#619. El exhibicionista de corbata

Los días han estado espectacularmente soleados, cuando todo vuelva a la normalidad pienso volver al bosque donde me ofrecí a 12 desconocidos. Cuando le conté al empresario guapo y adinerado de mi experiencia con los 12 hombres se sintió celoso y me pidió ir con él la próxima vez para verme. Recuerdo sentirlo eyacular en mi culo y sentir su leche escurriendo cuando retiró su verga de mí. Él tiene una imaginación muy grande y su más grande fantasía es verme follar con extraños. Incluso ahora, mientras escribo este relato, me pongo duro pensando en los hombres que se excitan leyendo mis experiencias.

Recuerdo una experiencia de en un viaje en transmilenio temprano en la mañana, el bus estaba lleno como de costumbre y yo estaba parado en la parte de atrás, consciente de que un hombre maduro sentado a mi izquierda tocó mi culo mientras miraba hacia adelante. Afortunadamente el tipo no se veía feo, pero no lo vi muy bien para decir si es alguien a quien me llevaría a la cama. La sensación fue extraña pero excitante, moví mi cintura hacia atrás y el hombre maduro aprovechó para agarrar bien mis nalgas, entonces llegué a mi destino y me bajé del bus. Tenía la verga erecta y el recuerdo duró en mi cabeza toda la mañana.

Cuando me levanté el día que conocí a #619 me pregunté con quién follaría ese día. Será guapo? Moreno o blanco? Será rolo o de otra ciudad?. Ese día quería follar con alguien que compartiera uno de mis mayores fetiches, el exhibicionismo. Desde que tengo uso de razón fantaseo con estar en un lugar donde no debo, desnudo, con alguien a quien no le importe que nos vean culiando. Esa fantasía viene acompañada de una sensación de excitación, miedo y morbo. El lugar varía desde un parque público hasta una carretera donde pasan muchos carros. 

Publiqué un mensaje en un grupo de whatsapp gay al que me habían agregado y pregunté si alguien estaba dispuesto para culiar al aire libre, recibí varios mensajes pero el que más me llamó la atención fue el de #619. Su foto de perfil era la de un hombre de unos 32 años, trozudo, con cara decente y corbata. Empezamos a hablar y a medida que pasaba el día me demostró su interés por conocerme y tener sexo al aire libre después que él saliera de trabajar. Me contó que había un parque cerca del edificio donde él trabaja donde me podía culiar, y me envió la dirección de su oficina para encontrarnos apenas saliera.

Llegó la hora para encontrarme con #619. Me sentía nervioso, como la primera vez que lo hice en el humedal córdoba cuando estaba en el colegio. Mis experiencias en el humedal siempre habían sido divertidas, algunas más que otras. Pero también siempre estuvo el miedo que era un poco peligroso, más que el peligro de ser atrapado, por los malandros que dicen que acechan en ese humedal. Afortunadamente las veces que tuve sexo allí nunca me pasó nada malo. Pero ahora se trataba de un nuevo lugar al aire libre que no conocía y del cual Google no tenía reviews, ni habían foros en internet para obtener una referencia sobre el mismo. 

Entonces me dejé llevar por la adrenalina y la vibra positiva que me dio al conocer a #619 a la salida de su oficina. Medía 1.70m, era blanco, con barba corta, ojos oscuros y bien parecido. Llevaba un traje formal con corbata, me contó que trabaja para un ministerio y vive con su mamá. Me pareció un hombre demasiado abierto y amigable, y me dio confianza saber que ya había hecho cosas en el parque a donde íbamos a ir.

Llegamos al lugar, se veía apropiado para tener un encuentro esporádico. No teníamos mucho tiempo porque a pesar que estaba oscuro, podían vernos desde lejos. Se bajó los pantalones y empecé a mamárselo, su verga estaba completamente dura y sentí el sabor a su precum. Agarré la base con mi mano y empecé a masturbarlo mientras chupaba la cabeza, otra vez sentía esa adrenalina adictiva que no sentía desde la última vez que me follaron en el humedal. 

“Quieres que te lo meta?”, preguntó. Obviamente quería que me cogiera, y era mejor hacerlo rápido porque dada las circunstancias debíamos ser rápidos y efectivos. Entonces me bajé los pantalones y me puse en cuatro. #619 abrió mis nalgas con sus manos e insertó su miembro viril. Todo hubiera sido mucho más fácil si hubiéramos tenido lubricante. Cuando metió la punta un grito salió de mi boca. 

“Estás bien?”, preguntó. 

Estoy bien. Se siente bien pero tienes una verga tan grande! Supongo que por eso duele. Sigue adelante. Se siente mucho mejor ahora”, le dije. Con eso, #619 comenzó a empujar más profundo. Comenzó a acariciar mis nalgas y metió toda la cabeza. Entonces caí en cuenta de nuevo que estábamos en un lugar público y me puse muy duro. Rápidamente miré a mi alrededor y sentí alivio cuando no vi a nadie.

Volví a centrar mi atención en el asunto en cuestión. Realmente quería hacerlo correrse ahí y comencé a poner todo mi esfuerzo en darle un orgasmo, #619 comenzó a empujar su verga dentro de mí rápidamente, pero sabía que no la tenía toda adentro. El poco tiempo que fui follado por él en ese lugar fueron estupendos, siempre disfruto del paisaje y de la brisa al culiar en un lugar no convencional. 

Una ambulancia emitió fuertes ruidos y noté que había alguien que podría vernos, así que decidimos terminar, nos vestimos rápido y fuimos de nuevo a su edificio. Al parecer a #619 le gustaba mucho follar en lugares de ese tipo y además conocía un cuarto en el edificio donde trabajaba donde sólo él tenía acceso a esa hora. Me dijo que por seguridad no podíamos hacer ruido y debía ser rápido, y yo contento acepté.

Fuimos a un cuarto en un piso subterráneo. Se bajó los pantalones y vi su verga todavía dura para continuar con nuestra faena. Estábamos más tranquilos, el lugar al aire libre que #619 había sugerido no era el mejor para hacer cruising. Sacó un condón y se lo puso, me acomodé para culiar en cuatro. Escuché cuando empezó a aumentar su ritmo y suspiré, estaba acariciando mis bolas y mi verga mientras él se agarraba de mi cintura follándome. Estaba cerca, y poco tiempo después me hizo saber que estaba a punto de liberar su descarga. “Estoy a punto de acabar”, dijo.

“Yo también. Rico sentir esa verga dentro de mí “, respondí. Con eso en mente, me preparé para una liberación inminente cuando sentí que mis paredes anales se apretaban y su verga se hacía más grande mientras arqueaba mi espalda y gemía. Dio un par de empujones fuertes mientras se corría y cuando terminó permaneció  quieto con su pene todavía dentro de mi culo que me parecieron horas, aunque no pudo haber durado más de unos segundos. Cuando sacó el condón comprendí el calor que sentí cuando se vino, su descarga de semen había sido considerablemente grande y todavía estaba caliente.

Guardó el condón usado en el empaque y nos vestimos. Salimos en silencio del cuarto oscuro. 

Puntuación: 9 de 10

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