#605. El taxista curioso

Él había mantenido un diario de sus encuentros íntimos desde que el momento en que le rompieron el corazón. En esos años había conocido al menos 600 hombres diferentes. En una ocasión conoció a 6 hombres en un bar y se los folló la misma noche. Él incluso fue follado por uno de ellos en un bosque. Su diario continuó diciendo que también había estado con hombres casados.

Una vez salió con un desconocido y se lo cogió una madrugada en el carro antes de ir a casa. La mañana siguiente se lo folló otro. Lo llamaría alguien después y lo preñaría. Luego, por la tarde, otro vendría y lo follaría encima de una mesa. Parecía que cada vez que Santiago salía terminaba en un encuentro sexual de algún tipo. Supongo que en esos dos años debió haber estado con más hombres de los que puedo imaginar. Él describió sus encuentros sexuales en detalle.

Describió cómo sus amantes lo llevarían a la cama, cómo sintió sus vergas endurecerse y lamió sus bolas, luego chupar sus vergas y finalmente hacer que se deslicen dentro de él por atrás para disparar su semen en su culo.  Él detalló cómo amaba ser follado en la cama, en el piso, en el auto, en la ducha, contra una pared, en la cocina, por todas las partes de una casa, incluida la mesa del comedor. 

Él también escribiría sobre como me conoció y cómo había follado con otros chicos horas después de estar conmigo. Recordé haberlo cogido una vez cuando estaba realmente mojado, y sabía que ese día estaba lleno del semen de otro.  Aunque me sorprendí al enterarme de su promiscuo pasado me he encendido pensando en él varias noches que le he dedicado mis pajas con sus escritos. Incluso me imaginé ser alguno de esos otros hombres cuando lo follé.

Me mostró nobleza y me permitió un par de siestas a su lado, pero estaba disparando chorros de líquido pre seminal la mayor parte del tiempo. Todavía no puedo superar la cantidad de sexo que necesita ese niño. Más allá de eso, me excita que sea tan bueno para ponerme duro incluso cuando creo que he exprimido mi última gota de leche. Terminamos reservando la habitación de un motel otra noche y obtuve más de lo que valía mi dinero.

#605

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Dos días antes de verme con #605 por segunda vez sonó mi celular. Olvidé por completo que le había dado mi teléfono la primera vez que estuvimos juntos, así que cuando contesté la llamada del número desconocido me tomó un tiempo saber con quién estaba hablando. “Habla con _____, el taxista. Me le vine en su cara, ¿Se acuerda?“. Inmediatamente lo reconocí y recordé esa voz masculina de acento boyacense. 

Empecé a hablar con #605 por Grindr meses antes de encontrarnos por primera vez. La falta de sitio llevó a que nos conociéramos en un video gay. El gusto fue mutuo desde el primer instante, apenas lo vi tuvimos una química que es difícil de tener con cualquiera. Medía 1.65, era moreno, de contextura gruesa, barba corta y ojos color miel.

Mi primera impresión es que es era un hombre serio y nunca había ido a un sitio gay.

#605 estaba nervioso y pude notar su grado de incomodidad por estar en aquel lugar aparentemente sucio y oscuro. Entramos a una cabina y me senté en el sillón. Se desabrochó el cinturón y jaló mi pelo hacia su cremallera.

Sacó su verga por el agujero de la cremallera, la cual estaba completamente dura. Debido a la poca interacción que tuvimos hasta ese instante no me habría imaginado que estuviera erecto. Le medía 17 centímetros, era gruesa, el rojo brillante de la cabeza hacía un contraste hermoso con el eje del pene.

Chupé la punta y me la tragué toda, #605 empezó a gemir de placer mientras mis labios y mi lengua producían ese sonido particular cuando uno está mamando una verga a toda velocidad. Se terminó bajando todo el jean para estar más cómodo. Hacía calor y se quitó la camiseta, besé sus tetillas y su torso moreno y sexy.

Le chupé la verga por unos cinco minutos hasta que sin decir nada alejó mis labios rápidamente y eyaculó sobre mi cara. Varios chorros de su leche caliente cayeron sobre mi nariz, mis labios y frente, incluido mi pelo y orejas.

Parte de su semen quedó en mis pestañas, #605 me ayudó a levantarme y con papel higiénico limpió el semen que se secaba rápidamente sobre mi cara. La sensación de cuerpo sudoroso y caliente frotándose contra mí me hizo besarlo. Terminó de secarme y limpió la punta de su verga con el mismo papel que usó para limpiar mi cara. 

“Quería que me cogieras”, dije mientras se vestía.
“Otro día me lo culeo”, respondió. Como no habíamos hablado no sabía casi nada de él. Muchos se me habían venido en la cara así que le pedí que me hablara sobre él para agregarlo a mi lista y poder acordarme. Me contó que tenía un taxi, entre otras cosas. Me excitó mucho que fuera taxista, pues he estado con muy pocos. #605 me dio tanta confianza que le confesé que le había pedido que me hablara sobre él porque tengo una lista en Excel y un diario.

La segunda vez que me vi con #605 fue en un motel barato, me sorprendió que me propusiera ir a tal sitio teniendo en cuenta su asco por este tipo de lugares; no sabía que tenía tantas ganas por volver a estar conmigo hasta que me propuso tirar en el motel. 

Pagó la habitación en la recepción y una empleada nos llevó hasta una habitación ubicada en el último piso. #605 cerró la puerta con seguro y pidió dos condones. Propuso que nos bañáramos primero y nos desnudamos. Cuando nos metimos a la ducha comencé a sentirme caliente otra vez y #605 me abrazó por detrás. Los dos estábamos parados bajo el agua, yo mirando hacia la pared y él detrás mío.

Abrió la llave del agua y empujó su verga semi erecta contra mi piel mientras besaba mi cuello. Estiré mi brazo hacia él, agarré su verga y tiré del prepucio hacia atrás, #605 escupió sobre su pene y luego comenzó a frotar la punta contra mi trasero, escuchar su respiración me hizo saber lo mucho que lo disfrutaba. 

Alcanzó el tarro de jabón líquido y aplicó un poco frotando suavemente sobre mi espalda y mi torso. Exhaló en voz alta y mordió mi cuello. Cuando sus manos se movieron sobre mis nalgas, no pude evitar abrirlas y #605 aprovechó para empujar la mitad de su dedo en mi cálido ano.

“Ohhhhh sí!” gemí, guiando su otra mano hacia mi pene erecto. Deslizó lentamente su dedo dentro y fuera de mi culo, y enseguida frotó su verga firme de forma juguetona contra mi agujero mientras sentía como su prepucio estaba siendo jalado hacia arriba a abajo. Mis gemidos fueron aumentando de volumen a medida que se movía más rápido.

De repente me di la vuelta y mientras agarraba su pulsante verga susurré a su oído: “Por favor, cógeme”. Me abrazó fuerte y me acercó más a él. 

“Cógeme, cógeme duro!” le rogué.

No había nada más que #605 quisiera escuchar. Sacó la puntaje su verga de mi culo y salió de la ducha rápidamente para traer un condón, cuando volvió se lo estaba terminando de poner.

Aplicó saliva sobre el condón, luego agarró firmemente mis nalgas y comenzó a penetrarme. Rápidamente lo metió hasta el fondo, su trasero golpeaba contra la pared de la ducha con cada empuje, los gritos de placer estaban suprimiendo el ruido del agua que salpicaba sobre el suelo. 

Sentí su cálido aliento en mi cuello y su vello púbico rozando mis nalgas. Estiré mis brazos hacia atrás y empujé las llemas de mis dedos sobre su culo mientras me follaba tan fuerte como podía. Hicimos todo lo posible por resistir un orgasmo.

Grité y apreté mi culo con fuerza, #605 estaba al borde el clímax pero todavía no se quería correr estando dentro de mí. Inmediatamente sacó su pene y comenzó a masturbarse, me arrodillé y me lo llevé a la boca, el condón sabía a una combinación entre el sabor del látex y el jabón barato de residencia que había aplicado en todo su cuerpo. Agarré la base del pene con mi mano y empecé a masturbarlo mientras estimulaba la punta de su miembro con mi lengua.

Al ver esto, #605 inmediatamente me levantó con sus brazos y me colocó de nuevo contra la pared. No pudo controlarse y forzó su verga de nuevo dentro de mí, la metió de un solo empujón como si no hubiera un mañana y me folló duro y sin compasión, los ruidos de placer invadieron no solo el baño sino toda la habitación.

“¡Me voy a venir!” Expresó en voz alta justo después de unos segundos de ingresar de nuevo a mi culo. Me abrazó firmemente, podía sentir sus uñas apuñalarme por la espalda, me quedé quieto mientras eyaculaba completamente dentro de mí.

Descarga tras descarga, su semen llenó el condón. Abrumados por el éxtasis, ambos nos abrazamos fuertemente cuando terminó. 

Botó el condón usado en una esquina de la regadera y me arrodillé para insertar su pene semi duro en mi boca. Lo limpié con mi lengua y chupé las últimas gotas de semen acariciando su prepucio. La mezcla de sabores en mi boca era única.

Salimos de la ducha y nos secamos bien. Cuando se giró para mirarse en el espejo mientras se secaba el cabello, aproveché la oportunidad para arrodillarme y explorar su hermoso pene.

“Oh, Dios mío, eso se siente bien”, dijo y cambió su posición de pie para acomodar mejor mi cara y permitirme tener una visión más clara de su herramienta. #605 se miraba en el espejo mientras se pellizcaba las tetillas y abría su boca.

Se agachó y deslizó un dedo en mi ano, lo apreté y observé cuánto placer le producía. Finalmente me levanté y terminé de secarme.

Nos acostamos en la cama desnudos en posición cucharita, estábamos cansados pero esto no impidió que continuáramos teniendo morbo bajo las sábanas. 

¿Y qué número soy en su lista?”, preguntó mientras estábamos entrepiernados. Su pregunta me tomó por sorpresa, pero me di cuenta que le producía mucho morbo saber que yo tenía una lista Excel de mis amantes y un diario donde relato mis encuentros. Su interés en saber más del tema hizo que le comentara varios secretos de algunos encuentros y cosas muy íntimas que pocos saben.

Le mostré el blog de mi diario y quedó completamente anonadado de saber que alguien de mi edad haya estado con ese número de hombres.

Se cumplieron las 2 horas y tuvimos que dejar la habitación, pero eso no impidió que continuáramos teniendo conversaciones sobre mi diario. Incluso escribió un extracto que no dudé en guardar para cuando publicara su relato.

Puntuación: 10 de 10

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