#580. El caleño que trabaja en Colombina

Cuando empecé a tener sexo en hoteles, La Fontana se convirtió en uno de los hoteles que quería tachar en mi checklist. Recuerdo haber entrado al hotel La Fontana cuando era niño para un concurso de disfraces de Navidad, y siempre lo veía cada vez que iba a Unicentro. Así como los hoteles Hilton, Tequendama, Marriott, JW Marriot, Habitel, Sheraton, y el NH que antes era el Radisson de la 116 (todos estos hoteles que conozco por estar ubicados en avenidas principales de Bogotá), con #580 también logré incluir a La Fontana dentro de los hoteles 5 estrellas donde me han culiado.

#580 me escribió por twitter, era de Cali y se estaba quedando en el hotel La Fontana por trabajo. Me envió una foto deliciosa de su verga morena y cabezona, otra de un selfie muy sexy en toalla contra el espejo de un baño que dejaba ver su piel color canela. Ese mismo día fui al hotel y apenas llegué al lobby le pregunté por WhatsApp dónde estaba. No sabía qué tan fácil era ingresar a una habitación, hay hoteles donde es más difícil que en otros dependiendo del esquema de seguridad. Por ejemplo, en la gran mayoría no hay problema siempre y cuando el huésped lo reciba a uno en el lobby para luego seguir hasta la habitación. Una condición que exigen algunos hoteles independientemente si uno va a subir a la habitación con el mismo huésped, es anunciarse en la recepción, pero uno puede librarse de este paso si los guardias de seguridad están despistados.

Si uno es un invitado y corre con la mala suerte de tener que anunciarse, hay que estar preparado para presenciar algo que yo llamo “el interrogatorio”, el cual puede parecer una eternidad y contener preguntas como: “cuál es el motivo la visita, a qué se dedica, dónde vive, y cuál es su relación con el huésped”, entre muchas más. Incluso, a veces un guardia lo puede acompañar a uno hasta la habitación así el huésped esté con uno. En el peor de los casos, habría que pagar un recargo extra si es muy tarde en la noche.

La primera vez que me interrogaron fue en el Intercontinental de Medellín, y como no estaba preparado para tal interrogatorio me hicieron sentir como un intruso, un criminal. Podré estar exagerando, pero mi experiencia fue tétrica, el guardia me acompañó hasta la habitación y cuando me recibió el desconocido que me iba a culiar, tuvimos que hacer una escena digna de un Oscar como si nos conociéramos de toda la vida, ya que había escrito en el formulario que era un “amigo de toda la vida”. En otra ocasión, un paisa que me iba a coger en el hotel Habitel me recibió en el lobby y me llevó hasta su habitación, una vez adentro golpearon la puerta los guardias. Nos hicieron bajar hasta la recepción y me hicieron presentarme con documento de identidad para darme ingreso como visitante.

Mi peor experiencia de todas fue en el Diez hotel de Medellín, un hotel 5 estrellas ubicado en el Poblado, donde después de subir con un puertorriqueño hasta el piso donde estaba su habitación y después de varios intentos para que nadie nos viera entrar, el personal del hotel nos informó que no permitían visitas en las habitaciones y tuve que irme, fue una lástima porque el puertorriqueño estaba buenísimo.

Me quedé parado en el lobby de La Fontana esperando a que #580 respondiera mi mensaje de WhatsApp. La espera se me hizo eterna porque se demoró un par de minutos en responder. Le pregunté el número de habitación pero no quiso dármelo, entendí que no quería que me anunciara y que quedará algún registro de mi visita en el hotel. “Toma el ascensor, sube al quinto piso y gira a la derecha”. Miré a mi alrededor y no vi ningún ascensor, por lo que tuve que preguntarle hacia qué lado estaba el ascensor. Me indicó que subiera unas escaleras y que allí estaba el ascensor. Miré alrededor y subí unas escaleras ubicadas al lado izquierdo del lobby, allí encontré el ascensor.

Para marcar cualquier piso en el ascensor debía hacerlo con una tarjeta de ingreso de una habitación, estaba a punto de escribirle a #580 para avisarle que tenía que venir por mi, y por suerte un huésped con tarjeta entró al ascensor y marcó el cuarto piso. Cuando se abrió el ascensor sólo tuve que subir un piso por unas escaleras que estaban a la salida del ascensor. Llegué al quinto piso pero allí encontré un obstáculo que no esperaba. Una puerta de vidrio transparente separaba el pasillo de la entrada con el que comunicaba a las habitaciones. Para entrar, era indispensable tener la tarjeta de ingreso. Le escribí a #580 y afirmó que no era necesaria ninguna tarjeta después de salir del ascensor. En ese momento empecé a sospechar que no estaba cerca a él.

Nos dimos cuenta que efectivamente me encontraba en el lugar equivocado, y teniendo en cuenta el tamaño de ese hotel, era muy probable. Volví al lobby y le dije que si no iba a buscarme, me iría inmediatamente. Quería ahorcarlo, no sabía dónde estaba y llevaba mucho tiempo perdido allí por su culpa, además no me podía demorar mucho tiempo porque tenía clase. El error había sido de él porque no supo darme las indicaciones, estaba a punto de irme pero me pidió que no lo hiciera y por fin accedió a bajar a buscarme. Por culpa de su pereza no quiso hacerlo desde el inicio. La particularidad del lugar es que era muy grande, y después me di cuenta de que tiene varios ascensores y puertas, todos muy cerca al lobby.

Estaba mirando hacia afuera cuando me escribió que estaba detrás mío, en realidad estaba más lejos que cerca, detrás de una ventana del lobby. Lo distinguí no se cómo y salí por una puerta hacia él. Siguió adelante caminando muy rápido e inferí que no quería que nadie nos viera juntos. Llegamos a otro edificio, ubicado al lado opuesto del edificio de habitaciones en el que estuve inicialmente. Nunca en la vida habría podido llegar a ese edificio con la indicación que me dio de simplemente “subir las escaleras, tomar el ascensor y girar a la derecha en el quinto piso”. El edificio donde estaba su habitación era mucho más lejano de lo que me imaginaba, y habría necesitado un mapa para dar con las famosas escaleras de las que hablaba. Odio ese tipo de gente que no sabe dar indicaciones.

Mi estrés empezó a disminuir y subimos por el ascensor hasta el quinto piso. Tomamos a la izquierda y llegamos a su habitación, efectivamente no había puerta transparente como en el otro edificio. La habitación era la más grande que he visto en un hotel y estaba separada en dos secciones, la primera sección era una sala grande y la segunda era la habitación.

#580 medía 1.70, era moreno y delgado. Para ser caleño, me dio la impresión de que era tímido o de pocas palabras, además hablaba en voz baja. Se encontraba trabajando por pocos días en Bogotá pero viene muy seguido a la capital por cuestiones de trabajo. Me dijo que trabajaba en una empresa de consumo masivo con sede en Cali, y después del sexo, donde compartimos lo más íntimo de nuestros cuerpos y aumentaron nuestros lazos de confianza, me confesó que trabaja en Colombina.

Estaban dando las noticias de CNN en el televisor, y sin mucho foreplay ni conversación previa nos fuimos desnudando, lo cual era ideal para no llegar tarde a clase. Se quitó la camiseta blanca y me gustó el color bronceado de su delgado cuerpo, su estómago era perfectamente plano. Me miró de una forma deliciosa, como si hubiera deseado tenerme por mucho tiempo.

Luego se bajó los bóxers y saltó su verga cabezona de 18 centímetros hacia al frente, estaba completamente dura a pesar que no habíamos hecho nada todavía. Se veía tan provocativa, y a medida que se acercaba a la punta se volvía más gruesa. Se recostó con sus piernas y sus brazos extendidos, su miembro ganoso de entrar en mi culo apuntaba hacia el techo. Lo provoqué con mi culo y subí a la cama King que nos hacía ver como dos hormigas.

Alcanzó un condón de la mesa de noche y se lo puso, enseguida me senté encima y me enterré su pene por el ano. Deslicé mi culo hacia abajo, su verga entró con facilidad sin necesidad de lubricante. Coloqué mis rodillas sobre la sábana, arqueé mi espalda hacia adelante y puse las palmas de mis manos abiertas sobre su pecho. Empecé a mecerme con su pene deslizándose en mi culo, cuando su verga llegaba hasta la mitad volvía a meterla hasta el fondo.

Dejé de sostenerme sobre su pecho y puse cada mano sobre mis dos nalgas para abrirlas, de esta forma sentía que mi culo se abría mejor para dar paso a su verga una y otra vez. Hubiera podido moverme más rápido, pero al ver la cara de placer de #580 sospeché que podría hacerlo venir muy rápido. Continué meciéndome al mismo ritmo, ni muy rápido ni muy despacio. Puse mis manos sobre su pecho otra vez, segundos después estiró sus piernas sobre la cama y soltó un gemido “Ahhhh!”, supe que se estaba corriendo y paré de moverme cuando su cara orgásmica llegó al fin.

Me levanté, jalé el condón usado y lo boté en el baño. Me vestí rápidamente porque no tenía mucho tiempo y me dijo que le gustaría volver a cogerme en sus próximos viajes de tranajo a Bogotá. Me volvió a escribir otras veces que viajó a Bogotá, pero nuestros tiempos nunca cuadraban.


Puntuación: 8 de 10

2 comentarios sobre “#580. El caleño que trabaja en Colombina

  1. Que patético…. terminar dándole culo a cualquiera por q “disque no olvido a un tipo” uy no mk ud es un enfermo, que susto

    Y a eso súmele q debe tener todas las venereas que puedan Existirpor la cantidad de perras q se lo han comido sin cuidado ni nada. QuieraSe un poquito, busque ayuda como dijeron sus papás

    Me gusta

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