#612. El que follaba como conejo

Quisiera aclarar a los cientos de seguidores que me han enviado mensajes para tener sexo conmigo, que agradezco muchos sus mensajes pero yo ya no vivo en Colombia, me vine a vivir a Londres desde el año pasado.

Antes de de hacer este diario público dudé mucho en qué nombre ponerle. Después de pensarlo bastante llegué a dos opciones: la primera era “Mis primeros 1,000”, y la segunda “Mi diario sexual secreto”. Terminé escogiendo la segunda opción porque una vez llegara a los 1,000 hombres, el primer título se haría obsoleto.

Finalmente decidí ir por “Mi diario sexual secreto”, un título más directo y que mejor representa el contenido de este diario-blog.  Considero que tomé la mejor decisión, pues a pesar que alguna vez vi imposible llegar a tal número, ayer estuve con el número 1,000 de parejas sexuales diferentes. Aclaro, cada uno de los 1,000 son hombres diferentes, pues en mi lista de excel cada número corresponde a un hombre diferente, independientemente si he tenido sexo más de una vez con el mismo, lo cual ha pasado con muy pocos.

#1,000 fue un bisexual de Gales (Wales) que estaba de visita en Londres y me invitó a su hotel. Para él, tal vez yo fui un polvo más, pero para mí fue algo más que un número. No porque el sexo hubiera sido espectacular o porque hubiera sido muy atractivo, de hecho, el sexo fue bueno, pero dentro de los estándares del promedio. Estar con el número 1,000 representa para mí algo mucho más que un simple número, pues es la cantidad de hombres con los que me propuse acostar para olvidar a John, quien es #23.

Nunca me imaginé que al llegar al #1,000, John ya no estaría en este mundo. En cierta medida, todavía no logro creer que haya muerto, porque su partida me recuerda a esas historias de amor trágicas que uno ve en la televisión, en las películas o en los libros, que uno piensa que nunca le va a tocar vivir a uno. 

Mientras caminaba hacia el Hilton donde se estaba quedando #1,000, Me recordó cuando perdí mi virginidad, porque era la primera vez en mi vida que tenía sexo con 1,000 hombres. Extrañamente me siento de alguna forma virgen otra vez.

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Tomé un Uber hacia el apartamento de #612. Llegué antes de lo esperado, y como se me hace que está mal visto llegar antes de la hora acordada, esperé abajo de su edificio en un Panpaya. Cuando llegó el momento subí en el ascensor hacia el apartamento de #612, abrió la puerta un hombre en pantaloneta y sin camiseta. Se veía mucho mejor que las fotos que me había enviado.

En este mundo hay dos tipos de personas: los que se ven mejor en vida real que en fotos y los que se ven peor en vida real. Era tan alto como me lo imaginaba, pero era más musculoso, y se veía más adulto, más hombre en cierto sentido. Debió ser su barba, definitivamente era más peludo que sus fotos.

Sus piernas estaban cubiertas por su grueso vello castaño; y cuando subí mi mirada para analizar su lindo cuerpo, noté que estaba empezando a crecer pelo delgado de color marrón oscuro justo en el medio de su pecho que conducía a una línea de pelo cada vez más gruesa que corría a través de sus abdominales definidos, una línea se extendía hasta el bulto en su pantaloneta corta de natación. Ese bulto, que ocultaba su verga, me desconcentró a tal punto que dejé de escuchar lo que me estaba diciendo. Me preguntaba, ¿cómo se vería desnudo? Tal vez sus bolas son tan peludas como sus piernas, y tal vez es más vergón de lo que parece.

Entonces reaccioné y tuve que pedirle que repitiera lo que me estaba diciendo. En realidad no fue una conversación muy larga, fue el típico: “como estas?”, “de donde vienes?”, pero cuando uno quiere llevarse a alguien a la cama porque está más bueno que el pan con mantequilla cualquier cosa que dilate la follada puede parecer una eternidad. Una vez entramos a su habitación cerró la puerta con seguro, eso fue todo lo que necesitó para empujarme hacia la cama y empezar la faena.

Me senté en su cama, se arrastró encima de mí y me agarró el culo. Froté su trasero con mis mis manos y lo presioné contra mí, empujando su verga sobre la mía, la cual para mi sorpresa, ya estaba dura. Comenzó a mover su pelvis hacia arriba y hacia abajo, llevándome a un frenesí de placer inesperado. Mi mano derecha encontró el camino hacia su verga y la tomé. Se sentía cálida y #612 se retorció de placer cuando comencé a jarlársela, pude sentir sus suaves gemidos en mi oído mientras respiraba en mi cuello.

Luego interrumpió y subió su cuerpo ahorcando mi cuello mientras estaba sentado sobre mí. Puso su mano alrededor de nuestras dos vergas uniéndolas. Comenzó a sacudir nuestros dos penes al mismo tiempo. Sus ojos se fueron a la parte posterior de su cráneo. Bajé mi mirada para divisar su hermoso pecho perfectamente esculpido, y esa pequeña mota de cabello justo en el medio

Moví mi cintura al ritmo de su mano, mientras él jugaba con nuestras dos herramientas. Sus bolas descansaban sobre las mías, podía sentir el peso de ellas presionando. #612 no es de los que les gusta besar, con el tiempo fui aprendiendo cuando es prudente besar a un hombre o no sin necesidad de preguntarle: “te gusta besar?”, pues por mucho tiempo fui de esos que no le gusta besar. El morbo creció y me leyó la mente en el momento indicado: se levantó para follarme. Sacó una caja de Today lubricados de su mesa de noche. Puedo expresar con palabras cuánto morbo me causa ver a un hombre con la verga dura poniéndose un condón?, no lo creo.

Antes el olor a látex me parecía bastante fuerte, no me parecía desagradable, de hecho me excitaba demasiado, era de esos olores que se quedaban en mi nariz durante todo el acto sexual y me recordaban mis primeros encuentros sexuales. Ese olor ya casi ni lo siento, es como si mi olfato ya se hubiera acostumbrado al olor a látex. Cuando terminó de ponérselo vi la cabeza roja de su pene cubierta por un brillante perfecto, y me pidió específicamente que me acomodara para follarme en cuatro. A decir verdad, me excita cuando un hombre tiene tanta seguridad de la posición en la que quiere cogerme, eso demuestra seguridad y determinación. No hubo necesidad de mamárselo, él iba a la fija, necesitaba desfogarse con mi culo y no iba a esperar un minuto más para tener su verga adentro.

Colocó su mano sobre mi boca, su otra mano tirando de mi hombro para obtener el máximo control y apuntó su verga, metió la punta “suavecito” tal como como le pedí. Si tan solo supieran lo importante que es cuando el activo lo escucha a uno en un momento tan importante como cuando entra la verga. Entonces lo fue metiendo poco a poco, esperando que mi esfínter se abriera un poco antes de abrirlo con otro empuje. Ahogado con su mano en mi boca, comencé a gemir de placer, con su pelvis golpeando contra mis nalgas mientras insertaba más profundo cada centímetro de su verga. Gemí con cada uno de sus empujes, hasta que la metió toda. De ahí en adelante todo fue placer.

Rápidamente sus empujes ya no eran suaves como al inicio, sino que parecíamos conejos follando. Sus dos manos presionaban contra mi cintura, mientras mi cuerpo se balanceaba con su verga deslizando hacia adentro y afuera como una coreografía de nado sincronizado, una armonía perfecta producto del sexo más intenso que puede haber entre dos hombres.

Se inclinó sobre mí, y sentí su pecho sudoroso en mi espalda resbaladiza con su mano en mi hombro. Envolvió mi verga con su mano. A partir de ahí, sus movimientos se volvieron más duros y más rápidos. Sus bolas chocaban a toda velocidad contra mis nalgas, una y otra vez, mientras apretaba su verga hacia al fondo en mi recto. Mis gemidos se volvieron gruñidos. Su pelvis y bolas me golpearon duro, y sabía que #612 no iba a durar mucho más.

Me quitó la mano de la boca y me agarró la cintura con las yemas de dedos incrustadas sobre mi piel. A medida que avanzaba más profundo, más rápido y más fuerte, sentí que su pene se estaba inflado al máximo mientras yo luchaba por sostenerme. Finalmente dejó de moverse, pero la excitación del momento y mi instinto animal me hizo quere continuar moviéndome, no estaba dispuesto a parar.

“Me vas a hacer venir“, dijo en voz baja. Podía sentir toda la longitud de su verga bombeando dentro de mí, y sabía que #612 estaba cerca de llegar al orgasmo, pero paró de moverse porque no quería venirse todavía. Entonces continué moviéndome más rápido, hasta que finalmente dio un fuerte empuje, pulsando profundamente adentro.

El placer hirvió para mí cuando su verga dura palpitó en mi esfínter, y giré mis caderas desesperadamente hacia él con ansias de sacar su última gota de semen, mis piernas temblaban mientras #612 arrojaba su esperma a toda velocidad en el condón. Di otro par de movimientos hacia atrás con cada uno de mis gruñidos que se desvanecían, sacando los chorros finales de leche que #612 había depositado en el condón. 

Nos separamos, sacó su verga con cuidado, y botó el condón con su preciada leche adentro en el baño. Cuando volvió a la cama se acostó al lado mío y me corrí mientras acariciaba su hermoso pecho esculpido. Cuando terminé no esperó para empezar a vestirse. Divisé por última vez ese cuerpo delicioso antes que se pusiera la camiseta, y me agradeció por haber ido antes de cerrar la puerta. 

Puntuación: 10 de 10

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