#611. El que me quería preñar a la fuerza

Nos encontramos una noche sobre la carrera séptima, a pesar que me había enviado fotos de su cara no estaba seguro si podría distinguirlo bajo la oscuridad de la noche. Crucé la calle y allí venía #611, caminando en un vestido elegante negro y camisa blanca.

Medía 1.65, era moreno y tenía el pelo corto. Le pregunté donde quedaba su casa y señaló donde vivía, en los cerros. Primero tomamos un taxi, el primero de la fila de taxis que terminaba sobre la séptima. Los taxis que se parqueaban allí para esperar a la gente tenían la misma función que los bicitaxis en algunos sectores de la ciudad, y cobraban una tarifa fija de $2.000 para subir la montaña y acercar a la gente a sus barrios.

El trayecto se me hizo demasiado largo y a medida que subíamos me di cuenta por qué los taxis llevaban a la gente en lugar de bicitaxis: la pendiene de la montaña era muy empinada y subir toda esa distancia en bicicleta o caminando parecía imposible.

Llegamos al barrio de #611. Un lugar que parecía apartado de cualquier otra parte de Bogotá, #611 entró primero a su apartamento ubicado en el primer piso, lo hizo en silencio para asegurarse que su roommate no lo viera entrar conmigo, afortunadamente cuando llegamos su compañero no estaba.

Entramos a su habitación y cerró la puerta con seguro. Fue en ese entonces que logré ver los rasgos de su cara y su color de piel de forma clara, bajo la luz amarilla del bombillo de su cuarto. Me quité la ropa mientras él también lo hacía, me excitó ver como se desabotonaba su camisa blanca y dejaba al descubierto su pecho moreno.

Siempre me ha excitado ver a un hombre desvestirse, es el momento previo a cualquier acto erótico, donde las expectativas y el morbo se unen para crear una sensación indescriptible que hace que recorra sangre por mi pene para ponerme erecto. Debo confesar que no me gusta cuando un hombre que lleva una camisa elegante tiene puesta una camiseta o un esqueleto debajo, le quita toda la magia al momento.

Ver a un hombre desvestirse me recuerda mis primeros encuentros cuando estaba en el colegio donde me acostaba en la cama y veía al activo quitarse la ropa rápidamente antes de cogerme.

Quedamos desnudos y nos acostamos en la cama, y antes de mamárselo ya estaba duro. Su herramienta era de tamaño promedio, morena y rosada en la punta. La chupé un rato antes de colocar una almohada debajo de mi culo y abrirme de piernas para dejar que me penetrara.

Me sentía dilatado, después de cierta cantidad de polvos uno empieza a conocer su cuerpo. Uno sabe cuándo va entrar fácil y cuándo no, es verdad que el nivel de excitación, la relajación y la química con el otro son factores muy importantes.

#611 acercó su pene erecto a la entrada de mi ano y empezó a empujar la cabeza, mis deseos por sentirlo adentro se apoderaron de mí, luego sentí como su cabeza se fue deslizando con facilidad entre mi ano lubricado, sin embargo no estaba dispuesto a dejarme penetrar a pelo.

Ponte el condón“, le dije molesto. Me da rabia cuando lo van metiendo sin condón y sin el consentimiento de uno, como si uno no tuviera el derecho de exigir. Luego escuché la frase que he escuchado muchas veces. “Sólo la puntica“, susurró mientras intentaba meterlo todo.

Me tenía muy excitado, si lo hubiera permitido me lo habría metido hasta el fondo sin condón en dos segundos, pero era muy pronto. Dejé que jugara con la cabeza de su verga en la entrada de mi ano, y cada vez que sentía una presión para ingresarlo todo cerraba mi culo y me echaba hacia atrás.

Tiempo después de jugar con nuestras extremidades #611 no aguantó las ganas y se levantó de la cama rápidamente para buscar un condón. Le tomó más tiempo de lo que esperaba en encontrarlo, mientras tanto mis ganas de sentirlo todo adentro de una vez por todas aumentaban a niveles astronómicos y el tiempo se me hizo eterno.

Se colocó el condón rápidamente, como si tampoco quisiera esperar un segundo más para culiarme, entonces me abrí completamente de piernas y su verga ingresó de un solo intento hasta el fondo. “AHHHH!”, gemí de puro placer.

#611 se acomodó y empezó a follarme a un ritmo constante, no era muy rápido ni muy despacio, pero era una velocidad como si estuviera evitando correrse. Me miró directamente a los ojos y no dejé de mirarlo tampoco, era una mirada única como si quisiera darme a entender con sus ojos el placer que sentía en ese momento conmigo.

De repente, en medio de sus movimientos mientras me follaba el culo, de su boca salió algo que no me esperaba. “Puta“, dijo en voz baja como si le excitara llamarme así, pero como si le diera pena hacerlo. Tiempo después volvió a repetirlo: “Puta“, está vez lo hizo en un tono de voz más alto. Gemí más fuerte y me dejé llevar por su verga dentro de mí, finalmente sus movimientos constantes se volvieron menos intensos y empezó a moverse más despacio.

¿Te viniste?“, le pregunté. “No“, respondió. Estaba 99% seguro que lo había hecho, así que me aparté para sacar su verga dentro de mí. Comprobé mis sospechas, su pene estaba flácido y el semen colgaba del condón. Supongo que le dio vergüenza aceptar que se había corrido, tal vez porque no demoró mucho en hacerlo, pero tampoco considero que lo hizo en el lapso de tiempo para etiquetarlo como alguien precoz. Después de todo, estábamos muy excitados y si me hubiera masturbado, me habría demorado casi lo mismo.

Se levantó de la cama y botó el condón en el baño. Terminó cogiéndome una vez más esa misma noche, después de un merecido descanso de 20 minutos de haberse corrido. Como era de esperar, duró más tiempo la segunda vez que me folló y lo hizo más rápido y con más fuerza.

Me masturbé después que se vino por segunda vez. Cuando terminé de vestirme pensé lo difícil que sería volver a la séptima, pero me dijo que no debía preocuparme porque los mismos taxis que subían todo el tiempo, bajaban por la misma calle donde nos bajamos del taxi. Se vistió y me acompañó a tomar el taxi, no tuve que esperar más de 3 minutos en tomar uno que me volviera a llevar abajo.

Puntuación: 8 de 10

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