#608. El futbolista

Cuando vi a #608 resultó ser más alto de lo que me esperaba, medía 1.85m aproximadamente, era moreno y muy varonil.

Su gusto por los hombres pasaba completamente desapercibido, tanto así, que me pareció haber estado con un hombre 100% heterosexual.

Me había enviado mensajes por Twitter para culiar meses antes pero nunca concretamos nada hasta que se fue a vivir solo. Un día me escribió por Whatsapp para contarme que tenía sitio y le aparté un espacio en mi agenda de polvos esa semana.

Nos encontramos en el semáforo de la estación de Transmilenio de la 72 a pocas cuadras de donde vive. Llevaba un saco negro de cuello en V. Su sonrisa natural y lo hacía ver como alguien alegre y confiable. Su acento costeño y la manera como se expresaba me produjo un morbo y una excitación que me mantuvo encendido desde el inicio. Desde el primer momento en que lo vi tuvimos una química muy particular que he tenido con pocos hombres.

Rápidamente llegamos a su apartamento. Resulta que #608 vive al frente del hotel donde culié con mi primer guajiro. Casualmente #608 también era guajiro y recién se había mudado a ese apartamento para vivir solo después de vivir con roommates, su mamá lo visitó el fin de semana anterior y #608 había estado esperando a estar solo para invitarme.

Lo primero que hizo fue prender el televisor para ver un partido que estaban dando entre el Junior y otro equipo que no recuerdo. Me quité los zapatos y me acosté a su lado en la cama para ver el dichoso partido. No me gusta el fútbol, pero pronto me di cuenta de lo apasionado que es #608 por este deporte.

Gritaba y se estresaba al ver cada jugada, se cogía la cabeza y se alegraba cuando le iba bien al Junior. Movía los pies, aplaudía, y lanzaba gritos al televisor como si los jugadores del Junior lo fueran a escuchar. Su afición me excitó, pero también hizo preguntarme cuánto tiempo debía esperar para que me pusiera atención, por un buen tiempo solo tuvo ojos para ver el dichoso partido.

Su pasión por el fútbol generó a su vez un morbo mayor por estar con él y disfruté cada minuto al verlo emocionado por algo que encuentro aburrido e insignificante. 

De repente se volteó para mirarme fijamente. Mi corazón empezó a palpitar, después de tanto tiempo que pasó viendo el partido me sentí halagado al pasar a ser el centro de atención. Bajé mi mano y noté un bulto prominente entre sus dos piernas, sin saberlo, #608 ya estaba duro.

Me ayudó a desabrochar su cinturón y se bajó el pantalón hasta las rodillas. Una verga morena, cabezona gruesa y de más de 17 centímetros saltó hacia adelante esperando a entrar en mis dos huecos. Entonces me agaché y sutilmente probé la punta con mi lengua, luego la agarré como un trofeo con mi mano y la admiré pensando en que iba a ser mía por el resto de la noche. 

Estaba siendo testigo de una verga perfecta de costeño, ligeramente encorvada hacia arriba, venosa y muy apetitosa. De un solo intento la metí hasta el fondo de mi garganta y comencé a chuparla como ternero mientras #608 disfrutaba verme mamando su herramienta.

Era extraño saber que el partido de fútbol había desaparecido por completo de su atención. Pensé que en algún momento iba a volver a mirar el televisor y a pedirme que paráramos un momento para continuar viendo el partido, pero eso nunca sucedió. Cada vez que subía mi cabeza para mirarlo sonreía y cerraba los ojos para indicar lo mucho que disfrutaba mi boca en su aparato reproductor. 

Paré de mamárselo para quitarnos la ropa, había un espejo rectangular en la pared, el cual supe que iba a servir para mirar su cara de placer mientras me follaba el culo. #608 se terminó de desnudar y solamente se dejó sus medias color piel.

Se acostó con los pies extendidos sobre la cama y colocó las palmas de sus manos debajo de su cabeza mirando hacia su verga, esperando a que continuara con la mamada que había iniciado. Me arrastré gateando hasta que acomodé de rodillas entre el triángulo que había formado con sus dos piernas. Dirigí mi cara hacia su pene, el cual yacía erecto apuntando hacia el techo.

Cerré mis ojos y me dejé llevar por su hermosa verga de costeño, fantaseando con el momento en que ésta ingresara a mi culo. Para su apariencia no era agresivo, de hecho fue muy comprensivo y siempre me permitió llevarla hasta donde mi garganta me lo permitía sin atragantarme, pues la mayoría se apoderan de mi boca y meten sus vergas hasta que me dan náuseas y me hacen salir lágrimas. 

Mis ganas de culiar me llevaron a levantarme, sentí la necesidad de estimular mi ano con su vergota, entonces me senté sobre su pelvis mirándolo. Agarré su verga y la posicioné de tal manera que la cabeza rozara la entrada de mi ano. Coloqué las palmas de mi mano sobre su pecho y empecé a mecerme hacia adelante y atrás, podía sentir la cabeza de su verga lubricada siendo friccionada con mi recto, eso me puso muy duro y mi pene llegó a su máxima expresión. 

#608 me agarró de la cintura permitiéndome disfrutar de su glande, su cara de placer se confundía con una sonrisa genuina de estar entre mi culo después de haber deseado tenerme por tanto tiempo. La calentura del momento me hizo producir gemidos de excitación sin ni siquiera tenerlo adentro todavía.

Mis movimientos se hicieron más rápidos y estimulantes para su glande, y con cada movimiento la punta de su verga empezó a ejercer mayor presión contra la entrada de mi culo. 

Subí mi cadera para evitar que me penetrara con la cabeza de su pene, pero mis esfuerzos pronto se vieron frustrados cuando tomó su verga con la mano y acercó la cabeza hacia mi culo presionando para ingresar en mis paredes anales. Subió sus piernas y su pelvis y continuó empujando su miembro dentro de mí sin condón. 

Es de conocimiento general que el “foreplay” y la excitación del pasivo son de gran ayuda para relajar los músculos anales y hacer que el acto de la penetración sea lo menos traumático y por el contrario, ayudar al pasivo a disfrutar plenamente del sexo anal a pesar del dolor con el que esta práctica se encuentra asociada.

Después de más de 600 penes que me han metido, puedo confirmar con certeza esta teoría, pero #608 es mi más preciado recuerdo de lo que significa estar excitado para disfrutar 100% de la penetración, sin importar qué tan grande sea la verga.

La situación y la adrenalina me hizo pensar que pronto terminaríamos follando a pelo, interrumpir aquel momento tan sublime y lleno de éxtasis por alcanzar un condón era algo que veía poco probable. Así fue como de repente, supe que tenía casi toda la verga de #608 adentro y prácticamente no me di cuenta el momento en que me penetró, simplemente con bajar mi cadera un poco me la había ensartado toda a pelo.

Todavía me sorprende pensar que no sentí nada de dolor cuando me penetró, como si hubiera aplicado medio tarro de lubricante en su verga y mi conducto anal.  Mi pene estaba completamente erecto, y estoy seguro que empecé a producir líquido preseminal. Gemí fuerte y me balanceé sobre su cuerpo con su miembro viril adentro como lo he hecho con pocos.

Me dejé llevar por el momento y él también, era como si fuéramos uno solo. #608 empezó a mover su cadera hacia arriba abajo, tomando por completo el control de la situación. Sacaba su pene por completo y lo volvía a meter, haciéndome gemir cada vez que lo hacía. 

Noté el gesto semi-orgásmico en su rostro, y luego dejó de moverse rápido. “Estás que me haces venir”, susurró. Empecé a rebotar mis nalgas sobre sus testículos sin ir muy rápido para evitar que se corriera adentro. “Quieres venirte?”, le pregunté y asintió con la cabeza, pero no estaba dispuesto a dejar que lo hiciera, pues era yo quien estaba arriba moviéndose.

Estoy seguro que si hubiera seguido moviéndome rápido me habría preñado.

Le hice entender que no quería seguir haciéndolo a pelo, y me interrumpió diciendo: “Ponte un condón y te cojo en forma”.  Saqué su verga y mientras se ponía el condón mencionó que quería cogerme en cucharita. Me acosté en esa posición y segundos después sentí como la cabeza de su miembro me penetró de nuevo, poco a poco lo fue metiendo y se deslizó hacia adentro hasta que la tuve toda adentro. Me hizo gemir de placer, podía escuchar su respiración fuerte sobre mí, me tomó fuerte de la cintura y me folló a un ritmo rápido y constante. 

Quieres que te parta el culo?”, me preguntó en medio de sus agitados movimientos con una voz que me puso más arrecho. “Si!”, grité con ganas y segundos después empujó su pelvis con mayor fuerza de lo que lo había hecho antes y exclamó “Ahhh!” mientras se corría. Su grito orgásmico mientras eyaculaba dentro de mí hizo sentirme realizado, en ese instante pensé que para eso nací, para ordeñar vergas con mi culo y mi boca. 

Se quedó quieto mientras se recomponía, y finalmente sacó el condón de mi ano con la leche que había derramado en él. Me vine después recordando el momento en que lo oí gemir tan deliciosamente mientras disfrutaba del orgasmo que le di. 

Me acosté a su lado y me comentó que debido a la cultura machista donde creció (es costeño), le cuesta aceptar que es gay y por eso se preocupa en actuar de forma muy varonil, se jactó que es un hombre muy serio y que en su trabajo nadie sospecharía que es gay. Me contó que al principio le gustaban las mujeres pero que una experiencia traumática de su vida pudo influir en que le gustaran los hombres.

Cuando tenía 14 años dejó embarazada a su empleada que era mayor que él, y la mujer abortó el bebé sin su consentimiento. Pude notar en sus palabras y en la forma como lo contó lo mucho que lo afectó, pues a pesar de lo joven que era no hay nada más que hubiera querido que tener ese bebé. 

Otra experiencia negativa que tuvo con una mujer fue en una excursión de su colegio, donde tuvo sexo en la habitación del hotel con una francesa con la que estudiaba. Todo el mundo se enteró y etiquetaron a la francesa de perra, ella le echó la culpa a #608 que sus compañeros se hubieran enterado, pero lo que más le dio rabia es que ella fue quien se le insinuó. 

Finalmente me preguntó si quería volver a tirar con él y tal vez hacer un trío, sospecho que es una fantasía que tiene y que no ha podido cumplir. Después de vernos me escribió esporádicamente para hacer el trío, “Tú conoces mucha gente”, afirmó. Me ha vuelto a escribir un par de veces, pero hasta el día de hoy no hemos podido cuadrar dicho trío.

Puntuación: 10 de 10

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