#617. El que trabaja en el aeropuerto El Dorado

Sumen cuarentena más hombres arrechos, es el cóctel perfecto. Me impresiona que haya todavía hombres dispuestos a tener sexo en esta época, pero todo el mundo tiene necesidades sexuales, y me complace poder satisfacer esas necesidades. Me pone duro la idea estar follando con alguien de quien no me sé ni el nombre, conseguir lo que ellos quieren y que se vayan. “No strings attached”. Un intercambio de fluidos corporales y un orgasmo es todo lo que hace falta, qué fácil y qué rico.

Alguien con quien me acosté hace semanas me llama y me escribe todos los días, es muy amigable y guapo pero no quiero verlo de nuevo. Es difícil hacerle entender a alguien que no busco algo serio, pero tampoco quiero ser el #23 de alguien más.

Muchas de mis aventuras en Bogotá acontecían de noche porque, naturalmente, a esas horas los hombres con los que estaba llegaban a sus casas o salían del trabajo, y sus cuartos se prestaban como locaciones estándares para calmar su arrechera conmigo. Con el tiempo aprendí a volverme más hábil para encontrar direcciones y llegar a las casas donde me citaban para culiar. Pensándolo bien, creo que he entrado a más edificios que un rappitendero. 

#617 me recogió bajando el puente en una de las estaciones de transmilenio de la carrera 30, lo cual fue muy gentil de su parte en lugar de solo darme la dirección para llegar a su edificio. Había estado con alguien cerca de allí, como me sucede con muchos lugares que visito en Bogotá. #617 era más joven de lo que me imaginaba, aparentaba 24 años, era moreno, de contextura gruesa y medía 1.70m.

Llegamos a su edificio y entramos a su cuarto. Su habitación era estrecha, creo que funcionaba como residencia estudiantil de la Nacional. Nos sentamos en su cama y vi su portátil abierto, me mostró lo que había estado haciendo durante todo el día: viendo la Voz Kids España porque estaba desempleado, aunque iba a empezar a trabajar en el aeropuerto dentro de pocos días. 

Hablamos por un buen tiempo hasta que llegó el momento para tener sexo. Se quitó su camiseta y noté que tenía un cuerpo promedio, pero de mi entero gusto. Se bajó los pantalones pero no estaba duro todavía, así que se lo mamé y cuando se puso duro, se colocó un condón para penetrarme. Me quité la ropa y puse una almohada debajo de mi culo, apuntó la cabeza de su pene hacia mi ano, y apenas sentí la cabeza supe que no estaba lo suficientemente duro para penetrarme. Volví a chupárselo con el condón puesto, y cuando logré ponerlo duro de nuevo intentó follarme, pero fracasando en el intento. No sabía cómo hacer para que su verga se pusiera dura otra vez.

Noté su cara de frustración, pero pensé que solo hacía falta paciencia y morbo para que pudiera ponerse duro y follarme en forma. Cada ser humano es distinto y a veces los nervios o haberse masturbado antes puede jugar una mala pasada. He estado con hombres que tienen problemas al inicio para ponerse erectos, y aunque no es común, sucede. En estos casos, la solución está en el tiempo, en la paciencia. La sociedad y el porno han dictado que una verga debe estar dura poco tiempo después de quitarse los boxers, pero la realidad no siempre es así. Hay hombres que necesitan más tiempo que el promedio.

No quería que se sintiera presionado, así que dejé que todo fluyera. Finalmente logró su erección. Se colocó un condón y me abrí de piernas para dejarlo entrar. La vista era excitante: tenía un hombre físicamente atractivo frente a mí que había tenido problemas de erección, pero pude lograr que me follara. Me gustaba acariciar su cuerpo naturalmente grueso color canela mientras sentía toda su verga adentro. #617 no era dominante, de hecho era muy calmado en la cama. Me dio la oportunidad que yo tuviera el control de la situación, y de vez cuando es bueno sentir eso.

Me moví hacia la pared para estar más cómodo, eso me permitió abrirme por completo de piernas y dejarlo entrar más profundo. Coloqué mis pies en el aire, lo más arriba que pude para permitir que me follara con mayor libertad. Lo hizo despacio, como su personalidad cálida y tenue.

El buen sexo no necesariamente debe ser rudo ni rápido, ni pasional. A veces basta con la atracción mutua, la disposición del otro para disfrutar, el deseo propio para dar placer, y el deseo mutuo de pasarla bien. Muchas veces el secreto para disfrutar está en enfocarse en las cosas positivas y excitantes que brinda la otra persona, como lo hizo #617. 

Cogimos por aproximadamente 5 minutos más, hasta que paró y se quitó el condón para masturbarse sobre mi cuerpo. Sabía que no iba a lograr venirse mientras me cogía. Vi como empezó a jalar su verga morena al frente mío, disfruté su expresión previa al orgasmo. Ansiaba ver su esperma caliente, y no pasó mucho tiempo antes de ver mi premio. Me masturbé cuando él terminó contemplando su lindo cuerpo.

Cuando todo terminó me vestí y me acompañó hasta la puerta, al salir pensé qué nombre le iba a dar en  mi lista de excel, fue más fácil de lo que imaginaba.

Puntuación: 7 de 10

#616. El diseñador gráfico lindo

Estaba despierto esperando a que mis papas se fueran a dormir para salir en silencio a la casa de #616. Admito que siempre sentí nervios de escaparme tarde en la noche o en la  madrugada para tener sexo con alguien. Con el tiempo me convertí un experto para que no me escucharan al escaparme, aprendí a caminar en el piso de madera, a cerrar la puerta con cuidado, a saber cuándo era el momento propicio para salir.

La adrenalina del momento al escaparme acompañado de la excitación era un sentimiento que me revolvía el estómago pero me hacía sentir más vivo que nunca, era tal vez el momento más emocionante del día o de la semana.

#616 era un seguidor de twitter a quien siempre le tuve ganas desde el día en que me envió un mensaje. Se veía tan serio, tan interesante y guapo a la vez en las fotos que me envió. Su foto de perfil mostraba un perfecto omóplato en una selfie tomada contra el espejo de un baño. Se veía parte de su barba, su nuca y la parte trasera de su cabeza.

Su quijada era prominente y masculina, producto de una buena dotación de testosterona. Su hermosa espalda me hizo inferir que estaba hablando con un hombre que había sido bendecido por la naturaleza y sus genes. Mi interés por conocer a #616 nunca disminuyó a pesar que pasaron meses hasta que finalmente nos conocimos. Siempre estuvo dentro de mi lista de polvos pendientes, a los que les doy prioridad por encima de los demás. Le escribí en varias ocasiones pero él es un hombre muy ocupado, o tal vez un poco rogado?

#616 ha sido uno de los pocos a quienes he buscado para concretar un encuentro. Finalmente llegó el día y la hora, fue un día entre semana que me avisó que su roommate estaba de viaje. Era casi medianoche y pedí un Uber, salí en silencio de mi casa camino a conocer a #616.

Cuando llegué le avisé por el celular y tuve que esperar un par de minutos afuera antes de abrirme la puerta de su edificio. Me recibió un hombre sonriente de 1.75m aproximadamente, blanco, de labios rosados, muy guapo. Me hizo señas para que lo siguiera, desde el momento en que lo vi supe que era de esos pocos hombres con los que puedo decir que tuvimos verdadera química.

Llevaba puesta una camiseta negra y boxers, lo morboseé durante todo el trayecto, subiendo las escaleras hasta que llegamos a su apartamento. Cuando entré a su habitación vi un mundo de cosas que me parecieron de arte, afiches, libros y muñecos de plástico pequeños como de colección. Resulta que #616 era un completo geek, y aunque no recuerdo exactamente qué tipo de cosas había en su cuarto, podríamos decir que es de esos hombres que les gusta el metal, pokemon, o el anime, por ejemplo. Pero lo que sí recuerdo es lo que teníamos en común, además de sus aficiones le gustaba Harry Potter y tenía toda la saga de libros. 

Nuestra conversación se extendió más de lo que me imaginaba, y aunque a veces me aburren los hombres excéntricos que solo hablan de lo que les gusta o de su profesión, disfruté mucho escuchar a #616 sobre lo que le gustaba. No sé si era porque me sentía muy atraído hacia él, o si su carisma y su amabilidad me tenía derretido, pero deseé que no dejara de hablar porque me perdí plácidamente entre sus ojos de varios colores, entre verde, gris y café. 

Me contó que es diseñador gráfico. Contamos anécdotas, y compartimos muchos pensamientos. #616 me habló como si yo fuera un amigo a quien no veía hacía mucho tiempo, no como Santiago el que fue a su apartamento para culiar solamente.

El tiempo pasó y nos empezamos a poner calientes, su voz, sus palabras y todos los átomos que componían su cuerpo me empezaron a poner duro. Después de hablar por un buen tiempo las cosas tomaron un rumbo erótico, como era de esperar. Sucedió en el momento indicado, cuando los dos nos miramos para dar inicio a nuestra velada de pasión por la cual fui a su casa.

Acercamos nuestras bocas y nos dimos nuestro primer beso, ese sería el primero de muchos. Había esperado ese momento por mucho tiempo, y la intensidad en la que lo viví me hizo poner más duro de lo que estaba. Nos terminamos de acomodar y nos acostamos extendidos sobre su cama. Deslicé mi mano hacia abajo para palpar lo que había entre sus piernas, era tal cual como me lo imaginaba. Un bulto creciente predominaba allí abajo, y mi mi mente pensaba en lo afortunado que era de tener a ese hombre solamente para mí en ese momento. 

Estaba dispuesto a disfrutar cada beso, cada caricia y cada segundo de estar a su lado. La química y la pasión que corría por mi piel mientras me tocaba la espalda, mi pecho y mis nalgas me llevaron a una sensación de éxtasis a la que no estaba muy acostumbrado. Entonces se levantó para quitarse la camiseta y dejó al descubierto su hermoso pecho velludo. Por fin era mía esa espalda con la que había fantaseado tanto, pero me sorprendió más ver sus pectorales naturalmente perfectos, lo cual me hizo dudar si su torso era producto del gimnasio o si su fisionomía era así.

Terminé de desnudarme y se bajó la pantaloneta hasta que quedó en boxers. El relieve de su miembro me confirmó que la estaba pasando tan bien como yo, y no dudé en bajarle su ropa interior para contemplar su herramienta con la cual terminaría follándome. Era tan perfecta como su personalidad y su físico. Gruesa, grande, y con una forma que me provocaba metérmela hasta el fondo de mis dos agujeros, pero todavía no era el momento.

Se acostó y miró hacia el medio de sus piernas esperando a que se lo chupara. Sus deseos eran órdenes, si me hubiera pedido que le alcanzara un vaso de agua para interrumpir el momento lo habría hecho sin dudarlo, estaba dispuesto a entregarme y ser su esclavo sexual esa noche.

Me acomodé en medio de sus piernas y saboreé su verga erecta con mi lengua, cuánta perfección había al frente mío. Se lo mamé como a nadie, quería que me recordara como uno de sus mejores polvos. Noté el placer que le producía cuando me atragantaba con su miembro, e intenté hacerlo lo mejor que pude sin vomitar, ese siempre ha sido mi miedo cuando mamo una verga grande que roza la cavidad más profunda de mi boca.

#616 sacó a relucir una de sus facetas más características en la cama; su personalidad intrínsecamente dominante. No me sorprendió que lo fuera, pero tampoco me lo esperaba. Fue como una sorpresa bastante agradable, como el regalo de navidad inesperado con el que no soñabas cuando niño pero con el que más disfrutas al día siguiente. 

Como buen dominante, me hizo saber lo que esperaba de mí en la cama y las posiciones en las que me quería follar. Primero me pidió que me pusiera en cuatro, y me dispuse a ser penetrado por su deliciosa verga. Entró fácilmente y con menos dolor de lo que me imaginaba por su tamaño, rápidamente empezó a taladrarme con sus embestidas geniales, dignas de un polvo para nunca olvidar.

Me agarró fuerte de la cintura y golpeó su pelvis contra mis nalgas, produciendo sonidos tan fuertes como un aplauso. Los decibeles de los golpes de nuestra piel fueron opacados por mis gemidos, estaba poseído por sus potentes empujones hacia adelante y atrás, la situación me llevó a un punto en que dejé de gemir y empecé a gruñir. 

No recuerdo la última vez que alguien me poseyó de esa manera, la brutalidad de su forma de follar ha quedado en mi mente desde entonces como un trofeo de oro que difícilmente puede ser desbancado. Me sentía como un animal en celo en la cúspide del delirio, #616 me había llevado a una dimensión desconocida. 

Gotas de sudor empezaron a caer por mi espalda, para que un hombre me haga sudar de esa manera me debe hacer sentir cosas verdaderamente fuera de mi control. Agarré las sábanas fuertemente para evitar resbalarme, pues sus movimientos me habían movido varios centímetros hacia el borde de la cama. El popper me ayudó a aguantar el dolor, y el dolor se convirtió en placer. 

Se acercó a mí, y envolvió mi cuello con su brazo fornido. Sentí su pecho rozar contra mi espalda y me levantó un par de centímetros para atraer mi cuerpo hacia el suyo. Luego dijo unas palabras que terminaron por llevarme al borde del éxtasis. “Eres la perra de twitter?”, dijo a mi oído en un tono tan erótico que si me estuviera masturbando, me habría podido correr. Continuó jugando con sus brazos y moviendo mi cuerpo a su antojo. De vez en cuando movía mi espalda hacia abajo para continuar follándome en cuatro, y luego volvía a ahorcarme con su brazo y acercándome a él. 

A veces me tapaba la boca con su mano para no dejarme gemir, y luego me apartaba y me soltaba para dejarme gemir. Estábamos cansados, y a pesar que no llevábamos mucho tiempo follando agotamos gran parte de nuestra energía en esa follada en cuatro tan bestial a la que me sometió. Mis rodillas se resbalaron sobre las sábanas y quedé acostado boca abajo, mientras tanto #616 se acomodó sobre mí para seguir follándome.

Esta vez lo hizo un poco más calmado, pero continuó haciéndolo con el mismo morbo y la misma personalidad dominante que lo caracterizaba. Cuando recuperó parte de su energía, volvió a darme tan duro como me lo hizo cuando me folló en cuatro, y rodeó de nuevo mi cuello entre su brazo para obtener el mayor control de la situación. De repente empezó a cogerme a una velocidad máxima, y exclamé “Oh si! Dame verga!”. Sentía sus labios, su barba, y todo el peso de su cuerpo sobre el mío, me había convertido en su esclavo sexual.

El agotamiento físico de un momento tan intenso nos invadió de nuevo, pero eso no significaba que la faena había terminado. Sacó su pene de mi culo y volvimos a besarnos, metió su lengua en mi boca y exploró cada centímetro de mi lengua y mis dientes. Luego se acostó boca arriba mientras yo me acomodé encima de él para hacer el 69. Me chupó el culo de una manera deliciosa, mientras yo disfrutaba de su verga en mi boca. La sesión de rimming que me dio me hizo ponerme más duro, y todavía faltaba mucho por hacer.

Volvió a culiarme mientras yo estaba acostado boca abajo, para ese entonces el sudor de su cuerpo tocaba el mío, era como si fuéramos uno solo. La sesión de sexo que me dio #616 fue extensa, llena de mucho morbo y excitación, y sus besos llevaron la velada a otro nivel. Debimos haber follado por casi una hora hasta que se vino, y me alegró que no lo hubiera hecho rápido. Eso le dio oportunidad para aumentar su potencial de estar entre las mejores sesiones de sexo de mi lista de excel. 

Me vine después que él lo hizo, lo hice a chorros. Cuando terminamos estábamos sudados, agotados pero satisfechos. Me preguntó si quería bañarme y le dije que sí, pero no me imaginaba que íbamos a terminar bañándonos juntos. Esa fue la mejor forma de rematar una noche llena de pasión. Mientras nos secábamos dijo algo de su inspiración que me hizo sentir halagado. “Eres lindo”, mencionó. Sonreí y le agradecí por su cumplido, que viniera de él me hizo sentirme realizado.

Volvimos a la cama después de ese merecido baño, frescos y limpios. Apagó la luz y continuamos hablando bajo las cobijas, estaba empezando a ponerme duro de nuevo al disfrutar de un momento tan íntimo con él después de una sesión tan cargada. Hablamos por mucho tiempo, hasta que finalmente nos quedamos dormidos.

Yo debía madrugar al otro día y puse una alarma para despertarme y tener suficiente tiempo para llegar a mi casa y alistarme. Dormir entre sus brazos fue la forma perfecta de cerrar la noche con broche de oro. Al día siguiente me levanté y pedí el uber, me dio pesar despertarlo porque él debía bajar para abrir la puerta del edificio. Creo que él nunca supo lo mucho que disfruté nuestro encuentro, y si lee esto ojalá lo recuerde de la misma manera. 

Puntuación: 10/10

#615. El abogado alcohólico

Siempre hay una primera vez para todo. El primer pene que vi en mi vida no fue precisamente el del venezolano con quien perdí mi virginidad. En uno de mis viajes a Estados Unidos, debía tener unos 10 años, hicimos un viaje en carro desde Florida hasta Virginia. Fue un viaje extenso de unas 18 horas por una autopista recta sin curvas ni montañas como las carreteras de Colombia. De vez en cuando hacíamos paradas para ir al baño, tanquear el carro o comer algo. 

El día que empezamos el viaje paramos tarde en la noche para comer en un restaurante. Antes de volver al carro aproveché para ir al baño y orinar, ese mismo día había tenido que aguantar muchísimo debido a mi pequeña vejiga, y no sabía cuándo íbamos a volver a parar en una estación de gasolina o un restaurante donde hubiera un baño.

Entré a uno de los cubículos para orinar, pues los orinales eran muy altos para mí en ese entonces. Cuando terminé de orinar salí del cubículo y al frente había un hombre de unos 35 años, alto, rubio de ojos azules sacudiendo su pene como cuando un hombre está terminando de orinar.

El hombre me saludó y sacudió su pene con más fuerza, como si quisiera que yo bajara mi mirada para ver su miembro. Mi reflejo automático fue bajar mi mirada y vi la cabeza de su pene. Era rosada, muy gruesa y el prepucio era muy notorio. El hombre me hizo señas para que me acercara, pero no supe qué hacer y me quedé de pie sin hacer nada.

Entonces extendió su mano y me tomó del brazo. Mis nervios hicieron que me echara para atrás, pero sin darme cuenta había ido hacia la pared opuesta al lugar donde estaba la puerta del baño. No había nadie más en el baño y el restaurante estaba prácticamente solo por la hora. El hombre continuó frotándose el pene y bajó su mano hasta la base para masturbarse.

A medida que se fue acercando hacia mí, mi corazón empezó a latir, no había forma de salir del baño sin pasar a pocos centímetros de distancia del gringo. Entonces me quedé callado, de pie, esperando a que alguien llegara para salvarme. El gringo se subió la parte frontal de su camiseta detrás de su cuello y continuó masturbándose cada vez más rápido con su pene a pocos centímetros de mi cara. 

Era difícil no mirar a otra dirección cuando su pene era el centro de atención del momento, entonces un líquido blanco y espeso salió a chorros de la punta de su pene, cayendo sobre el suelo y manchando mis zapatos. El hombre se apartó para limpiarse y cuando noté que se había distraído, salí corriendo de allí. Cuando volví al carro mi corazón latía a toda velocidad, y mi mamá me preguntó por qué me había demorado tanto, pero nunca le dije eso a nadie.

La primera vez que estuve con un hombre borracho mientras yo estaba sobrio fue con #615. Conocí a #615 por Grindr, empezamos a hablar por la aplicación días antes de follar. Compartimos fotos y la cercanía favoreció nuestro encuentro. Una tarde que no estaba su roommate fui a su apartamento. Apenas abrió la puerta noté algo raro en él. Actuaba de forma extraña. Se disculpó por el desorden de la sala porque se había mudado hacía pocos días con un roommate y me llevó a su habitación.

Puso porno en su SmartTV marca LG, y me sorprendió la tecnología laser del control remoto. Me habían comprado un Samsung igual de moderno recientemente pero no tenía la opción laser. Cuando me senté en su cama pude sentir el olor a alcohol que expedía su boca y le pregunté qué había estado tomado. Me mostró una botella de ron casi vacía, y mi impresión inmediata fue que era alcohólico. No eran ni las  2 de la tarde y ya estaba borracho, un día entre semana, qué más podía pensar de él.

Me atrajo hacia él para besarme, pero no quise hacerlo por el olor a ron de su boca. Mientras me hablaba, muchas cosas empezaron a pasar por mi cabeza. Sentí unas leves ganas de irme, pero mi deseo por hacerlo venir lo impidieron. Con el tiempo empecé a sentirme cómodo, y con su conversación logró darme una confianza genuina a pesar de su estado.

Se quitó los boxers y dejó al descubierto un pene semi-erecto, relativamente pequeño. Mi fascinación por las bolas de #615 comenzó en ese instante. Estaban sueltas, y la piel de su escroto era suave y húmeda. Nunca antes me había centrado en las bolas de alguien, pero me gustaban las de #615. Rodeé cada uno de sus testículos en forma de huevo con mi lengua. Con suaves lengüetazos , tracé una línea imaginaria con mi lengua desde su perineo, hasta sus bolas, pasando por debajo de su pene hasta llegar a su glande.  Chupé su precum y #615 se retorció, agarró mi cabello con fuerza y gimió. 

Volteé hacia arriba para mirarlo y noté sus ojos de borracho. Ahora entendía qué se siente estar con alguien que está bajo los efectos del alcohol. La diferencia era que yo no era el borracho, sino el otro. No me excitaba el olor a ron que emanaba de él, y mi mente se nubló mientras imaginaba qué habrán debido sentir los demás cuando tuvieron sexo conmigo mientras yo estaba ebrio. Sería excitación? Asco? O les daba igual?.

Una noche en un bar de Chapinero me encontré con #107, un barman que me encantaba y por quien visitaba el bar donde él trabajaba, iba allí nada más para verlo. La noche que estuve con #107 fue en el mismo bar donde él trabajaba, lo hicimos cuando yo acababa de recuperar mi conciencia después de una noche desmedida de tomar cerveza. La última vez que me encontré con #107 fue en un bar diferente, él  no era el barman allí sino un cliente. Yo estaba prendido, pero no ebrio, #107 hizo un gesto de desprecio, me reprochó por estar siempre tomado y me alejó de él.

Respiré profundamente y me senté sobre el abdomen velludo de #615. Me dispuse a disfrutar del momento. Si hay algo que admiro de la gente adulta es su capacidad para actuar como sobrios y poder mantener una conversación normal cuando están en la peda más tenaz, #615 tenía esa capacidad para mantenerse cuerdo . Yo en cambio, hago el oso y actúo como un completo estúpido. Lamí sus tetillas como una madre canina lamiendo un cachorro entre las piernas. Bajé mi cara, presioné mis labios contra su verga y metí el eje poco a poco dentro de mi boca.

La verga de  de #615 pareció hincharse en mi boca. El hecho que fuera la verga de un borracho, causó una respuesta de salivación en mi boca. Hice que su pene se volviera realmente mojado y duro. 

Alcanzó un condón de su armario. Masajeé sus bolas y sostuve su verga para ensartármela toda y cabalgarlo. Olvidándome por completo de su estado, mantuve una mano sobre su pecho, y me acomodé hacia atrás para abrir las piernas. Aumenté la succión de mi ano mientras apuntaba la cabeza hacia adentro, #615 produjo un ruido de placer mientras seguía disfrutando de la succión.

Me agarró fuerte de la cintura mientras meneaba mi trasero. #615 se quedó quieto, dejándome todo el trabajo a mí. Sentí que sus bolas se retraían hacia mi cuerpo, y pocos minutos después advirtió que se estaba corriendo. Me arqueé hacia atrás. #615 hizo ruidos de orgasmo y se retorció hasta que terminó.

Me aparté solo hasta que dejó de hacer sus gestos orgásmicos, sus labios se cerraron y cuando se quedó quieto, aproveché para levantarme despacio. Jalé el condón y lo boté en el suelo. Estaba agotado y me acosté encima de él durante unos segundos antes de empezar a vestirme, ninguno de los dos habló durante un tiempo hasta que estuve listo. Me acompañó hasta la puerta y al salir sentí un alivio que todo hubiera salido bien. 

Puntuación: 5 de 10

#614. El que me reconoció en las cabinas

Llevaba tiempo sin ir a cabinas, y me dieron ganas que me cogieran uno o varios como lo habían hecho en ocasiones anteriores cuando visité el lugar. Cuando llegué, miré todas las cabinas hasta que encontré una que me pareció cómoda. Entré y cerré la puerta. Las veces que había ido, raramente mostraban videos que me gustaran en los televisores, pero esta vez estaban dando uno que me pareció excitante. El video era sobre un joven con uniforme de futbolista que se desnuda lentamente para su entrenador. Cuando el joven se bajó la pantaloneta, mi pene se puso inmediatamente duro.

La mayoría de los videos que había visto allí solo mostraban mamadas y sexo anal; nunca mostraban seducción, solo chupadas y culiadas entre actores de porno gay. Me excita mucho más el sexo “amateur”, el del día a día que no tiene tanta formalidad, ni escenografía, ni iluminación de estudio barato.

Después de unos minutos de ver el video comencé a desnudarme. Había dos sillas en la cabina y puse mi ropa en la otra silla. Cuando iba a ese lugar siempre podía sentir un olor a sucio que se caracterizaba por una mezcla entre sudor, ambientador barato y semen rancio, a veces fresco. No es que eso me pareciera desagradable. De hecho, ese mismo olor me encendía increíblemente. Había algo en la suciedad de aquel lugar que parecía hacerlo más tabú.

Me levanté de la silla y me dirigí al glory hole para revisar si había alguien en la otra cabina. Me agaché para mirar a través del agujero. Había alguien en la cabina de al lado sentado en una de las sillas, se estaba masturbando y viendo un video. Observé al hombre jugando con su verga por un momento. Contemplé cuando se corrió el tipo y cuando terminó de masturbarse salió y otro hombre entró en la misma cabina. El nuevo hombre se quitó la camisa y luego se bajó los pantalones. Pude ver su trasero entre la oscuridad y continué mirándolo a través del agujero.

El hombre miró hacia el agujero y luego se acercó. Me aparté de la pared y el hombre acercó su dedo. Sabía que esto era una señal que estaba interesado. De repente, el tipo introdujo su pene erecto a través del glory hole. El pene medía aproximadamente 15 cm de largo, no era ni muy delgado ni grueso, y tenía una curva ascendente. Lo miré, luego extendí la mano y lo toqué suavemente. Acaricié la base y luego la agarré con los dedos dejando que mi pulgar frotara la protuberancia debajo de la cabeza.

La verga se veía muy provocativa. Me agaché y lamí el glande dejando que mi lengua se deslizara por la parte inferior de la cabeza. Luego deslicé el pene dentro de mi boca llevándolo hasta lo más profundo que pude. Poco después, el hombre en la otra cabina se alejó, se agachó para susurrarme algo pero no pude escuchar. Acerqué mi oreja al agujero para oírlo.

“¿Puedo ir?” preguntó el hombre en voz baja. La cabina en la que yo estaba era lo suficientemente grande para los dos.

En ocasiones anteriores podían entrar hasta 15 hombres diferentes a mi cabina en una misma tarde. Me excitaba dejar el glory hole abierto para que los demás pudieran masturbarse mientras veían como me follaban.

Había estado una vez en un video en el centro de Bogotá donde varias de las puertas de las cabinas no se podían cerrar correctamente y en esa ocasión varios de los hombres aprovecharon para abrir la puerta. Al principio me incomodó pero luego lo encontré inevitablemente excitante y me acostumbré a estar desnudo con una verga erecta en mi culo o mi boca mientras los demás veían como me cogían, y así iban entrando uno por uno, como si fuera alguien con quien todos tuvieran derecho a estar. 

Recordar esas experiencias me excitan. Me recuerdan al joven común y corriente que se reunía en horas de la mañana en el Oma con sus amigos y en la tarde terminaba en un video gay untado de semen y fluidos corporales de varios. 

Está bien”, le respondí después que me preguntó si podía venir a mi cabina. El hombre se puso de pie y comenzó a ponerse la ropa. Parecía tardar mucho en vestirse hasta que finalmente dejó su cabina y se acercó. Le abrí la puerta para que entrara y cuando la cerró empezó a quitarse el cinturón.

Lo miré de pies a cabeza con morbo, parecía costeño, probablemente tenía 32 años. Era acuerpado, no precisamente musculoso ni gordo. Cuando se terminó de quitar la camisa noté que tenía un buen pecho, luego tomé sus pantalones y los jalé hacia el piso. Llevaba calzoncillos blancos y claramente se notaba la erección, estiré  mi mano para sentir su miembro. Al mismo tiempo, el hombre tocó mi verga rígida.

Pensé que al él le gustaría ver un poco más, así que me eché hacia atrás y tiró mis boxers hacia abajo. Soltó una mirada de lujuria y terminó por quitarse la ropa interior. Dejé que acariciara mi verga por un momento antes de ponerme en cuclillas para chupar su verga como lo había hecho cuando el hombre estaba en la otra cabina y solo su verga era visible. Después de sentir el sabor a precum en mi boca, le pedí que no se corriera en mi boca todavía. El hombre asintió y dijo que no lo haría.

Estar arrodillado se volvió incómodo para mí, así que me levanté y me senté en una de las sillas. #614 comenzó a sacudir su verga e hizo una seña para que pusiera mis pies sobre sus hombros. Coloqué mis pies rodeando su cuello y lamí su tetilla izquierda y luego su tetilla derecha, el hombre gimió. Dejó que mis manos deambularan libremente por su espalda y su culo, y ocasionalmente le acaricié las bolas mientras rozaba su miembro contra mi abdomen.

Cuando bajé mi cabeza para colocarle el condón #614 me hizo saber que preferiría follarme en cuatro. Me volteé y coloqué las palmas de mis manos sobre la pared para sostenerme, volteé a mirar hacia atrás y mientras me acomodaba lo vi sacudir su verga, esa es la señal para saber que un hombre está listo para culiarme.

Poco a poco ingresó su aparato reproductor en mi ano, y de repente lo tuve todo adentro. Me agarró de la cintura y sus movimientos constantes acompañados del morbo que me producía ser follado en ese lugar, donde había deslechado tantas vergas con mi culo y mi boca, me llevaron de vuelta a esas tardes de lujuria. 

Gemí sin pena ni miedo, sabía que podían escucharme. Me folló por aproximadamente cinco minutos. #614 no era alguien que se podía venir follando, y no me importó, al menos se mantuvo duro todo el tiempo.

Finalmente, sacó su verga y se quitó el condón. Empezó a masturbarse frente a mí y divisé esa cara semi-orgásmica que reconozco tan bien. Hice unos movimientos sexuales, invitándolo a que me diera toda su leche. La excitación del hombre aumentó hasta que se corrió sobre mi cara. Me sorprendió ver toda la leche que tenía para darme. Tomó papel higiénico del bolsillo de sus pantalones y me ayudó a limpiar el semen de mi cara, luego se limpió el semen restante que había en su pene. Mientras tanto, me levanté como vi que se estaba preparando para irse, comencé a vestirme también.

Antes de salir de la cabina insinuó algo que ya no me parecía tan raro escuchar, me preguntó si yo tenía una cuenta de twitter, y no lo negué. “Te llamas Santiago?”, continuó. En ese momento supe que él sabía quién era yo, a pesar que no habíamos hablado mucho. Viviría esas experiencias donde era reconocido más seguido en el futuro. 

Te escribí hace un par de meses pero nunca nos vimos”, dijo. Cuando me dio su cuenta de twitter confirmé que sí habíamos hablado. Me había propuesto tener sexo en una bodega del edificio donde trabajaba, pero nunca concretamos nuestro encuentro porque él solo podía en horarios que yo no podía.

Se terminó de vestir y salió de la cabina. Decidí quedarme otro rato y me masturbé viendo uno de los videos que pasaban en el televisor, finalmente me vestí y salí del lugar. Me fui a casa recordando lo que había vivido ese día, y pensando en la coincidencia que ya se había vuelto algo relativamente normal al tirar con desconocidos, la de estar con alguien que podía recononcerme por mis gemidos, mi cuerpo o mis comentarios.

Puntuación: 7/10

#613. Follado por el moreno en el baño del bar

He conocido una cantidad de hombres en bares aquí en Londres, generalmente le doy prioridad a los de mi edad preferida: los que están entre 30 y 35 años. A veces intercambiamos números, a veces termino mamándoles la verga. Algunos me ofrecen trago sin límite, y sé muy bien lo que significa eso, pero no termino acostándome con ellos porque prefiero continuar disfrutando de la noche. Sin embargo, de vez en cuando, me siento abrumadoramente tentado de irme a la cama con alguien que encuentro verdaderamente atractivo.

La situación era diferente cuando concía a alguien en un bar en Colombia porque usualmente ninguno de los dos tenía sitio, así que la arrechera nos llevaba a terminar follando en cualquier lugar: una residencia o en cualquier parte del mismo bar. Los baños siempre eran el lugar más fácil para tirar.

#613 era moreno, de ojos negros, cara ovalada, medía 1.70. Su expresión corporal y su mirada irradiaban mucha seguridad, eso siempre me ha atraído en un hombre. Cuando lo vi no causó mayor interés en mi, tampoco no me imaginaba lo que iba a terminar haciendo con él. Solo era alguien más mirando su celular como lo hacen muchos hoy en día para evitar la incomodidad de sentirse solos.

#613 (nunca supe su nombre como con el 99% de hombres con los que he estado) chocó contra mí después de bajar la escalera. La mirada frenética en sus ojos y su sonrisa esporádica llamó mi atención repentinamente. No pasaría mucho tiempo antes de estar semi-desnudos en el mismo baño, gruñendo y gimiendo mientras me bajaba los pantalones. Una mano apretó mi culo, la otra me masajeó la cremallera.

Se quedó callado, y solo pude decir: “Qué rico” mientras estiraba mi mano para rozar su entrepierna. A veces me gustaría decir algo más original para expresar mi excitación.

Qué hace alguien como usted por aquí solo?“, susurró a mi oído. “Me gustan sus labios”, continuó.

Me quedé sin palabras, estaba en modo: “orgulloso”. Para los que no saben a qué me refiero con ese estado, a veces me gusta sentir la necesidad del otro por hacer algo conmigo hasta que me presiona. No le dije que estaba duro de habérmelo encontrado de esa manera inesperada. No le dije que mi mente se estaba volviendo fuera de control con la forma como me había tocado, desesperado por probarlo; pero estoy seguro que él pudo sentir ese deseo en mí  cuando miré hacia el baño para entrar con él.

Cerramos la puerta del baño con seguro, #613 agarró un puñado de mi pelo y presionó mi cara contra la pared, la cual se sentía fría en comparación con mis mejillas calientes y sonrojadas.

Bajó su cremallera y sacó su verga erecta, le medía 17cm, era ligeramente gruesa en la punta y se hacía delgada hacia las bolas. Sacó un condón de su bolsillo y se lo puso rápidamente. Bajó la tapa del inodoro y se sentó en él.  La excitación del momento hizo que me bajara los pantalones y me senté encima de sus muslos. Apunté la cabeza de su verga hacia mi ano y en segundos la sentí toda adentro con la cabeza de su verga presionando el núcleo de mi ser.

“Qué rico comérmelo aquí”, dijo en voz baja, presionando todo su cuerpo contra mí, sujetándome para no caerme. Alguien tocó la puerta del baño, pero #613 siguió adelante.

Que se esperen“, susurré cuando terminó de ensartar su verga adentro. Grité mientras aceleraba mi cabalgada, la cual se transformó en movimientos bruscos que me hacían sentir como si su verga activara mi cerebro como una droga. Luego, de un momento a otro, #613 daría unas embestidas dentro de mí, haciendo que los inconfundibles sonidos de los golpes de sus muslos chocando contra mi trasero resonaran tan duro que estoy seguro se podía escuchar afuera del baño.

El chismoso que estaba afuera dejó de tocar la puerta. El repentino silencio me hizo gemir más duro, pensando que nadie podría escucharnos, pero aún así continué cabalgándolo y gimiendo fuerte hasta que me agarró fuerte de la cintura, me cargó y me llevó contra la pared.

No pude controlar mis gemidos mientras él plantaba besos en mi cuello y mi mejilla de mi cara.

Le gusta?“, susurró, lamiendo el lóbulo de mi oreja con su lengua. Un escalofrío violento corrió por mi columna vertebral, pero eso solo hizo que mi esfínter se apretara. “Me encanta!”, exclamé. No me importó que me escucharan, de hecho, me excitó saber que había gente espiándonos al escuchar sonidos provenientes de afuera.

Sabía que me despertaría al otro día con moretones oscuros en el cuerpo. Mientras me follaba me imaginaba las marcas que el hombre moreno del bar dejaría en mi cuerpo por un par de días, ver esos moretones los días posteriores serían un recuerdo excitante de esa noche.

Cuando dejan en mí ese tipo de pruebas de un momento de lujuria que perduran con el tiempo me llevan de vuelta a esos instantes de placer de los que los demás disfrutan de mi cuerpo.

Sus embestidas continuaron ganando impulso. Podía sentir la presión y el esfuerzo de #613 por cargarme acumulándose en sus brazos y las venas de su cuello. La forma en que me besó se acentuó ferozmente como si se estuviera muriendo de hambre y tuviera que devorar cada centímetro de mí antes de eyacular. Cuando finalmente no pudo aguantar mi peso, y admiro la cantidad de tiempo que fue capaz de cargarme contra la pared del baño, mi cuerpo se deslizó suavemente hacia abajo hasta que caí sobre el suelo con #613 encima mientras su verga estaba todavía adentro.

Presionó su cuerpo contra el mío, y me vi en una incómoda pero excitante posición donde mi espalda rozaba contra el suelo. Empujó su verga contra mi cuerpo, apretando su nariz contra mi clavícula, mientras hacía un esfuerzo por mantener mis piernas abiertas para que pudiera continuar cogiéndome.

Enterró su verga una vez más y noté el éxtasis en su mirada. Hasta el último momento de su orgasmo, mis caderas seguían moviéndose a causa de sus movimientos. Se balanceó sobre mí y con mi culo apretándose para darle el mejor orgasmo, masajeando cada centímetro de mi ano con su miembro mientras mi cuerpo le rogaba que se corriera a chorros. Se retorció con cada disparo, llenando el condón con su esperma caliente. Mi cuello amenazaba con quedar lisiado mientras #613 se estremecía cada gota de semen que tenía para ofrecer.

Cuando terminó, dio un paso atrás con un suspiro. Estaba sudando cuando su verga se deslizó fuera, liberando el desastre que hicimos para follar en el suelo. Me ayudó a levantarme, botó el condón usado en el inodoro y se subió el pantalón. Me dio una palmada en el trasero, luego abrió la puerta del baño y lo vi alejarse como un fantasma.

Me subí los pantalones, y salí del baño. Habían varios tipos asomados. No volví a ver a #613 esa noche, supongo que se fue después de haberme cogido.

Puntuación: 6 de 10