Aventuras con varias nacionalidades

Casi tres meses han pasado desde que vine a vivir a Londres y siento que el tiempo se ha pasado volando. Cuando visito una ciudad tiendo a hacer un recuento de mi experiencia, dando paso a posibles teorías basadas en mi experiencia, me gusta comparar mis expectativas con mis experiencias reales.

Debo admitir que mis primeras semanas aquí me sentí muy solo, pero ya me he acostumbrado. Cuando llegué cada vez que conocía a alguien me sentía como un “secuestrado recién liberado”. Para los que no entienden la analogía, imaginen todo lo que debe tener un secuestrado recién liberado para contar cuando lo liberan.

Leicester, la ciudad en la que viví hace años era muy pequeña, para mí era como un pueblo grande, por eso siempre disfrutaba los fines de semana que venía de visita a Londres. Leicester está ubicada a dos horas, y no hay mucho que hacer allí. A pesar de lo aburrida que me parecía Leicester disfruté mucho vivir en ella, sobre todo porque hice muy buenos amigos y salí de rumba como nunca.

Creo que ya me acostumbré a los días oscuros y fríos de Londres donde llueve todo el día, amanece a las 8am y el sol se esconde a las 4 de la tarde. La población en promedio es mayor que en Colombia o cualquier otra ciudad que he visitado, solo basta con montarse en el metro. Eso se traduce automáticamente en la proporción de hombres maduros acechando y dispuestos a comérselo a uno. Así como las Vegas es mi ciudad favorita para putear, Londres es la ciudad perfecta para los que buscan un “sugar daddy”. Grindr está lleno de ellos.

Lo anterior tiene sus ventajas, pues no es que todos los maduros sean viejos verdes y feos. Hay unos cuantos que aguantan mucho, y he tenido la oportunidad de conocer a varios que me han invitado a salir sin la condición de terminar en sus camas. Otro fenómeno de esta ciudad que aquí el “prep” es gratis para toda la población, incluso para los extranjeros. Solo basta con ir a una clínica de salud sexual para solicitarlo. Sin embargo, no he podido comprobar hasta qué punto esta política influye en la cantidad de sexo a pelo. Mi impresión es que los ingleses tienden a protegerse mas que los gringos con el uso del condón, un punto a favor de los ingleses.

La gran variedad de idiomas que uno escucha, razas y grupos étnicos que uno ve a veces en la calle y en el metro me hacen olvidar donde estoy. Aquí me siento como en la capital del mundo; ni siquiera en Nueva York experimenté ese sentimiento. Nunca había estado con hombres de tantas nacionalidades distintas: Australia, India, Sudáfrica,  Libia, Kazajistán, por nombrar algunos. Londres es particularmente una ciudad de Reino Unido donde la minoría son británicos y nacidos aquí mismo. “Were are you from originally?” es una pregunta tan común como preguntar el nombre o la hora, nadie parece ser de aquí.

La gente usualmente me pregunta si soy de Italia o Argentina, lo mismo me decían cuando viví en Leicester, y francamente ya no sé qué pensar al respecto.  En Leicester sufrí una crisis de identidad increíble porque cuando tenía que escoger mi grupo étnico al llenar cualquier formulario la opción “latino o hispanic” no existía, y tener que seleccionar la opción “Other” entre tantas opciones me indignaba. Esa experiencia acompañada de los juicios inmediatos de la gente sobre una nacionalidad que no correspondía a la mía me hizo llevar a cabo una extensa investigación en foros y en internet sobre el tema, aunque eso es algo que ya no me agobia.

Vivir en el centro de Londres tiene grandes ventajas. Me han dicho que es un privilegio vivir en la zona donde vivo y afortunadamente ya no me afectan los comentarios de mis compañeros británicos sobre ser un hijo de un narco o familiar de Pablo Escobar quienes no piensan que me pueden ofender. Estoy a dos cuadras de una estación de metro, a minutos caminando de Oxford Street: la calle mas famosa de Londres, y no me toma mucho tiempo llegar caminando al palacio de Buckingham. Tengo todo tipo de tiendas, supermercados y restaurantes a mi alrededor. Estar ubicado en una zona tan turística también me ha permitido conocer una buena cantidad de turistas extranjeros, hombres de negocios y “regulars” de todo tipo.

El polaco

Un peruano me confesó hace dos semanas que le gusto y cuando me habló de tener algo serio tuve que evadir el tema porque no quiero comprometerme con alguien, aunque es muy bueno en la cama. Un bisexual con cara de modelo que vive a pocas cuadras me escribe en las noches para culiarme cuando su mama está dormida, y aunque me gusta mucho he dejado de verlo porque su apartamento es literal como los que uno ve en “Acaparadores” de Discovery Channel.

Un británico con un fetiche particular ¡me hizo usar ropa íntima de mujer en la cama! me escribe cada vez que está arrecho, pero no me interesa ser su fuckbuddy. Hay un francés que me hace reír mucho con quien fui activo y disfruté metiéndoselo, es raro porque es alguien a quien considero un amigo y no me atrae mucho físicamente.

Con un asiatico

Un árabe con cuerpo de oso me ha escrito para volver a culiarme, lo que más me da morbo es su vergota y la cantidad de leche que deja en el condón cuando se viene. Particularmente el mejor gemido orgásmico que he escuchado provino de un auxiliar de vuelo canadiense que trabaja en AirCanada y siempre hospeda en el mismo hotel a pocas cuadras.

Hay un vecino guapo, maduro y con un cuerpo de gym que le gusta usar la expresión “Can I make love to you?” antes de metérmelo y correrse adentro, eso me vuelve loco. Pero me gusta aun más cuando me ofrece té o vino después de “hacer el amor” o “jugar al papa y a la mama”, así es como el describe nuestros encuentros.

Hay un polaco fisioterapeuta que es muy pasional en la cama, el sexo con el es simplemente espectacular, besa muy rico y podemos durar horas teniendo sexo, además es muy lindo conmigo y me ha invitado a comer varias veces, pero no he logrado comunicarme como quisiera con él porque su inglés no es muy bueno.

Con Elliot

Entre los hombres que he conocido aquí conocí a Elliot, un empresario australiano que vive en Londres desde hace varios años. No recuerdo haber tenido un sexo tan rico e intenso desde que estuve con John. Elliot le quitó el puesto al segundo mejor polvo de mi lista. Elliot tiene 34 años, un bronceado perfecto, ojos verdes, es rubio, musculoso y mide 1.87. El no es solamente una cara linda y un cuerpo lindo, sino que además de tener una personalidad arrolladora es extremadamente atento y tierno conmigo.

La primera vez que tuvimos sexo lo hice venirse 4 veces en menos de una hora, un récord. Desde entonces hemos tenido sesiones maratónicas de sexo que duran horas y continúan el día siguiente. Dormir a su lado es indescriptible, el sexo en la mañana con él es la mejor forma de empezar el día.

Ojalá me quedara así de fácil escribir mis ensayos que debo escribir para la universidad.

2 comentarios sobre “Aventuras con varias nacionalidades

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