#581. Cogido a través del glory hole

“¿Cómo haces para tener sexo a diario con diferentes hombres?”, “¿Cómo logras conocer tantos hombres?“,

son las preguntas que me hacen con mayor frecuencia. En realidad, siempre me quedó bastante fácil tener encuentros sexuales con desconocidos y siempre he recibido propuestas muy tentadoras, por lo que al darme cuenta que la mayoría me hacía la misma pregunta, me empecé a preguntar lo mismo.

“Acaso no todos llevan una lista?” “Luego hay gente que dura días o semanas sin tener sexo?”, fueron cuestionamientos que surgieron en mi mente desde entonces, pues en mi lógica, todos los gays y bisexuales hacían lo mismo que yo.

A veces pensaba que los que estaban a mi lado podían percibir el olor a sexo después de llegar de tener un polvo. En muchas ocasiones llegué a mi casa con los botones de la camisa desapuntados, con la cremallera abajo y/o con el cinturón mal puesto. Con el tiempo las excusas para mi apariencia desaliñada se fueron acabando, así que empecé a tener más cuidado al terminar de vestirme después de un polvo.

Afortunadamente al momento de sacar mi celular o billetera de mi pantalón estando con amigos o familiares, nunca se salió un condón de mi bolsillo, pues siempre intentaba llevar al menos un condón conmigo. Falté a clases, a reuniones sociales, a cumpleaños por meterme en la cama con desconocidos. En mis viajes dejé de conocer ciudades y lugares dignos de visitar por quedarme en la habitación del hotel acostándome con uno diferente cada hora.

Todo ha hecho parte del proceso de experimentar, pues al día de hoy he experimentado lo que he querido y hasta donde lo he querido, a veces he ido un poco más allá de lo esperado. Una introspección hacia mi pasado y mi niñez me ha dado una luz más clara del patrón de mi comportamiento.

Desde una experiencia erótica que tuve con un tío cuando era niño hasta un día que estaba en vacaciones y salí al parque de la casa de mi abuelita para preguntarle a extraños si me dejaban “chuparles el pene”, son experiencias que nunca he contado antes y en las que ahondaré en relatos más adelante, además de otras que viví en mi infancia y que me marcaron hasta el día de hoy.


Desde Avicii hasta Selena Gómez alguna vez decidieron darle una pausa a sus carreras, hasta deshabilitar temporalmente sus redes sociales. Recientemente Maluma anunció que iba a tomar un descanso después de una gira extensa. Comprendo por qué han tomado este tipo de decisiones, y aunque cada caso es particular, todos tienen algo en común: lo han hecho por su propio bien. Unos lo han hecho por su seguridad, otros para evadir el escrutinio público, otros porque quieren dedicarse a ellos mismos.

Gracias a todos los que se han tomado unos minutos de su tiempo para leerme, siempre me sorprende ver las estadísticas de este blog. Gracias a todos los que me han preguntado cómo me encuentro, sigo trabajando en mi estabilidad emocional y puedo confirmarles que estoy mejor que nunca.

Una invitación para conocer unas cabinas me permitió conocer a #581, fue el dueño del lugar quien me contactó para invitarme. Salí de clases directamente al lugar, en el trayecto me imaginé cómo sería el que iba a meter su verga por mis dos huecos. Cuando llegué, le mostré al recepcionista el mensaje de la invitación del dueño y entré con una bienvenida muy cálida.

A primera vista no vi a nadie que me llamara la atención, hasta que un hombre de unos 25 años pasó a mi lado con un trapero. Era delgado, de estatura promedio, rapado y con una cara decente. Intercambiamos una mirada pero él continuó su camino para limpiar el piso del baño.

Inmediatamente supe que quería probar su herramienta pero todavía no era el momento. 15 minutos después de merodear por el corredor me volví a topar con el aseador, quien ya no llevaba un trapero en su mano. Señalé una cabina y con su aprobación entramos al mismo tiempo. Dentro de la cabina todo estaba oscuro, había una sola silla y un televisor en la pared con un agujero en una de las paredes, más conocido como “Glory hole”.

El televisor proyectaba un vídeo de una mujer que estaba siendo follada por dos hombres. Envolví mis brazos alrededor del aseador y comencé a besar su cuello mientras ambos mirábamos la pantalla.

De repente, acercó su boca a mi cuello y susurró que quería hacerlo conmigo. Estaba listo para ponerse el condón y follarme allí mismo. Cuando dijo eso, un tipo había metido su verga erecta a través del Glory hole. Luego me incliné hacia el aseador y comencé a besarlo de nuevo. Mientras me devolvía el beso, me empujó contra la pared al lado de la verga grande y venosa que se asomaba por aquel hueco.

Tomando su mano me guió hacia la verga del desconocido. La agarré y el aseador miró la verga del extraño mientras se pajeaba. Lo miré y susurré que era muy grande; incluso más grande que la de él.

Entonces comenzó a besarme otra vez. Mientras lo hacíamos, los dos miramos hacia abajo pero en lugar de la verga que hacía pocos segundos se asomaba por el Glory hole; ahora había una mano que se asomaba tratando de sentir mi culo.

El aseador me guió contra el agujero y me pidió que me dejara llevar por él. Bajó mi pantalón y observó como la mano que se asomaba por el agujero comenzó a sentir mi culo a través de mis bóxers de algodón. Sentir las manos del hombre que no podía ver y que estaba al otro lado de la pared me encendió. Observé sus dedos frotar mis nalgas, luego movió mis bóxers pegados a un lado y trató de sentir mi culo desnudo. El aseador ayudó a quitarme el cinturón para que el desconocido pudiera tener un mejor acceso.

Empecé a besarlo de nuevo, sabiendo que los dedos de otro hombre estaban enterrados en mi ano. Me devoró la boca y en ese instante, mientras sentía su lengua rozar cada centímetro de mi boca, supe que él estaba tan caliente como yo.

Manoseó mi abdomen y mi pene mientras el extraño palpaba mis nalgas. Comencé a gemir, disfrutando de la atención. Luego la mano desconocida se alejó del Glory hole, y ambos miramos hacia abajo para ver que el hombre que no podíamos ver había ingresado su verga en la pared otra vez, pero esta vez tenía un condón puesto.

El aseador comenzó a frotar su verga encima de sus pantalones, luego sacó su miembro y continuó sacudiéndolo mientras mi mano bajaba y comenzaba a frotar su pene.

Continuamos besándonos y lentamente me guió de vuelta contra el agujero donde la verga del extraño se estaba asomando. Segundos después sentí que la verga del extraño comenzó a golpear mis nalgas.

Mientras besaba al aseador, quité mi mano de su verga y agarré la verga del desconocido, el aseador asintió, dando aprobación para que la verga venosa ingresara a mi culo. Podía sentir al extraño comenzar a bombear su verga de un lado a otro contra mi ano. El aseador siguió besándome mientras sacudía mi pene con su mano, y el extraño frotaba su verga contra mi ano.

Llegué al borde del éxtasis cuando comencé a empujar mi cuerpo contra la verga de #581, el desconocido que presionaba cada vez con mayor intensidad tratando de maniobrar su pene erecto y venoso para entrar en mi culo.

No pasó mucho tiempo hasta que sentí la punta de su verga empujar contra mi agujero mojado. Cuando entró, solté un grito ahogado y hundí mi cabeza en el pecho del aseador, empujé mi cuerpo contra la verga de #581.

Mantuve mi mano sobre el glande del aseador y pude sentir como #581 empujó más profundo dentro de mi ano hasta que sus bolas presionaron mis nalgas. Comenzó a follarme a un ritmo constante y nuevamente el aseador comenzó a besarme mientras me mecía hacia adelante y hacia atrás con la verga de #581 adentro.

En cuestión de minutos, el cuerpo del aseador se estremeció con un orgasmo, produciendo un gemido profundo con sus ojos cerrados y la boca abierta. Fue increíble verlo todavía apoyado en la pared, sabiendo que la verga de un extraño todavía estaba enterrada profundamente en mi culo mojado.

De repente, el desconocido se apartó de la pared y su verga se soltó de mi culo. Pude ver que la punta del condón estaba llena de semen blanco. El aseador volvió a besarme y recordé mientras estaba siendo cogido a través del Glory hole, no pude aguantar más y me vine.

Me subí el pantalón y cuando salimos de la cabina, nos topamos con el tipo que estaba al otro lado de la cabina. Me sonrió y me agarró el culo, era alto, blanco y tenía una camiseta del Real Madrid.

Puntuación: 8 de 10



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