#613. Follado por el moreno en el baño del bar

He conocido una cantidad de hombres en bares aquí en Londres, generalmente le doy prioridad a los de mi edad preferida: los que están entre 30 y 35 años. A veces intercambiamos números, a veces termino mamándoles la verga. Algunos me ofrecen trago sin límite, y sé muy bien lo que significa eso, pero no termino acostándome con ellos porque prefiero continuar disfrutando de la noche. Sin embargo, de vez en cuando, me siento abrumadoramente tentado de irme a la cama con alguien que encuentro verdaderamente atractivo.

La situación era diferente cuando concía a alguien en un bar en Colombia porque usualmente ninguno de los dos tenía sitio, así que la arrechera nos llevaba a terminar follando en cualquier lugar: una residencia o en cualquier parte del mismo bar. Los baños siempre eran el lugar más fácil para tirar.

#613 era moreno, de ojos negros, cara ovalada, medía 1.70. Su expresión corporal y su mirada irradiaban mucha seguridad, eso siempre me ha atraído en un hombre. Cuando lo vi no causó mayor interés en mi, tampoco no me imaginaba lo que iba a terminar haciendo con él. Solo era alguien más mirando su celular como lo hacen muchos hoy en día para evitar la incomodidad de sentirse solos.

#613 (nunca supe su nombre como con el 99% de hombres con los que he estado) chocó contra mí después de bajar la escalera. La mirada frenética en sus ojos y su sonrisa esporádica llamó mi atención repentinamente. No pasaría mucho tiempo antes de estar semi-desnudos en el mismo baño, gruñendo y gimiendo mientras me bajaba los pantalones. Una mano apretó mi culo, la otra me masajeó la cremallera.

Se quedó callado, y solo pude decir: “Qué rico” mientras estiraba mi mano para rozar su entrepierna. A veces me gustaría decir algo más original para expresar mi excitación.

Qué hace alguien como usted por aquí solo?“, susurró a mi oído. “Me gustan sus labios”, continuó.

Me quedé sin palabras, estaba en modo: “orgulloso”. Para los que no saben a qué me refiero con ese estado, a veces me gusta sentir la necesidad del otro por hacer algo conmigo hasta que me presiona. No le dije que estaba duro de habérmelo encontrado de esa manera inesperada. No le dije que mi mente se estaba volviendo fuera de control con la forma como me había tocado, desesperado por probarlo; pero estoy seguro que él pudo sentir ese deseo en mí  cuando miré hacia el baño para entrar con él.

Cerramos la puerta del baño con seguro, #613 agarró un puñado de mi pelo y presionó mi cara contra la pared, la cual se sentía fría en comparación con mis mejillas calientes y sonrojadas.

Bajó su cremallera y sacó su verga erecta, le medía 17cm, era ligeramente gruesa en la punta y se hacía delgada hacia las bolas. Sacó un condón de su bolsillo y se lo puso rápidamente. Bajó la tapa del inodoro y se sentó en él.  La excitación del momento hizo que me bajara los pantalones y me senté encima de sus muslos. Apunté la cabeza de su verga hacia mi ano y en segundos la sentí toda adentro con la cabeza de su verga presionando el núcleo de mi ser.

“Qué rico comérmelo aquí”, dijo en voz baja, presionando todo su cuerpo contra mí, sujetándome para no caerme. Alguien tocó la puerta del baño, pero #613 siguió adelante.

Que se esperen“, susurré cuando terminó de ensartar su verga adentro. Grité mientras aceleraba mi cabalgada, la cual se transformó en movimientos bruscos que me hacían sentir como si su verga activara mi cerebro como una droga. Luego, de un momento a otro, #613 daría unas embestidas dentro de mí, haciendo que los inconfundibles sonidos de los golpes de sus muslos chocando contra mi trasero resonaran tan duro que estoy seguro se podía escuchar afuera del baño.

El chismoso que estaba afuera dejó de tocar la puerta. El repentino silencio me hizo gemir más duro, pensando que nadie podría escucharnos, pero aún así continué cabalgándolo y gimiendo fuerte hasta que me agarró fuerte de la cintura, me cargó y me llevó contra la pared.

No pude controlar mis gemidos mientras él plantaba besos en mi cuello y mi mejilla de mi cara.

Le gusta?“, susurró, lamiendo el lóbulo de mi oreja con su lengua. Un escalofrío violento corrió por mi columna vertebral, pero eso solo hizo que mi esfínter se apretara. “Me encanta!”, exclamé. No me importó que me escucharan, de hecho, me excitó saber que había gente espiándonos al escuchar sonidos provenientes de afuera.

Sabía que me despertaría al otro día con moretones oscuros en el cuerpo. Mientras me follaba me imaginaba las marcas que el hombre moreno del bar dejaría en mi cuerpo por un par de días, ver esos moretones los días posteriores serían un recuerdo excitante de esa noche.

Cuando dejan en mí ese tipo de pruebas de un momento de lujuria que perduran con el tiempo me llevan de vuelta a esos instantes de placer de los que los demás disfrutan de mi cuerpo.

Sus embestidas continuaron ganando impulso. Podía sentir la presión y el esfuerzo de #613 por cargarme acumulándose en sus brazos y las venas de su cuello. La forma en que me besó se acentuó ferozmente como si se estuviera muriendo de hambre y tuviera que devorar cada centímetro de mí antes de eyacular. Cuando finalmente no pudo aguantar mi peso, y admiro la cantidad de tiempo que fue capaz de cargarme contra la pared del baño, mi cuerpo se deslizó suavemente hacia abajo hasta que caí sobre el suelo con #613 encima mientras su verga estaba todavía adentro.

Presionó su cuerpo contra el mío, y me vi en una incómoda pero excitante posición donde mi espalda rozaba contra el suelo. Empujó su verga contra mi cuerpo, apretando su nariz contra mi clavícula, mientras hacía un esfuerzo por mantener mis piernas abiertas para que pudiera continuar cogiéndome.

Enterró su verga una vez más y noté el éxtasis en su mirada. Hasta el último momento de su orgasmo, mis caderas seguían moviéndose a causa de sus movimientos. Se balanceó sobre mí y con mi culo apretándose para darle el mejor orgasmo, masajeando cada centímetro de mi ano con su miembro mientras mi cuerpo le rogaba que se corriera a chorros. Se retorció con cada disparo, llenando el condón con su esperma caliente. Mi cuello amenazaba con quedar lisiado mientras #613 se estremecía cada gota de semen que tenía para ofrecer.

Cuando terminó, dio un paso atrás con un suspiro. Estaba sudando cuando su verga se deslizó fuera, liberando el desastre que hicimos para follar en el suelo. Me ayudó a levantarme, botó el condón usado en el inodoro y se subió el pantalón. Me dio una palmada en el trasero, luego abrió la puerta del baño y lo vi alejarse como un fantasma.

Me subí los pantalones, y salí del baño. Habían varios tipos asomados. No volví a ver a #613 esa noche, supongo que se fue después de haberme cogido.

Puntuación: 6 de 10

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