#588. El separado con hijo me coge en su carro

Mientras escribo esto imagino a todas las personas a las que he logrado llegar y que han leído este diario, dejando que tantos desconocidos conozcan mis secretos más íntimos. Pensar que este diario ya ha alcanzado más de un millón de lectores es halagador y sorprendente al mismo tiempo. A veces cuando estoy en un lugar público me pregunto si ese transeúnte ha leído alguna entrada de mi blog o si aquel personaje sabe quién es Santiago, el que tiene un diario sexual.

Coger en un carro puede ser tan excitante como incómodo. Unos de mis recuerdos más marcados de sexo casual ha sido en carros. Debe ser porque cuando lo he hecho en vehículos, ha sido porque hemos estado tan calientes que no podemos esperar a hacerlo en ningún otro lugar.

Me excitaba saber que #588 era separado y que tenía un hijo, pero por cuestiones de tiempo y logística no había podido conocerlo.

Finalmente, un día nos encontramos. Un hombre delgado, blanco, de ojos claros, de voz gruesa y aspecto masculino que rondaba los 40 años me recogió en su carro rojo. Me confesó que llevaba mucho tiempo siguiéndome, que mis videos lo excitaban mucho y se masturbaba con ellos deseando estar conmigo. Esto a su vez produjo que mi pene se pusiera duro con cada palabra que salía de su voz varonil.

Bajé mi mirada y observé el bulto prominente en su entrepierna. Una arruga se asomaba como una montaña en medio de su jean. Sentir su mano tocándome estremeció todo mi cuerpo. Quería que me hiciera suyo, que me follara y hacerlo correrse hasta sacarle la última gota de semen. Al menos esperaba que eso sucediera ese mismo día donde fuera aunque no tuviéramos lugar.

Arrancamos sin rumbo, andando a la deriva. Recordé aquellas veces donde también me recogieron hombres en sus carros sin saber dónde íbamos a terminar culiando, pero tengo tan buena suerte que siempre me salgo con la mía, y esta vez no iba a ser la excepción.

Una llamada a su celular interrumpió nuestra conversación candente. La llamada era al parecer de un colega del trabajo, estaba molesto y afanado, pues al parecer algo no había salido bien con la entrega de unos materiales. Cuando colgó se disculpó por la demora, pero en realidad lo único que había hecho esa llamada era excitarme aún más, pues sirvió para aumentar mi morbo y la expectativa de nuestro encuentro debido al tiempo que tuve que esperar para que colgara el celular.

Acerqué mi mano a su entrepierna y metí mi mano entre su bóxer, sentí la cabeza mojada de su pene. Bajé la cremallera, la cabeza hinchada y roja de su verga gruesa se asomó por el hueco de la cremallera suplicando por ser liberada. El día estaba oscuro y empezó a llover, la lluvia era perfecta porque evitaba que los vehículos que pasaban a nuestro lado pudieran ver lo que sucedía dentro del carro.

Se bajó el jean y el pantalón, dejando al descubierto su verga de 20cm, la cual quedó completamente erecta apuntando hacia arriba. Coloqué mi mano alrededor de su miembro y lo sostuve como si perteneciera solo a mí, luego empecé a mover mi mano hacia arriba y abajo para masturbarlo. Cualquiera que estuviera en el bus que que pasaba a nuestro lado hubiera podido vernos, pero eso no parecía importarle a el ni a mí.

#588 era tan hábil manejando que era capaz de mirarme a los ojos mientras giraba el volante para cambiar de carril y mover la barra de cambios. Su vergota gruesa y lubricada se veía muy provocativa, su glande rosado y brillante pedía a gritos una mamada. “Quiero tu culo”, dijo mientras lo masturbaba. “Muy pronto lo vas a tener”, respondí.

Esperé el momento propicio para chupárselo. Ya lo había hecho antes en un carro cuando se lo mamé a un venezolano en Miami dentro de un carro en pleno movimiento hasta que lo hice correrse dentro de mi boca.

El semáforo se puso en rojo y #588 frenó, me quité el cinturón de seguridad y doblé mi pecho hacia la izquierda como contorsionista para probar su herramienta. Puse mis labios alrededor de la cabeza, saboreé su pre-cum y deslicé mis boca hasta el fondo.

Mientras chupaba su pene continué masturbándolo con mi mano, unos gemidos de placer salieron de su boca, podía sentir cuando realizaba una maniobra con la barra de cambios y cuando movía sus piernas para acelerar y frenar.

La escena era digna de una película, merecemos una distinción por lograr tal hazaña en un carro en movimiento en medio de la lluvia y del tráfico capitalino. Continuó manejando sin tener un destino. “Vamos a un lugar donde me puedas coger”, susurré. #588 no conocía el sector muy bien pero yo sabía de un barrio al norte de la ciudad que era tranquilo, donde había conjuntos privados rodeados de parques, el lugar siempre me pareció un lugar propicio para tirar en un carro. Nos dirigimos hacia aquel sitio.

Conocía el sector porque mi ruta del colegio pasaba por allí todos los días, ahí estaba ubicado el punto donde me bajaba de la ruta los viernes en la tarde para tener sexo en un bosque con extraños que había conocido días antes en salas de chat gay. Al bajarme, la Miss de la ruta siempre me preguntaba: “¿y para dónde va?”, y yo le respondía: “para el centro comercial”.

Llegamos al barrio y empezó a buscar un lugar apropiado donde pudiera parquear y culiarme. Deambulamos durante varios minutos que se me hicieron una eternidad, en algún momento pensé que íbamos a tener que abortar la misión. Encontramos un lugar rodeado por edificios altos, parecía que era el lugar indicado para cumplir nuestro objetivo.

Pasamos a las sillas de atrás para estar más cómodos. Había un camión y varios carros parqueados a pocos metros. La lluvia caía cada vez más fuerte, lo cual prevenía que hubiera gente caminando por la calle. Me desabrochó el cinturón y metió su manos entre mis boxers, acarició mi culo y luego metió su dedo entre mi ano. #588 estaba hambriento de tenerme y bajó mis pantalones de un solo jalón hacia abajo.

Quería sentir su verga de 20cm dentro de mí. Me arrodillé y abrí mi boca para chupárselo, lo hice por unos 3 minutos. Se puso el condón y aplicó saliva en la punta. Se sentó con las piernas bien abiertas, su pene erecto apuntaba hacia mí. Colocó sus dos manos alrededor de mi cintura y me acomodé para sentarme sobre su verga. #588 estaba muy duro y mi culo estaba empezando a estrecharse a medida que se deslizaba hacia abajo para dar paso a su miembro.

Al inicio lo hice suave hasta que #588 empujó su verga hacia adentro, percibí su lujuria y gemí fuerte. #588 tenía la mitad de su verga dentro de mí, estábamos tan excitados que con un un empujón más terminó de meter toda su verga hasta el fondo.

Aumenté mis movimientos a toda velocidad. “Ohhh si! Dame verga!, si, así!”, le pedí. Me agarró fuerte de la cintura, me lo hizo con pasión, #588 estaba gruñendo y jalando mi pelo, su respiración se hizo más intensa y me abrazó para estar más cerca de mí. Me encantó como deslizaba sus manos sobre mi espalda y mi cintura, minutos después me agarró de los hombros y me empujó hacia abajo, haciendo que su verga llegara hasta lo más profundo de mis entrañas.

Los vidrios estaban completamente empañados, producto de nuestra respiración y el calor que emitía nuestros cuerpos. Mi culo rebotaba sobre su pene cada vez más rápido, pude escuchar el chasquido de su verga entrando y saliendo de mí. Me agarré fuerte de la silla delantera de piloto mientras sentía como su verga se hinchaba dentro de mí.

Sentí que estaba perdiendo el equilibrio y mis fuerzas estaban empezando a agotarse por el esfuerzo físico que significaba moverme hacia arriba y abajo dentro de un espacio tan reducido. #588 tomó el control sosteniéndome de la cintura y moviendo su verga hacia arriba y abajo. “Si! Dame verga! Así!, que rico!“, grité.

Paró de moverse y me levanté, arrojó el condón a un lado y escupí sobre su glande, metí la cabeza de su miembro en mi boca y estimulé su miembro hasta que se vino. Todo quedó en silencio mientras nos vestíamos, no dijimos nada hasta que me alcanzó un pañuelo para limpiarme. Me sentí satisfecho y me llevó de nuevo al lugar donde me recogió. En el trayecto me dijo que quería volver a cogerme pero esta vez en la comodidad de su cama, cuando su hijo no estuviera en la casa.

Puntuación: 9 de 10

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