#582. El costeño bisexual que me preñó

Le pregunté si tenía condones y me dijo que no. Había tenido una semana donde gasté todos los condones que tenía, así que tuve que pasar a una droguería cerca a su casa para comprar una caja de Today.

Siempre he sentido un leve grado de vergüenza al comprar condones en una droguería, por lo que prefiero ir a un Carulla o Éxito, aunque por cuestiones de cercanía y logística casi siempre termino comprándolos en una droguería o un Farmatodo.

Intento comprar mi dotación de condones en lugares diferentes para no sentirme observado o juzgado, dejé de comprar condones en la droguería a la que siempre iba porque no quería recibir miradas raras por parte de los que trabajaban allí, tampoco quería que se dieran cuenta de la frecuencia en mi actividad sexual, creo que alcancé a levantar sospechas de ello.

Antes de llegar a su edificio me preguntó si me gustaba usar ropa íntima de mujer mientras me cogían, le dije que nunca lo había hecho y me preguntó si llevaba ropa interior femenina conmigo.

Qué clase de hombre lleva consigo ropa de mujer? Creo que sólo un travesti. Llegué al edificio de #582 y me anuncié. Me hizo seguir, tomé el ascensor y nuevo sentí esos nervios que me dan cuando estoy a punto de entrar a la casa de alguien para tirar.

Abrió la puerta un hombre de 1.75m, moreno, con alopecia que rondaba los 40 años. Apenas lo escuché hablar noté que su acento concordaba con su apariencia, pues era costeño. Su aspecto físico me recordaba a los cantantes de vallenato pero más al papá de un amigo que es costeño.

Tenía puesta sus gafas y una pijama elegante, me hizo seguir directamente a su habitación y cerró la puerta después que entré. Tenía su televisor prendido y la cama estaba toda destendida.

Se sentó en la cama mientras me miraba de pies a cabeza como una presa que estaba a punto de comerse. Dejé mi maleta en el piso al lado de la cama y puse la caja de condones sobre la mesa de noche, #582 no dejó de observarme en ningún momento, hasta el punto en que me sentí intimidado.

Me senté en la cama, me quité los zapatos y poco a poco fui poniéndome cómodo. Levanté mi cara y lo miré a los ojos, #582 respondió colocando su mano sobre mi cintura, luego la movió sutilmente hasta que la metió entre mis bóxers para agarrar mis nalgas.

Me besó la boca, un calor intenso recorrió todo mi cuerpo. Desabroché mi cinturón para permitirle explorar el área donde iba a meter su arma minutos después. Introdujo la punta de su dedo mientras abría paso en mis paredes anales, hasta que metió todo su dedo.

Un gemido suave salió de mi boca, ya no me sentía intimidado por el costeño con apariencia de cantante de vallenato, sino deseado y morboseado.

Moví mi brazo hacia su miembro y metí mano entre su pantalón, su verga estaba dura y mojada en la punta. Me arrodillé en medio de sus piernas y se bajó el pantalón, me agaché y metí su verga en mi boca.

Para ser costeño no era dotado, de hecho era una verga promedio y delgada en comparación del prototipo costeño.

Qué rico mami, hazlo así, bien perra”, susurró mientras hablaba mi pelo y empujando su verga más profundo en mi garganta. Unos gemidos muy masculinos salieron de su boca, después de una mamada corta me ayudó a desnudarme y se terminó de quitar su camisa de pijama.

Me agarró de la cintura y me sentó sobre su cintura con su verga erecta entre mis dos nalgas. Empecé a balancearme hacia adelante y hacia atrás, quería provocarlo y que me deseara aún más de lo que percibía en su mirada.

De repente agarró su verga y metió la punta en mi culo. “¿Eres mi hembra?“. Era la primera vez que me hacían esa pregunta en la cama y no supe qué responder. “¿Eres mi hembra?“, me preguntó de nuevo y me dio una cachetada que me dejó la mejilla roja. “Sí!“, respondí esperando que no me volviera a golpear. “Sí, eres mi hembra, di que eres mi hembra!“, me pidió con una mirada intimidante.

Tenía miedo de su reacción si no hacía lo que me estaba mandando y sin pensarlo más respondí en voz alta: “soy tu hembra!“.

Nunca antes me habían hecho una petición como esta. No me siento cómodo con que me traten de esa manera, pero este era un fetiche muy claro que tenía este bisexual.

#582 Me produjo un morbo particular que rara vez he sentido al estar con él en su cama, me lo imaginé como un papá costeño machista que tiene hijos y esposa pero que le gusta follar rolos blancos de vez en cuando, se parecía tanto al papá costeño de mi amigo.

Bajé mi culo y su pene entró profundo en mi ano, mi culo estaba tan excitado y su verga tan mojada y lubricada que no sentí dolor alguno. “¿Sin condón?“, le pregunté mirando la caja de condones que estaba sobre la mesa de noche a un metro de nosotros, pensé en el tiempo y dinero que invertí para comprar esos condones.

#582 me miró con aprobación y me agarró fuerte de la cintura, estábamos tan excitados que decidimos continuar haciéndolo a pelo.

Empecé a cabalgarlo, su verga se deslizaba cada vez más rápido entre mi ano y no podía parar de moverme. Segundos después #582 tomó el control, agarró mis dos nalgas con sus manos y empezó a follarme mientras yo estaba quieto, su verga se movía a toda velocidad, me agaché, lo abracé y puse mi cabeza sobre su pecho con su mentón tocando la coronilla de mi cabeza.

Luego levantó su pecho y nos dimos un beso delicioso, la escena y la posición en la que estábamos es una de mis favoritas. Yo estaba sentado sobre su verga abrazándolo mientras él estaba también sentado sobre la cama con sus piernas extendidas y su pecho erguido.

Cambiamos de posición y me acosté boca arriba para que me follara en misionero. Me penetró a pelo de nuevo, recuerdo la forma tan morbosa como me trataba de su “hembra”, que a pesar de extraña me llegaba a excitar.

Le pedí que me diera verga y así lo hizo. La expresión en su mirada demostraba lo excitado y arrecho que estaba, a veces pensaba que se había corrido pero cuando seguía moviéndose con la misma intensidad confirmaba que todavía no lo había hecho.

Me abrazó con fuerza, me cargó y se puso de pie en el suelo mientras me seguía follando, me excitó demasiado que me taladrara el culo estando de pie alzándome. Duró al rededor de un minuto hasta que finalmente se cansó y me botó sobre la cama sin sacar su pene.

Quedé con mi espalda sobre la cama, mi culo sobre el borde de la cama y mis piernas al aire. #582 continuaba de pie dándome verga y de repente se quedó quieto. “¿Qué pasó?”, le pregunté. “Te preñé”, respondió en un tono agitado, era evidente que estaba cansado.

Sospeché que se había venido pero sólo quería confirmarlo. Sacó su pene de mi hueco, el cual ahora estaba flácido después de ser deslechado, luego siguió al baño para ducharse.

Cuando volvió se puso la pijama y sus gafas de nuevo, se sentó en la cama y empezó a navegar en su portátil.

No sé si reirme o sentir rabia por esos activos como #582, que después que tienen un orgasmo se olvidan por completo del pasivo y no se preocupan por ayudarlo a venirse. Esto sucede más de lo esperado, pero creo que sé cómo manejar esos casos.

Me vestí rápido y me fui, a veces me siento como un intruso en sus casas después que han llegado al clímax.

Camino al transmilenio recordé que dejé la caja de condones en la mesa de noche y luego pensé: “al menos ya no se me quedaba el cinturón”, pues para los que no saben, llegué a olvidar más de 6 cinturones, un reloj, una chaqueta, unas gafas de sol, entre otros objetos personales en las casas donde tiraba.

Puntuación: 9 de 10

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