#609. Culiando en el motel “caro”

Iba en el Transmilenio camino a encontrarme con #609, varias personas se subieron y me empujaron contra la puerta. Un hombre moreno, delgado, un poco más alto que yo y que aparentaba 28 años quedó frente a mí.

A medida que pasaba el tiempo me di cuenta como el hombre que estaba al frente se fue acercando cada vez más. A pesar que el bus estaba lleno, no había tantas personas para justificar el acercamiento repentino y sin razón de aquel hombre. 

El hombre acercó aún más sus pies hasta que su entrepierna rozó mi muslo. No supe cómo reaccionar, pues no soy el tipo de persona que morbosea con alguien en pleno bus. Se han quedado mirándome en el transporte público y he correspondido esas miradas con cierto grado de incomodidad, pero nunca he sido capaz de hacer algo más. 

En mi primer semestre de universidad fui víctima de acoso en el Transmilenio por parte de un hombre que no era para nada mi tipo, el tipo fue exageradamente morboso hasta el punto que me hizo sentir muy incómodo, pero no fui capaz de reaccionar aunque estuve a punto de explotar de la rabia y gritarle; por fortuna tuve que bajarme rápido.

No estaba seguro si el desconocido no se había dado cuenta que estaba tocándome de forma inapropiada, o si lo estaba haciendo con premeditación y su intención era morbosearme. No di ningún gesto de rechazo, pues tampoco me aparté, pero tampoco demostré interés en su acercamiento.

De repente sentí su miembro erecto tocando mi pierna, eso me confirmó que al tipo no le importaba que me diera cuenta y estaba dispuesto a continuar tocándome. Un calor intenso y repentino recorrió todo mi cuerpo de pies a cabeza. La situación parecía de película, pues no es común encontrarse con alguien así.

Sentí un morbo que nunca había sentido, pues el hecho de que otro hombre me estuviera rayando con su pene en un Transmilenio con tanta gente al rededor donde cualquiera podía vernos, era tan prohibido y excitante al mismo tiempo.

Se abrieron las puertas y entró más gente, el bus quedó completamente lleno y el tipo morboso y yo quedamos completamente juntos. Esto facilitó que pudiera agarrar su verga, la cual estaba tan dura como una roca. Sin embargo, otro tipo de 1.80m quedó justo en frente de nosotros dos, y podía darse cuenta de lo que estábamos haciendo simplemente con mirar hacia abajo. 

Empecé a agarrar el pene del hombre morboso con mayor discreción para evitar que el tipo de 1.80m se percatara de lo que estábamos haciendo, aunque sé que al final se dio cuenta de todo. Mientras tanto, el morboso empezó a agarrar mi pene duro y mis nalgas, lo hacía con un desespero como si no hubiera tenido sexo en meses.

A medida que pasaba el tiempo me dejó de importar que el tipo de 1.80m se diera cuenta de lo que el morboso me estaba haciendo, incluso noté que volteó a mirar hacia abajo y en varias ocasiones y se quedó mirándonos, no sé si disfrutaba de ver lo que hacíamos el morboso y yo o si simplemente lo quería confirmar con sus propios ojos. 

Estábamos cerca de la estación donde debía bajarme, así que saqué mi celular y abrí la aplicación de notas, luego le pasé mi celular al hombre morboso para que anotara su teléfono. Lo agregó y me bajé del bus, ese mismo día le escribí por WhatsApp. 

Me dijo que vivía en el sur y que no tenía sitio. Intercambiamos fotos hot en los días que siguieron, pero nunca nos volvimos a ver.

Llegué a la estación donde acordé encontrarme con #609. Cuando llegué él ya estaba esperándome. Se veía más joven de lo que me imaginaba, llevaba puesto un jean y una camiseta blanca. Medía 1.70 y era moreno.

Caminamos por un lugar que no se veía muy seguro y tuve un poco miedo porque la calle era sola. #609 tenía muy claro la dirección hacia donde debíamos caminar, y sabía donde estaba ubicado el motel a donde me llevaría.

Llegamos al motel, desde afuera se veía como un motel caro en comparación con los que me habían llevado antes. Una mujer nos acompañó hasta la habitación, eso siempre me ha dado vergüenza. Sería más fácil si dieran una llave para cada habitación con un mapa del motel, de esa manera uno se ahorraría la situación incómoda.

La habitación era más pequeña de lo que me imaginaba, pero perfecta para un polvo. Apenas se podía caminar entre la cama y la pared. Estaban dando “Tu Voz estéreo”, y no cambiamos de canal durante toda la velada. 

Entré al baño para orinar y cuando salí #609 estaba terminando de quitarse la ropa. Su contextura era gruesa y su piel era color canela. Me excité al verlo en sus bóxers blancos, sobresalía el relieve entre su entrepierna, destacando su pene semi duro. 

Las ganas de descubrir lo que había debajo de sus boxers hicieron que me arrodillara frente a él. Bajé sus bóxers hasta sus rodillas y vi su pene grueso y venoso, lo tomé con la mano y lo metí en mi boca. Rápidamente se puso duro, y en cuestión de segundos sentí como cambió su tamaño con mi lengua.

Cuando estuvo completamente duro me alejé y sus bóxers cayeron al suelo. Subimos a la cama y allí continué chupándoselo hasta que le pedí que me cogiera. Le pasé un condón, el último que me quedaba de mi dotación semanal y le ayudé a ponérselo. Poco a poco el látex fue bajando sobre su pene hasta que tocó la base, haciendo que su pene color moreno se viera brillante. 

El olor a látex me recuerda cuando perdí la virginidad, y marcó mis encuentros sexuales posteriores. Es un olor único que me recuerda mi adolescencia y las veces que me reuní con hombres que recién conocía por internet con quienes terminaba follando en el humedal Córdoba. Me encanta ese olor a condón recién abierto, y me produce un morbo único e increíble que ningún otro olor me hace sentir.

Nos sentamos de rodillas en la cama y nos besamos, abracé a #609 y me dejé llevar con sus labios y su lengua. Me ponía más duro con cada beso que me daba, y me imaginaba cuando lo tuviera adentro. Entonces se acostó mirando hacia el techo y extendió sus piernas, me senté sobre él y agarré su verga rozando la cabeza con mi ano. 

Hice movimientos sensuales para estimular su miembro, el cual ya estaba en la cúspide de su tamaño. Sentía ganas de metérmelo hasta el fondo pero todavía no era el momento. Mi culo empezaba a lubricarse con la punta rozando mi orto, y finalmente le pedí que me follara.

Me puse en cuatro y me abrí de piernas, #609 abrió mis dos nalgas y ensartó su herramienta en mi hueco de un solo intento. Lo metió suave y cuando llegó hasta el fondo me cogió duro. “¡Oh si!, ¡Dame verga!”, le pedí. 

#609 se encarnizó con mi culo, mis rodillas se resbalaron sobre las sábanas debido a la fuerza que ejercía con cada uno de sus movimientos. Es así como me gusta que me lo hagan, solo debo abrirme de piernas y dejar que me penetren hasta deslecharlos y sacarles la última gota. Mi placer está en poder darle placer a los demás.

“Me vengo”, susurró. Entonces supe que había cumplido mi cometido y segundos después dejó de moverse. “¿Te viniste?”, le pregunté para corroborar mi sospechas, y asintió con la cabeza. 

Dejó su pene adentro un tiempo y lo sacó hasta que disminuyó su tamaño. Mi ano estaba algo adolorido, pero había valido la pena. Cuando terminó me di cuenta que ya estaban por empezar las noticias de las 7pm. El tiempo se pasó muy rápido, me masturbé estando acostado desnudo sobre la cama y finalmente nos vestimos. 

Sentí vergüenza al salir del motel, siempre he sentido pena que gente me vean caminar en un lugar de estos. Creo que esto se debe a que el venezolano con el que perdí mi virginidad me pidió caminar a varios metros detrás de él y no hacer contacto visual con nadie cuando entramos al motel. En esa época no lo entendía, pero ahora sé que si lo veían caminando con un adolescente de 16 años se vería como un pedófilo. 

Puntuación: 8 de 10

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