#609. Culiando en el motel “caro”

Iba en el Transmilenio camino a encontrarme con #609, varias personas se subieron y me empujaron contra la puerta. Un hombre moreno, delgado, un poco más alto que yo y que aparentaba 28 años quedó frente a mí.

A medida que pasaba el tiempo me di cuenta como el hombre que estaba al frente se fue acercando cada vez más. A pesar que el bus estaba lleno, no había tantas personas para justificar el acercamiento repentino y sin razón de aquel hombre. 

El hombre acercó aún más sus pies hasta que su entrepierna rozó mi muslo. No supe cómo reaccionar, pues no soy el tipo de persona que morbosea con alguien en pleno bus. Se han quedado mirándome en el transporte público y he correspondido esas miradas con cierto grado de incomodidad, pero nunca he sido capaz de hacer algo más. 

En mi primer semestre de universidad fui víctima de acoso en el Transmilenio por parte de un hombre que no era para nada mi tipo, el tipo fue exageradamente morboso hasta el punto que me hizo sentir muy incómodo, pero no fui capaz de reaccionar aunque estuve a punto de explotar de la rabia y gritarle; por fortuna tuve que bajarme rápido.

No estaba seguro si el desconocido no se había dado cuenta que estaba tocándome de forma inapropiada, o si lo estaba haciendo con premeditación y su intención era morbosearme. No di ningún gesto de rechazo, pues tampoco me aparté, pero tampoco demostré interés en su acercamiento.

De repente sentí su miembro erecto tocando mi pierna, eso me confirmó que al tipo no le importaba que me diera cuenta y estaba dispuesto a continuar tocándome. Un calor intenso y repentino recorrió todo mi cuerpo de pies a cabeza. La situación parecía de película, pues no es común encontrarse con alguien así.

Sentí un morbo que nunca había sentido, pues el hecho de que otro hombre me estuviera rayando con su pene en un Transmilenio con tanta gente al rededor donde cualquiera podía vernos, era tan prohibido y excitante al mismo tiempo.

Se abrieron las puertas y entró más gente, el bus quedó completamente lleno y el tipo morboso y yo quedamos completamente juntos. Esto facilitó que pudiera agarrar su verga, la cual estaba tan dura como una roca. Sin embargo, otro tipo de 1.80m quedó justo en frente de nosotros dos, y podía darse cuenta de lo que estábamos haciendo simplemente con mirar hacia abajo. 

Empecé a agarrar el pene del hombre morboso con mayor discreción para evitar que el tipo de 1.80m se percatara de lo que estábamos haciendo, aunque sé que al final se dio cuenta de todo. Mientras tanto, el morboso empezó a agarrar mi pene duro y mis nalgas, lo hacía con un desespero como si no hubiera tenido sexo en meses.

A medida que pasaba el tiempo me dejó de importar que el tipo de 1.80m se diera cuenta de lo que el morboso me estaba haciendo, incluso noté que volteó a mirar hacia abajo y en varias ocasiones y se quedó mirándonos, no sé si disfrutaba de ver lo que hacíamos el morboso y yo o si simplemente lo quería confirmar con sus propios ojos. 

Estábamos cerca de la estación donde debía bajarme, así que saqué mi celular y abrí la aplicación de notas, luego le pasé mi celular al hombre morboso para que anotara su teléfono. Lo agregó y me bajé del bus, ese mismo día le escribí por WhatsApp. 

Me dijo que vivía en el sur y que no tenía sitio. Intercambiamos fotos hot en los días que siguieron, pero nunca nos volvimos a ver.

Llegué a la estación donde acordé encontrarme con #609. Cuando llegué él ya estaba esperándome. Se veía más joven de lo que me imaginaba, llevaba puesto un jean y una camiseta blanca. Medía 1.70 y era moreno.

Caminamos por un lugar que no se veía muy seguro y tuve un poco miedo porque la calle era sola. #609 tenía muy claro la dirección hacia donde debíamos caminar, y sabía donde estaba ubicado el motel a donde me llevaría.

Llegamos al motel, desde afuera se veía como un motel caro en comparación con los que me habían llevado antes. Una mujer nos acompañó hasta la habitación, eso siempre me ha dado vergüenza. Sería más fácil si dieran una llave para cada habitación con un mapa del motel, de esa manera uno se ahorraría la situación incómoda.

La habitación era más pequeña de lo que me imaginaba, pero perfecta para un polvo. Apenas se podía caminar entre la cama y la pared. Estaban dando “Tu Voz estéreo”, y no cambiamos de canal durante toda la velada. 

Entré al baño para orinar y cuando salí #609 estaba terminando de quitarse la ropa. Su contextura era gruesa y su piel era color canela. Me excité al verlo en sus bóxers blancos, sobresalía el relieve entre su entrepierna, destacando su pene semi duro. 

Las ganas de descubrir lo que había debajo de sus boxers hicieron que me arrodillara frente a él. Bajé sus bóxers hasta sus rodillas y vi su pene grueso y venoso, lo tomé con la mano y lo metí en mi boca. Rápidamente se puso duro, y en cuestión de segundos sentí como cambió su tamaño con mi lengua.

Cuando estuvo completamente duro me alejé y sus bóxers cayeron al suelo. Subimos a la cama y allí continué chupándoselo hasta que le pedí que me cogiera. Le pasé un condón, el último que me quedaba de mi dotación semanal y le ayudé a ponérselo. Poco a poco el látex fue bajando sobre su pene hasta que tocó la base, haciendo que su pene color moreno se viera brillante. 

El olor a látex me recuerda cuando perdí la virginidad, y marcó mis encuentros sexuales posteriores. Es un olor único que me recuerda mi adolescencia y las veces que me reuní con hombres que recién conocía por internet con quienes terminaba follando en el humedal Córdoba. Me encanta ese olor a condón recién abierto, y me produce un morbo único e increíble que ningún otro olor me hace sentir.

Nos sentamos de rodillas en la cama y nos besamos, abracé a #609 y me dejé llevar con sus labios y su lengua. Me ponía más duro con cada beso que me daba, y me imaginaba cuando lo tuviera adentro. Entonces se acostó mirando hacia el techo y extendió sus piernas, me senté sobre él y agarré su verga rozando la cabeza con mi ano. 

Hice movimientos sensuales para estimular su miembro, el cual ya estaba en la cúspide de su tamaño. Sentía ganas de metérmelo hasta el fondo pero todavía no era el momento. Mi culo empezaba a lubricarse con la punta rozando mi orto, y finalmente le pedí que me follara.

Me puse en cuatro y me abrí de piernas, #609 abrió mis dos nalgas y ensartó su herramienta en mi hueco de un solo intento. Lo metió suave y cuando llegó hasta el fondo me cogió duro. “¡Oh si!, ¡Dame verga!”, le pedí. 

#609 se encarnizó con mi culo, mis rodillas se resbalaron sobre las sábanas debido a la fuerza que ejercía con cada uno de sus movimientos. Es así como me gusta que me lo hagan, solo debo abrirme de piernas y dejar que me penetren hasta deslecharlos y sacarles la última gota. Mi placer está en poder darle placer a los demás.

“Me vengo”, susurró. Entonces supe que había cumplido mi cometido y segundos después dejó de moverse. “¿Te viniste?”, le pregunté para corroborar mi sospechas, y asintió con la cabeza. 

Dejó su pene adentro un tiempo y lo sacó hasta que disminuyó su tamaño. Mi ano estaba algo adolorido, pero había valido la pena. Cuando terminó me di cuenta que ya estaban por empezar las noticias de las 7pm. El tiempo se pasó muy rápido, me masturbé estando acostado desnudo sobre la cama y finalmente nos vestimos. 

Sentí vergüenza al salir del motel, siempre he sentido pena que gente me vean caminar en un lugar de estos. Creo que esto se debe a que el venezolano con el que perdí mi virginidad me pidió caminar a varios metros detrás de él y no hacer contacto visual con nadie cuando entramos al motel. En esa época no lo entendía, pero ahora sé que si lo veían caminando con un adolescente de 16 años se vería como un pedófilo. 

Puntuación: 8 de 10

#608. El futbolista

Cuando vi a #608 resultó ser más alto de lo que me esperaba, medía 1.85m aproximadamente, era moreno y muy varonil.

Su gusto por los hombres pasaba completamente desapercibido, tanto así, que me pareció haber estado con un hombre 100% heterosexual.

Me había enviado mensajes por Twitter para culiar meses antes pero nunca concretamos nada hasta que se fue a vivir solo. Un día me escribió por Whatsapp para contarme que tenía sitio y le aparté un espacio en mi agenda de polvos esa semana.

Nos encontramos en el semáforo de la estación de Transmilenio de la 72 a pocas cuadras de donde vive. Llevaba un saco negro de cuello en V. Su sonrisa natural y lo hacía ver como alguien alegre y confiable. Su acento costeño y la manera como se expresaba me produjo un morbo y una excitación que me mantuvo encendido desde el inicio. Desde el primer momento en que lo vi tuvimos una química muy particular que he tenido con pocos hombres.

Rápidamente llegamos a su apartamento. Resulta que #608 vive al frente del hotel donde culié con mi primer guajiro. Casualmente #608 también era guajiro y recién se había mudado a ese apartamento para vivir solo después de vivir con roommates, su mamá lo visitó el fin de semana anterior y #608 había estado esperando a estar solo para invitarme.

Lo primero que hizo fue prender el televisor para ver un partido que estaban dando entre el Junior y otro equipo que no recuerdo. Me quité los zapatos y me acosté a su lado en la cama para ver el dichoso partido. No me gusta el fútbol, pero pronto me di cuenta de lo apasionado que es #608 por este deporte.

Gritaba y se estresaba al ver cada jugada, se cogía la cabeza y se alegraba cuando le iba bien al Junior. Movía los pies, aplaudía, y lanzaba gritos al televisor como si los jugadores del Junior lo fueran a escuchar. Su afición me excitó, pero también hizo preguntarme cuánto tiempo debía esperar para que me pusiera atención, por un buen tiempo solo tuvo ojos para ver el dichoso partido.

Su pasión por el fútbol generó a su vez un morbo mayor por estar con él y disfruté cada minuto al verlo emocionado por algo que encuentro aburrido e insignificante. 

De repente se volteó para mirarme fijamente. Mi corazón empezó a palpitar, después de tanto tiempo que pasó viendo el partido me sentí halagado al pasar a ser el centro de atención. Bajé mi mano y noté un bulto prominente entre sus dos piernas, sin saberlo, #608 ya estaba duro.

Me ayudó a desabrochar su cinturón y se bajó el pantalón hasta las rodillas. Una verga morena, cabezona gruesa y de más de 17 centímetros saltó hacia adelante esperando a entrar en mis dos huecos. Entonces me agaché y sutilmente probé la punta con mi lengua, luego la agarré como un trofeo con mi mano y la admiré pensando en que iba a ser mía por el resto de la noche. 

Estaba siendo testigo de una verga perfecta de costeño, ligeramente encorvada hacia arriba, venosa y muy apetitosa. De un solo intento la metí hasta el fondo de mi garganta y comencé a chuparla como ternero mientras #608 disfrutaba verme mamando su herramienta.

Era extraño saber que el partido de fútbol había desaparecido por completo de su atención. Pensé que en algún momento iba a volver a mirar el televisor y a pedirme que paráramos un momento para continuar viendo el partido, pero eso nunca sucedió. Cada vez que subía mi cabeza para mirarlo sonreía y cerraba los ojos para indicar lo mucho que disfrutaba mi boca en su aparato reproductor. 

Paré de mamárselo para quitarnos la ropa, había un espejo rectangular en la pared, el cual supe que iba a servir para mirar su cara de placer mientras me follaba el culo. #608 se terminó de desnudar y solamente se dejó sus medias color piel.

Se acostó con los pies extendidos sobre la cama y colocó las palmas de sus manos debajo de su cabeza mirando hacia su verga, esperando a que continuara con la mamada que había iniciado. Me arrastré gateando hasta que acomodé de rodillas entre el triángulo que había formado con sus dos piernas. Dirigí mi cara hacia su pene, el cual yacía erecto apuntando hacia el techo.

Cerré mis ojos y me dejé llevar por su hermosa verga de costeño, fantaseando con el momento en que ésta ingresara a mi culo. Para su apariencia no era agresivo, de hecho fue muy comprensivo y siempre me permitió llevarla hasta donde mi garganta me lo permitía sin atragantarme, pues la mayoría se apoderan de mi boca y meten sus vergas hasta que me dan náuseas y me hacen salir lágrimas. 

Mis ganas de culiar me llevaron a levantarme, sentí la necesidad de estimular mi ano con su vergota, entonces me senté sobre su pelvis mirándolo. Agarré su verga y la posicioné de tal manera que la cabeza rozara la entrada de mi ano. Coloqué las palmas de mi mano sobre su pecho y empecé a mecerme hacia adelante y atrás, podía sentir la cabeza de su verga lubricada siendo friccionada con mi recto, eso me puso muy duro y mi pene llegó a su máxima expresión. 

#608 me agarró de la cintura permitiéndome disfrutar de su glande, su cara de placer se confundía con una sonrisa genuina de estar entre mi culo después de haber deseado tenerme por tanto tiempo. La calentura del momento me hizo producir gemidos de excitación sin ni siquiera tenerlo adentro todavía.

Mis movimientos se hicieron más rápidos y estimulantes para su glande, y con cada movimiento la punta de su verga empezó a ejercer mayor presión contra la entrada de mi culo. 

Subí mi cadera para evitar que me penetrara con la cabeza de su pene, pero mis esfuerzos pronto se vieron frustrados cuando tomó su verga con la mano y acercó la cabeza hacia mi culo presionando para ingresar en mis paredes anales. Subió sus piernas y su pelvis y continuó empujando su miembro dentro de mí sin condón. 

Es de conocimiento general que el “foreplay” y la excitación del pasivo son de gran ayuda para relajar los músculos anales y hacer que el acto de la penetración sea lo menos traumático y por el contrario, ayudar al pasivo a disfrutar plenamente del sexo anal a pesar del dolor con el que esta práctica se encuentra asociada.

Después de más de 600 penes que me han metido, puedo confirmar con certeza esta teoría, pero #608 es mi más preciado recuerdo de lo que significa estar excitado para disfrutar 100% de la penetración, sin importar qué tan grande sea la verga.

La situación y la adrenalina me hizo pensar que pronto terminaríamos follando a pelo, interrumpir aquel momento tan sublime y lleno de éxtasis por alcanzar un condón era algo que veía poco probable. Así fue como de repente, supe que tenía casi toda la verga de #608 adentro y prácticamente no me di cuenta el momento en que me penetró, simplemente con bajar mi cadera un poco me la había ensartado toda a pelo.

Todavía me sorprende pensar que no sentí nada de dolor cuando me penetró, como si hubiera aplicado medio tarro de lubricante en su verga y mi conducto anal.  Mi pene estaba completamente erecto, y estoy seguro que empecé a producir líquido preseminal. Gemí fuerte y me balanceé sobre su cuerpo con su miembro viril adentro como lo he hecho con pocos.

Me dejé llevar por el momento y él también, era como si fuéramos uno solo. #608 empezó a mover su cadera hacia arriba abajo, tomando por completo el control de la situación. Sacaba su pene por completo y lo volvía a meter, haciéndome gemir cada vez que lo hacía. 

Noté el gesto semi-orgásmico en su rostro, y luego dejó de moverse rápido. “Estás que me haces venir”, susurró. Empecé a rebotar mis nalgas sobre sus testículos sin ir muy rápido para evitar que se corriera adentro. “Quieres venirte?”, le pregunté y asintió con la cabeza, pero no estaba dispuesto a dejar que lo hiciera, pues era yo quien estaba arriba moviéndose.

Estoy seguro que si hubiera seguido moviéndome rápido me habría preñado.

Le hice entender que no quería seguir haciéndolo a pelo, y me interrumpió diciendo: “Ponte un condón y te cojo en forma”.  Saqué su verga y mientras se ponía el condón mencionó que quería cogerme en cucharita. Me acosté en esa posición y segundos después sentí como la cabeza de su miembro me penetró de nuevo, poco a poco lo fue metiendo y se deslizó hacia adentro hasta que la tuve toda adentro. Me hizo gemir de placer, podía escuchar su respiración fuerte sobre mí, me tomó fuerte de la cintura y me folló a un ritmo rápido y constante. 

Quieres que te parta el culo?”, me preguntó en medio de sus agitados movimientos con una voz que me puso más arrecho. “Si!”, grité con ganas y segundos después empujó su pelvis con mayor fuerza de lo que lo había hecho antes y exclamó “Ahhh!” mientras se corría. Su grito orgásmico mientras eyaculaba dentro de mí hizo sentirme realizado, en ese instante pensé que para eso nací, para ordeñar vergas con mi culo y mi boca. 

Se quedó quieto mientras se recomponía, y finalmente sacó el condón de mi ano con la leche que había derramado en él. Me vine después recordando el momento en que lo oí gemir tan deliciosamente mientras disfrutaba del orgasmo que le di. 

Me acosté a su lado y me comentó que debido a la cultura machista donde creció (es costeño), le cuesta aceptar que es gay y por eso se preocupa en actuar de forma muy varonil, se jactó que es un hombre muy serio y que en su trabajo nadie sospecharía que es gay. Me contó que al principio le gustaban las mujeres pero que una experiencia traumática de su vida pudo influir en que le gustaran los hombres.

Cuando tenía 14 años dejó embarazada a su empleada que era mayor que él, y la mujer abortó el bebé sin su consentimiento. Pude notar en sus palabras y en la forma como lo contó lo mucho que lo afectó, pues a pesar de lo joven que era no hay nada más que hubiera querido que tener ese bebé. 

Otra experiencia negativa que tuvo con una mujer fue en una excursión de su colegio, donde tuvo sexo en la habitación del hotel con una francesa con la que estudiaba. Todo el mundo se enteró y etiquetaron a la francesa de perra, ella le echó la culpa a #608 que sus compañeros se hubieran enterado, pero lo que más le dio rabia es que ella fue quien se le insinuó. 

Finalmente me preguntó si quería volver a tirar con él y tal vez hacer un trío, sospecho que es una fantasía que tiene y que no ha podido cumplir. Después de vernos me escribió esporádicamente para hacer el trío, “Tú conoces mucha gente”, afirmó. Me ha vuelto a escribir un par de veces, pero hasta el día de hoy no hemos podido cuadrar dicho trío.

Puntuación: 10 de 10

#607. El conductor de Uber vergón.

No sé cuánto tiempo llevaba #607 sin tener sexo, pero estoy seguro que bastante. Sé identificar cuándo alguien está veraneado, y #607 necesitaba culiar urgente. La primera noche que hablamos por Grindr era muy tarde y me insistió en que fuera a su apartamento porque tenía sitio. 

Me envió unas fotos deliciosas de su verga y su pecho velludo, pero estaba tan cansado y la noche estaba tan fría que ni una propuesta de Zach Efron me habría hecho salir de mi cama a esa hora.

Dejé de responderle y me acosté a dormir. Al día siguiente cuando me desperté, abrí la aplicación para revisar los mensajes nuevos y el último mensaje era de #607. Su insistencia me convenció y me alisté rápido para ir a su casa.

Cuando llegué a su apartamento me abrió la puerta en bóxers y camiseta. Era alto, tenía barba corta, era acuerpado y aparentaba 25 años. Me dijo que estábamos en el apartamento de sus abuelos que estaban de viaje.

Entramos a su cuarto y lo primero que hice fue quitarle la camiseta para admirar su torso. Su pecho era velludo y sus tetillas bien negras, acaricié sus vellos. Me desnudé rápidamente y subimos a la cama.

Me acosté boca abajo y #607 sacó su verga de 20 centímetros gruesa, hacía tiempo no estaba con alguien tan vergón. Dada su insistencia desde la anoche anterior para follarme, no me sorprendió que se pusiera completamente erecto tan rápido. Sabía que iba a doler, pero al mismo tiempo el tamaño de su verga me excitó. Empezó a rozar su pene entre la raja de mis nalgas, estimuló su miembro con mi culo y luego se levantó para sacar un condón de la mesa de noche. 

Me acosté para follar en misionero con mis pies sobre sus hombros y colocó una almohada debajo de mi culo. Lo insertó despacio para evitar que me doliera y poco a poco aceleró el ritmo. Nunca olvidaré lo que pasó después.

La madera de la cama sonaba como si estuviera a punto de romperse, rápidamente el ruido veloz de nuestros movimientos opacó el de mis gemidos. Nunca sentí tanto morbo al escuchar el chirrido de una cama en movimiento, el sonido de la madera vieja era intenso y potente.

Hundí mi cabeza contra su hombro grueso, abrí mis y mantuve mi boca abierta y gimiendo. 

#607 siguió yendo cada vez más rápido, bombeando su miembro dentro y fuera de mi apretado culo, follándome como un conejo. Se sentía tan bien tener algo tan grande estirando mi trasero, llenándome como me gusta que lo hagan. 

“¡Oh, cógeme, así! Fóllamme el culo con fuerza!”, le rogué y respondió deslizando su verga hacia afuera y empujándola de nuevo hacia adentro, sacándola y metiéndola. Follaba mi culo apretado tan fuerte que me hacía gritar a medida que sus caderas golpeaban contra mis nalgas.

“¡Ahhhh si!” gemí cuando su gran verga tocó lo más profundo de mi ser. Dentro, fuera, dentro, fuera, me taladraba como un perro, salvajemente, como partiéndome el culo. 

Comenzó a masturbarme mientras seguía cogiéndome, haciéndome perder el control. Algo caliente y grande me follaba el culo como nunca antes y me encantaba cada minuto de ello, no quería que eso terminara tan rápido.

Sus manos tiraron de mis caderas hacia su verga, dejando que su gran miembro se deslizara de nuevo hacia mí, grité fuerte cuando lo metió profundamente dentro de mí otra vez. #607 empujó su pene más adentro en esa misma posición, penetrando mi trasero tan profundo que no podía hacer nada más que gemir en éxtasis. De repente paró y dejó de moverse. “¿Qué pasó?“, pregunté. “Si sigo así me vengo”, respondió. 

Entonces se acostó encima y se quedó quieto por unos dos minutos. Sentí su respiración palpitante y cuando recobró el aliento continuó. Una vez más, comenzó a deslizarse dentro y fuera de mí, dejando que sus caderas golpearan mis nalgas.

Jadeó y gimió con cada movimiento, mi verga estaba muy dura al saber que una gran verga me estaba follanso el culo. Su gran pene se deslizó dentro y fuera de mi culo apretado, dejando que mi agujero resbaladizo se estirara alrededor de este. 

Sus manos se agarraron fuertemente a mi cadera mientras me jalaba salvajemente hacia su pelvis, golpeando mi culo como una máquina. Luego golpeó mi culo aún más fuerte, haciendo que la sensación de adrenalina se disparara. En ese instante pensé: “Mierda, voy a estar adolorido mañana”. 

#607 preguntó en medio de la follada que me estaba dando: “¿Le gusta? ¿Te gusta como lo cojo?”. Reuní toda la energía en mi cuerpo para gritar, y respondí: “¡Me encanta!”

Luego se lanzó de lleno con un violento golpe, el más fuerte de todos y que sonó como un aplauso. Esa fue la primera vez que vi sus brazos gruesos agrandarse cuando me agarraron como si fuera un pedazo de carne que da placer.

Luego me dio una cachetada que me dejó la mejilla roja y me ordenó que siguiera gimiendo. Mi corazón estaba latiendo a una velocidad de 100 kilómetros por segundo, enviando sangre llena de éxtasis a mi verga y a todo mi cuerpo. 

Finalmente me dio una cachetada tan fuerte que cambió el rumbo de la situación. Grité en voz alta, sabiendo que nadie podía oírme más que #607. El dolor que sentí en los músculos de mi piel reemplazó el éxtasis. 

Mis nervios llegaron a su punto máximo y ​​mis músculos dejaron de funcionar, me quedé perplejo ante el espectáculo de fantasía enferma y sádica que propagaba #607 con su mirada y con cada golpe que me daba. Lo miré, preguntándome si esto era un sueño. Miré directamente a sus ojos con miedo mientras él miraba a los míos. 

Enseguida captó lo que sentí con su último golpe y susurró: “lo siento”. Acto seguido me dio un beso en la frente. Había una mirada increíble de pasión, emoción y deseo en sus ojos. #607 me siguió follando con fuerza empujando dentro y fuera, muy profundo y muy duro, pero no volvió a pegarme. 

Mis dedos seguían cavando en su espalda, que ahora se había vuelto extremadamente húmeda con su sudor. Los talones de mis pies se agarraron a cada lado de sus apretadas nalgas mientras golpeaba sus caderas hacia adelante, empujando su enorme verga más y más profundo en mi culo. 

A medida que continuaba cogiéndome, cada vez más rápido, todo a mi alrededor parecía desvanecerse. No podía escuchar nada, excepto sus gruñidos y mis gritos. Mi cerebro solo podía percibir la verga de #607 dentro de mí; no podía ver la habitación a mi alrededor, a excepción de él delante de mí, mirándome.

Cada vez que metía su verga, mi culo ardía de la manera más increíble, se sentía tan bien, como si mi ano hubiera sido hecho solo para su pene. 

Se inclinó hacia abajo, colocó sus labios en mi oído, y susurró, “Ni se imagina lo rico que se siente su culo”. Me tenía al borde del orgasmo, con él follándome y su cuerpo entero brillando de sudor. Desde sus apretados pectorales y abdominales hasta sus duros pezones. 

El olor a sudor era fuerte en la habitación. Entonces empezó a hablarme sucio. “¡Sí! ¡qué rico culito! ¿Quiere que me lo coma otro día?”. “Parce que culito tan apretadito”, “Oh! ¡Dios! ¡Mierda, eso está caliente!”, fueron algunas de sus frases. Miré hacia abajo. Vi cómo su miembro gigante y palpitante entraba y salía de mí. Disfruté cada segundo.

Gimió de puro éxtasis. Mordí y chupé una de sus getillas, pasando mi lengua arriba y abajo por su torso caliente que olía a macho. Los gemidos de #607 se hicieron más fuertes cada minuto.

Recobré mis 5 sentidos. El olor a sudor, nuestros cuerpos resplandecientes meciéndose en rápida armonía, el calor de la habitación, la sucia conversación de #607, y finalmente, un miembro gigante me estaba follando el culo.

¡Ahh! ¡Ahhh! ¡Joder! ¡Joder, sí, eso está bien! ¡Sí, lama esa mierda! Chupe mi tetilla”, gimió en voz alta. Luego sacó y apartó su verga de mi culo. “¿Está listo para esto?” Se quitó el condón y empezó a masturbarse.

“¡Sí!” Le respondí, preparándome para la lluvia caliente de su semilla. Cerré los ojos y abrí la boca ampliamente, sacando la lengua. 

“¡Ahhhh! ¡Mierda! ¡SÍ! ¡MIERDA, MIERDA MIERDA! ¡ME VENGO JUEPUTA!”, Gritó, sacudiendo su verga con furia. Sentí el calor de su semen que caía en mi pelo, frente, cejas, mejillas, nariz, mis labios y en mi barbilla. #607 tiró un shot de semen en mi cara. Entonces sentí algo caliente y húmedo correr por mi mejilla. Abrí mis ojos y vi a #607 limpiándome todo el semen con la sábana. Limpió mi frente y luego a la otra mejilla, luego el mentón.

Le sonreí y cerré la boca, tragándome el semen que había caído dentro. Sabía increíble, un sabor entre dulce y salado. Mis bolas se apretaron y mi verga se tensó, enviando el fluido blanco caliente y pegajoso por todo mi pecho.

Cuando acabe usé la misma sábana para limpiarme, estaba todo untado del semen de #607 y el mío. El mañanero había sido uno de los mejores que me han dado, y estoy seguro que también lo fue para él. Mientras me vestía me preguntó si quería volver otro día que sus abuelos no estuvieran en la casa, y sin dudarlo le dije que sí.

Meses después volví a verlo en Grindr bajo el nombre de “Uber”. Le escribí y me preguntó si podía entrar su carro al parqueadero porque estaba trabajando. Se lo mamé en mi cuarto rápidamente porque no podía demorarse, me dijo que hacía Uber y que si alguna vez necesitaba su servicio no dudara en contactarlo. Nunca más hemos vuelto a hablar.

Puntuación: 10 de 10

#606. El costeño de Bancolombia

Estaba en un Bancolombia esperando mi turno y poco tiempo después llegar sentí que alguien me estaba mirando. Un hombre moreno estaba mirándome, pero cuando se dio cuenta que supe que me estaba observando, movió su cara hacia el otro extremo.

Miré al frente y luego volví a mirar al hombre moreno que me había mirado de reojo. Ahora estaba levantando la vista de sus manos, pero luego se giró para mirarme de nuevo. Hicimos contacto visual, y enseguida volteé mi cara hacia otro lado. En ese momento tuve ese sentimiento cuando estoy en un lugar público o en el transporte y sé que alguien me está observando.

El hombre moreno no solo se quedó mirándome, sino que lo hizo sin importarle lo evidente que era. Confundido y un poco achantado, me mordí el labio y bajé mi mirada. Pronto la situación dejó de ser incómoda. Si le gusto a un tipo, no soy nadie para decirle que deje de mirarme. Después de todo, siempre evito mirar mucho para evitar que el otro se de cuenta que me atrae.

El tipo hizo algo para llamar mi atención: con una mano se peinó su espeso cabello rizado mientras me seguía mirando con sus profundos ojos negros. Noté que debajo de su camisa azul ajustada se alcanzaba a ver el relieve de sus tetillas, las cuales se veían muy sexy. Tenía pantalones pegados, así que rápidamente miré su bulto, sabía que había algo grande allí. Simplemente lo sabía.

Tenía desabotonados los botones de arriba de la camisa, así que pude ver parte de su pecho moreno. Con todas las emociones y pensamientos corriendo por mi cabeza, no me di cuenta de que se había acercado hacia mí.

Una vez que volví a la realidad, él estaba parado a dos metros. Entonces vi sus rasgos con mucho más detalle. Tenía ojeras debajo de los ojos, también pude ver su barba. Llegó mi turno en el banco y tuve que alejarme de él.

Cuando salí del banco me quedé parado en la puerta, poco tiempo después salió el hombre moreno. Mi corazón empezó a latir a toda velocidad. De repente el hombre moreno empezó a caminar muy despacio hacia mí y cuando estuvo a una distancia donde supe que podía escucharme, lo miré y dije: “¿Qué?”. El hombre se quedó callado y después de mi comentario hostil volteó a mirar hacia la calle. “¿Qué pasó?”, dije en un tono más amable.

“Nada”, respondió acercándose aún más. Me sentí morboseado de pies a cabeza, los dos sabíamos lo que queríamos. Entonces empujé mi lengua contra mi cachete haciendo la seña de “mamar” y sonrió.

“¿Qué hace?”, me preguntó seguido de una mirada morbosa. Le respondí que nada, lo cual dio inicio a una conversación corta pero llena de excitación. Me puse muy duro de saber que estaba con el tipo que no había parado de mirarme adentro.

Le dije que conocía un baño en una clínica que quedaba cerca donde podíamos pasarla bien. “¿Dónde queda?”, preguntó escéptico y señalé con mi dedo la dirección donde quedaba la clínica. 

Como amante del cruising, la experiencia me ha enseñado que los baños de las clínicas son lugares perfectos cuando no se tiene lugar. Son accesibles a todo el mundo, pero no son tan públicos como los baños de los centros comerciales. Además no hay señoras limpiadoras sapas todo el tiempo como en la mayoría de centros comerciales. Incluso dependiendo de la categoría, muchas clínicas tienen baños privados, es decir, donde solamente hay un inodoro y un lava manos.

Conocía bien esa clínica donde me culió un abogado un día que estábamos muy arrechos. Entramos a la clínica y subimos al cuarto piso, entró primero él y cuando vi el momento perfecto lo hice yo. Cerré la puerta con seguro, me bajé el jean y los bóxers y me acosté sobre el mesón del lava manos. #606 sacó su verga semi-dura para masturbarse. Luego deslizó sus manos hacia mi pelvis para masturbarme. Así nos masturbamos por un buen rato, en silencio, mi verga estaba muy dura.

“Chupa mi verga”, dijo mientras se desabrochaba el cinturón. Vi como se desabotonaba el pantalón y la cremallera para revelar sus bóxers pegados. Mientras hacía eso, mi corazón comenzó a latir a un ritmo acelerado. El éxtasis de hacerlo en un baño con alguien que acababa de conocer llenó mi cuerpo. 

Una vez que #606 dejó caer sus boxers, finalmente vi lo que quería ver, y mucho más. Colgando de su pelvis y rodeado de vello público del mismo color que su cabello, #606 tenía una verga flácida de 12 centímetros. En ese momento, sentí otra ola de éxtasis resonando a través de mí.

Poco a poco fui acercando mi cabeza y me puse de rodillas. “¡Vamos, chúpala!” Insistió. Asentí con la cabeza y me incliné más. Toqué la base con la palma de mi mano. La levanté y era mucho más pesada de lo que esperaba. Ahora tenía alrededor de 16 centímetros de largo y una circunferencia más gruesa. La contemplé, la parte inferior tenía más venas y el eje parecía estar endureciéndose lentamente. La punta era de color canela y era suave como la piel de un bebé. 

Luego la levanté y vi sus pelotas. También eran suaves y colgaban a unos cinco centímetros de la base de su verga. No tenían demasiado pelo, pero lo suficiente como para encenderme. La cabeza de su verga estaba cubierta por la piel, pero pude ver su agujero en la punta que se veía tan mamable. 

Abrí mi boca y lo metí. Solo tragué la mitad antes de que golpeara mi paladar. En un instante, sentí su pene endurecerse en mi boca. Lamí la punta y se puso aún más duro y grueso. Pronto solo pude mamar la cabeza y debido a su circunferencia, pude sentir lo grueso de su herramienta. Rugió tanto que hizo eco. Sin embargo, sabía que nadie podía oírlo.

“Ah, sí. ¡Qué rico!”, Gimió de puro placer. Mi cabeza se tambaleaba y estaba intentando con todas mis fuerzas no caer.

Luego comencé a sacar lo que aprendí del porno gay que había visto y de todas las vergas que había mamado antes. Mi primera maniobra fue sacudir mi lengua contra lo que estaba expuesto en su cabeza. #606 dejó escapar un gemido de genuino placer.

Después de eso, apoyé la punta de mi lengua contra su cabeza y empujé mi lengua contra el agujero. Dejó escapar un fuerte suspiro y tiré de la piel hacia atrás sobre el eje para revelar su cabeza rosada.

Gimió de nuevo mientras hacía vibrar su verga con mi lengua. Luego agarró la parte de atrás de mi cabeza y metió su pene entre mis labios. Sentí que me golpeó la garganta y me atraganté, pero eso no me detuvo. Siguió empujando mi garganta contra él, me dieron ganas de vomitar.

Solté un ‘guck’ cada vez que hacía eso. Envolví mi lengua alrededor de su eje grueso y palpitante con cada empuje. Saboreé el calor y la suavidad de su pene, sentí la vena gruesa y venosa subiendo y bajando por mi lengua.

Pronto dejó de meter mi boca en su miembro, y dejó volar mi imaginación para chupárselo mientras empujaba sus caderas hacia mí. Agarré la base de su verga rozando su vello púbico con mi mano y lo deslicé tanto como pude dentro de mi garganta. Me aseguré de tocar sus partes más sensibles. Sentí que todo su eje y su cabeza palpitaban al unísono mientras deslizaba mi lengua sobre su cabeza rosada, haciéndola cada vez húmeda.

Saboreé el espeso chorro de líquido preseminal que había salido de su agujero de orina. Lo lamí, tenía un perfecto sabor salado. El néctar espeso como la miel de sus bolas sabía increíble. 

Justo cuando pensé que estaba en el tramo final para que se corriera, pensé que iba a chupar y tragar su leche, pero sacó su miembro de mi boca. Entonces empezó a masturbarse mientras me miraba a los ojos. Vi su verga entera y erecta en todo su esplendor, venosa y morena. No se parecía a ninguna de las cientos de vergas que había mamado antes. 

Lo miré y estaba jadeando muy fuerte, con su pecho moreno respirando y exhalando por su respiración intensa, pude ver sus duros pezones hinchados.

“Mierda. Estoy cerca”, susurró. Sus ojos se cerraron con fuerza. “¡Dame leche!”, le pedí con todas mis ansias. Su orgasmo se demoró más de lo esperado, pero finalmente se corrió.

Se aseguró que cada chorro de semen cayera en mis labios. Con su mano llevó el semen que cayó en mi mentón y en mis mejillas hacia mis labios, era amargo y estaba muy caliente. 

Sonrió cuando lo probé y enseguida se subió los boxers y el pantalón. Me limpié la boca con papel higiénico, cuando terminé de limpiarme se paró contra la pared esperando a que me corriera. Me vine sobre mi abdomen, noté su cara de satisfacción cuando vio mi leche.

Me levanté para vestirme y me dio una palmada en las nalgas antes de salir. #606 salió sin decir nada primero para no levantar sospechas y un minutos después salí yo. 

Puntuación: 7,5 de 10

#605. El taxista curioso

Él había mantenido un diario de sus encuentros íntimos desde que el momento en que le rompieron el corazón. En esos años había conocido al menos 600 hombres diferentes. En una ocasión conoció a 6 hombres en un bar y se los folló la misma noche. Él incluso fue follado por uno de ellos en un bosque. Su diario continuó diciendo que también había estado con hombres casados.

Una vez salió con un desconocido y se lo cogió una madrugada en el carro antes de ir a casa. La mañana siguiente se lo folló otro. Lo llamaría alguien después y lo preñaría. Luego, por la tarde, otro vendría y lo follaría encima de una mesa. Parecía que cada vez que Santiago salía terminaba en un encuentro sexual de algún tipo. Supongo que en esos dos años debió haber estado con más hombres de los que puedo imaginar. Él describió sus encuentros sexuales en detalle.

Describió cómo sus amantes lo llevarían a la cama, cómo sintió sus vergas endurecerse y lamió sus bolas, luego chupar sus vergas y finalmente hacer que se deslicen dentro de él por atrás para disparar su semen en su culo.  Él detalló cómo amaba ser follado en la cama, en el piso, en el auto, en la ducha, contra una pared, en la cocina, por todas las partes de una casa, incluida la mesa del comedor. 

Él también escribiría sobre como me conoció y cómo había follado con otros chicos horas después de estar conmigo. Recordé haberlo cogido una vez cuando estaba realmente mojado, y sabía que ese día estaba lleno del semen de otro.  Aunque me sorprendí al enterarme de su promiscuo pasado me he encendido pensando en él varias noches que le he dedicado mis pajas con sus escritos. Incluso me imaginé ser alguno de esos otros hombres cuando lo follé.

Me mostró nobleza y me permitió un par de siestas a su lado, pero estaba disparando chorros de líquido pre seminal la mayor parte del tiempo. Todavía no puedo superar la cantidad de sexo que necesita ese niño. Más allá de eso, me excita que sea tan bueno para ponerme duro incluso cuando creo que he exprimido mi última gota de leche. Terminamos reservando la habitación de un motel otra noche y obtuve más de lo que valía mi dinero.

#605

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Dos días antes de verme con #605 por segunda vez sonó mi celular. Olvidé por completo que le había dado mi teléfono la primera vez que estuvimos juntos, así que cuando contesté la llamada del número desconocido me tomó un tiempo saber con quién estaba hablando. “Habla con _____, el taxista. Me le vine en su cara, ¿Se acuerda?“. Inmediatamente lo reconocí y recordé esa voz masculina de acento boyacense. 

Empecé a hablar con #605 por Grindr meses antes de encontrarnos por primera vez. La falta de sitio llevó a que nos conociéramos en un video gay. El gusto fue mutuo desde el primer instante, apenas lo vi tuvimos una química que es difícil de tener con cualquiera. Medía 1.65, era moreno, de contextura gruesa, barba corta y ojos color miel.

Mi primera impresión es que es era un hombre serio y nunca había ido a un sitio gay.

#605 estaba nervioso y pude notar su grado de incomodidad por estar en aquel lugar aparentemente sucio y oscuro. Entramos a una cabina y me senté en el sillón. Se desabrochó el cinturón y jaló mi pelo hacia su cremallera.

Sacó su verga por el agujero de la cremallera, la cual estaba completamente dura. Debido a la poca interacción que tuvimos hasta ese instante no me habría imaginado que estuviera erecto. Le medía 17 centímetros, era gruesa, el rojo brillante de la cabeza hacía un contraste hermoso con el eje del pene.

Chupé la punta y me la tragué toda, #605 empezó a gemir de placer mientras mis labios y mi lengua producían ese sonido particular cuando uno está mamando una verga a toda velocidad. Se terminó bajando todo el jean para estar más cómodo. Hacía calor y se quitó la camiseta, besé sus tetillas y su torso moreno y sexy.

Le chupé la verga por unos cinco minutos hasta que sin decir nada alejó mis labios rápidamente y eyaculó sobre mi cara. Varios chorros de su leche caliente cayeron sobre mi nariz, mis labios y frente, incluido mi pelo y orejas.

Parte de su semen quedó en mis pestañas, #605 me ayudó a levantarme y con papel higiénico limpió el semen que se secaba rápidamente sobre mi cara. La sensación de cuerpo sudoroso y caliente frotándose contra mí me hizo besarlo. Terminó de secarme y limpió la punta de su verga con el mismo papel que usó para limpiar mi cara. 

“Quería que me cogieras”, dije mientras se vestía.
“Otro día me lo culeo”, respondió. Como no habíamos hablado no sabía casi nada de él. Muchos se me habían venido en la cara así que le pedí que me hablara sobre él para agregarlo a mi lista y poder acordarme. Me contó que tenía un taxi, entre otras cosas. Me excitó mucho que fuera taxista, pues he estado con muy pocos. #605 me dio tanta confianza que le confesé que le había pedido que me hablara sobre él porque tengo una lista en Excel y un diario.

La segunda vez que me vi con #605 fue en un motel barato, me sorprendió que me propusiera ir a tal sitio teniendo en cuenta su asco por este tipo de lugares; no sabía que tenía tantas ganas por volver a estar conmigo hasta que me propuso tirar en el motel. 

Pagó la habitación en la recepción y una empleada nos llevó hasta una habitación ubicada en el último piso. #605 cerró la puerta con seguro y pidió dos condones. Propuso que nos bañáramos primero y nos desnudamos. Cuando nos metimos a la ducha comencé a sentirme caliente otra vez y #605 me abrazó por detrás. Los dos estábamos parados bajo el agua, yo mirando hacia la pared y él detrás mío.

Abrió la llave del agua y empujó su verga semi erecta contra mi piel mientras besaba mi cuello. Estiré mi brazo hacia él, agarré su verga y tiré del prepucio hacia atrás, #605 escupió sobre su pene y luego comenzó a frotar la punta contra mi trasero, escuchar su respiración me hizo saber lo mucho que lo disfrutaba. 

Alcanzó el tarro de jabón líquido y aplicó un poco frotando suavemente sobre mi espalda y mi torso. Exhaló en voz alta y mordió mi cuello. Cuando sus manos se movieron sobre mis nalgas, no pude evitar abrirlas y #605 aprovechó para empujar la mitad de su dedo en mi cálido ano.

“Ohhhhh sí!” gemí, guiando su otra mano hacia mi pene erecto. Deslizó lentamente su dedo dentro y fuera de mi culo, y enseguida frotó su verga firme de forma juguetona contra mi agujero mientras sentía como su prepucio estaba siendo jalado hacia arriba a abajo. Mis gemidos fueron aumentando de volumen a medida que se movía más rápido.

De repente me di la vuelta y mientras agarraba su pulsante verga susurré a su oído: “Por favor, cógeme”. Me abrazó fuerte y me acercó más a él. 

“Cógeme, cógeme duro!” le rogué.

No había nada más que #605 quisiera escuchar. Sacó la puntaje su verga de mi culo y salió de la ducha rápidamente para traer un condón, cuando volvió se lo estaba terminando de poner.

Aplicó saliva sobre el condón, luego agarró firmemente mis nalgas y comenzó a penetrarme. Rápidamente lo metió hasta el fondo, su trasero golpeaba contra la pared de la ducha con cada empuje, los gritos de placer estaban suprimiendo el ruido del agua que salpicaba sobre el suelo. 

Sentí su cálido aliento en mi cuello y su vello púbico rozando mis nalgas. Estiré mis brazos hacia atrás y empujé las llemas de mis dedos sobre su culo mientras me follaba tan fuerte como podía. Hicimos todo lo posible por resistir un orgasmo.

Grité y apreté mi culo con fuerza, #605 estaba al borde el clímax pero todavía no se quería correr estando dentro de mí. Inmediatamente sacó su pene y comenzó a masturbarse, me arrodillé y me lo llevé a la boca, el condón sabía a una combinación entre el sabor del látex y el jabón barato de residencia que había aplicado en todo su cuerpo. Agarré la base del pene con mi mano y empecé a masturbarlo mientras estimulaba la punta de su miembro con mi lengua.

Al ver esto, #605 inmediatamente me levantó con sus brazos y me colocó de nuevo contra la pared. No pudo controlarse y forzó su verga de nuevo dentro de mí, la metió de un solo empujón como si no hubiera un mañana y me folló duro y sin compasión, los ruidos de placer invadieron no solo el baño sino toda la habitación.

“¡Me voy a venir!” Expresó en voz alta justo después de unos segundos de ingresar de nuevo a mi culo. Me abrazó firmemente, podía sentir sus uñas apuñalarme por la espalda, me quedé quieto mientras eyaculaba completamente dentro de mí.

Descarga tras descarga, su semen llenó el condón. Abrumados por el éxtasis, ambos nos abrazamos fuertemente cuando terminó. 

Botó el condón usado en una esquina de la regadera y me arrodillé para insertar su pene semi duro en mi boca. Lo limpié con mi lengua y chupé las últimas gotas de semen acariciando su prepucio. La mezcla de sabores en mi boca era única.

Salimos de la ducha y nos secamos bien. Cuando se giró para mirarse en el espejo mientras se secaba el cabello, aproveché la oportunidad para arrodillarme y explorar su hermoso pene.

“Oh, Dios mío, eso se siente bien”, dijo y cambió su posición de pie para acomodar mejor mi cara y permitirme tener una visión más clara de su herramienta. #605 se miraba en el espejo mientras se pellizcaba las tetillas y abría su boca.

Se agachó y deslizó un dedo en mi ano, lo apreté y observé cuánto placer le producía. Finalmente me levanté y terminé de secarme.

Nos acostamos en la cama desnudos en posición cucharita, estábamos cansados pero esto no impidió que continuáramos teniendo morbo bajo las sábanas. 

¿Y qué número soy en su lista?”, preguntó mientras estábamos entrepiernados. Su pregunta me tomó por sorpresa, pero me di cuenta que le producía mucho morbo saber que yo tenía una lista Excel de mis amantes y un diario donde relato mis encuentros. Su interés en saber más del tema hizo que le comentara varios secretos de algunos encuentros y cosas muy íntimas que pocos saben.

Le mostré el blog de mi diario y quedó completamente anonadado de saber que alguien de mi edad haya estado con ese número de hombres.

Se cumplieron las 2 horas y tuvimos que dejar la habitación, pero eso no impidió que continuáramos teniendo conversaciones sobre mi diario. Incluso escribió un extracto que no dudé en guardar para cuando publicara su relato.

Puntuación: 10 de 10