#596. El que tenía una hamaca en el cuarto

Los mejores polvos son los que se dan sin planear mucho, así fue mi encuentro con #596: casual, arrechante e imprevisto. Su mensaje pidiéndome que me dejara follar me tomó por sorpresa una tarde, y acepté su invitación para ese día. Me había escrito por twitter semanas antes y le había sacado el culo muchas veces por irme a tirar con otros.

Le avisé cuando llegué al portón de su casa por la 170 y se demoró en abrir. Cuando por fin salió me dijo que hiciera silencio porque en cualquier momento sus roommates podían llegar. Subimos al segundo piso directo a su cuarto y cerró la puerta con seguro. Aparentaba 22 años, era moreno y alto. Se quitó la camiseta blanca que llevaba puesta y me dejó ver su delicioso torso en construcción, el cuerpo de #596 es de esos cuerpos que estoy seguro serán aún más deliciosos cuando cumpla sus 30 años.

Me llamó la atención la hamaca en su cuarto, la cual atravesaba de esquina a esquina y ocupaba el 40% del techo. No era costeño, o al menos su acento no lo era. Colocó música en su laptop para evitar que alguien nos escuchara y nos terminamos de desnudar.

Me puse de rodillas comenzó a rozar la punta de su pene con mi culo. Olía a hombre de verdad, a una mezcla de sudor con desodorante. Pasó su lengua por todo el anillo exterior de mi culo y me hizo gemir, le rogué por más. Luego puso su lengua en el fondo de mi apretado agujero y me folló el culo con su boca, entonces empecé a besar y chupar su hombro.

Finalmente comenzó a tocar mi ano con su dedo, me dio la vuelta y me folló la boca con su herramienta de 18 centímetros, así su verga empezó a ponerse bien mojada. Tiempo después consideré que su pene estuvo lo suficientemente erecto y me abrí de piernas. Puso sus manos en mi cintura y coloqué mis pies sobre sus hombros, se puso el condón y empujó la cabeza de su pene en mi hueco caliente.

A pesar que me habían follado regularmente esos días, mi ano todavía estaba muy tenso, los vellos púbicos de #596 acariciaban mis nalgas con cada empuje, haciendo que la sensación fuera un millón de veces mejor.

Comenzamos con movimientos lentos y profundos, de vez en cuando se detenía, sacaba su amigo y escupía en su verga y en mi ano. Después de un rato sentí como su glande tocó mi próstata y comenzó a montarse encima de mí como un caballo. Cada vez que él subía, jalaba mi pelvis hacia su verga para encontrarme con él. Me conecté con su herramienta con cada uno de sus movimientos, cada vez que me jalaba hacia él, le rogaba que me diera más fuerte y terminada gimiendo. Debía hacerlo en silencio porque en cualquier momento alguien podía llegar.

Finalmente no pudo soportarlo más y me obligó a acostarme en el suelo. Aplastó mi cara contra el piso y comenzó a follarme en cuatro. Estaba gimiendo cada vez más duro con cada empujón que me daba. Apreté su vergota con mi culo y contraje los músculos de mi esfínter tan fuerte que recordé cuando me follaron el culo por primera vez.

Follamos en esa posición durante un buen tiempo, hasta que empezó a acercarse el orgasmo. Atraje su pecho sobre mi espalda y comenzó a besarme el cuello con fuerza. Sentí el sudor que su piel emanaba, el sonido de sus bolas chocando contra mí ya no sonaban como una cachetada, sino más bien como una palmada.

Me golpeó contra el suelo, sacó su verga y empecé a frotar la cabeza lubricada con mi mano, segundos después #596 tuvo un orgasmo explosivo. Sus deliciosos fluidos salpicaron el piso, mi abdomen y mi cara. Cuando terminó volvió a rozar la cabeza de su verga con mi pene y se quedó mirándome esperándome a que me corriera.

El olor de su semen sobre mi cuerpo me mantuvo duro como una roca, poco tiempo después de masturbarme mi pene explotó. Mientras bombeaba mi leche, siguió frotándose la verga con toda su fuerza. Miré a #596 con su verga en mi mano y le pregunté: “¿Será que hay alguien afuera que nos escuchó?”’, me miró con un éxtasis puro y respondió: “No importa”. Me vestí y él también, salimos de la habitación con cuidado, sin hacer ningún ruido. Todas las luces estaban prendidas y pensé que alguien había llegado a la casa mientras estábamos tirando. Lo seguí y bajamos las escaleras, pasamos por el garaje y se despidió desde lejos con un “chao” antes de abrir la puerta.

Puntuación: 7,5 de 10

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .