que no es el único al que le ha pasado, de hecho es más normal de lo que uno cree. A veces toma tiempo lograr que al activo se le pare por completo. Lo tranquilicé y le pedí que no se preocupara, pues entre más estresado y preocupado estuviera porque no se le paraba, menos probabilidad había de que se le pusiera duro. Le hice saber lo rico que la había pasado con él hasta ese momento, y que si no lograba culiarme en forma con la verga dura no me iría desilusionado. Se lo volví a mamar con la misma intensidad que la primera vez, y cuando lo tuvo duro de nuevo, me penetró por unos segundos pero después de le volvió a bajar.

#576 intentó por todos los medios para que su verga estuviera erecta y pudiera penetrarme, pero después de varios minutos se dio cuenta que no podía. No quise que se frustrara, y le hice saber lo rico que la pasé con él. Al final me contó que estaba muy nervioso al saber que estaba conmigo, y que se sentía mal por no haber funcionado bien. Insistí en que no importaba y le pedí que se tranquilizara. Nos relajamos y terminamos hablando por un buen tiempo en su cama. #576 demostoró ser tan amable, que me acompañó hasta afuera, y esperó conmigo en la calle a que llegara el Uber por mí, el cual se demoró.

#576 me hizo caer en cuenta de algo importante, y es que aunque siempre es rico un buen sexo, la calidad de la otra persona es igual de importante, a tal punto que puede compensarlo todo.


Puntuación: 5 de 10