#577. El vecino que me dio leche en el parqueadero

#577 me preguntó si me interesaba hacer un trío con su pareja. Tener dos vergas a mi disposición sonaba excitante, pero al final sólo estuvimos él y yo. #577 es un vecino mío que decidió invitarme para follarme la boca en el sótano de su edificio una tarde de mucha arrechera.

Llegamos al sótano donde están los parqueaderos y los depósitos. No había tráfico de gente allí. #577 tenía 35 años y era más alto de lo que me imaginaba. Medía 1.90m. Era blanco y delgado, tenía la cabeza rapada y una barba corta pero abundante. Su cara era delgada al igual que sus labios, su nariz era pequeña. No era para nada feo, su altura y su porte le daba un aire de hombre serio y maduro, pero sobre todo sexy.

Un pasillo angosto y muy oscuro que parecía un laberinto nos llevó a su fin, donde encontramos una pared que impidió que avanzáramos más. No había luz, estábamos en completa oscuridad. No recuerdo haber estado con nadie sin poder ver absolutamente nada, estoy acostumbrado a que me cueleen con un mínimo destello de luz, incluso en el cuarto oscuro donde alguna vez ofrecí mi culo a varios en bandeja de plata podía ver sus siluetas con el poco de luz que había. Siempre soy de los que pide hacerlo con el bombillo prendido, me gusta ver los ojos del otro mientras me llena el culo con su verga.

Hay que probar cosas nuevas, y esto puede servir para darnos cuenta si lo que creíamos que no nos gustaba en un principio puede resultar ser de nuestro agrado, o ayudar a darnos cuenta que no era tan feo, tan grave o tan aburrido como pensábamos.

Siempre soy de los que usa la misma marca de zapatos, de audífonos, y siempre pido el mismo el plato en los restaurantes que visito con cierto grado de frecuencia. Lo anterior se debe a mi miedo a sentirme decepcionado. Como dice el dicho: es mejor ir a la fija. Con #577 descubrí que hacerlo a oscuras puede ser más interesante que hacerlo con luz. No estoy diciendo que sea más rico o más excitante, pero la sensación es diferente, y no es negativa. Cada opción es única, y hablar de comparaciones entre hacerlo con la luz apagada o prendida sería, en mi opinión, comparar peras con manzanas.

Llegamos al final del pasillo y prendí la linterna de mi celular por unos segundos porque no soportaba el hecho de no poder ver nada y tener que extender mis manos para tocar lo que estaba a mi alrededor, como un ciego. Inspeccioné el lugar, el techo era muy alto, y estábamos rodeados por depósitos. Apagué la linterna y tras haber reconocido el terreno me arrodillé frente a él.

Subí mi mano y encontré su bulto, busqué su cremallera y como pude la deslicé hacia abajo, #577 me ayudó cuando se dio cuenta de la leve dificultad que tuve al no poder ver nada. Lo siguiente que sentí fue su pene, estaba semi-duro. Acaricié su miembro con mis dos manos, sobé la punta contra mis labios, mi mejilla y mi mentón. La sensación de saber que tenía una verga tan cerca sin tener la oportunidad de verla fue extraña, pero al mismo tiempo la calificaría como una sensación estimulante, intrigante y provocadora.

Exploré la cabeza con mi lengua, estaba bien mojada y poco a poco la fui metiendo dentro de mi boca. Centímetro a centímetro metí el pene en proceso de crecimiento, cada vez se hacía más grueso y encontraba dificultad para meterlo todo. Llegó a su punto máximo de erección, infiero que medía unos 22 centímetros. Empecé a masturbarlo con mi boca, me lo metía hasta que tocaba mi garganta y volvía a sacarlo, para volver a hacer lo mismo una y otra vez, cada vez más rápido. Sentí que tenía el control y que podía manejarlo todo yo, pero minutos después de mamárselo #577 agarró mi cabeza con sus dos manos y empujó su pene tan profundo como pudo, haciendo que la cabeza de su verga ingresara más allá de mi campana.

Me dolió cuando su pene sobrepasó una parte de mi cuerpo que pocas veces ha sido explorada. Ir más allá de mi campana es algo que pocos han intentado o logrado. Mi campana es un límite implícito, violar ese límite no es algo que permitiría, pero #577 lo hizo sin dificultad, y no sólo una vez, sino varias.

Una sensación de vómito inminente pronto llegó a mi boca, y tuve que sacar su pene de allí contra su voluntad. Como siempre sucede cuando doy una buena mamada, muchas lágrimas cayeron de mis ojos, pero estas no eran visibles para él, y ni mis lagrimas ni la posibilidad de vomitar iban a impedir que mis labios ordeñaran la verga de #577.

Cogí su pene duro con mi mano y abrí mis labios para dejarlo entrar. Una luz se prendió detrás de nosotros y mi reacción inmediata fue levantarme para mirar hacia atrás. Cuando me percaté que no había nadie volteé para mirar a #577, quien se veía asustado y nervioso. Segundos después nos dimos cuenta que la luz se había activado por un carro que pasó cerca, y en poco tiempo se apagó. Volvimos a quedar entre la oscuridad y me dispuse a continuar mamándoselo.

Metí la longitud de su verga hasta lo más profundo que mi boca me permitió, por la forma como penetró mi garganta supe lo mucho que le gustaba cuando me tragaba su verga hasta donde mi cuerpo lo permitía. Encerré su verga con mis labios y los moví a toda velocidad, quería que eyaculara en mi boca y sentir el sabor de su semen en mi lengua. #577 jaló mi pelo por unos segundos y finalmente su leche espesa salió a chorros llenando mi boca.

Lo saboreé y lo tragué con placer. Me sentí bien alimentado, volví a lamer la punta de su pene en búsqueda de alguna gota que hubiera quedado en él. Me levanté del piso y salimos con cuidado del parqueadero.


Puntuación: 7 de 10

2 comentarios sobre “#577. El vecino que me dio leche en el parqueadero

  1. Me imagino que ya dentro de unos años tendrás que usar pañal para que no se te salga la mierda…. porque si sabias que el recto se daña por tanta penetracion, verdad ? 😉 ..oye y cuantas pasas de retrovirales tienes que tomarte al dia ?. 🙂

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