#616. El diseñador gráfico lindo

Estaba despierto esperando a que mis papas se fueran a dormir para salir en silencio a la casa de #616. Admito que siempre sentí nervios de escaparme tarde en la noche o en la  madrugada para tener sexo con alguien. Con el tiempo me convertí un experto para que no me escucharan al escaparme, aprendí a caminar en el piso de madera, a cerrar la puerta con cuidado, a saber cuándo era el momento propicio para salir.

La adrenalina del momento al escaparme acompañado de la excitación era un sentimiento que me revolvía el estómago pero me hacía sentir más vivo que nunca, era tal vez el momento más emocionante del día o de la semana.

#616 era un seguidor de twitter a quien siempre le tuve ganas desde el día en que me envió un mensaje. Se veía tan serio, tan interesante y guapo a la vez en las fotos que me envió. Su foto de perfil mostraba un perfecto omóplato en una selfie tomada contra el espejo de un baño. Se veía parte de su barba, su nuca y la parte trasera de su cabeza.

Su quijada era prominente y masculina, producto de una buena dotación de testosterona. Su hermosa espalda me hizo inferir que estaba hablando con un hombre que había sido bendecido por la naturaleza y sus genes. Mi interés por conocer a #616 nunca disminuyó a pesar que pasaron meses hasta que finalmente nos conocimos. Siempre estuvo dentro de mi lista de polvos pendientes, a los que les doy prioridad por encima de los demás. Le escribí en varias ocasiones pero él es un hombre muy ocupado, o tal vez un poco rogado?

#616 ha sido uno de los pocos a quienes he buscado para concretar un encuentro. Finalmente llegó el día y la hora, fue un día entre semana que me avisó que su roommate estaba de viaje. Era casi medianoche y pedí un Uber, salí en silencio de mi casa camino a conocer a #616.

Cuando llegué le avisé por el celular y tuve que esperar un par de minutos afuera antes de abrirme la puerta de su edificio. Me recibió un hombre sonriente de 1.75m aproximadamente, blanco, de labios rosados, muy guapo. Me hizo señas para que lo siguiera, desde el momento en que lo vi supe que era de esos pocos hombres con los que puedo decir que tuvimos verdadera química.

Llevaba puesta una camiseta negra y boxers, lo morboseé durante todo el trayecto, subiendo las escaleras hasta que llegamos a su apartamento. Cuando entré a su habitación vi un mundo de cosas que me parecieron de arte, afiches, libros y muñecos de plástico pequeños como de colección. Resulta que #616 era un completo geek, y aunque no recuerdo exactamente qué tipo de cosas había en su cuarto, podríamos decir que es de esos hombres que les gusta el metal, pokemon, o el anime, por ejemplo. Pero lo que sí recuerdo es lo que teníamos en común, además de sus aficiones le gustaba Harry Potter y tenía toda la saga de libros. 

Nuestra conversación se extendió más de lo que me imaginaba, y aunque a veces me aburren los hombres excéntricos que solo hablan de lo que les gusta o de su profesión, disfruté mucho escuchar a #616 sobre lo que le gustaba. No sé si era porque me sentía muy atraído hacia él, o si su carisma y su amabilidad me tenía derretido, pero deseé que no dejara de hablar porque me perdí plácidamente entre sus ojos de varios colores, entre verde, gris y café. 

Me contó que es diseñador gráfico. Contamos anécdotas, y compartimos muchos pensamientos. #616 me habló como si yo fuera un amigo a quien no veía hacía mucho tiempo, no como Santiago el que fue a su apartamento para culiar solamente.

El tiempo pasó y nos empezamos a poner calientes, su voz, sus palabras y todos los átomos que componían su cuerpo me empezaron a poner duro. Después de hablar por un buen tiempo las cosas tomaron un rumbo erótico, como era de esperar. Sucedió en el momento indicado, cuando los dos nos miramos para dar inicio a nuestra velada de pasión por la cual fui a su casa.

Acercamos nuestras bocas y nos dimos nuestro primer beso, ese sería el primero de muchos. Había esperado ese momento por mucho tiempo, y la intensidad en la que lo viví me hizo poner más duro de lo que estaba. Nos terminamos de acomodar y nos acostamos extendidos sobre su cama. Deslicé mi mano hacia abajo para palpar lo que había entre sus piernas, era tal cual como me lo imaginaba. Un bulto creciente predominaba allí abajo, y mi mi mente pensaba en lo afortunado que era de tener a ese hombre solamente para mí en ese momento. 

Estaba dispuesto a disfrutar cada beso, cada caricia y cada segundo de estar a su lado. La química y la pasión que corría por mi piel mientras me tocaba la espalda, mi pecho y mis nalgas me llevaron a una sensación de éxtasis a la que no estaba muy acostumbrado. Entonces se levantó para quitarse la camiseta y dejó al descubierto su hermoso pecho velludo. Por fin era mía esa espalda con la que había fantaseado tanto, pero me sorprendió más ver sus pectorales naturalmente perfectos, lo cual me hizo dudar si su torso era producto del gimnasio o si su fisionomía era así.

Terminé de desnudarme y se bajó la pantaloneta hasta que quedó en boxers. El relieve de su miembro me confirmó que la estaba pasando tan bien como yo, y no dudé en bajarle su ropa interior para contemplar su herramienta con la cual terminaría follándome. Era tan perfecta como su personalidad y su físico. Gruesa, grande, y con una forma que me provocaba metérmela hasta el fondo de mis dos agujeros, pero todavía no era el momento.

Se acostó y miró hacia el medio de sus piernas esperando a que se lo chupara. Sus deseos eran órdenes, si me hubiera pedido que le alcanzara un vaso de agua para interrumpir el momento lo habría hecho sin dudarlo, estaba dispuesto a entregarme y ser su esclavo sexual esa noche.

Me acomodé en medio de sus piernas y saboreé su verga erecta con mi lengua, cuánta perfección había al frente mío. Se lo mamé como a nadie, quería que me recordara como uno de sus mejores polvos. Noté el placer que le producía cuando me atragantaba con su miembro, e intenté hacerlo lo mejor que pude sin vomitar, ese siempre ha sido mi miedo cuando mamo una verga grande que roza la cavidad más profunda de mi boca.

#616 sacó a relucir una de sus facetas más características en la cama; su personalidad intrínsecamente dominante. No me sorprendió que lo fuera, pero tampoco me lo esperaba. Fue como una sorpresa bastante agradable, como el regalo de navidad inesperado con el que no soñabas cuando niño pero con el que más disfrutas al día siguiente. 

Como buen dominante, me hizo saber lo que esperaba de mí en la cama y las posiciones en las que me quería follar. Primero me pidió que me pusiera en cuatro, y me dispuse a ser penetrado por su deliciosa verga. Entró fácilmente y con menos dolor de lo que me imaginaba por su tamaño, rápidamente empezó a taladrarme con sus embestidas geniales, dignas de un polvo para nunca olvidar.

Me agarró fuerte de la cintura y golpeó su pelvis contra mis nalgas, produciendo sonidos tan fuertes como un aplauso. Los decibeles de los golpes de nuestra piel fueron opacados por mis gemidos, estaba poseído por sus potentes empujones hacia adelante y atrás, la situación me llevó a un punto en que dejé de gemir y empecé a gruñir. 

No recuerdo la última vez que alguien me poseyó de esa manera, la brutalidad de su forma de follar ha quedado en mi mente desde entonces como un trofeo de oro que difícilmente puede ser desbancado. Me sentía como un animal en celo en la cúspide del delirio, #616 me había llevado a una dimensión desconocida. 

Gotas de sudor empezaron a caer por mi espalda, para que un hombre me haga sudar de esa manera me debe hacer sentir cosas verdaderamente fuera de mi control. Agarré las sábanas fuertemente para evitar resbalarme, pues sus movimientos me habían movido varios centímetros hacia el borde de la cama. El popper me ayudó a aguantar el dolor, y el dolor se convirtió en placer. 

Se acercó a mí, y envolvió mi cuello con su brazo fornido. Sentí su pecho rozar contra mi espalda y me levantó un par de centímetros para atraer mi cuerpo hacia el suyo. Luego dijo unas palabras que terminaron por llevarme al borde del éxtasis. “Eres la perra de twitter?”, dijo a mi oído en un tono tan erótico que si me estuviera masturbando, me habría podido correr. Continuó jugando con sus brazos y moviendo mi cuerpo a su antojo. De vez en cuando movía mi espalda hacia abajo para continuar follándome en cuatro, y luego volvía a ahorcarme con su brazo y acercándome a él. 

A veces me tapaba la boca con su mano para no dejarme gemir, y luego me apartaba y me soltaba para dejarme gemir. Estábamos cansados, y a pesar que no llevábamos mucho tiempo follando agotamos gran parte de nuestra energía en esa follada en cuatro tan bestial a la que me sometió. Mis rodillas se resbalaron sobre las sábanas y quedé acostado boca abajo, mientras tanto #616 se acomodó sobre mí para seguir follándome.

Esta vez lo hizo un poco más calmado, pero continuó haciéndolo con el mismo morbo y la misma personalidad dominante que lo caracterizaba. Cuando recuperó parte de su energía, volvió a darme tan duro como me lo hizo cuando me folló en cuatro, y rodeó de nuevo mi cuello entre su brazo para obtener el mayor control de la situación. De repente empezó a cogerme a una velocidad máxima, y exclamé “Oh si! Dame verga!”. Sentía sus labios, su barba, y todo el peso de su cuerpo sobre el mío, me había convertido en su esclavo sexual.

El agotamiento físico de un momento tan intenso nos invadió de nuevo, pero eso no significaba que la faena había terminado. Sacó su pene de mi culo y volvimos a besarnos, metió su lengua en mi boca y exploró cada centímetro de mi lengua y mis dientes. Luego se acostó boca arriba mientras yo me acomodé encima de él para hacer el 69. Me chupó el culo de una manera deliciosa, mientras yo disfrutaba de su verga en mi boca. La sesión de rimming que me dio me hizo ponerme más duro, y todavía faltaba mucho por hacer.

Volvió a culiarme mientras yo estaba acostado boca abajo, para ese entonces el sudor de su cuerpo tocaba el mío, era como si fuéramos uno solo. La sesión de sexo que me dio #616 fue extensa, llena de mucho morbo y excitación, y sus besos llevaron la velada a otro nivel. Debimos haber follado por casi una hora hasta que se vino, y me alegró que no lo hubiera hecho rápido. Eso le dio oportunidad para aumentar su potencial de estar entre las mejores sesiones de sexo de mi lista de excel. 

Me vine después que él lo hizo, lo hice a chorros. Cuando terminamos estábamos sudados, agotados pero satisfechos. Me preguntó si quería bañarme y le dije que sí, pero no me imaginaba que íbamos a terminar bañándonos juntos. Esa fue la mejor forma de rematar una noche llena de pasión. Mientras nos secábamos dijo algo de su inspiración que me hizo sentir halagado. “Eres lindo”, mencionó. Sonreí y le agradecí por su cumplido, que viniera de él me hizo sentirme realizado.

Volvimos a la cama después de ese merecido baño, frescos y limpios. Apagó la luz y continuamos hablando bajo las cobijas, estaba empezando a ponerme duro de nuevo al disfrutar de un momento tan íntimo con él después de una sesión tan cargada. Hablamos por mucho tiempo, hasta que finalmente nos quedamos dormidos.

Yo debía madrugar al otro día y puse una alarma para despertarme y tener suficiente tiempo para llegar a mi casa y alistarme. Dormir entre sus brazos fue la forma perfecta de cerrar la noche con broche de oro. Al día siguiente me levanté y pedí el uber, me dio pesar despertarlo porque él debía bajar para abrir la puerta del edificio. Creo que él nunca supo lo mucho que disfruté nuestro encuentro, y si lee esto ojalá lo recuerde de la misma manera. 

Puntuación: 10/10

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