#589. El obrero lechero del baño público

Soy mucho más de lo que mis videos o este diario demuestran. Tengo sentimientos y metas en la vida, siempre disfruto de una buena conversación y de la química que pueda existir desde el saludo, pasando por el sexo, hasta la despedida. El hecho que permitiera que varios desconocidos me cogieran al día no significa que cualquiera tuviera el derecho de hacer lo que quisiera conmigo. Muchos han venido a mí con esa mentalidad.

Me gusta satisfacer, pero también me gusta disfrutar. Nunca me propuse convertirme en alguien a la disposición de satisfacer las necesidades sexuales de los demás.

Me han propuesto que juegue el papel de la víctima que lo hace sin su propio consentimiento para cumplir sus fantasías de una escena de violación. La asunción por supuesto es que sí tengo consentimiento porque me ven como una perra. Me han ordenado que grite, pero cuando lo hago me tapan la boca y me dan cachetadas o ponen sus manos sobre mi cuello. Les excita ver como me resisto. “¡Gime, grita perra, gime tan duro como puedas!“, son órdenes que muchas veces debí cumplir.

La fama que me he ganado en esta ciudad no me deja con mucha dignidad frente a los ojos de algunos. Después de haber experimentado todo lo que pude y quise, estoy en una etapa de mi vida donde estoy enfocado en otras cosas que le aportan a mi tranquilidad y sobre todo, a mi estabilidad emocional.

Una de las cosas que más me excita en el sexo es un hombre lechero. En realidad, me encanta el semen. Me gusta su olor, color, sabor y textura. Mi fetiche por el semen debe estar relacionado con lo más instintivo y primitivo de mi ser. A pesar de esto, entiendo y me identifico con los que sienten asco por él, pues al principio también veía al semen como algo desagradable.

Los activos verdaderamente lecheros han logrado que pueda sentir cuando se corren en el condón mientras me culean. Es una sensación de otro mundo, siento una presión súbita en lo más profundo de mi ano, como si en un instante una pequeña bomba se inflara ahí adentro. Es aún más excitante poder ver la descarga de semen depositada en el condón cuando lo sacan de mi culo.

La posición en la que siempre logro sentir cuando eyaculan en el condón es cuando estoy acostado boca abajo con el activo encima. La única vez que logré sentir el semen bombeando en una posición diferente a esta fue con un costeño vergón que me cogió en pollo asado, me acosté con él 5 veces en total. Es tan buen polvo que es con quien más veces he tenido sexo, desafortunadamente este costeño ya no vive en Bogotá.

En realidad, fue con ese costeño con quien sentí por primera vez a un activo eyaculando en el condón. Fue tan extraña la sensación y era tan inocente para ese entonces que no se me ocurrió la razón de esa bomba pequeña que se infló adentro de mí. Fue hasta que sacó el condón y vi su masiva descarga que supe la razón de esa sensación intensa y súbita en lo más profundo de mi ano.

Desde entonces me empezó a excitar la idea de estar con hombres lecheros como aquel costeño, y mi fetiche por el semen empezó a desarrollarse.

Nunca he tenido problema con que me quieran coger en un potrero, un carro, una pista de baile o un baño público. Después de todo, es interesante coger en todo tipos de lugares, además uno nunca sabe dónde va a encontrar el próximo polvo.

Era de noche, estaba caminando hacia el transmilenio y tenía muchas ganas de orinar porque había estado tomando cerveza en la casa de un amigo. La estación estaba a pocas cuadras pero sabía que no iba a lograr llegar si no encontraba un baño antes.

Me vi en la penosa obligación de orinar en un poste como habitante de la calle, como perro callejero. Miré a mi alrededor para asegurarme que no viniera nadie pero cuando me iba a bajar el pantalón recapacité y decidí buscar otra opción, incluso pensé que era preferible orinarme en el pantalón.

Cada segundo era un martirio para mi vejiga. Para mi fortuna vi de lejos un “chuzo” donde había varios tipos tomando. Corrí hacia el lugar y pregunté a la señora de la entrada si me podían prestar el baño. Creo que la señora vio la desesperación de mi mirada y me señaló donde estaba el baño. Entré al baño y por fin pude orinar, la sensación fue liberadora. Después de un momento, un tipo entró al baño. Caminó hacia el orinal, se paró directamente frente a él e hizo lo suyo. Podía sentir sus ojos mirándome de arriba abajo, mientras yo trataba de disimular que también lo miraba. Me acerqué para hacer contacto visual y sonreí.

Me preguntó hacía cuánto tiempo había llegado mientras seguía de pie sosteniendo su verga y mirándome. Su aliento olía a alcohol, se nota que también había estado tomando. Tenía puesta una camisa azul y una gorra, su acento no parecía de Bogotá. Le pregunté de dónde era y me dijo que vivía a las afueras de Bogotá, que trabajaba en construcción y que también cultivaba papa en una finca. Mi pene se puso duro inmediatamente después que me dijo esto, pues nunca había estado con un obrero campesino.

Terminó de orinar, se sacudió la verga y me dejó ver su prepucio rosado y grueso mientras sacaba las últimas gotas de chichí. Se subió el pantalón sin subirse la cremallera y caminó hacia el lavamanos, se abrochó el cinturón y me señaló el baño privado para hombres. Su pantalón todavía seguía abierto y su verga se estaba saliendo por el hueco de la cremallera. Entramos rápidamente al baño privado donde había un inodoro y un lavamanos.

Sus bolas colgaban y su pene se veía bastante grueso. Cerró la puerta con seguro y se paró a mi lado. Me agarró fuerte, la altura a la que su pene rozaba mi pantalón era perfecta, podía sentir sus músculos tensos.

Susurró a mi oído “¿Quiere que lo clave?“, y mis piernas se abrieron para él. Pasó su mano por mi cara y alrededor de mi oreja, sostuvo mi rostro con suavidad y se inclinó para besarme. Me dio varios besos suaves alrededor del cuello, mejillas y mi oreja.

Me volteé para rozar su verga con mi trasero y me bajé el jean. Saqué un condón de mi bolsillo, el último que me quedaba de la semana y se lo coloqué con mi boca, agarré su verga para guiarlo hacia adentro y me di cuenta que se había vuelto dura y grande muy rápido. Estaba erecta ligeramente inclinada hacia la izquierda. Lamí mi mano y comencé a acariciar su pene grande y duro mientras #589 me movía para penetrarme.

Comenzó a insertar lentamente su miembro entre mi ano. Gemí suave cuando cuando su pene ingresó dentro de mí. Empezó a empujar hacia adentro y afuera. El empuje lento se hizo más vigoroso. Podía sentir cada movimiento, mi culo se sentía tan lleno, estoy seguro que mi ano se estrechó y me acerqué más a él. Mis manos se resbalaron sobre la pared de loza mientras me hacía sentir cada milímetro de su verga penetrándome.

Sus gemidos se hicieron más fuertes. Cuando le pregunté si le gustaba mi culo me llevó hacia la puerta para cambiar de ángulo. Mis paredes anales estaban siendo estimuladas de forma increíble por su miembro. Unos gemidos salieron de mi boca mientras golpeaba su vergota a través de mi cuerpo, pero colocó su mano alrededor de mi boca para taparla. Pude ver su cara enrojecerse, hasta sentir su verga hinchándose muy cerca de llegar al punto de explosión.

Sentí algo caliente cuando su orgasmo no le dejó más remedio que descargar sus bolas dentro del condón. Vi un espumoso semen mientras sacaba lentamente su largo pene de mi ano. Mis piernas seguían separadas mientras manteníamos contacto visual. Me dio el condón lleno de su semen espeso, caliente y tan blanco como la leche, me senté en el inodoro con mi cabeza apoyada contra la pared admirando su descarga. Se subió el pantalón, se guardó la verga y salió del baño sin decir nada.

Regué su leche sobre mi abdomen, estaba tan espesa que cayó lentamente desde el condón hasta mis tetillas, escurriéndose por mi ombligo hasta llegar a mi cintura. El semen se secó rápidamente sobre mi piel y me vestí, me excitó salir del baño todo untado de semen.

Puntuación: 8 de 10

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