#597-#599. De perra en el bar de Chapinero

Entré al bar y miré alrededor, percibí ese olor a ambientador barato de bar gay que me excita y me recuerda las noches que me fui de perra por Chapinero, o Chapigay, como es comúnmente conocido. Recuerdo las noches y madrugadas que recorrí la carrera 13 desde la calle 57 hasta la 65 a lo “bar crawl” buscando penes. La iglesia de Lourdes y las residencias de Theatron siempre fueron un punto de referencia para mis encuentros sexuales en el sector. Son incontables las vergas que he ordeñado con mi boca en baños, esquinas oscuras, bares, cabinas, saunas y videos.

La necesidad de un trago superó cualquier duda que mi cerebro planteó sobre terminar como lo había hecho en ocasiones anteriores: inconsciente y violado. Caminé hasta la barra y pedí mi bebida favorita: un vodka doble con jugo de naranja. Rápidamente ordené lo mismo. Después de tres dobles, finalmente me senté y comencé a saborear mi cuarta y última bebida.

Mientras miraba alrededor, un hombre que estaba sentado en una mesa con varios hombres llamó mi atención. Lo miré y mi corazón empezó a palpitar cuando capté la atención de aquel hombre acuerpado, de unos 28 años, moreno y guapo. Antes de darme cuenta que el tipo que me gustaba me estaba mirando fijamente, otro con vestido de vigilante se sentó a mi lado.

“Mucho gusto”. Dijo con una cerveza en la mano y enseguida me dio su nombre, el cual no recuerdo. Era blanco, alto  de unos 35 años y con barba. El hombre alto y blanco se paró frente a mí y me miró de pies a cabeza. El hombre acuerpado y moreno no quitó los ojos de mi cara.

El alcohol empezaba a surtir sus efectos. El hombre con apariencia de vigilante que estaba frente a mí, me agarró de la cabeza y nos besamos, aplastando sus labios tan fuerte contra los míos que pudo haber magullado mi boca. Me agarró fuerte de la nuca y me jaló hacia él, luego tomó mi camisa y me llevó tan cerca como pudo, apretándome y poniéndome muy duro.

Terminé sentándome sobre sus piernas y nos besamos por aproximadamente 5 minutos. Durante el momento que nos besamos desabotoné su camisa, bajé su cremallera y sacó la cabeza dura y rosada de su verga entre su pantalón.

Estaba listo para mamárselo, así que le sonreí y me senté sobre la mesa. Uno de los hombres que nos estaba viendo se acercó y con un rápido movimiento bajó mis bóxers, exponiendo mi pene duro y mis nalgas. Los dos tipos me empujaron hacia atrás sobre la mesa y quedé acostado, levanté mis piernas para que cualquiera me viera.

De repente alguien estaba besando mis labios con fuerza, no podía ver bien por la oscuridad pero sabía que no era el tipo con apariencia de celador porque no tenía barba. Mientras mi cerebro estaba ocupado con los besos que me estaba dando aquel extraño, sentí una mano tocándome el pene y frotándome con fuerza al mismo tiempo que unas manos acariciaban mi pecho.

No sé cómo sucedió, pero de repente me di cuenta que estaba desnudo. Traté de sentarme pero no me dejaron, alguien estaba presionando mi cuello contra la mesa. Luché para sentarme, pero las manos de alguien más me sujetaron con mayor fuerza y sentí unos dedos empujando dentro de mi ano. Luego vi un pene erecto y moreno de unos 20 centímetros acercarse y abrí mi boca, pero en ese momento la cabeza de una verga grande y caliente reemplazó los dedos que estaban tocando mi ano.

Sentí una verga rígida presionando contra mi culo. Empujaron el pene hacia adentro y supe que me estaban intentando penetrar sin condón. Grité con todas las fuerzas “Auxilio!, No!!”, hasta que el pene se alejó de mi agujero. Cuando terminé de gritar, el pene erecto y moreno de 20 centímetros entró a mi boca y empecé a mamar como ternero.

Sentí unos labios chupando y lamiendo mis tetillas, no podía estar más excitado de saber que tenía varios desconocidos manoseándome y masturbándose conmigo. Un hombre joven en camiseta negra se empezó a masturbar mientras veía el espectáculo, me habría gustado mamar su verga rosada pero mi boca estaba ocupada, las lágrimas llenaban mis ojos.

La verga en mi boca comenzó a brotar esperma caliente y no tuve más remedio que tragar. Cuando finalmente se retiró, respiré hondo y en cuestión de segundos otra verga palpitante y caliente entró en mi boca, la cual pertenecía a uno de los tipos que estaba sentado al lado del hombre guapo. Me agarró del pelo duro y susurró: “qué rica puta”, empujó su miembro salvajemente dentro y fuera de mis labios hasta llegar a mi garganta.

El hombre cerró los ojos y dijo en un tono muy excitante: “me voy a correr…”. En ese momento dejó de follarme la boca y sacó su verga para masturbarse, saqué mi lengua y la extendí para recibir su semen. Gimió fuerte mientras disparaba su descarga sobre mis papilas gustativas, mi nariz y mi mentón. La leche era amarga y muy espesa. La escupí inmediatamente.

Cuando todos se alejaron, sentí que algo caliente y pegajoso escurría por mi pecho, cuando miré hacia abajo me di cuenta que alguien se había corrido en mi abdomen. La vista del lugar se esclareció y vi al tipo con apariencia de vigilante subirse la cremallera del pantalón mientras caminaba hacia la entrada, no sé cuál de todas las descargas de semen que chorrearon sobre mi cuerpo y mi boca fue la de él, pero me excitaba no saber cuál era. Volteé para mirar la mesa donde estaba el hombre guapo y noté que me estaba mirando. Casi me caigo cuando bajé de la mesa.

Sentí algo de vergüenza pero también morbo de saber que el hombre guapo había visto lo que hice con varios hombres en tan poco tiempo.

Me vestí rápidamente. Pronto el semen se secó sobre mi piel, me encanta sentir esa sensación. Fui al baño para orinar y cuando salí me paré a pocos metros de la entrada del baño contra la pared con una pierna derecha y la otra doblada en triángulo, esperando a que llegara el próximo de la noche. Los que salían del baño me miraban sigilosamente, pero ninguno me gustó hasta que vi al hombre guapo y moreno acercarse al baño.

Intercambiamos miradas y luego volteé mi cabeza hacia otro lado, cuando volví a mirarlo, me di cuenta que no había parado de observarme. Entró al baño y cerró la puerta, mi pene se puso completamente duro al recordar sus ojos morboseándome. Escuché el lavamanos y salió del baño. Hice como si no supiera que había salido, pero me di cuenta de reojo que me estaba mirando. No pude evitarlo y volteé mi cara, lo vi de pie, caminando despacio y acercándose cada vez más a mí.

Me puse más duro, empecé a respirar más fuerte y…nos besamos. Todo fue muy rápido, el gusto era mutuo, lo habíamos pospuesto desde que nos vimos. Me tocó el culo y metí mis manos entre su camiseta blanca para acariciar su espalda, luego entramos al baño en búsqueda de mayor privacidad.

Me gustaste desde que te vi”, le dije mientras desabrochaba su cinturón con afán, como si no pudiera esperar un segundo más para comérmelo. Cuando lo tuve más cerca y con el destello de la luz amarilla del baño me di cuenta que era más lindo de lo que me imaginaba. Me guiñó el ojo y sonrió, en ese momento terminó de derretirme.

Me arrodillé sobre la losa dura y fría del baño, saqué su verga morena de tamaño promedio. Se veía tan rica, era mía. Agarró mi cabeza y empezó a moverla al ritmo que quería que se lo mamara, sus deseos eran órdenes. Empecé a masturbarme con su verga en mi boca, sabía a puro líquido preseminal. Sentí la necesidad de besarlo, así que me levanté y juntamos nuestros labios. Esta vez el beso fue mucho más pasional y largo que nuestro primer beso.

Estaba a punto de explotar, mis bolas estaban completamente llenas esperando a ser liberadas. Me volteé y terminé de bajarme los pantalones, se puso un condón y subí mi culo para ajustarme a la altura de su pene. Me sostuve del lavamanos y dejé que hiciera lo suyo. Su pene entró de un solo empujón hasta el fondo, me tenía tan excitado que no hubo necesidad de lubricante para que me llenara con toda su verga fácilmente.

Se movía despacio, estábamos tan excitados que él también estaba a punto de correrse. Me balanceé hacia adelante y atrás, se sentía delicioso tener todo su pene llenando mis paredes anales. “Culito rico papi”, me dijo unas dos veces. El “papi” me dio la impresión que era alguien guiso, pero aún así estaba muy bueno.

Estoy que me vengo”, susurró. Me moví más despacio, no quería que el momento acabara todavía, follamos así por unos 5 minutos. De repente dejó de moverse y su respiración agitada desapareció, entonces soltó sus manos de mi cintura y sacó su pene.

Vi la leche blanca que había depositado en el condón, había producido una cantidad decente con mi culo ordeñador. Tomé el condón y lo sostuve en mi mano mientras lo veía vestirse, y cuando terminó de abrocharse el cinturón volvimos a besarnos. #597, el hombre guapo y moreno salió del baño. Volteé el condón hacia abajo sobre mi abdomen, su semen espeso cayó despacio y se escurrió hasta llegar a mis vellos púbicos.

La puerta del baño había quedado abierta, y un joven blanco, con barba y cara muy sexy no dudó en entrar para aprovechar que no tenía puesta mi ropa interior. Estoy seguro que escuchó mis gemidos mientras culiaba con #597.

Llevaba puesto un jean y una camisa azul claro a rayas, apenas cerró la puerta me arrodillé para mamárselo. Cuando sacó su herramienta noté que era más vergón que el pene anterior que me había comido, estaba listo para ofrecerle mi culito insaciable.

Se bajó el pantalón hasta la rodilla, me levanté y me acomodé en la misma posición que me habían follado minutos antes, levanté mi culo y guié la verga de #598 hacia la entrada de mi ano. Para ese entonces mi culo ya estaba más abierto y su pene entró con la misma facilidad que el anterior. Me agarró fuerte de la cintura y me hizo suyo, era él quien se mecía con su pelvis hacia atrás y adelante, también me movía con sus manos para darse placer.

Lo que más me excitó de #598 fue las cosas que me dijo al oído mientras me cogía. “Eres una zorra!”. “Cómetelo todo zorra, eres una perra!”. Cada vez que lo hacía se acercaba con su boca a mi cuello para asegurarse que escuchara cada palabra sucia. Gemí como perra, me encantó la forma como me lo hacía y todo lo que me decía.

Luego empezaron a tocar la puerta del baño, eso nos puso un poco nerviosos. No sabía si era alguien que trabajaba en el bar impidiendo que continuáramos, y con el tiempo los golpes en la puerta se hicieron más fuertes y seguidos. Lo golpes en la puerta se tornaron desesperantes, así que #598 y yo decidimos abrir la puerta.

Un chico blanco de unos 23 años delgado y con barba que llevaba puesta una camisa a cuadros roja y jean, esperaba afuera con ansias para ver la faena que estaba sucediendo dentro del baño, ese era el motivo de los insistentes golpes a la puerta. Lo dejamos entrar y #598 le pasó un condón. #599, el chico de la camisa a cuadros roja se bajó el pantalón y me apoyé sobre el lavamanos. Abrí mis nalgas con las dos manos y esperé a que #599 me penetrara. Pude sentir que su verga era la más delgada de todas las que tuve esa noche.

Me agarró de la cintura y se apropió rápidamente de mi culo. Mis gemidos se hicieron más intensos. “Oh!, Oh si!”, le pedía mientras #599 deslizaba sus manos sobre mi cintura y subía mi camiseta hasta el cuello. Me empecé a masturbar al mismo tiempo que #598 se masturbaba viendo como #599 me taladraba el culo. Estaba muy excitado, como exhibicionista me encanta que me vean cuando estoy siendo follado.


#599 estuvo al mismo nivel que #598, lo que me hizo continuar disfrutando a pesar de que interrumpió mi mejor momento con #598. Empecé a sudar, su verga entrando y saliendo de mi ano me tenía al borde. #598 se corrió mientras #599 me follaba. Minutos después #599 sacó su verga, se quitó el condón y se masturbó junto con #598 hasta que #599 se vino sobre mis nalgas. Me subí el bóxer sin limpiarme su semen, me sentía victorioso al sentir los fluidos de varios sobre mi piel.

Salimos del baño y nos despedimos. Tanto ajetreo me hizo sentirme cansado. Dejé el bar y salí para mi casa satisfecho de haber ordeñado tantas vergas.

Puntuación: 10 de 10

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