#579. El escritor de guión de cine

“Una casa de color verde, está frente a un árbol.” Con esa descripción llegué caminando hasta la casa de #579. Estaba lloviendo y no tenía sombrilla, la casa no estaba tan cerca de la estación de Transmilenio donde me bajé, así que cuando llegué a la puerta estaba todo mojado, y el agua escurría por mi pelo como si me hubieran echado un baldado de agua.

Afortunadamente mi chaqueta era impermeable, pero le faltaba una buena capota para haber evitado que me mojara toda la cabeza. Timbré y segundos después me abrió la puerta #579, un hombre de unos 27 años, blanco y delgado que medía 1.70. Su pelo era largo y le llegaba hasta los hombros, además estaba muy despeinado para mi gusto, lo cual le daba una apariencia descuidada. En las fotos que me envió no tenía el pelo tan largo.

Entramos a la casa, la cual era muy grande. Lo primero que hizo al verme fue ofrecerme una toalla para secarme. Le pregunté con quién vivía y respondió que con unos amigos. Entramos a su cuarto, me pasó una toalla y me sequé el pelo y me quité la chaqueta mojada. #579 ha leído mi diario y desde que empezó a leerlo le llamó bastante la atención saber más de mí. Se sentía identificado conmigo porque también escribe; se encontraba escribiendo un guión para una película independiente sobre un prostituto gay en Bogotá. La película estaba en la etapa de pre-producción y ya tenía al protagonista, un actor paisa poco conocido y “muy lindo”, según él. Me quedé con la curiosidad de saber cómo era el actor, pero sobre todo de ver la película.

Elogió mi diario y lo que he logrado con él, incluso me llamó “influencer” pero esto me pareció una exageración. Recordé las estadísticas de mi blog y los diarios creados en wordpress que han aparecido desde que publiqué mi diario, y entonces pensé que tal vez sí he logrado influir en algunas personas para que creen sus listas de Excel y sus propios diarios. Incluso, alguien hizo un blog copiando textualmente algunos de mis relatos, qué falta de originalidad. #579 me confesó lo frustrado que se ha sentido con su vida laboral como periodista, pues lucha día a día con varios proyectos que no le dan estabilidad económica.

El tiempo pasó y no sabía en qué momento íbamos a tener sexo, llevábamos casi una hora hablando y no habíamos hecho nada. Gracias a un silencio en nuestra conversación después de habernos quedado sin tema para hablar, nos miramos fijamente a los ojos con una mirada donde los dos supimos qué iba a seguir a continuación. Acercamos nuestros labios y nos besamos, sentí su pelo largo tocar mi cara, cosa que nunca antes había experimentado. Paramos de besarnos para quitarnos la ropa y volvimos a la cama, donde se acostó señalando su pene semi erecto en búsqueda de una buena mamada.

Le eché una mirada a su herramienta, medía alrededor de 12 centímetros sin estar completamente dura, la cogí con la mano y toqué la punta con mi lengua, luego rodeé la cabeza con mis labios y los deslicé hacia abajo hasta que llegué a su vello púbico. Jugué con su verga y mi lengua, eventualmente se puso más grande y dura. Volteé mi cabeza para mirar la expresión en su cara, a veces me gusta ver la cara de excitación que producen algunos, otros solamente cierran los ojos. La expersión de #579 era más bien neutra, pero su pene apuntando hacia arriba demostraba lo mucho que lo estaba disfrutando.

“Quiero que me lo metas”, le pedí. Sin que #579 cambiara de posición, le puse un condón y me acomodé de espaldas con mi cara mirando hacia sus pies. Fueron necesarios varios intentos antes que su pene entrara por completo. Bajé mi cintura y agarré su verga apuntando hacia mi ano, cuando sentí la cabeza rozar la entrada deslicé mi ano sobre su miembro, poco a poco fue ingresando en mi cuerpo hasta que mis nalgas tocaron su piel, fue entonces cuando supe que lo tenía todo adentro. Al principio grité del dolor, a pesar que no era dotado como otros, mi culo no estaba lo suficientemente excitado para recibir su pene. He estado con manes con vergas mucho más grandes que me han provocado mucho menos dolor.

Una vez la tuve toda adentro me quedé quieto y dejé que mi culo se acostumbrara a su verga. Empecé a moverme muy despacio, estimulando mis paredes anales. Con el tiempo me sentí más cómodo y lo empecé a cabalgar y recordé como me enseñó a cabalgar un activo con el que estuve alguna vez. #579 no era exigente, me moví a mi gusto y a mi ritmo sin que sugiriera que cambiara de velocidad o de movimientos, eso me dio suficiente confianza y me enterré su pene con el fin de darme placer a mí mismo, en lugar de enfocarme en darle placer a él.

Empecé a sudar, #579 hizo su primer petición en toda la noche, dijo que quería culiarme en 4 y sacó su verga de mi culo. De haber sabido que la iba a sacar, le habría pedido que no lo hiciera, pues seguramente me volvería a doler igual que cuando me penetró por primera vez. Me dolió cuando lo hizo, pero fue menos traumático que la primera vez. Me sorprendió la forma como me culió en en esta segunda posición, lo hizo como si fuera una persona completamente diferente. Ahora era muy rudo y dominante, me daba palmadas en las nalgas y me enterraba su verga hasta lo más profundo posible, como si quisiera destruir mi culo de la forma más arrechante.

Me agarré fuerte de las sábanas, sus movimientos me hicieron resbalar sobre las cobijas, grité fuerte y mi espalda empezó a su sudar como nunca. Gotas de sudor empezaron a resbalar desde mi nuca hasta mi cintura, la forma como #579 se movía dentro de mí produjo un aumento de mi presión arterial, mi respiración y temperatura. Entre más pasaba el tiempo estos efectos se hacían más prominentes sobre mi piel, estaba muy rojo y cansado, pero satisfecho. “Dame leche!”, le rogué varias veces, intentando que se corriera. Me taladró el culo de esa forma por 10 minutos aproximadamente hasta que su cuerpo no pudo continuar con el ajetreo. Deslizó su pene rápidamente hacia afuera, se quitó el condón y se vino sobre mis nalgas.

Me alcanzó pañitos húmedos para limpiarme y finalmente me corrí. Me preguntó si quería bañarme pero le dije que prefería hacerlo en mi casa. Para ese entonces, y después de casi dos horas de haber llegado mi chaqueta impermeable estaba completamente seca. Me vestí y pedí el Uber a mi casa.


Puntuación: 7 de 10

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .