#591-#593. Apuesta en el bar

La noche comenzaba y me encontraba en un bar gay. Cuando llegué reconocí al barman, era un tipo que me gustaba y con quien me había besado borracho hacía dos años en unas cabinas donde él trabajaba. La noche que me besé con el barman me besé con 3 tipos antes que él para llamar su atención y darle celos, y puedo confirmar que mi táctica funcionó.

La segunda vez que vi al barman fue en esas mismas cabinas, estaba más borracho que la noche que nos besamos. Estaba tan ebrio que le confesé que me gustaba mucho y que quería tirar con él, pero su reacción fue de rechazo porque no podía ni siquiera sostenerme, incluso me regañó por mi estado de intoxicación.

Me acerqué a la barra y fue el barman quien me habló primero. Estaba nervioso porque la última vez que nos vimos fue muy vergonzosa para mí. La conversación fue mejor de lo que esperaba y nos reímos de la vez que me regañó por no poder sostenerme. Me retó a no emborracharme esa noche y decidí aceptar su apuesta, pues según él, yo era un chico mala copa que no sabía medir mis límites.

Poco tiempo después de llegar intercambié miradas con el hombre que más me llamó la atención (aparte del barman). Medía 1.70, aparentaba 27 años, era moreno, de contextura mediana, tenía unos ojos color negro muy penetrantes. Empezamos a hablar, me contó sobre su tía con la que vive y de su trabajo del cual pensaba renunciar esa semana. “Entonces, ¿cómo alguien así como usted anda soltero? ¿Y qué hace en un lugar como este?“, me preguntó.

Vengo aquí de vez en cuando a ordeñar penes, haha“, respondí con tono de chiste. En realidad mi respuesta tenía una segunda intención porque me parecía atractivo y quería ordeñar su pene con alguno de mis dos orificios.

Inmediatamente me arrepentí de haber dicho esto porque su comentario estilo pregunta había sido un cumplido y yo lo había arruinado con mi respuesta, pero estaba nervioso porque me gustaba físicamente y no supe qué más decir. Después de todo, solo fui sincero y no pensé antes de hablar. De repente la conversación ya no era casual-amable, sino sexual.

Miré hacia abajo y vi el contorno de su miembro en sus pantalones deportivos. Nos miramos a los ojos y me quedé callado, acercamos nuestras caras y me perdí entre sus labios suaves y delgados, sentí su lengua deslizarse entre mi boca, podía oler su aroma a colonia barata. Vi su cara de aprobación, me di la vuelta y comencé a moverme. Agarró mi cadera y empezó a empujar su cintura contra mí. Después de un rato no pudo soportarlo más, sacó su pene y me miró para que se lo chupara.

Me excitaba la posibilidad que el barman pudiera vernos, y al parecer a #591 no le importaba. Sentí su verga ponerse rígida. Mi corazón comenzó a latir con fuerza, se colocó un condón y me puse de pie contra la pared. Extendí mis piernas, su verga se deslizó entre mis muslos y apoyó la punta contra mi ano. El calor que desprendía su cuerpo era increíble.

Comencé a mecerme hacia atrás. Su verga estaba rozando mi culo y cada vez que se deslizaba hacia adelante no podía evitar soltar un gemido. Empujé hacia atrás hasta que su pene se deslizó dentro de mí. A estas alturas yo ya había dejado de moverme y #591 era el único que empujaba. Se mantuvo así durante unos 2 minutos hasta que sentí una mano agarrando mi culo. Pensé que me iba a acariciar, pero en lugar de eso sacó la cabeza.

Miré hacia atrás y me dijo que apretara. “Apriete, apriete ese culo“, me pidió. Y así lo hice cuando empujó su verga hacia adelante y la hundió profundo. Estaba tan caliente y apretado que simplemente me quedé allí disfrutando de la sensación de tenerlo adentro.

En ese momento sonó una canción nueva y comenzó a empujar al ritmo de la música. Al principio lo hizo lento, pero cuando la canción empezó a acelerarse, también lo hicieron sus movimientos. Agarró mi cintura y comenzó a moverse cada vez más fuerte. Me culió por 5 minutos aproximadamente hasta que por su respiración, sospeché que no iba a durar mucho más y en seguida me preguntó dónde quería que se viniera. Le respondí que lo hiciera donde él quisiera.

Me folló más rápido. Sentí que sus bolas se apretaban y supe que iba a correrse. Empujó profundo y mientras llegaba al orgasmo dejó que su semen llenara el condón, mis contracciones anales estaban ordeñándolo. Cada vez que apretaba mi culo contra su verga, #591 disparaba otro chorro de semen adentro. Su verga se ablandó y se deslizó fuera de mi culo con el condón colgando. Lo botó en el piso, se subió el pantalón y lo vi irse hacia el baño.

Cuando #591 desapareció de mi vista fue mi oportunidad para estar disponible de nuevo. Lo único que tuve que hacer fue quedarme solo por unos minutos para que otro hombre se acercara. Un poco de contacto visual, un poco de coqueteo, y ya me estaba bajando el pantalón para que otro me lo metiera.

No pasó mucho tiempo para que mi mano empezara a frotar el bulto en el pantalón de #592, un hombre de unos 25 años, blanco, de baja estatura y con barba. Mientras que su mano subía por mis piernas le di a su un apretón a lo que había en su entrepierna a través de su pantalón y respondió: “Eso es lo que quiero que hagas“, luego introdujo su mano entre mis bóxers.

Metió su dedo en mi ano y dijo: “Me alegra que su culo esté abierto, de lo contrario podría lastimarlo con mi tamaño” y luego guiñó un ojo señalando el lugar donde me habían culiado hacía pocos minutos. En ese momento supe que me había visto en acción con #591.

Quité mi mano de la abultada entrepierna de #592 y sacó sus dedos de mi culo. Estando en la silla me bajó el pantalón y agarró mi culo desnudo. Me encantó su comportamiento agresivo, pero aparté su mano y le dije: “Espera hasta que vayamos al fondo“. Nos levantamos de la silla y caminamos juntos hacia una silla ubicada la esquina oscura donde tiré con #591.

Cuando llegamos a la esquina me di cuenta que #592 todavía estaba duro y listo para mí, así que abrí su cremallera, saqué su pene y lo acaricié. Suavemente subí y bajé mi mano con mis dedos por su escroto. #592 mantuvo sus ojos en mí todo el tiempo, y por la expresión de su rostro pude ver cuánto disfrutaba el toque sensual de mis dedos acariciando su amigo.

Su verga era gruesa pero no tan larga, medía 15cm. Se veía tan deliciosa envuelta en mi mano que no pude resistir más, me desabroché el cinturón y me arrodillé ante él. #592 se sentó mientras yo chupaba y jugaba con sus bolas, comenzó a mecerse de placer en el asiento.

Arrastró su mano por mi espalda y mi trasero. Sus dedos se deslizaron entre mi culo. Gemí con la boca llena de su verga y mi cuerpo se estremeció. Noté que un hombre alto nos estaba observando desde lejos.

#592 se percató del hombre y no le gustó la idea que alguien pudiera vernos, así que volvió a meter la verga dentro del pantalón, pero no se molestó en cerrarlo. Nos levantamos de la silla y fuimos a la sección de fumadores, tan pronto como llegamos a la terraza cerré la puerta detrás de nosotros, me empujó contra la pared y nos besamos apasionadamente.

Me agarró las nalgas duro, pero no demasiado brusco, sino con la energía perfecta para ponerme duro. Me derretí entre sus brazos cuando alcancé su cremallera abierta y saqué su verga de nuevo, acariciándolo con furia. Desabroché su cinturón y le bajé el pantalón.

En el momento en que su pantalón cayó al suelo me puse de rodillas frente a él y metí su verga en mi boca por segunda vez. Se quitó la camisa mientras yo estaba ocupado dándole una mamada. Tenía un cuerpo rico, se lo chupé por unos 8 minutos, entre sus gemidos me dijo que si lo seguía haciendo lo iba a hacer venir.

Chupé más fuerte y me moví más rápido. Estaba demasiado excitado para detenerme, cuando llegó el momento de venirse su primer chorro pegajoso se derramó sobre mi lengua y dejé que disparara el resto de su descarga por toda mi cara. Fue delicioso dejar que #592 me diera un tratamiento facial con su leche para luego permitir que me viera tocarla y lamerla con mis dedos.

Con el residuo de su semen sobre mi cara, me di cuenta que el hombre alto que nos había estado mirando en la esquina oscura nos había seguido hasta la terraza y estaba a pocos metros de nosotros de pie. Le pregunté: “¿Quieres venir?“. Hay hombres muy tímidos que necesitan un empujón para ayudarlos a salir de su cascarón. El hombre alto se acercó y acarició mi cara con ganas.

Tomé un papel dominante, lo empujé en la silla mientras empezaba a sacarse la verga que ya estaba poniéndose dura. Comencé a mover mis caderas a un ritmo lento. Me encanta desnudarme frente a un hombre. Sabía que cuando estuviera desnudo, la verga de #593 estaría en la cúspide de su erección.

Sonrió y pasó su lengua por mis tetillas, mordisqueó mi tetilla izquierda lentamente mientras se ponía el condón que le pasé. Me senté encima de él y deslicé mi agujero ardiente sobre su verga. Sentí la excitación de su dura verga deslizándose a lo largo de la ranura de mis dos nalgas, me pidió que presionara más hasta que la cabeza de su miembro encontró mi agujero. Mi mi ano se estiró alrededor de su circunferencia y gemimos al mismo tiempo durante la penetración inicial. 

Sentí su verga frotando mi ano cada vez más duro hasta que la hundió por completo. Estimulé mi próstata mientras me levantaba y caía sobre el regazo de #593.

Nos dimos la vuelta, yo en 4 con él encima mío y su verga dura dentro de mí. Comenzó a bombear sus caderas más profundo y su verga se sintió aún más dura. Cerré los ojos, me estaba ahogando por completo en el momento, disfrutando cada golpe de su maravillosa verga.

Cuando abrí los ojos, me fijé en la imagen de un hombre que trabajaba duro sobre mí para follarme bien. Ambos empezamos a sudar cuando encontramos ese ritmo duro y apasionado entre nosotros. De repente, me percaté que #592 se había quedado en lugar para mirarnos. Allí estaba él, parado en la puerta, acariciando su verga gorda.

Desde un punto de vista voyeurista, #592 disfrutaba viéndome estar con otro hombre tanto como yo. Mientras tanto #593 estaba muy concentrado en cogerme para darse cuenta que había alguien a pocos metros mirándonos.

Sacó su verga y me pidió que me subiera sobre la mesa de parasol, me acosté con mi culo expuesto hacia él, manteniendo mis piernas en el aire con los dedos de mis pies apuntando al techo, de esta forma pude darle un acceso más profundo. Unos cuantos golpes más y #593 gimió mientras jalaba mi cadera para acercarme más a él. “¡Qué rico me coges! ¡Dame más verga así!“, grité sosteniéndome de sus brazos.

Mientras nos entregábamos, miré por encima del hombro de #593 y vi que #592 se estaba masturbando. El orgasmo de #593 llegó en un momento que no me esperaba. Me agarró fuerte y se desplomó sobre mi cuerpo, entonces confirmé que se había corrido. Me tomó un minuto para recuperar el aliento y dejar de temblar.

Nos besamos y nos acariciamos por un rato más, luego #593 me ayudó a bajar de la mesa y comenzó a vestirse. No planeaba vestirme, estaba desnudo con la cara untada de semen mientras #592 me observaba de pies a cabeza y #593 terminaba de ponerse la ropa. 

#592 no perdió más el tiempo y se acercó, se puso de pie detrás mío con su bulto rozando mi culo desnudo. Se estaba poniendo duro de nuevo. Sentí su creciente bulto presionando contra mi cuerpo, una repentina oleada de lujuria hizo que mi interior se encendiera. Bajé su jean unos centímetros y agarré su firme verga en con mi mano.

Me inclinó sobre la mesa en 4 y se colocó un condón. Mi ano encontró la cabeza de su verga. Cuando deslizó su pene por el hueco de mi culo grité: “¡Ohhh! ¡Si! ¡Es tan GRANDE!” Un grito duradero escapó de mi boca cuando presionó su miembro contra mi ano.

Empezó a follarme el culo lentamente hasta que le dije que me follara más fuerte. #592 alegremente complació mi acalorado deseo y golpeó su palo palpitante dentro de mi culo en llamas, duro, profundo, rápido y sin piedad, estirándome y dándome la sensación de puro éxtasis. Un par de minutos más tarde, llegó a su clímax y arrojó su semilla espesa profundo en el condón.

Caí rendido sobre la mesa, mi cuerpo había pasado por el esfuerzo físico de tener 3 vergas en menos de 1 hora. #592 me robó un beso. Cuando terminó se subió los pantalones. Dijimos nuestro último adiós, y salió corriendo por la puerta como un ladrón en la noche.

Me vestí, recogí los 3 condones usados de las 3 vergas que ordeñé con mi culo y terminé regando el semen de los 3 individuos sobre mi cara. Al salir me acerqué a la barra para despedirme del barman, sabía que me había visto con los 3 tipos. En realidad solo quería que me viera sobrio y hacerle entender que he cambiado para bien.


Puntuación: 9 de 10

2 comentarios sobre “#591-#593. Apuesta en el bar

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