#600. El Rappitendero

Intercambié pocas palabras con #600 antes de conocernos. Me contactó por Twitter, y su foto de perfil fue más que suficiente para querer conocerlo.

Era moreno y tenía 30 años. La foto había sido tomada de frente como foto de carné, llevaba puesta una gorra y una chaqueta de Rappi. Sus mejillas eran robustas, pero lo que más llamó mi atención fue su sonrisa genuina y tierna que se extendía de extremo a extremo, la cual no concordaba con su personalidad monosílaba y fría que demostró en nuestras conversaciones por chat. “Cuándo quiere que le parta ese culo?” Fue su frase más larga en nuestra conversación de WhatsApp.

Un morbo recorrió mi cuerpo al pensar en la posibilidad de estar con un rappi-tendero.

Siempre los veía en sus bicicletas recorriendo la ciudad en su característico naranja chillón o a las afueras de los restaurantes, pero nunca se me pasó por la cabeza tirar con uno de ellos hasta que conocí a #600.

Me dijo que tenía sitio y me dio su dirección. Quedé muy confundido porque el sector donde vivía era de alto nivel para un rappitendero. No quiero sonar elitista; pero una cosa es ser clasista y otra tener sentido común para pensar que un rappitendero puede llegar a vivir en un barrio estrato 6. 

Una noche me contactó de nuevo preguntando: “bien o no?”. No me extrañó que pocos minutos después estuviera en un Uber camino hacia su casa. Me tenía ganas y yo también a él, semanas después de haber recibido su primer mensaje por fin iba a conocer al rappitendero que había despertado un morbo increíble en mí desde que vi su foto por primera vez.

Pidió fotos de mi culo, me envió la dirección y exigió que me apurara, se notaba que estaba ansioso por tenerme. Llegué rápido a la portería, me anuncié y me hizo seguir. Abrió la puerta mientras hablaba por celular, me quedé de pie un rato en la sala hasta que me guió a su habitación con el celular en la mano. Me invitó a sentarme en su cama mientras continuaba hablando por teléfono, con el tiempo me di cuenta que estaba hablando con su mamá. 

Entretanto, #600 comenzó a acariciar mi cabeza, mis mejillas, mi oreja, y fue bajando por mi cuello para luego volver a acariciar toda mi cara. Fue extraño que estuviera hablando con su mamá y al mismo tiempo consintiéndome, eso me dejó conocer su lado sensible.

La conversación fue más larga de lo que esperaba, duró 10 minutos aproximadamente hablando por teléfono con su mamá hasta que por fin colgó. Bajó su mirada y esta vez se concentró en mí solamente, ya no había nadie que lo distrajera. Siguió tocándome, miré la hebilla de su cinturón y finalmente se desabrochó el pantalón. 

Todavía no estaba duro pero eso fue algo cambió rápidamente. Agarré su pene con mi mano y besé la punta con mis labios, poco a poco deslicé su miembro entre mi boca hasta que sentí su vello púbico tocar mis labios.

Sentí el sabor a aparato reproductor masculino en mi lengua, ese sabor único e inconfundible compuesto por una mezcla de fluidos que estimula mis papilas gustativas.

Cerré los ojos y me dejé llevar por su verga, la cual se hacía más grande cada vez que la succionaba con mis labios. Pasé de estar sentado a arrodillarme sobre el piso para estar más cómodo. Me agarré de sus nalgas y empecé a succionar su pene con mis labios. 

Le gustaba sacar su verga de mi boca para jugar con sus bolas, su glande y el eje inferior de su miembro. De vez en cuando me daba golpes con su verga en la cara, y a medida que aquiría más confianza se volvía más rudo. Cuando sacó su pene de mi boca me di cuenta de lo vergón que era, le medía más de 19cm. Metió de nuevo su verga en mi boca y tomó completo control de la situación.

Agarró mi cabeza con fuerza y metió su pene hasta lo más profundo de mi garganta, empezó a follarme la boca hasta que salieron tantas lágrimas de mis ojos que parecía como si estuviera llorando. Tuve ganas de vomitar en varias ocasiones pero cada vez que sentía la necesidad, paraba un rato hasta que me componía y continuaba atragantándome con su verga.

Se lo chupé por al menos 20 minutos, mis ojos botaban lágrimas por toda la cara. Miré a #600 y noté el pesar que le dio verme así, se rió y sacó su pene de mi boca. Enseguida entró a su vestier para sacar un condón, y cuando volvió se lo estaba poniendo sobre su verga dura, morena y rosada en la punta.

Nos terminamos de quitar la ropa, #600 dejó al descubierto su pecho velludo de oso, tal como me gustan. Me pidió que me pusiera en 4 y me arrodillé sobre la esquina de la cama, se quedó parado apuntando su verga hacia mi culo. Puso sus dos manos alrededor de mi cintura y abrí mis dos nalgas para dejarlo ingresar.

Sabía que le gustaba el sexo duro, así que le pedí que lo metiera despacio antes de penetrarme. Había tenido una semana muy agitada por lo que mi culo estaba un poco adolorido, y a juzgar por el tamaño de su verga, si me iba a follar el culo como me folló la boca, iba a doler. 

Metió la punta y poco a poco deslizó su pene hacia adentro, la sensación de su verga gruesa ingresando por las paredes de mi ano me hizo gritar, pero inmediatamente después que grité me tapó la boca. Le preocupaba mucho que sus vecinos nos escucharan. 

Habría dado lo que fuera por tener un tarro de lubricante en ese momento, o que al menos el condón fuera lubricado. Respiré profundo y me dejé llevar por el momento, con el tiempo el dolor desapareció y me cogió como pandereta de cristiano. Empezó a follarme tan fuerte que el sonido de su pelvis chocando contra mis nalgas se hizo mucho más fuerte. 

Me estaba taladrando tan rápido y tan fuerte que pude haberme caído en cualquier momento, pero aferrarme a las sábanas me ayudó a mantenerme sobre la cama. Mordí con fuerza una sábana para evitar gritar, me admiro por no haber producido ningún ruido. 

¿Puedes cogerme en pollo asado?“, le pregunté, pero #600 se negó rotundamente. “Solamente me gusta así, en cuatro“, respondió con contundencia en un tono agitado. 

Me encantó su personalidad manipuladora y naturalmente dominante, estoy seguro que es una característica innata de él. No todo hombre que le gusta ser dominante nació para serlo. #600 es un maestro de la neurolingüística autoritaria en la cama. 

Me empezó a doler bastante, y no pude continuar con el culo levantado, mi cuerpo cayó lentamente sobre la cama. #600 se percató que me estaba lastimando y paró. Sacó su pene y botó el condón en el baño.

No quería hacerte sufrir“, dijo mientras volvía del baño. Aunque me encantaba la forma ruda y brusca como me taladraba el culo, después de varios minutos mi ano y mi cuerpo empezaron a sentirse adoloridos. #600 supo parar en el momento preciso después de más de media hora de culiar a toda marcha.

Terminamos acostándonos en la cama y nos arropamos con el cubrelecho. #600 demostró ser cariñoso de nuevo cuando puso su brazo debajo de mi cabeza y empezó a acariciarme la cara. Coloqué mi mano sobre su pecho y empecé a tocar sus vellos. 

De repente comentó algo que no me habría imaginado escuchar de su voz. Dijo que ha leído varias historias de mi diario, de hecho mencionó varias cosas específicas que he escrito. Empezó a reflexionar y a lanzar comentarios de la vida sexual que llevo. Me preguntó si he pensado en tener una relación con alguien de este diario, pero no supe qué responder y me quedé callado. 

Igual todos te ven como un objeto sexual, ¿o no?“, comentó. No supe qué decir, no sabía si sentirme mal o tomarlo como una simple pregunta. “Para esto te buscan solamente, para tener sexo…“, no fui capaz de responder nada, y después de un tiempo me tocó la oreja para que le respondiera. Creo que no entendió que no quería responder a su pregunta porque es una de las cosas más tristes que alguien me ha dicho. 

Dicen que uno recuerda lo que quiere recordar, por eso no recuerdo todo lo que me dijo como usualmente lo hago, sino solamente fragmentos y palabras clave. 

Pero recuerdo el mensaje, #600 me veía como alguien promiscuo a quien nunca buscarían para tener una amistad o algo serio, sino solamente alguien para acostarse y saciar sus deseos sexuales. Estoy seguro que él también me ve así. 

Sus palabras formaron un nudo en mi garganta y por poco me hacen llorar. De hecho, escribiendo esto, siento como se reaviva ese nudo. Me sentí menospreciado, pero no tenía sentido ponerme así porque el fondo no lo dijo con el fin de hacerme sentir mal, tampoco estaba diciendo mentiras. Me recordó al bisexual que me dijo mientras me cogía que le parecía lindo y que me habría hecho su novio si no fuera tan “puta”. En primer lugar, ¿quien le dijo que yo hubiera accedido a ser su novio?. 

La conversación se volvió incómoda, por lo que pronto se desvió hacia él. Resulta que #600 no era rappitendero como lo sospeché desde el inicio, pero sí trabajaba en Rappi, por eso tenía una foto con la gorra y chaqueta de Rappi.

Me contó que es bisexual y que le gustan los pollos. Después de haber conocido tantos bisexuales, tengo curiosidad de saber por qué les tiende a gustar más los chicos jóvenes y delgados en comparación con los gays. 

Después de estar entre sus brazos por casi una hora hablando de tantas cosas personales me levanté de la cama para vestirme. Pedí un Uber y me despedí, me fui de su casa sin rencor, porque sé que nunca quiso ofenderme. Y hasta el día de hoy no creo que se le hubiera pasado por la cabeza que lo hizo. Si lee esto, solo quisiera que él se entere de lo que sentí en ese momento, porque no fui capaz de contárselo esa noche.

Puntuación: 9 de 10

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