#584. Sexo en la iglesia cristiana

Me falta probar hombres de varias nacionalidades. Quiero estar con argentinos, australianos y suecos, pero hasta el momento no se ha dado la oportunidad.

Mi primer chileno fue #584, un hombre de 35 años que trabajaba temporalmente en Bogotá. Me recogió en su Ford negro último modelo, estaba lloviendo a cántaros y afortunadamente tenía sombrilla.

Me subí rápidamente al carro con los tennis todos mojados, me saludó con una sonrisa y un apretón de manos. Tenía barba larga, usaba gafas y llevaba puesto su traje de ejecutivo.

Me contó que ese día había salido temprano del trabajo para verme, pues siempre sale tarde en la noche. Incluso me confesó que dejó cosas pendientes por hacer. Me sentí honrado y le agradecí por recogerme.

¿A dónde vamos?“, me preguntó. Pensé que me iba a llevar a su apartamento, pues ya habíamos hablado del sector donde vivía. Me explicó que no vive solo y por eso no podíamos ir a su apartamento.

Empezó a manejar sin rumbo. No le propuse follar en un lugar público porque no se veía como la clase de hombres que tira en un bosque o un baño público. En ese momento a #584 le surgió una idea que pienso era algo que tenía planeado desde antes de recogerme.

Hay una casa de la cual tengo llaves, podemos ir allí“. Sin dudarlo le dije que sí y puso la dirección en Waze. En el trayecto me confesó que llevaba semanas esperando a estar conmigo, que había llegado a Bogotá hacía varios meses y que se iría a vivir a Chile dentro de un mes.

Llegamos a la casa, era más grande de lo que imaginaba y después de recorrerla me eneré que estaba compuesta por dos casas que habían juntado. No había muebles adentro, estaba abandonada. #584 me dijo que la casa solía ser una iglesia de cristianos y que estaba en venta.

Entre más pasaba el tiempo podía estar más convencido que #584 tenía todo planeado para llevarme ahí esa noche, subimos al segundo piso donde casualmente había un colchón doble, además era el único objeto en la casa.

No pude evitar preguntarle: “¿A cuántos has traído a esta casa? Si fuera tú aprovecharía la oportunidad de tener una casa abandonada“. #584 respondió que yo era el único a quien había invitado. Movimos el colchón que estaba recostado sobre la pared del pasillo del segundo piso y lo llevamos hasta uno de los cuartos.

Sentí que estaba a punto de profanar el lugar que alguna vez funcionó como una iglesia de cristianos. El piso del cuarto era de madera y era evidente lo viejo que era. El colchón estaba postrado en el centro de la habitación y un bombillo amarillo iluminaba la habitación desde arriba.

Me senté en el colchón mientras #584 respondía una llamada del trabajo. Después de varios minutos de esperarlo, y de unas cuantas llamadas, por fin dejó su celular a un lado. Se disculpó por la demora y se acostó al lado mío.

“Me encantas”, “estás demasiado lindo”, “quiero hacerte mío todos los días” fueron alguna de las frases que recuerdo de muchas otras frases bonitas que me dijo esa noche.

Nunca he logrado acostumbrarme a que me digan ese tipo de cosas, seguramente porque nunca le digo ese tipo de cumplidos a un hombre con el que me acabo de acostar, por más que me guste demasiado. No tengo la capacidad de ser tan directo.

Me sentí muy halagado con todo lo que me dijo antes de darnos nuestro primer beso, pero todavía no había escuchado todo lo que tenía para decirme. Nos quitamos la ropa y la dejamos en el piso.

El colchón era tan viejo como la misma casa pero cumplió su objetivo. Nos acostamos en cucharita y sentí su miembro rozar mi cintura y mis nalgas, me besó el cuello, la oreja y luego mis labios. Me volteé para mirarlo a los ojos y bajé mi mano para tocar su pene, el cual estaba semiduro.

Me agaché, rodeé la punta de su verga con mi lengua y así fui metiendo su miembro en mi boca. Se lo mamé como chupando un helado, me atraganté un par de veces con su verga a pesar que él nunca intervino en el proceso.

De vez en cuando lo escuchaba gemir en voz baja, era la prueba que la estaba pasando muy bien conmigo. Me senté en medio de sus dos piernas, extendí mis brazos con las palmas de mis manos tocando sus tetillas y me apoderé de su pene con mis labios, mi boca produjo suficiente saliva con tan majestuosa mamada.

Quiero que me cojas“, le pedí después de haber pasado muchos minutos haciendo un esfuerzo con mi cuello para darle placer. #584 estaba más que dichoso con mi petición y alcanzó un condón que tenía en su pantalón. Se lo puso con afán, como si no quisiera esperar un segundo más para introducir su verga en mi ano.

Apliqué saliva en mi culo y me acomodé para cabalgarlo. Primero introduje la punta, luego empujé mi cintura hacia abajo para dar paso a su miembro y en cuestión de segundos tuve toda su herramienta en mi culo.

Gemí cual perra en celo con su pene estimulando cada miembro de mi ano, y así lo cabalgué por varios minutos hasta que sentí que mi espalda empezó a sudar, era el indicio que había hecho un gran esfuerzo por darle placer.

#584 notó que ya no podía moverme con la misma intensidad, por lo que sacó su verga para dejarme descansar y culiarme en 4. Se aferró a mi cadera y golpeó su cintura fuertemente contra mis nalgas con cada embestida, y cada vez que lo hacía provocaba un gemido intenso que salía de mi boca. A veces bajaba el ritmo y cuando se recuperaba volvía a follarme duro.

Continuamos culiando en cucharita y poco a poco #584 hizo girar mi cuerpo hacia abajo, de modo que terminé acostado con mi culo hacia arriba mientras estaba encima metiendo y sacando su verga. Sentí todo su peso caer sobre mi cuerpo una y otra vez, llevábamos más de 40 minutos tirando y empecé a pedirle leche.

#584 es de esos activos que pueden durar horas follando. “No quiero parar de cogerte, quiero tenerte toda la noche“, susurró a mi oído cuando le insinué que ya era hora que acabara, me sentía muy agotado. Si no se lo hubiera pedido, habría durado al menos una hora más culiándome. Se corrió 15 minutos después que se lo pedí. Lo hizo en silencio y supe que lo había logrado cuando empezó a moverse más despacio.

Estábamos sudados y cansados, sacó su pene y fue al baño, botó el condón en el inodoro y descargó la cisterna. Cuando volvió al cuarto yo seguía acostado en el colchón esperando a que me ayudara a masturbar, me vine mientras nos besábamos. Afortunadamente había papel higiénico en el baño y pude limpiarme.

No nos vestimos inmediatamente, nos quedamos acostados un rato hablando desnudos. No paró de decirme cosas que me sonrojaron y continuó diciéndome lo mucho que le gustaba. Incluso me dijo que si no tuviera que volver a Chile le habría gustado hacerme su novio; me sorprendió lo directo y sincero que fue conmigo, y al mismo tiempo me pareció tierno la forma como se comportó conmigo.

Salimos de la casa y me llevó en el carro a la estación de transmilenio más cercana.

Puntuación: 9 de 10

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