#585. El pedófilo inmaduro

Una vez alguien me preguntó si he pensado en tener una relación estable. En realidad esta pregunta me la han hecho muchos, y siempre doy la misma respuesta: No.

La vida me enseñó que el amor es sinónimo de sufrimiento, así que si no quiero sufrir, nunca debo enamorarme. No busco encontrar al amor de mi vida como los seres humanos normales, nunca lo he buscado y creo que es algo que nunca esperaré encontrar.

Me siento orgulloso de lo que he logrado hasta el momento. He tenido sexo con cientos de hombres sin generar un vínculo sentimental por ninguno de ellos. Sin importar lo rico que me lo hayan hecho, ni las cosas lindas que me hayan dicho antes, durante o después del sexo.

Sin importar lo mucho que me hayan gustado físicamente, ni la gran personalidad que tengan, ni todos los cumplidos que me hayan hecho; en gran la mayoría de los casos relacionados con mi apariencia, no con mi personalidad.

Siento una victoria amarga de lograr una meta que me propuse hace mucho tiempo con cada hombre que me da un sexo inolvidable: la de nunca enamorarme ni sentir cosas por él.

Las personas que me conocen muy bien concluyen lo mismo sobre mí: soy alguien radical, a veces frío que se rige al pie de las normas y de lo que está escrito. No perdono fácilmente y tiendo a ser rencoroso, pero dentro de mi perspectiva esto no es una desventaja ni un defecto como lo enseña la cultura general; es simplemente una característica de mi personalidad.

Si alguien me cae mal es probable que lo note y tampoco haré un esfuerzo por ocultarlo. Soy el que más va en contra de la lambonería, aunque lamentablemente en este país las cosas funcionan así.

Me pregunto qué sería de mi vida y de mi personalidad si me hubiera encontrado con personas diferentes en el camino, pues estoy seguro que muchos de ellos han influido en lo que soy hoy en día.

#585 se veía mejor en persona que en las fotos que me envió. Aparentaba 22 años, era moreno y tenía unos ojos color café que con la luz se veían color miel. Mi primera impresión es que era una persona apresurada, y desde el inicio demostró ser alguien que no pensaba antes de hablar.

Con el tiempo me di cuenta que es de esa gente que habla “hasta por los codos”, y rara vez me daba la oportunidad de intervenir.

Me aburrí de escucharlo hablar pero tampoco quise ser grosero para hacerle saber lo mucho que me fastidiadaba escucharlo. En pocos minutos pasó de ser el joven social y expresivo a alguien petulante que no se podía callar.

En algún momento sus palabras empezaron a entrar por uno de mis oídos y a salir por el otro, me dejó de importar lo que decía y dejé de procesar la información en mi cerebro.

#585 es un fiel lector de mi diario, en cuanto empezamos a hablar me hizo saber que lo había leído casi todo, desde mis primeros relatos. Hizo varias anotaciones y comentarios relacionados con relatos que escribí hace mucho tiempo, me hizo caer en cuenta de muchas cosas que no recordaba. Fueron ese tipo de cosas las que me hicieron querer seguir escuchándolo a pesar de lo aburrida que se tornó la conversación.

#585 era alguien a quien sólo le importaba hablar de él. Su grado de madurez era tan bajo que me sentí hablando con un niño de 12 años.

Si no me hubiera atraído físicamente lo habría dejado hablando sólo. Por la forma como me habló me di cuenta que es un pedófilo en proceso. Me confesó que le gustan los niños menores de edad, por eso le excitaba tanto mis primeros relatos donde hablo sobre mis experiencias sexuales con hombres mayores cuando estaba en el colegio.

A medida que hablaba lo analicé en búsqueda de una confesión, como cuando capturan a un criminal. #585 era un pedófilo en todo tu su esplendor.

Me confesó que le encanta tener sexo con menores, y entre más jóvenes, le parecía mucho mejor. Había estado buscando tener sexo con un niño de 16 años, pero el niño se arrepintió poco tiempo antes del encuentro.

Esperando que terminara de hablar de una vez por todas, lo senté en la cama y subió sus brazos para que le quitara el saco que tenía puesto, #585 empezó a desabotonar mi pantalón. Su cuerpo era moreno, no era gordo pero tampoco era delgado. Tenía una contextura que lo hacía verse más atractivo desnudo.

#585 era tan comunicativo que no dejó de hablar un minuto mientras tirábamos. Solo me concentré en mirar su cuerpo y su verga. Le medía unos 15cm y no la tenía muy gruesa.

Cuando me comenzó a besar no pensé que sus besos iba a ser lo único que iba a disfrutar en la cama, de lejos mucho mejor que tener su verga en mi culo ya que tuvo serios problemas para mantenerse erecto.

Me taladró el culo en pollo asado, le gustaba follarme duro y hacía una cara de arrecho mientras me penetraba. Cambiaba de ritmo constantemente pero siempre me lo hacía con fuerza.

Se disculpó por su bajo rendimiento y me pidió que lo dejara compensar por el rato viéndonos otro día, pero mi interés de volver a verlo fue nulo.

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