#555. Cruising en el centro comercial Atlantis

No era la primera vez que hacía cruising en el centro comercial Atlantis. Había estado con #423 en los baños de Cinemark durante una película a la que me invitó #424. La experiencia me ha demostrado que hay ciertos centros comerciales donde es más fácil hacer cruising, al menos la vez que estuve con #555 no hubo señora del aseo metida todo el tiempo en el baño.

#555 nunca había tenido sexo en un baño público y me sorprendió la tranquilidad con la que se portó, pues arriesgarse a culiar en un baño con alguien que no lo ha hecho, implica que se pueda arrepentir segundos antes. Nos encontramos a la entrada del Hard Rock Café. Usaba gafas, aparentaba 22 años, era moreno, delgado, de 1.60 m de altura. Subimos al último piso donde está la plazoleta de comidas. Un guardia de seguridad estaba parado en la puerta que da al corredor largo para entrar al baño, así que yo entré primero y #555 lo hizo dos minutos después para evitar sospechas.

Entré al último cubículo y cerré la puerta. Le escribí a #555 para avisarle donde estaba y poco tiempo después llegó. No tiendo a juzgar la forma como se visten los que me culean, con tal que se vistan como hombres no tengo problema. Por este motivo, ya sea un man que tenga el pelo largo como mujer, que tenga los pantalones super apretados, que se vista muy “fashion”, o que simplemente se le note a leguas que es homosexual por la forma como se viste, automáticamente pierde mi interés sexual. #555 no cumplía con ninguna de las anteriores condiciones, pero sí tenía una camisa con un estampado que parecía de camiseta de bebé o de pañoleta de perro recién salido de la peluquería que me decepcionó mucho porque lo hacía verse cero masculino.

Evité ver su camiseta, me producía una ira interna que no podía desfogar. Nos acomodamos en el cubículo de 1 m x 2 m y #555 dejó la maleta en el piso. Se recostó contra la pared y me arrodillé para chuparlo. La cabeza mojada de su miembro semiduro de 17cm ingresó despacio por mi boca, luego me lo metí todo hasta el fondo. Con el tiempo sentí como se puso duro y subí mi mano para masturbarlo mientras seguía chupándole la punta. Volteé mi cabeza hacia arriba sin dejar de hacer lo mío y vi su cara de placer, moviendo su cabeza hacia adelante y hacia atrás con los ojos cerrados.

Su expresión me confirmó que estaba haciendo bien mi trabajo, lo cual me hizo sentir satisfacción y me motivó a seguírselo chupando a pesar de que ya llevaba bastante tiempo en comparación con el tiempo que he dedicado a mamar en baños públicos. No sé si era porque #555 era un novato en el cruising o si lo estaba disfrutando demasiado, pero sí él hubiera tenido el control de todo me habría hecho mamárselo por 3 horas. Finalmente me levanté y le dije que ya era hora de culiar porque no es bueno durar mucho tiempo en un baño de un centro comercial.

Me bajé los pantalones y sacó el condón de su maleta, se lo puso y me agarró de la cintura. Apoyé mi cuerpo contra la división de metal que separaba nuestro cubículo del que estaba al lado y abrí mis nalgas con las dos manos para recibir el miembro de #555. Siempre es un reto para mí no poder gemir, aunque siempre logro contenerme de hacerlo en lugares donde no se puede hacer ruido. Su pene de poca circunferencia (no era muy grueso) entró rápidamente y me folló parado detrás, algo despacio para evitar cualquier sospecha.

Eventualmente escuchamos los sonidos que se esperan hay dentro de un baño de un centro comercial: cisternas bajando, secadores de manos, gente lavándose las manos, tipos sonándose los nariz… Al inicio, estos sonidos nos pusieron nerviosos y cada vez que escuchábamos uno, parábamos de movernos y cuando todo parecía estar en silencio, seguíamos culiando. Con el tiempo nos dejó de importar los sonidos extraños y follamos sin parar por al menos 5 minutos.

Le pedí que se sentara sobre el inodoro para poder cabalgarlo. #555 se sentó en la taza cuidadosamente y me ensarté su verga con mi espalda hacia él. Aunque me hubiera encantado cabalgarlo de frente, el lugar donde estábamos no lo permitía. Me moví a gran velocidad, mucho más rápido de lo que #555 me cogió de pie. En realidad era más fácil que yo lo cabalgara rápido sin hacer ningún ruido que cuando culiamos parados.

De repente me dio la impresión que las señoras del aseo llegaron a limpiar el baño, incluso puedo casi jurar que escuché celadores discutiendo con estas señoras, supongo porque sospechaban lo que estábamos haciendo. Le dije a #555 que ya era hora de irnos y me acurruqué para que se viniera, se masturbó sobre mis nalgas hasta que se vino encima, luego nos vestimos.

Salí primero hasta que no escuché ningún ruido, y efectivamente no había nadie en el baño, de pronto los sonidos de los celadores habían sido producto de mi imaginación y mi paranoia. 1 minuto después le avisé con un mensaje a #555 que podía salir sin problema. Bajé rápido por las escaleras y no lo volví a ver.


Puntuación: 5 de 10

#543. El que me culió en el Compensar

Recibí un mensaje en grindr que decía “hola” junto con una foto de un pene moreno y erecto. Era el pene más provocativo que había visto en mucho tiempo, o será que estaba muy arrecho ese día? Me envió unas fotos casuales con ropa y gafas de sol. Físicamente era el típico bogotano promedio, pero su verga lo ayudaba a destacarse.

Enseguida le pregunté si tenía sitio pero desafortunadamente no tenía. Sin embargo estaba dispuesto a intentar probar esa verga lo más pronto posible. Me encontraba cerca a Gran Estación y pensé en hacer algo con #543 en ese centro comercial, pero por conocimiento propio sé que allí es muy difícil hacer cruising porque siempre hay señoras del aseo en los baños, así que tuve que pensar en un lugar cercano donde pudiéramos hacer algo.

Le propuse que nos viéramos en el compensar de la 26 con 68 y que ahí buscáramos un lugar donde culiar. #543 resultó ser un “todo terreno”, me encanta los que son así, sin complicaciones, que van a la fija, son sinceros y no hacen perder el tiempo. Acordamos vernos en el primer piso del compensar y 15 minutos después llegué al lugar. Empecé a buscarlo pero había mucha gente y no lo encontré, luego vi a alguien sentado vestido como me había dicho: con pantalón negro y saco a rayas.

Me acerqué dudoso al sujeto, con algo de nervios pensando en la posibilidad que ese hombre sentado no fuera con el que había hablado hace pocos segundos. El tipo estaba mirando su celular, lo miré a la cara y levantó la mirada, supe que era #543, pues si fuera otra persona me habría mirado de forma extraña, hicimos contacto inmediatamente, ese contacto de: Si, soy yo. Se levantó y empezó a caminar hasta el baño más cercano, lo seguí detrás a unos 4 metros de distancia para evitar cualquier sospecha.

Cuando entramos al baño había un hombre orinando y otro bañándose las manos, esperamos un rato disimuladamente hasta que los dos hombres salieron. “Entremos a ese”, le dije a #543 señalando el último cubículo. #543 entró e inmediatamente seguí yo, cerré la puerta con seguro. Toqué el bulto de su entrepierna, se sentía grande y completamente duro. Me arrodillé con ganas de provar ese bulto en mi boca, se bajó los pantalones y rápidamente saltó su verga hacia adelante, la tenía completamente dura, era tan grande y gruesa como la de las fotos. Tenía una verga cabezona y morena, verla así de dura sin ni siquiera haberla tocado me arrechó mucho.

Me la llevé a la boca, en ese instante escuchamos a alguien entrar al baño, no importó. Seguí chupándoselo, escuchamos más personas entrar y salir pero esto no interfirió en la super mamada que le estaba dando. Me emocioné, esto siempre me sucede cuando lo hago en ese tipo de lugares. Mi cabeza se empezó a mover a toda velocidad hacia adelante y hacia atrás con su verga en mi boca, sentí su glande tocar la campana de mi garganta varias veces, sentí que estaba dando una de las mejores mamadas que había dado en mi vida hasta que #543 susurró: “estoy que me vengo”. Me siento afortunado que me hubiera avisado, pues se hubiera podido venir sin que yo alcanzara a disfrutar de su pene en mi culo.

Apenas me dijo que estaba por correrse paré, pues no quería irme de allí sin que me culiara. Me levanté, me bajé los pantalones y me volteé, luego me subí al inodoro y me acurruqué. La posición era extraña pero estaba dispuesto a aguantar lo que fuera con tal de sentir su pene dentro. Me agarró de la cintura y lo metió hasta el fondo en el primer intento. Me empezó a coger rápido, seguía escuchando el secador de manos, lo cual nos hacía saber que había gente dentro del baño.

No hicimos ningún ruido, era imposible que alguien se diera cuenta de lo que estábamos haciendo a menos que hubieran mirado hacia adentro del cubículo donde estábamos. #543 no duró mucho tiempo, segundos después de empezar a follarme se vino, lo sacó despacio, se subió los pantalones y cuando se aseguró que no hubiera nadie en el baño salió con cuidado. Por mi parte, siento que me demoré mucho más en vestirme a pesar que solo me había bajado los pantalones. En realidad siempre tengo esta impresión, es como si todos con los que estoy se vistieran muy rápido y a mi me quedara imposible hacerlo si quiera en una velocidad similar a la de ellos.

Cuando estuve listo me quedé esperando dentro del baño por un momento y dos minutos después salí de allí.


Puntuación: 7 de 10

#541. El abogado que me cogió en la clínica Reina Sofía

Fue durante una visita a un conocido que operaron en la clínica del country que descubrí el potencial de los baños de las clínicas para hacer cruising. Sus ventajas sobre los baños de centros comerciales son gigantes, y lo mejor es que es tan fácil entrar al baño de una clínica como al de un centro comercial.
Primero que todo, los baños de las clínicas son mucho menos concurridos que los de cualquier centro comercial, lo cual proporciona mayor privacidad. Segundo, no hay una señora del aseo todo el tiempo como sucede en los centros comerciales y tercero, son más pequeños y tienden a ser más privados. En mi opinión, los baños de las clínicas están subvalorados en lo que respecta al cruising.

Siempre pensé que la primera clínica donde lo haría sería en la Country, pero por razones de la vida terminé teniendo sexo en una clínica que nunca había ido, la Reina Sofía. Me encontré con #541 a pocos metros de la entrada del lugar. Era moreno, medía 1,70, tenía la cara redonda, barba corta en el mentón y su contextura representaba lo que algunos llamamos: “trozudo”. Tenía un vestido oscuro muy elegante con camisa blanca, chaleco negro, corbata y zapatos negros brillantes.

Nos conocimos antes de entrar a la clínica, me sorprendió cuando reveló su edad. Me parecía de 28 años pero tan sólo tenía 23. Es abogado, eso explicaba su traje formal. Desde el inicio no dejó de halagarme diciéndome que le parecía lindo, y al salir me dijo que le gustaría invitarme a comer o a tomarnos una cerveza. Tuvimos sexo 2 veces más después de hacerlo en la Reina Sofía.

Entramos a la clínica y tomamos el ascensor hasta el cuarto piso. Cuando se abrió el ascensor había una sala de espera, a la derecha una puerta de vidrio y a la izquierda una puerta que daba hacia las habitaciones de ese piso, antes de la puerta estaba un baño de hombres y al frente una ventanilla que daba a una recepción donde había enfermeros trabajando.

Esperamos un momento a que no hubiera mucha gente entrando y saliendo de la puerta de la sección de habitaciones, cuando bajó el flujo de personas y me aseguré que no había ningún enfermero o médico mirando hacia la puerta del baño (la cual estaba justo al frente del baño), aproveché para entrar. Adentro había un un orinal y un cubículo con inodoro, era propicio para un rapidito con el riesgo que alguien quisiera entrar al baño y pudiera descubrirnos. Me encerré en el cubículo mientras que #541 esperó un rato para evitar cualquier sospecha y dos minutos después ingresó, nos encerramos en el cubículo y cerramos la puerta con seguro.

Un sentimiento de adrenalina invadió mi cuerpo, ese que se apodera de mí cuando estoy por hacerlo en un lugar como estos. #541 se puso contra la pared y me arrodillé, se desabrochó el cinturón y se bajó la cremallera. No era muy dotado pero su pene medía lo suficiente para llenar mi boca y mi culo. Se lo mamé con algo de nervios. Sentí el sabor de su precum, su glande se sentía muy húmedo.

Quería que me follara, así que me levanté rápidamente, bajé mis pantalones y me volteé contra la pared, mi culo quedó expuesto hacia su verga dura y erecta ansiosa de penetrar mi ano. Mi cuerpo quedó sostenido por mis brazos erguidos con mis palmas sobre la pared. Volteé mi cabeza, había olvidado que #541, el abogado, traía un vestido muy elegante que despertó un morbo en mí. Su pene erecto apuntaba naturalmente hacia mi hueco, sacó un condón de su bolsillo y se lo puso.

Me agarró fuerte de la cintura y me penetró. Rápidamente sentí su pene tocar lo más profundo de mi ano, me dejé llevar por el momento y olvidé que alguien podía haber entrado sin darnos cuenta. Mis gemidos eran muy suaves, podían pasar desapercibidos. Me gustaba mirar hacia atrás y verlo en su vestido elegante y brillante que se movía al mismo tiempo de su verga penetrándome.

De repente sacó su pene, se quitó el condón y susurró en un tono agitado: “quieres que me venga?”. “Sí!”, respondí. Me quedé en la misma posición porque noté que se quería venir sobre mis nalgas. Se empezó a masturbar rápidamente hasta que salió un chorro tras chorro de semen que cayó sobre mi espalda y mis nalgas. Me limpié con papel higiénico y #541 se subió los pantalones y salió primero del baño. Minutos después salí yo. Me pregunto qué habría pasado si alguien hubiera entrado al baño en pleno ajetreo. Cuando salí de la clínica me estaba esperando en la puerta, me dijo que lo había disfrutado, que le gustaba mucho y que quería volver a verme.

#541 me escribió en varias ocasiones para tener sexo y volvimos a tirar dos veces más. Una de ellas fue a la madrugada en el patio de su apartamento, lo hicimos sobre la lavadora y en medio de un arrume de ropa sobre el piso. La segunda vez fue un trío con alguien que no me dio confianza. Después de esa ocasión nunca más le volví a responder sus mensajes.


Puntuación: 8 de 10

#529. Cruising en el humedal Córdoba con el instrumentador quirúrjico

Encontrar a alguien dispuesto a hacerlo en cualquier tipo de lugar público no es fácil, se requiere de una persona on coraje, con una personalidad que no le tenga miedo a ser descubierto, que le gusten las aventuras y que no le tenga miedo al riesgo. #529 contaba con esta personalidad.

#529 era un seguidor de twitter que tenía sitio, me había escrito en varias ocasiones invitándome a su casa, pero vivía muy lejos y nunca nos vimos. A pesar que es un amante del cruising, #529 nunca lo había hecho en el humedal córdoba (un clásico del cruising en Bogotá). Mientras caminábamos me contó que ha tenido bastantes experiencias de centros comerciales y que una vez unos policías lo descubrieron teniendo sexo en un baño de Centro Mayor, pero no se los llevaron al CAI. Sabía que a #529 le gustaban las aventuras en lugares públicos por las conversaciones que tuvimos y pensé que era un buen candidato para volver al humedal córdoba, algo que llevaba pensando varias semanas.

Una mañana empezamos a conversar sobre dónde era el mejor lugar para culiar, le hablé de la posibilidad de tirar en  el humedal y sin dudarlo dijo que quería cogerme allí ese mismo día. Me emocioné, estaba ansioso de revivir mis primeros encuentros, pues no había vuelto al humedal desde que estuve con #30. Lo cité en el mismo sitio donde me encontré con los que culié en el humedal, nos vimos debajo del puente peatonal de Bulevar.

Llegué primero y él pocos minutos después. Cuando lo vi se me hizo más guapo que en las fotos, medía 1.70, era moreno, de ojos verdes y tenía 25 años. Caminamos hacia el humedal, hacía mucho tiempo no realizaba ese trayecto. Cruzamos el puente y atravesamos un parque, recordé cuando caminé por allí con el que culié por primera vez en el humedal, con quien caminamos dudosos, despacio y sin rumbo por ese parque sin saber que en minutos descubriríamos aquel sitio icónico de encuentros gays, después de un intento fallido de tirar en los baños de Bulevar.

Mientras cruzábamos el puente le pregunté a qué se dedicaba y me contó que es instrumentador quirúrjico. Hubo un silencio incómodo y soltó una risa nerviosa. “De qué te ríes?”, le pregunté extrañado. “He leído su diario, y no sé cómo me va a poner en su lista. Será “el instrumentador quirúrjico”? haha” respondió riéndose. Tenía toda la razón, pues siempre busco cosas particulares, únicas, que distingan al #personaje de los demás con el fin de poder acordarme de #él mucho tiempo después de nuestro encuentro.

Después de todo, nunca antes había estado con un instrumentador quirúrjico, por lo que si lo agregaba en mi lista con esta descripción sería muy fácil acordarme de él. Sin embargo, hay otros #personajes que no se destacan tan fácilmente, no necesariamente porque no sean atractivos o no sean un buen polvo, sino porque por ejemplo, tienen un aspecto físico que pueden tener muchos (medir 1.70, ser moreno con barba, etc.) o tienen una profesión muy general como administrador o abogado, y viven en un barrio donde ya he tirado con muchos.

Por eso necesito encontrar cosas  únicas en cada uno. Entre más único sea el aspecto (como el instrumentador quirúrjico, o el que colecciona cartas de restaurantes, o el que es socio de Pricewaterhousecoopers, por ejemplo), más corta puede ser la descripción en mi lista porque los puedo recordar con una simple palabra. Por el contrario, entre más general sea su aspecto y su profesión/ocupación, o si no hubo algo específico en el encuentro que haya causado impacto en mí, más larga debe ser la descripción en mi lista para poder distinguirlo en mi lista.

Volviendo a mi historia con #529, seguimos caminando por el mismo trayecto que había recorrido en mis anteriores encuentros para llegar al humedal. Caminamos por una calle con casas y finalmente un parque, yo solo sabía entrar al humedal atravesando ese parque, pero después me enteré que hay otra forma de ingresar al lugar. Finalmente empezamos a caminar por el sendero peatonal de cemento que conocía y que se encuentra entre una calle pavimentada por donde se entra a unos edificios altos de ladrillo, y las rejas que separan unas casas.

Pasó mucho tiempo desde que fui por última vez al humedal, el pasto largo sin cortar había sido remplazado por cemento: un nuevo parque (diferente al primero que atravesamos y que ya conocía) había sido construido antes de llegar a la entrada del humedal. Los alambres de púas de metro y medio de altura ya no separaban el humedal, sino que estos alambres habían sido remplazados por unas rejas nuevas de más de 2 metros de altura hechas de hierro forzado que hacían imposible entrar al lugar. Enseguida de estas rejas había sido construida una cicloruta que rodeaba todo el parque.

Seguimos caminando hacia la entrada del humedal, la cual consistía en una montaña no muy alta donde terminaba el sendero peatonal que estaba justo al lado de un portón grande que siempre permanecía con candado. Al lado derecho del portón estaba aquella montaña que subíamos con algo de esfuerzo para entrar al humedal. La montaña había sido remplazada por una reja no muy alta, que afortunadamente era mucho más bajita y estaba hecha de un material mucho menos grueso que la reja nueva que rodeaba todo el humedal.

Simplemente con treparnos sobre la rejilla podíamos pasar al otro lado y estar dentro del humedal, pero a pocos metros había un grupo de personas sentadas en unas sillas del parque, y al lado del parque había una calle sin salida donde había gente aprendiendo a conducir. Si atravesábamos esa reja nos podían ver, y al parecer eso era algo que le preocupaba a #529, aunque a mí no me hubiera importado mucho que se dieran cuenta.

Estaba dispuesto a atravesar la reja, pero #529 no quería hacerlo con tanta gente alí, así que seguimos caminando hacia el sur intentando encontrar otro lugar donde pudiéramos pasar al otro lado. Atravesamos todo el parque y llegamos hasta el otro extremo donde la reja alta y gruesa terminaba en el borde de un edificio de apartamentos. No había forma de pasar al humedal que no fuera por donde él no había querido entrar. Volvimos hasta la reja de baja altura que podíamos trepar, y afortunadamente para ese entonces las personas que estaban allí se habían ido, además ya no había carros cerca con gente aprendiendo a manejar.

El momento era perfecto, #529 miró la reja y me dijo que quería treparla. Primero lo hice yo y luego él. Subí la reja cual spiderman y salté dentro del humedal, fue una hazaña un poco difícil pero llena de adrenalina, luego siguió #529. Por fin estábamos dentro, lo guié por el camino de tierra y pasto. Entraba poca luz, pues las ramas de los árboles habían crecido en comparación con la última vez que estuve allí. También vi mucha basura pero en igual cantidad que antes, evidencia de gente que había fumado marihuana, había colillas de cigarrillo, envolturas, bolsas, botellas, etc.

Empezamos a buscar el lugar más propicio para tener sexo, le propuse un sitio que me pareció aceptable, solo que estaba al lado de los árboles que limitaban con la reja y se podía ver lo que había al otro lado, a #529 no le gustaba la idea que nos pudieran ver. En realidad, que nos vieran era algo casi imposible porque no había casi nadie al otro lado, y para que nos vieran debían tener vista de águila y alumbrar con una linterna, pues donde estábamos era oscuro. Seguimos buscando donde tirar, caminamos bastante y se me hizo un trayecto eterno.

Hubiera dejado que #529 me cogiera a 3 metros de la rejilla que trepamos para entrar al humedal, pero él era mucho más meticuloso con escoger un lugar apropiado. Después de varios minutos de buscar donde culiar por fin dimos con un sitio donde nadie podría vernos, quedaba colina abajo y había una tabla grande de madera en el piso algo sucia porque estaba encima de la tierra y el pasto, estábamos rodeados de árboles y allí nos acomodamos.

La gente por lo general deja su ropa encima de un ropero, una cama o una silla cuando se desnuda para tener sexo. Después de haber tenido sexo en varios lugares que no son una habitación con una cama, dejar mi ropa en el piso ya no es algo primordial para mí. Colgamos nuestra ropa en una rama para que no se ensuciara y me arrodillé para mamárselo. Tenía una verga rosada en la punta, debía medir 18cm. Se la puse dura en menos de 3 minutos y puse mi chaqueta en el piso para acostarme y que #529 pudiera penetrarme. #529 se arrodilló en el piso y puso mis piernas sobre sus brazos rodeando mi muslo hasta tocar mis nalgas con las palmas de sus manos.

Me agarró duro de mis nalgas y mis piernas y me empezó a coger, el piso donde estaba no era lo más cómodo pero en estos casos no importa, soy un amante de hacerlo al aire libre. Me folló a un ritmo relativamente rápido y consistente, no muy fuerte y muy excitante. Era rico poder ver su cuerpo moreno y delgado moverse a un ritmo tan delicioso y ver los árboles verdes detrás de él.

Cambiamos de posición y me puse de rodillas para culiar en 4. Sentí como su verga se dio paso de nuevo dentro de las paredes de mi ano, una vez la tuve toda adentro puso su mano en mi hombro derecho y su otra mano en mi cintura. Así me volvió coger con el ritmo que había usado cuando lo hice con mis piernas abiertas boca arriba. Si hay algo que me encanta de tener sexo en el exterior es sentir la brisa fría tocar mi piel mientras disfruto de una buena verga. Y aunque no había mucho viento porque estábamos rodeados de árboles, hacía un poco de frío y eso era suficiente.

Sentí como puso sus manos sutilmente sobre mi cintura, la cual no tomó con propiedad como usualmente lo hacen, pero fue delicioso sentir sus manos tocarme en ese momento. Las había puesto de forma tan sutil que me dio la motivación para moverme con mayor intensidad y rapidez, así que ahora sus movimientos eran más pausados y sin tanta fuerza, mientras yo movía mi culo hacia adelante y hacia atrás haciéndole saber que quería toda su verga hasta el fondo.

Dejé de tener mis brazos erguidos con las palmas de mi mano abiertas sobre el pasto y la tierra, a tenerlos doblados con mis codos rozando la tierra. Era una posición mucho más cómoda para mis brazos ya que me permitía moverme con mayor fuerza. Tomé un mayor control de la situación, ahora era yo quien lo estaba follando con mi ano. “Oh si!, dame así!”, le pedía esperando que me lo hiciera un poco más rápido. Volvió a poner sus dos manos sobre mi cintura y las apretó como nunca mientras aumentaba la intensidad de sus movimientos al unísono de mis nalgas golpeando contra su cintura.

De repente #529 agarró mi cintura con más fuerza y deslizó su mano sobre mi espalda hasta mi hombro donde la sostuvo por unos segundos antes de llegar al orgasmo. “Me voy a venir”, susurró. “Vente”, le respondí. No quise interrumpirle el momento, simplemente continué moviéndome como lo estaba haciendo hasta que escuché aumentar el sonido de su respiración. “ah, ah, ah!” repitió varias veces en voz baja. Finalmente empezó a moverse más despacio y deslizó su mano por mi espalda hasta mi cintura, esto me confirmó que se había venido. Levanté mi espalda suavemente y volteé mi cara para darle un beso, había querido besarlo desde el primer momento que nos quitamos la ropa.

Los mosquitos acechaban, y nuestra piel al descubierto no ayudaba. Me masturbé mientras él se vestía y me limpié con una hoja de árbol grande que encontré al lado mío. Nos vestimos rápidamente y caminamos hacia la rejilla por donde entramos. Esta vez treparla fue un poco más difícil porque el nivel del suelo estaba más abajo, mientras que al otro lado (la parte que no pertenecía al humedal), el nivel del piso estaba más arriba. Trepamos la rejilla y caímos al suelo en medio de una maniobra.

Me sentía sucio, pero eso me dio mucho morbo. Mi ropa estaba untada de tierra y pasto, mis tennis prácticamente nuevos se habían ensuciado bastante pero no me importaba, había valido la pena. Caminamos hasta el puente y nos despedimos, tomamos rumbos distintos.


Puntuación: 10 de 10

 

 

 

 

 

#527. El que me culió en el baño de un McDonald’s

Empecé a hacer cruising cuando tenía 16 años en los baños de centros comerciales. Perdí mi “virginidad de cruising” en un cubículo de un baño del primer piso del centro comercial bulevar con un hombre de unos 28 años que conocí en un chat. Desde ese momento me convertí en alguien que buscaba sexo anónimo con extraños. Posteriormente cogí con varios tipos en el humedal Córdoba hasta que empecé a tener encuentros con hombres en sus casas. La razón por la cual tenía sexo en lugares públicos al principio era porque no conocía hombres con sitio, así que empecé a ver el cruising como algo que no era ideal.

Hubo una época en la que dejé de tener sexo en lugares prohibidos porque empecé a conocer tipos que tenían sitio, así que empecé a tener sexo en sus camas. Pasó tanto tiempo durante el cual no hice cruising que pensé que ya no me gustaba, incluso recuerdo haber escrito en alguna parte de este diario “prefiero hacerlo en la comodidad de una cama”, recuerdo que también dije que me daba miedo que me descubrieran haciéndolo en un lugar público.

Siempre he ido en contra de la monotonía y de la rutina. Me aburre lo cotidiano, lo establecido, despertar, hacer lo mismo de todos los días, dormir para despertar al día siguiente para hacer más de lo mismo al otro día…parece que la mayoría de la gente puede con ello y vive sus vidas sin que esto les moleste en absoluto, pero a mí me gusta divertirme a mi manera; por eso busco tener nuevas aventuras con diferentes hombres ya sea en sus camas, en su sala,en el transporte, en los baños públicos, en un bar, en unas cabinas, donde sea.

Sé que necesitamos una rutina, pertenecer a una organización ya sea colegio, universidad o trabajo para tener un estatus en la sociedad, una estabilidad para crecer profesional y personalmente, porque la cotidianidad parece ser una convención social y una forma de supervivencia, y porque está contemplado como una forma ideal de vida para que exista un balance positivo de todas las variables y aspectos de nuestras vidas.

Acepto esta rutina de la que todos hacemos parte, es fundamental porque me ayuda pertenecer a esta sociedad, pero a veces necesito escapar de esa monotonía y experimentar un poco de diversión. Cuando volví a experimentar en lugares públicos me di cuenta que puede ser más interesante de lo que me imaginaba, de hecho me parece algo muy excitante. Sentir la adrenalina de hacerlo en un lugar prohibido y saber que existe una posibilidad que nos descubran simplemente me pone duro y genera una sensación increíble en mi estómago.

Escribiendo este relato tengo muchos flashbacks de los lugares no convencionales donde he tenido sexo, me excita recordar cuando me cogió un vendedor de un almacén de andino en una bodega del centro comercial, las veces que me cogieron en el humedal Córdoba, en un contenedor, en el parque nacional, un salón de mi universidad, en carros, parqueaderos, baños públicos, entre otros.

Lo más excitante de hacerlo con un extraño en un lugar público es el anonimato de los miembros que participan en el acto. En la mayoría de los casos nunca sé su nombre, ni su edad, ni dónde vive o a qué se dedica, y en algunos casos, ni siquiera sé cómo es su voz o qué acento tiene. Es entonces como aquel encuentro radica en entregarle mi cuerpo a un desconocido para que disfrute de mí y yo de él en un intercambio de placer mutuo, una situación llena de adrenalina y morbo, donde minutos después pasará a ser un simple recuerdo de alguien a quien nunca más volveré a ver o de quien nunca más volveré a saber.

#527 fue uno más de esta lista de anónimos con cara y cuerpo de quien apenas sé cómo iba vestido, un completo extraño con quien empecé a hablar por grindr pocos minutos antes de encerrarnos para culiar en el baño de discapacitados de un McDonald’s. Su foto de perfil mostraba un hombre joven, de unos 23 años, moreno y delgado. Los dos estábamos cerca al McDonald’s de la 127 con autopista, me di cuenta al hablar con #527 que es de esos que son aventureros y les gusta tener un poco de acción donde sea sin importar el riesgo a ser descubierto.

Acordamos vernos en el baño del McDonald’s, él llegó primero. Sabía que para entrar necesitaba la clave para ingresar al baño, o que algún trabajador del lugar me acompañara hasta la puerta para dejarme ingresar con el requisito de haber comprado algo antes, pero afortunadamente él ya estaba en el baño antes que yo llegara. Nunca supe si compró algo en el restaurante para poder entrar al baño o si tuvo la suerte de entrar al mismo tiempo que otra persona. Le escribí cuando estaba afuera del baño para que me dejara entrar y abrió la puerta enseguida. Era de baja estatura y tenía puesto un vestido elegante.

Entramos directo al baño de discapacitados y cerramos la puerta con seguro. Había una ranura bastante grande entre la puerta y la pared, cualquiera que se acercara hubiera podido ver lo que estábamos haciendo. Al mismo tiempo, esto nos permitía saber si alguien nos descubría. Me bajé el pantalón y los bóxers, #527 también se bajó los bóxers y dejó al descubierto su verga completamente erecta. Me arrodillé y se la mamé por no más de dos minutos, pues demorarnos mucho en el baño podía ser riesgoso. Mientras se la mamaba escuché y vi a varias personas entrar al baño, entre ellos había muchos adolescentes con uniforme de un mismo colegio y dos niños con sus padres.

Me levanté y me volteé 180 grados con mi culo hacia él, apoyé mis manos sobre la pared y abrí mis nalgas para que su verga entrara fácilmente. Estaba tan excitado por el momento que su pene entró rápidamente sin necesidad de foreplay ni lubricación, el simple hecho de saber que lo estaba haciendo en el baño de un McDonald’s me tenía muy excitado. Dejé de mirar por la ranura, me dejó de importar que nos vieran, después de todo la estaba pasando muy rico y no quería distraerme con preocupaciones innecesarias. Me hubiera gustado mucho gemir, pero no era posible, a menos que no me importara que nos descubrieran.

Me dejé llevar por sus movimientos, eran suaves, podía notar lo nervioso que estaba #527. Empecé a moverme hacia adelante y hacia atrás, ahora era yo quien tenía el control. Me mecí con su verga adentro, la disfruté como pude y a mi antojo, quería que el momento quedara bien guardado en mi memoria. Me lo cogí en ese baño mientras varios hombres entraron y salieron. Escuché el lavamanos y el secador de manos activarse varias veces por cada persona que salía, pero no me importaba, de hecho me excitaba.

Culiamos por unos 4 minutos hasta que sacó su verga, se masturbó y se vino sobre mis nalgas y mi espalda. Fue delicioso sentir chorro tras chorro de semen caliente caer sobre mi piel. Alcancé papel higiénico y me limpié, nos subimos los pantalones y esperamos hasta que no hubiera nadie en el baño. #527 salió primero y poco tiempo después salí yo.


 Puntuación: 8 de 10