#614. El que me reconoció en las cabinas

Llevaba tiempo sin ir a cabinas, y me dieron ganas que me cogieran uno o varios como lo habían hecho en ocasiones anteriores cuando visité el lugar. Cuando llegué, miré todas las cabinas hasta que encontré una que me pareció cómoda. Entré y cerré la puerta. Las veces que había ido, raramente mostraban videos que me gustaran en los televisores, pero esta vez estaban dando uno que me pareció excitante. El video era sobre un joven con uniforme de futbolista que se desnuda lentamente para su entrenador. Cuando el joven se bajó la pantaloneta, mi pene se puso inmediatamente duro.

La mayoría de los videos que había visto allí solo mostraban mamadas y sexo anal; nunca mostraban seducción, solo chupadas y culiadas entre actores de porno gay. Me excita mucho más el sexo “amateur”, el del día a día que no tiene tanta formalidad, ni escenografía, ni iluminación de estudio barato.

Después de unos minutos de ver el video comencé a desnudarme. Había dos sillas en la cabina y puse mi ropa en la otra silla. Cuando iba a ese lugar siempre podía sentir un olor a sucio que se caracterizaba por una mezcla entre sudor, ambientador barato y semen rancio, a veces fresco. No es que eso me pareciera desagradable. De hecho, ese mismo olor me encendía increíblemente. Había algo en la suciedad de aquel lugar que parecía hacerlo más tabú.

Me levanté de la silla y me dirigí al glory hole para revisar si había alguien en la otra cabina. Me agaché para mirar a través del agujero. Había alguien en la cabina de al lado sentado en una de las sillas, se estaba masturbando y viendo un video. Observé al hombre jugando con su verga por un momento. Contemplé cuando se corrió el tipo y cuando terminó de masturbarse salió y otro hombre entró en la misma cabina. El nuevo hombre se quitó la camisa y luego se bajó los pantalones. Pude ver su trasero entre la oscuridad y continué mirándolo a través del agujero.

El hombre miró hacia el agujero y luego se acercó. Me aparté de la pared y el hombre acercó su dedo. Sabía que esto era una señal que estaba interesado. De repente, el tipo introdujo su pene erecto a través del glory hole. El pene medía aproximadamente 15 cm de largo, no era ni muy delgado ni grueso, y tenía una curva ascendente. Lo miré, luego extendí la mano y lo toqué suavemente. Acaricié la base y luego la agarré con los dedos dejando que mi pulgar frotara la protuberancia debajo de la cabeza.

La verga se veía muy provocativa. Me agaché y lamí el glande dejando que mi lengua se deslizara por la parte inferior de la cabeza. Luego deslicé el pene dentro de mi boca llevándolo hasta lo más profundo que pude. Poco después, el hombre en la otra cabina se alejó, se agachó para susurrarme algo pero no pude escuchar. Acerqué mi oreja al agujero para oírlo.

“¿Puedo ir?” preguntó el hombre en voz baja. La cabina en la que yo estaba era lo suficientemente grande para los dos.

En ocasiones anteriores podían entrar hasta 15 hombres diferentes a mi cabina en una misma tarde. Me excitaba dejar el glory hole abierto para que los demás pudieran masturbarse mientras veían como me follaban.

Había estado una vez en un video en el centro de Bogotá donde varias de las puertas de las cabinas no se podían cerrar correctamente y en esa ocasión varios de los hombres aprovecharon para abrir la puerta. Al principio me incomodó pero luego lo encontré inevitablemente excitante y me acostumbré a estar desnudo con una verga erecta en mi culo o mi boca mientras los demás veían como me cogían, y así iban entrando uno por uno, como si fuera alguien con quien todos tuvieran derecho a estar. 

Recordar esas experiencias me excitan. Me recuerdan al joven común y corriente que se reunía en horas de la mañana en el Oma con sus amigos y en la tarde terminaba en un video gay untado de semen y fluidos corporales de varios. 

Está bien”, le respondí después que me preguntó si podía venir a mi cabina. El hombre se puso de pie y comenzó a ponerse la ropa. Parecía tardar mucho en vestirse hasta que finalmente dejó su cabina y se acercó. Le abrí la puerta para que entrara y cuando la cerró empezó a quitarse el cinturón.

Lo miré de pies a cabeza con morbo, parecía costeño, probablemente tenía 32 años. Era acuerpado, no precisamente musculoso ni gordo. Cuando se terminó de quitar la camisa noté que tenía un buen pecho, luego tomé sus pantalones y los jalé hacia el piso. Llevaba calzoncillos blancos y claramente se notaba la erección, estiré  mi mano para sentir su miembro. Al mismo tiempo, el hombre tocó mi verga rígida.

Pensé que al él le gustaría ver un poco más, así que me eché hacia atrás y tiró mis boxers hacia abajo. Soltó una mirada de lujuria y terminó por quitarse la ropa interior. Dejé que acariciara mi verga por un momento antes de ponerme en cuclillas para chupar su verga como lo había hecho cuando el hombre estaba en la otra cabina y solo su verga era visible. Después de sentir el sabor a precum en mi boca, le pedí que no se corriera en mi boca todavía. El hombre asintió y dijo que no lo haría.

Estar arrodillado se volvió incómodo para mí, así que me levanté y me senté en una de las sillas. #614 comenzó a sacudir su verga e hizo una seña para que pusiera mis pies sobre sus hombros. Coloqué mis pies rodeando su cuello y lamí su tetilla izquierda y luego su tetilla derecha, el hombre gimió. Dejó que mis manos deambularan libremente por su espalda y su culo, y ocasionalmente le acaricié las bolas mientras rozaba su miembro contra mi abdomen.

Cuando bajé mi cabeza para colocarle el condón #614 me hizo saber que preferiría follarme en cuatro. Me volteé y coloqué las palmas de mis manos sobre la pared para sostenerme, volteé a mirar hacia atrás y mientras me acomodaba lo vi sacudir su verga, esa es la señal para saber que un hombre está listo para culiarme.

Poco a poco ingresó su aparato reproductor en mi ano, y de repente lo tuve todo adentro. Me agarró de la cintura y sus movimientos constantes acompañados del morbo que me producía ser follado en ese lugar, donde había deslechado tantas vergas con mi culo y mi boca, me llevaron de vuelta a esas tardes de lujuria. 

Gemí sin pena ni miedo, sabía que podían escucharme. Me folló por aproximadamente cinco minutos. #614 no era alguien que se podía venir follando, y no me importó, al menos se mantuvo duro todo el tiempo.

Finalmente, sacó su verga y se quitó el condón. Empezó a masturbarse frente a mí y divisé esa cara semi-orgásmica que reconozco tan bien. Hice unos movimientos sexuales, invitándolo a que me diera toda su leche. La excitación del hombre aumentó hasta que se corrió sobre mi cara. Me sorprendió ver toda la leche que tenía para darme. Tomó papel higiénico del bolsillo de sus pantalones y me ayudó a limpiar el semen de mi cara, luego se limpió el semen restante que había en su pene. Mientras tanto, me levanté como vi que se estaba preparando para irse, comencé a vestirme también.

Antes de salir de la cabina insinuó algo que ya no me parecía tan raro escuchar, me preguntó si yo tenía una cuenta de twitter, y no lo negué. “Te llamas Santiago?”, continuó. En ese momento supe que él sabía quién era yo, a pesar que no habíamos hablado mucho. Viviría esas experiencias donde era reconocido más seguido en el futuro. 

Te escribí hace un par de meses pero nunca nos vimos”, dijo. Cuando me dio su cuenta de twitter confirmé que sí habíamos hablado. Me había propuesto tener sexo en una bodega del edificio donde trabajaba, pero nunca concretamos nuestro encuentro porque él solo podía en horarios que yo no podía.

Se terminó de vestir y salió de la cabina. Decidí quedarme otro rato y me masturbé viendo uno de los videos que pasaban en el televisor, finalmente me vestí y salí del lugar. Me fui a casa recordando lo que había vivido ese día, y pensando en la coincidencia que ya se había vuelto algo relativamente normal al tirar con desconocidos, la de estar con alguien que podía recononcerme por mis gemidos, mi cuerpo o mis comentarios.

Puntuación: 7/10

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