#615. El abogado alcohólico

Siempre hay una primera vez para todo. El primer pene que vi en mi vida no fue precisamente el del venezolano con quien perdí mi virginidad. En uno de mis viajes a Estados Unidos, debía tener unos 10 años, hicimos un viaje en carro desde Florida hasta Virginia. Fue un viaje extenso de unas 18 horas por una autopista recta sin curvas ni montañas como las carreteras de Colombia. De vez en cuando hacíamos paradas para ir al baño, tanquear el carro o comer algo. 

El día que empezamos el viaje paramos tarde en la noche para comer en un restaurante. Antes de volver al carro aproveché para ir al baño y orinar, ese mismo día había tenido que aguantar muchísimo debido a mi pequeña vejiga, y no sabía cuándo íbamos a volver a parar en una estación de gasolina o un restaurante donde hubiera un baño.

Entré a uno de los cubículos para orinar, pues los orinales eran muy altos para mí en ese entonces. Cuando terminé de orinar salí del cubículo y al frente había un hombre de unos 35 años, alto, rubio de ojos azules sacudiendo su pene como cuando un hombre está terminando de orinar.

El hombre me saludó y sacudió su pene con más fuerza, como si quisiera que yo bajara mi mirada para ver su miembro. Mi reflejo automático fue bajar mi mirada y vi la cabeza de su pene. Era rosada, muy gruesa y el prepucio era muy notorio. El hombre me hizo señas para que me acercara, pero no supe qué hacer y me quedé de pie sin hacer nada.

Entonces extendió su mano y me tomó del brazo. Mis nervios hicieron que me echara para atrás, pero sin darme cuenta había ido hacia la pared opuesta al lugar donde estaba la puerta del baño. No había nadie más en el baño y el restaurante estaba prácticamente solo por la hora. El hombre continuó frotándose el pene y bajó su mano hasta la base para masturbarse.

A medida que se fue acercando hacia mí, mi corazón empezó a latir, no había forma de salir del baño sin pasar a pocos centímetros de distancia del gringo. Entonces me quedé callado, de pie, esperando a que alguien llegara para salvarme. El gringo se subió la parte frontal de su camiseta detrás de su cuello y continuó masturbándose cada vez más rápido con su pene a pocos centímetros de mi cara. 

Era difícil no mirar a otra dirección cuando su pene era el centro de atención del momento, entonces un líquido blanco y espeso salió a chorros de la punta de su pene, cayendo sobre el suelo y manchando mis zapatos. El hombre se apartó para limpiarse y cuando noté que se había distraído, salí corriendo de allí. Cuando volví al carro mi corazón latía a toda velocidad, y mi mamá me preguntó por qué me había demorado tanto, pero nunca le dije eso a nadie.

La primera vez que estuve con un hombre borracho mientras yo estaba sobrio fue con #615. Conocí a #615 por Grindr, empezamos a hablar por la aplicación días antes de follar. Compartimos fotos y la cercanía favoreció nuestro encuentro. Una tarde que no estaba su roommate fui a su apartamento. Apenas abrió la puerta noté algo raro en él. Actuaba de forma extraña. Se disculpó por el desorden de la sala porque se había mudado hacía pocos días con un roommate y me llevó a su habitación.

Puso porno en su SmartTV marca LG, y me sorprendió la tecnología laser del control remoto. Me habían comprado un Samsung igual de moderno recientemente pero no tenía la opción laser. Cuando me senté en su cama pude sentir el olor a alcohol que expedía su boca y le pregunté qué había estado tomado. Me mostró una botella de ron casi vacía, y mi impresión inmediata fue que era alcohólico. No eran ni las  2 de la tarde y ya estaba borracho, un día entre semana, qué más podía pensar de él.

Me atrajo hacia él para besarme, pero no quise hacerlo por el olor a ron de su boca. Mientras me hablaba, muchas cosas empezaron a pasar por mi cabeza. Sentí unas leves ganas de irme, pero mi deseo por hacerlo venir lo impidieron. Con el tiempo empecé a sentirme cómodo, y con su conversación logró darme una confianza genuina a pesar de su estado.

Se quitó los boxers y dejó al descubierto un pene semi-erecto, relativamente pequeño. Mi fascinación por las bolas de #615 comenzó en ese instante. Estaban sueltas, y la piel de su escroto era suave y húmeda. Nunca antes me había centrado en las bolas de alguien, pero me gustaban las de #615. Rodeé cada uno de sus testículos en forma de huevo con mi lengua. Con suaves lengüetazos , tracé una línea imaginaria con mi lengua desde su perineo, hasta sus bolas, pasando por debajo de su pene hasta llegar a su glande.  Chupé su precum y #615 se retorció, agarró mi cabello con fuerza y gimió. 

Volteé hacia arriba para mirarlo y noté sus ojos de borracho. Ahora entendía qué se siente estar con alguien que está bajo los efectos del alcohol. La diferencia era que yo no era el borracho, sino el otro. No me excitaba el olor a ron que emanaba de él, y mi mente se nubló mientras imaginaba qué habrán debido sentir los demás cuando tuvieron sexo conmigo mientras yo estaba ebrio. Sería excitación? Asco? O les daba igual?.

Una noche en un bar de Chapinero me encontré con #107, un barman que me encantaba y por quien visitaba el bar donde él trabajaba, iba allí nada más para verlo. La noche que estuve con #107 fue en el mismo bar donde él trabajaba, lo hicimos cuando yo acababa de recuperar mi conciencia después de una noche desmedida de tomar cerveza. La última vez que me encontré con #107 fue en un bar diferente, él  no era el barman allí sino un cliente. Yo estaba prendido, pero no ebrio, #107 hizo un gesto de desprecio, me reprochó por estar siempre tomado y me alejó de él.

Respiré profundamente y me senté sobre el abdomen velludo de #615. Me dispuse a disfrutar del momento. Si hay algo que admiro de la gente adulta es su capacidad para actuar como sobrios y poder mantener una conversación normal cuando están en la peda más tenaz, #615 tenía esa capacidad para mantenerse cuerdo . Yo en cambio, hago el oso y actúo como un completo estúpido. Lamí sus tetillas como una madre canina lamiendo un cachorro entre las piernas. Bajé mi cara, presioné mis labios contra su verga y metí el eje poco a poco dentro de mi boca.

La verga de  de #615 pareció hincharse en mi boca. El hecho que fuera la verga de un borracho, causó una respuesta de salivación en mi boca. Hice que su pene se volviera realmente mojado y duro. 

Alcanzó un condón de su armario. Masajeé sus bolas y sostuve su verga para ensartármela toda y cabalgarlo. Olvidándome por completo de su estado, mantuve una mano sobre su pecho, y me acomodé hacia atrás para abrir las piernas. Aumenté la succión de mi ano mientras apuntaba la cabeza hacia adentro, #615 produjo un ruido de placer mientras seguía disfrutando de la succión.

Me agarró fuerte de la cintura mientras meneaba mi trasero. #615 se quedó quieto, dejándome todo el trabajo a mí. Sentí que sus bolas se retraían hacia mi cuerpo, y pocos minutos después advirtió que se estaba corriendo. Me arqueé hacia atrás. #615 hizo ruidos de orgasmo y se retorció hasta que terminó.

Me aparté solo hasta que dejó de hacer sus gestos orgásmicos, sus labios se cerraron y cuando se quedó quieto, aproveché para levantarme despacio. Jalé el condón y lo boté en el suelo. Estaba agotado y me acosté encima de él durante unos segundos antes de empezar a vestirme, ninguno de los dos habló durante un tiempo hasta que estuve listo. Me acompañó hasta la puerta y al salir sentí un alivio que todo hubiera salido bien. 

Puntuación: 5 de 10

4 comentarios sobre “#615. El abogado alcohólico

    1. seria muy bueno que pusieras el link del vídeo al final de tu relato. pero solo es una sugerencia gracias por compartir tu contenido tus historias me entretienen me encanta leerlas.

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